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miércoles, 15 de marzo de 2017

La máscara del otro (1933) Ronald Colman vale por dos



Comienzo a escribir este post precisamente el 8 de Marzo "Día Internacional de la Mujer". Entre otras causas se reivindica la continua lucha de estas  por abrirse un camino vedado durante siglos para su sexo. Uno de los primeros escollos que fueron soslayando las mujeres fue precisamente el de la literatura. La autora de la novela en la que se inspira la película de la que hablamos alcanzó una fama inusitada para su tiempo. irlandesa, hija de un poderoso banquero consiguió en muy poco tiempo que sus obras fueran enormemente populares a ambos lados del Atlántico. Ella padeció los celos artísticos de su esposo, también escritor, siendo la causa principal de su divorcio. Después de escribir un puñado de obras casi todas best-seller falleció al parecer de una asfixia provocado por sus problemas epilépticos con tan sólo 36 años. Una sombra de duda no obstante siempre rodeó su muerte, las sospechas recayeron sobre su prometido y heredero de su fortuna que además era médico. Lo cierto es que su óbito fue tan sensacional como el argumento de sus  novelas.



La Máscara del Otro se basa en su creación más popular John Chilcote MP o The Masquerader, con el primero se editó en Gran Bretaña y el segundo fue el de su edición en USA. Desde el principio su argumento no sólo lo aupó a los primeros lugares de ventas sino que en 1912 ya se produjo un cortometraje basado en la novela. En 1917 fue adaptada al teatro por John Hunter Booth  y vuelta a poner en pantalla en diversas ocasiones en el periodo mudo. Hay una versión húngara de 1919, en 1922 otra rodada en Hollywood y al año siguiente una coproducción franco-rusa que en España se tituló " Paraísos artificiales". La historia que narra los avatares de un prestigioso político inglés adicto a la morfina que se sirve de un doble, resultaba muy apetecible para el gran actor ruso Ivan Mozzhukhin, entonces en la cumbre de su fama.


Si prestigioso era Mozzhukhin en Europa, Ronald Colman en América no lo era menos. Este actor británico que siempre a gozado de mi predilección, no era la primera vez que se enfrentaba al reto de interpretar un doble papel. En 1927 ya lo hizo en uno de sus mayores éxitos de su etapa muda "La llama mágica" interpretado junto a su pareja por excelencia de la época la bella Vilma Bánky. Una de las más famosas películas perdidas del cine. Posteriormente en 1937 realizaría otro doble papel en uno de sus títulos más recordados "El Prisionero de Zenda", cuyo doble personaje tiene bastantes características similares a los de la película que hoy nos ocupa. Dos personajes públicos aceptados por una drogodependencia. En el caso del rey del imaginario país de Ruritania es el alcohol, mientras que las sustancias que destrozan la vida del diputado británico Chilcote no aparecen demasiado claras en el guion de la versión de 1933, una mezcla de alcohol y drogas nebulosamente explicadas.
 


Esta fue la última película de Colman con Samuel Goldwyn, para quien llevaba trabajando desde 1925. De hecho el peculiar productor había convertido a Colman en toda una estrella, siempre en producciones de alta calidad, cuando fue cedido para otros estudios fue para obras tan excelentes como El Abanico de Lady Windermer de Lubischt y la primera versión de Beau Geste. Pero esto no implicaba que las relaciones con Goldwyn siempre fueran traumáticas. Cuando se hizo inmensamente popular sus películas junto a Vilma Banky el productor intentó por todos los medios hacer creer al público que la relación también existía en la vida real. Colman se negó en redondo, ya tenía bastantes problemas con mantener lejos del estudio a su esposa, una mujer perturbada que irrumpía de vez en cuando montando escenas de celos. Colman tardaría años en poder divorciarse. Además de ese tipo de intrusiones Sam Goldwyn era conocido por airear en público opiniones que en ocasiones eran totalmente falsas. La gota que colmó el vaso de Colman fue cuando afirmó Goldwyn que el actor se había metido cuatro copas en el cuerpo para interpretar su personaje de Chilcote. Esto provocó la ira de Colman que ante todo era un gran profesional. Decidió no renovar su contrato con  el productor y lo demandó por injurias. Aunque al final se arreglara el asunto sin pisar los tribunales, Colman prometió no volver a aparecer en un filme de Goldwyn...y lo cumplió. Fue uno de los primeros actores que decidieron trabajar por libre, sin estar vinculado a  ningún estudio.
 
La película cuenta con la excelente fotografía de Gregg Tholand


El prestigio y la gran popularidad de Colman le permitía llevar su carrera sin el paraguas de un gran estudio. Pero no todos los casos fueron iguales. La exquisita Elissa Landi que comparte cartel en el filme con Colman no tenía  la misma posición en el Hollywood de la época. La máscara del otro fue rodada entre los dos grandes éxitos de la actriz: El Signo de la Cruz y El Conde de Montecristo una producida por DeMille para Paramount y la novela de Dumas por el independiente Edward Small, pero el estudio que contrató a Landi tras verla actuar en Broadway en la adaptación teatral de Adiós a las armas había sido la Fox. Landi ya tenía experiencia delante de las cámaras en Inglaterra donde rodó uno de los mejores filmes silentes británicos "Underground".Tras un prometedor debut en Body and Soul con la estrella Charles Farrell y dos novatos Bogart y Mirna Loy, sus siguientes películas fueron bastante malas y sólo las cintas que he citado y la que hoy nos ocupa tuvieron repercusión. Ante esa situación Landi decidió rescindir su contrato con la Fox y lanzarse a la aventura. Pero esta no resultó como ella pretendía, de las pocas películas que rodó después casi la única que se recuerda fue Ella, el y Asta la segunda película (y para mi la mejor) de la saga de El Hombre Delgado.
 
 


Esa desafección no parece que hizo mella  y decidió volver a Broadway sin tampoco tener demasiado éxito, parece que la suerte le sonrió más en su otra gran pasión, las letras. Escribió seis novelas y algunas poesías. Realmente Elissa Landi es un personaje fascinante. Desde sus legendarios orígenes, fantasías urdidas por su madre que se decía hija del emperador Francisco José (aunque hay investigadores que si encuentran indicios de certeza), todo parecía envolverla en un aura que no han tenido otras estrellas de mayor calidad interpretativa. Sin duda su exquisita belleza quedará perenne en la pantalla setenta años después de su muerte a causa de un cáncer con tan sólo 43 años. Aunque su aporte en La Máscara del Otro se supedita al doble lucimiento de Colman, Elissa Landi compone a la perfección la imagen de dama sufrida, elegante y de gran  corazón y como siempre bellísima.


Pero con quien comparte más escenas Colman no es con la bella Elissa sino con  Halliwell Hobbes, uno de esos imprescindibles secundarios del cine clásico que aquí interpreta al fiel mayordomo de Chilcote. Hobbes está como siempre en su más de un centenar de apariciones entre cine y televisión perfecto. Al igual que sus compañeros de reparto se inició en las tablas, británico como  Colman había nacido en la misma localidad de Shakespeare. Elissa Landi en Venecia y Juliette Compton la única norteamericana del elenco principal interpretando a una vampiresa bastante insulsa que lleva a Chilcote por la pendiente de su autodestrucción.
 
 
 
 


No se si sería a causa de que sus relaciones iban deteriorándose con Goldwyn, pero resulta curioso que el productor pusiera la película bajo la batuta del modesto artesano Richard Wallace cuando en sus últimas películas a Colman le habían dirigido George Fitzmaurice, John Ford y King Vidor. Wallace que estaba en el cine desde la primera década del siglo XX apenas hizo algún filme destacable en su larga andadura. En este filme no parece que hiciera mucho más que ponerse al servicio de la historia. Cierto es que en  el engranaje del Hollywood clásico con frecuencia eran más importantes los guionistas que el propio director y aquí si que Goldwyn puso toda la carne en el asador. Los encargados son dos de los más prestigiosos guionistas que a tenido el cine: Howard Estabrook y Moss Hart. Estabrook que era otro veterano de Hollywood había encontrado finalmente su hueco como adaptador de historias para el cine. Dos años antes en 1931 ganó el oscar por Cimarrón donde adaptaba el bet-seller de Edna Ferber y sería el responsable de la considerada si exceptuamos las cintas rodadas por David Lean mejor adaptación de Dickens, nos referimos claro está al David Copperfield de Cukor. Si Estabrook era el presente ,Moss Hart sin duda representaba el futuro. Su anterior producción había sido Carne un drama de John Ford a  mayor gloria de Wallace Beery, pero ante todo consiguió la fama en el teatro junto a George S. Kauffman con excelentes comedias que además fueron llevadas a la pantalla. La más famosa de ellas es Vive como quieras (1938) de Capra. Aunque cuando volvió de vez en cuando al cine fue para firmar los guiones de películas tan memorables como La barrera invisible (1947) y Ha nacido una estrella(1954).
 
 
 


Los guionistas acertadamente situaron la película en el presente que eran los tumultuosos años treinta. Una época de depresión económica y de inestabilidad política ¿Les suena? Claro que por supuesto todo ello está subordinado al drama personal de Chilcote y su contraposición con John Loder su doble, un hombre que no ha tenido las oportunidades sociales de Chilcote pero que por el milagro primero de la señora Thurston y luego de Hollywood puede arreglar el imperio británico y enamorar a la hermosa señora Chilcote. Pues si se trata de Ronald Colman ¿Cómo no va a poder ser? Cuando está Colman en la pantalla todo puede ser posible y si tiene al lado a la bella Elissa Landi mejor que mejor.
 
 
 
 
 





 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Amores en Hollywood (1933 La tentación de Bing Crosby

 

Cualquier aficionado que halla visto Ciudadano Kane, recordará su obsesión por convertir a su pareja en  estrella de la ópera. Como todo el mundo sabe Kane era una muy poco enmascarada biografía del magnate de la prensa William Randolph Hearst y que en este caso concreto la retratada era Marion Davies. Pero lo cierto es que al contrario de la película Davies si que tenía talento para la comedia como lo demuestran las dos cintas que rodó con King Vidor "Espejismos y The Patsy". Pero el advenimiento del sonoro  supuso que surgieran nuevas estrellas que fueron desplazando a muchas de las antiguas. Unos pocos casos como Garbo lograron mantener su status, mientras que también hubo el caso en que actores hasta entonces relevados a papeles secundarios tuvieran la oportunidad de alcanzar la cima, cuyos mayores ejemplos sean quizás William Powell y Gary Cooper que pasaron a ser dos de las estrellas más fulgurantes, después de llevar unos cuantos años en el negocio del cine.


Pero como se pueden imaginar Hearst no estaba dispuesto  a reconocer que el tiempo de gloria para Marion Davies había pasado y siguió obstinado en intentar relanzar su carrera. Ahora su empeño era una comedia musical, el género cinematográfico más en boga. Para ello busco como siempre los mejores ingredientes. Usarían un argumento de Frances Marion quién le había proporcionado sus mejores vehículos en la época muda y de cuya adaptación se ocupo Donald Odgen Stewart autor de la mítica Historias de Filadelfia. En esta ocasión no puede decirse que se lucieran mucho ambos, el argumento es trillado y los diálogos salvo excepciones no descoyan por su brillantez, aunque es posible que fueran  mejor que la media de productos de similares características.

 

Entre el distinguido elenco de colaboradores se hallaba el glamuroso modisto Adrian y la pareja de compositores Nacio Her Brown y Arthur Freed. Freed que luego sería conocido como el mejor productor de musicales de la historia del cine, era junto a Brown un compositor de enorme fama. Encargados de los números musicales de las primeras películas sonoras de MGM habían logrado grandes éxitos que habían sido versionados por artistas de todo el orbe. The Broadway Melody, Pagan love song o Chant of the jungle, fueron auténticos mega-hit de la época. Muchas de aquellas canciones serían recogidas por Freed en la mejor película musical de la historia Cantando bajo la lluvia. Precisamente fue Freed quién pidió expresamente al cantante Bing Crosby para coprotagonizar la película. Sabia que nadie mejor que el podía poner en escena una canción melodramática que acababa de componer con Brown, Tempation. La importancia de la canción para los creadores de la cinta es tal que Raoul Walsh el director puso todo su arte al servicio de la escena culminante del filme. Walsh llegó al proyecto cuando todo el tinglado estaba montado. Acababa de rodar The Bowery. la primera producción de Twenty Century con Wallace Beery y Jackie Cooper en su momento de mayor fama. Se cuenta que el agente de la productora de Hearst Cosmopolitan le dijo como si se tratara de la orden de un monarca absoluto: El jefe te necesita. No  había que decir más. Walsh se personó en el famoso rancho de San Simeón donde se alojaba por aquel entonces Wiston Churchill (cuya proverbial tacañería le hacía ser frecuente huesped de sus ricas amistades) que fue el lugar de los ensayos previos del filme, antes de trasladarse a los estudios de Culver City de la MGM que distribuia las producciones de Cosmopolitan.



Walsh estaba encantado de trabajar con Bing Crosby al que conocía de sus exitosas apariciones en 1930 en el Cocoanut Grove. Situado en el lujoso hotel Ambassador, esta sala de fiestas inagurada en 1927 se había convertido en el lugar social preferido de la aristocracia del cinema. A quién  no le hacía tanta gracia la participación  del cantante era al jefe Hearts, quién conocía la fama de mujeriego del cantante y su más que proverbial afición al alcohol. Precisamente Crosby no pudo realizar su primer solo en pantalla  por culpa de una borrachera por la que fue detenido. Fue durante el rodaje de El rey del jazz, un musical en technicolor de dos bandas a mayor gloria del músico Paul Whiteman que dirigía la famosa orquesta en la que cantaba Crosby. Formaba parte de un cuarteto llamado The Rhitman Boys pero habitualmente también se desempeñaba como solista y Whiteman le había reservado un excelente número para lucirse. Como dijimos su afición por las juergas etílicas le privaron de esa primera oportunidad en 1929. Pero al año siguiente después que dejara la orquesta de Whiteman que tuvo que recortar costes debido a la depresión, se instaló en Hollywood donde sus presentaciones con la orquesta de Gus Arnheim en el Cocoanut Grove llamaron la atención de los productores.

 
 
 
 

 
Sus primeros pasos fueron modestos, contratado por Max Sennett intervino en una serie de cortos de 20 minutos cuyo primer título fue I surrender Dear estrenado en marzo de 1931 que era uno de los números más famosos de sus actuaciones en el Cocoanut. Tras ello llegó a Nueva York donde debutaría el 31 de Agosto ante los micrófonos de la CBS. La popularidad de la radio le brindó que se interesara por el los poderosos estudios Paramount. Con ellos debutaría al año siguiente con The Big Broadcast, su primer largometraje.  Después de ver los resultados firmaron con Crosby un contrato de larga duración. Seguramente que sus dueños ignoraban que Bing se convertiría en la principal estrella del estudio y muy raramente sería cedido a otras productoras. Bing no volvería a pisar los set de MGM hasta casi un cuarto de siglo después cuando protagonizara con Grace Kelly "Alta Sociedad".
 
 

He de decir que lo que primero me atrajo para ver el filme era las canciones que interpretaba Crosby. De siempre lo he admirado como cantante y lo considero una figura fundamental en la música del siglo XX. Fue el primer cantante melódico que utilizó el jazz y ya en sus primeros años estuvo rodeado de lo mejor del género. Luego con el tiempo incluso llego a ser un actor más que mediano, superando a muchísimos otros artistas que no lograron ninguna actuación brillante a lo largo de su carrera. Sin llegar al nivel de Sinatra que logró ser uno de los mejores actores de su tiempo, Bing Crosby tuvo una carrera más que digna, aunque como apuntaba antes siempre me quedaré primero con el cantante.

 
 

Lo cierto es que pese a las retifencias de Hearts, la pareja Davies-Crosby funcionó muy bien, el ambiente de rodaje fue excelente, Walsh que además era un director amigable y conciliador llegó a empatizar con ambos, especialmente con Crosby que escribió una canción satírica sobre el rodaje que no hizo la menor gracia a Hearts ni a la MGM. Aunque no llevara tanto tiempo como su compañera, Crosby ya llevaba rodados tres largometrajes en Paramount, la anteriormente citada The Big Broadcast, College Humor y Too Much Harmony, aunque eran producciones menores cercanas a la serie B. En cambio Amores en Hollywood era una película de mayor nivel, con buenos decorados y un reparto bien equilibrado. Fue la primera película de Crosby que alcanzó casi el millón de dólares recaudados, aunque como fue una producción costosa apenas dejó beneficios.

 
 
 
 
 
La cinta contiene varios números musicales notables. El primero es Beautiful Girl, estupenda canción que Crosby interpreta despreocupado mientras intenta desperezarse tras una noche agitada. Más espectacular es Going Hollywood, rodado en un set que remeda la famosa Estación Central neoyorquina. El de mayor duración We´ll Make Hay While the Sun Shine, es un divertido número realizado con soltura por Marion Davies y Bing Crosby. Por último el más reseñable es Temptation, que comienza con un  primerísimo plano de Fifí D´Orsay que interpreta a la femme fatale de la película. El turbio ambiente de un night club de mala catadura se funde con la figura de un Crosby embriagado, aderezado por la subyugante orquesta de Lennie Hayton. Aquí Walsh se nota que puso todo de si para dar realze a una escena dramática insertada en una desenfadada comedia. Al fin  y al cabo nada nuevo bajo el sol, el compositor Gaetano Donizetti compuso dos de sus mejores arias patéticas en medio de unas óperas bufas tan simpáticas como Don Pasquale y L´elisir D´amore (Certero Lontana Terra y Una furtiva lacrima).
 
 
Figura cómica es la de Patsy Kelly , quién había empezado en los estudios de Hal Roach haciendo pequeñas comedias junto a la bella Telma Tood. En una época de acendrado puritanismo ella no nego su homosexualidad  y pese a ello mantenía excelentes relaciones con la prensa. Aquí depara los mejores momentos cómicos de la cinta junto a otro gran característico de la época Ned Spark, habitual de muchas grandes comedias de la época y que además fue compañero de Crosby en sus programas de radio. Ya mencionamos a Fifi D´Orsay, nacida en Quebec fue más popular en los escenarios que en la pantalla, llegando sus actuaciones hasta la década de los setenta. Como anécdota destacar que el D´Orsay lo adopto la actriz como nombre artístico porque era el de su perfume favorito.
Desgraciadamente para el jefe Hearts, Amores en Hollywood no sirvió para revitalizar la carrera de Marion Davies, por mucho que se esmerara su estilo resultaba anticuado para el público. En cambio constituyó la definitiva consagración de Bing Crosby como figura popular. Ningún cantante hasta la irrupción en la década siguiente de Sinatra sería tan  célebre en una época donde los talentos musicales eran muchos. Crosby seguiría siendo un artista popular hasta su fallecimiento más de cuatro décadas después en Madrid, nunca dejó de cantar, de tener apariciones públicas. Una carrera profesional de más de cincuenta años. Aquí lo pueden ver cuando ya comenzaba a ser el Crosby que ha quedado en el imaginario popular. Un joven Crosby que como cantante para mí estaba en su mejor época. Donde rodó esta fantasía irreal como los mismos sueños que gracias al cine podemos seguir contemplando.
 
 
 
 

 

lunes, 30 de marzo de 2015

Una noche en El Cairo (1933) El suave ocaso de Ramón Novarro.

 
       Pocas personas habrán tenido una actividad tan polifacética en el mundo del espectáculo como Edgar Selwyn. Actor de teatro y de cine, dramaturgo, guionista, productor teatral y cinematográfico, director de cine, en sus 68 años de vida estuvo vinculado a personalidades de gran influencia en el mundo artístico norteamericano.
Edgar Selwin en la primera versión de El árabe rodada por DeMille
 
       En 1915 protagoniza la adaptación cinematográfica de una obra que cuatro años antes había sido un gran éxito de público. “El árabe”, fue rodada por un director que ya llamaba la atención en el gremio “Cecil B. de Mille”. Su argumento donde el hijo del Caid de una tribu beduina, salva a la hija de un pastor  de las malvadas intenciones de un gobernador turco, que quiere asesinar a unos niños cristianos, sirvió de base para una nueva adaptación dirigida por Rex Ingram.
Ramón Novarro y Alice Terry en la versión de 1924
 
       La producción fue una de realizada por una nueva compañía, fruto de la fusión de Metro Pictures, Louis B. Mayer Productions y Goldwyn Pictures. Precisamente Selwyn fue uno de los fundadores junto a Samuel Goldwyn de la última de ellas. La nueva productora MGM heredó de esta la imagen de un león envuelto en celuloide con un lema Ars Gratia Artis. Mientras tanto la Jessi Lasky Productions, encargada del primer proyecto en 1915, acabó integrándose en la todopoderosa Paramount, quién puso otra vez de moda las cintas de árabes con “El Caid”, todo un fenómeno de masas, aupando definitivamente a Rudolph Valentino como máxima estrella.
El equipo de rodaje en África
 
 
       Como si se tratara de cuadros convergentes, decir que Valentino había logrado llegar a ese status, gracias precisamente a  Rex Ingram, con su emblemático filme “Los cuatro jinetes del apocalipsis”. Su protegido actual, Ramón Novarro, sería el protagonista de esta nueva versión, rodada en escenarios naturales del norte de África.
 
       Después de filmar su última película con Ingram, Novarro rodó el personaje por el que ha pasado a la historia del cine: Judá Ben-Hur. Cuando en 1933, el actor mexicano decide ponerse nuevamente en la piel del beduino Jamil, Hollywood ha cambiado y el también. La irrupción del sonoro se ha llevado a muchas de las grandes estrellas del estudio. Sólo Garbo y Norma Shearer, mantienen su estatus como grandes figuras del estudio, en el polo opuesto está John Gilbert, que de ser la estrella principal de la Metro, ha pasado a estar defenestrado pese a que ese mismo año Greta Garbo le reclamará para acompañarle en su última gran película “La Reina Cristina de Suecia”.
Cartel belga de Devil May Care el primer filme sonoro de Novarro
 
       Ramón Novarro está nadando entre esas dos corrientes, ya no es junto a Gilbert el actor masculino más popular de MGM, pero todavía sus películas gozan del aprecio del público. Contrariamente a lo que se dice, la irrupción del cine sonoro, no constituyó de entrada un problema para el actor. Dotado de una hermosa voz de tenor, sus primeras películas musicales gozaron del favor del público. Pero esta cascada de títulos, por parte de todos los estudios, hizo que los espectadores acabaran cansados de esas operetas. Incluso las filmadas por la Paramount con Chevalier y McDonald bajo la dirección de Lubitsch, que en un principio habían causado furor, fueron perdiendo fuelle y sus últimos filmes juntos, perdieron dinero en taquilla.
 
 
 
No hay que olvidar que la llegada del sonoro, no sólo  había modificado la manera de hacer películas, también su costo aumentó de forma significativa. La barrera idiomática que en un principio motivó el que se rodaran versiones en otros idiomas, contribuyó todavía más al incremento de estas. Ramón Novarro rodó con “Sevilla de mis amores” tres versiones. La original en inglés, más otras dos en español y francés. Y es que otra de las cosas que no se suelen contar, es la enorme popularidad que tenía Novarro en Europa. Al igual que Garbo, los ingresos de taquilla provenían en gran parte del viejo continente, una estrella más popular que Novarro en Estados Unidos como Gilbert, tan sólo solía recaudar el veinticinco por ciento de sus ganancias en Europa, durante sus años de bonanza en el periodo silente.
 
La paeja Loy-Novarro funcionó a la perfección
 
 
       Hablábamos de la caída de las películas musicales, al inicio de la década de los treinta, esto hizo que el actor mexicano buscara nuevas formas de atraer al público. La más arriesgada fue convencer al estudio, a que le diera el papel protagonista de “Mata Hari” junto a Greta Garbo. No le importo renunciar a que su nombre no fuera desde que era una estrella en primer lugar, y lo que era más importante para MGM, reducir significativamente su salario. Aunque Thalberg ya tenía apalabrado, a una joven promesa Robert Montgomery, finalmente Novarro se hizo con el papel. El gran éxito que tuvo la película y las excelentes críticas recibidas, le volvieron a poner en un lugar preponderante en el estudio.
 
Por primera vez en 1932 dos películas de Novarro fracasaron en taquilla
 
       Pero sus dos películas posteriores fracasaron, en parte por ser inadecuadas para su imagen cinematográfica. Ni el papel de obrero italoamericano en Huddle, ni mucho menos el de chino en Canción de oriente, lograron encandilar al público, pese a que la segunda era una producción de nivel, dirigida por Clarence Brown y protagonizada por la entonces prestigiosa actriz Hellen Hayes.
 
       Es al menos curioso, que estos dos papeles poco apropiados, coincida con el rechazo del actor a una disminución de su salario pedida por Louis B. Mayer. De otro lado, la preocupación cada vez mayor de Novarro por su carrera musical, puede ser la causa por la que no luchara por papeles más atractivos. Así se hallaba la estrella en caída moderada, cuando volvía a adentrarse en las arenas del desierto.
 
 
       Pese a que tomara la obra de Selwyn como referencia, la nueva película cuyo título  provisional era “Man of the Nyle” tenía muchas diferencias con “El árabe”. La principal es que está mucho más cerca de la comedia que del drama filmado con anterioridad. El guion como era norma habitual en MGM tuvo numerosos autores, entre los que destacaría a Leonore Coffee y Anita Loos dos de las mejores guionistas de la historia del cine, además de la célebre novelista Vicki Baum. Esta cuota femenina en la historia, puede muy bien explicar el contradictorio pero progresista personaje de la protagonista Diana, una turista británica acostumbrada a vivir de fiesta en fiesta, prometida con un aburrido ingeniero, ocupado por construir un puente en Egipto. Y claro está el personaje de Jamil, un guía embaucador y tramposo, que hará todo lo posible por enamorarla. Luego en el desierto vendrá la parte bizarra de la función, donde el beduino se transforma en príncipe y da y recibe latigazos, para terminar la función en la alocada comedia en que había comenzado. No doy más detalles para no destripar el argumento, que aunque desquiciante es sumamente divertido.
 
 
       Pese a que su anterior experiencia con Sam Wood, había sido un fracaso (la anteriormente aludida Huddle) esta vez, con un personaje mucho más apropiado, Novarro hizo una estupenda actuación, dando rienda suelta a esa vis cómica, generalmente desaprovechada por el estudio. A su lado tenemos a una de las actrices más queridas en nuestro blog, Mirna Loy, en ese periodo anterior a “El enemigo público número uno” que le aupará al estrellato. La actriz está muy bella y proporciona dos de los momentos más célebres del cine pre-code. En una escena, cuando está con una combinación muy corta, mientras es observada descaradamente por Jamil. La otra, con diferencia la imagen más famosa del filme, es el baño con pétalos de rosas que convenientemente cubren partes de su cuerpo. Años después la actriz afirmó que utilizó un traje de baño color carne para dar la sensación de desnudez que es obvia, gracias a la estupenda fotografía de Harold Rosson, quién venía de firmar dos de las películas más taquilleras de MGM: Tarzán de los monos y Tierra de pasión.
 
 
La famosa escena del baño
 
 
 
 
       Por supuesto, como en la mayoría de los filmes de la época, no se fueron a África a rodar exteriores. Todo lo más a Yuma, Arizona, pero la mayor parte del rodaje se efectuó en los estudios de Culver City, con un desierto de arena sin apenas grosor. Con todo el rodaje estuvo amenizado por un temblor de tierra de 6,4 grados de magnitud y una camello llamada Rosie bastante indisciplinada. Pese a todo se llevó a buen término la filmación, con un elenco que incluía además a Reginald Demmy como el apocado novio de la protagonista, a C. Aubrey Smith a su aristocrático tío Cecil y un irreconocible Edward Arnold como un lascivo pacha egipcio.
 
Una escena de voyeurismo
 
       Mención especial para Louise Closser Hale, quién interpreta a la típica señora de edad que acompaña a Diana, dando una de las mejores actuaciones de la cinta. Louise Closser que era una de las mejores actrices de teatro del momento, en sus últimos años de vida participó en numerosísimas películas, alternando con estrellas tan famosas como Jean Harlow y Harold Lloyd. Tanto Closser como Mirna Loy en las escenas a caballo fueron dobladas por Audrey De Scott, que acababa de doblar a Greta Garbo en “La Reina Cristina de Suecia” y Marlene Dietrich en “Capricho imperial”.Fallecería poco después de rodar “Una noche en El Cairo”, apareciendo brevemente en su última película, nada menos que “Sopa de ganso”.
 
 
 
       La película se estrenó el 12 de mayo de 1933, con Novarro de gira por Europa, actuando además de Londres y París, en España, Suiza y Bélgica. Entretanto el estudio favoreció el rumor de un romance entre Loy y Novarro, que potenciara la taquilla del filme. Una circunstancia que enfado y mucho al actor, en una entrevista concedida muchos años después en 1965, todavía guardaba un amargo recuerdo de ese episodio. Celoso de su intimidad, él no había hecho como muchos otros homosexuales notorios, que se casaban para dar una imagen de masculinidad. No era la primera vez que se contaban chismes parecidos, siendo quizás el más sonado el de Greta Garbo, pero esta vez le molestó particularmente, quizás por la gran amistad que el actor trabó con Mirna Loy, en ese momento novia del prometedor productor Arthur Hornblow Jr., con el que se casaría tres años después.
 
 
Mirna Loy de novia árabe y occidental
 
       Aunque contaba con la publicidad del romance de sus protagonistas, la cinta tuvo que enfrentarse con la censura cada vez más latente. En varios estados se suprimieron las escenas más picantes, causa seguramente de que la recaudación en USA fuera bastante pobre, afortunadamente el tirón en Europa de Novarro, supuso que la película obtuviera más de 100.000 dólares de la época de beneficios, una cifra más bien pequeña pero que coincidió con un bajón en la asistencia de espectadores, sin duda debido a que la depresión estaba en su fase más álgida.
 
 
       Esta ha sido la radiografía de un actor que se aferraba a seguir manteniendo su status estelar. Hoy más de ochenta años después “Una noche en El Cairo” sigue siendo una agradable película, con un punto de locura pre-code que contiene una hermosa balada “Love song of the Nile” compuesta por los habituales compositores de canciones en MGM, Nacio Her Brown y Arthur Freed, que Ramón Novarro entona a lo largo del filme. Un nuevo homenaje que brindamos en este blog, al probablemente más popular actor latino de todos los tiempos…y que no será el último.
 
 
Curiosidades: Al inicio de la película, como turista norteamericana vemos a Hedda Hooper, reina del periodismo de cotilleos en Hollywood cuando todavía se dedicaba a actuar.