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lunes, 12 de febrero de 2018

Dinamita (1929) La encrucijada de Cecil B. DeMille




El 2 de Agosto de 1928 Cecil B. DeMille firmaba contrato con Metro-Goldwyn-Mayer. Así terminaba su andadura como director independiente cerca de un lustro. Había salido de las garras de la Paramount de Zukor y ahora llegaba a su nuevo y más directo competidor M.G.M. Pese al rotundo éxito de "Rey de Reyes" finalmente había tenido que dejar sus sueños de independencia. Hoy en día se cree que las películas de DeMille fueron grandes éxitos comerciales. Y realmente si lo fueron pero no en la escala a la que hoy estamos acostumbrados. El antiguo sistema de estudios que poseían una amplia red de teatros propios funcionaba de una manera muy diferente. Las productoras realizaban muchos filmes de bajo coste que eran los que realmente hacían rentables los estudios. Luego venían los filmes de prestigio que aunque por lo general no dejaban déficit tampoco por sus elevados costes podían conseguir grandes ganancias. Eran tiempos en que la televisión no existía y la gente visitaba el cine muy asiduamente gracias a los precios bajos de sus entradas. El mayor problema que tuvo la productora de DeMille es que si observamos los costes de sus películas (no sólo las de DeMille si no la producción total) observamos que el coste de la mayoría de ellas estaba bastante por encima de la media habitual. Esa falta de compensación fue una de las causas principales por las que sus financiadores (Joseph P. Keneddy y la productora Pathé) no siguieran con la aventura. Los taquillazos de DeMille surgirían después de la segunda guerra mundial cuando Hollywood tuvo que enfrentarse a la televisión  utilizando grandes superproducciones. Desde "Los Inconquistables" las cintas de DeMille adquirieron cifras vertiginosas de espectadores, pero esa realidad distaba mucho de la que sufría DeMille casi veinte años antes.
                                            DeMille en el rodaje de Dinamita

Y es que en aquél momento Hollywood se encuentra inmersa en la mayor convulsión de su historia, la aparición del sonido. Lo que al principio se creyó una moda pasajera en pocos meses estaba transformando la industria del cine. La última película que rodara DeMille para su estudio "La incrédula" fue retirada de la exhibición y se le añadieron  unas escenas habladas ya sin la participación de su director. Así que cuando DeMille se dispuso a dirigir su primera película MGM tuvo que enfrentarse con un nuevo medio totalmente desconocido.



Las condiciones con las que el director entró en la nueva compañía se correspondían con el estatus que tenía pese a todo en la industria. MGM  a decir verdad le puso una alfombra roja a la entrada. Su contrato le permitía escoger el argumento que debía rodar y traerse consigo a buena parte de sus colaboradores. Entre ellos figuraba el modisto Adrian quién al contrario que DeMille tendría una larga estancia en el estudio del león. Otro era Mitchell Leisen decorador, modisto y hombre para todo que terminaría volviendo a Paramount con DeMille y convirtiéndose poco después en uno de los grandes directores de las siguientes dos décadas. Y como no estaba Jeannie McPherson, la pareja sentimental más estable del director y su colaboradora de más confianza. Autora de la mayor parte de las historias de sus anteriores cintas, aquí se encargó de elaborar la historia sugerida por hechos reales. Durante la década de los veinte hubo algún caso de condenados a muerte que contraían matrimonio poco antes de ejecutarse la sentencia. En uno de esos casos se halló al culpable y el prisionero fue liberado. Partiendo de esa premisa McPherson  elaboró una historia a caballo entre la comedia y el drama que no difería mucho de las tragicomedias rodadas por DeMille desde los tiempos en que Gloria Swason era su principal estrella. El argumento ´rocambolesco es desde luego lo menos atractivo de la película, con diálogos claramente pasados de moda. La película refleja en su primera parte un mundo que estaba desapareciendo reventado por el crack bursátil acaecido pocos meses después de terminar su rodaje.
 
 


En cambio la película nivela considerablemente la balanza por el moderno uso que hace del sonido. Aunque DeMille, antes de convertirse en director de cine  lo había sido antes de escena no decidió caer en la trampa de teatro filmado en que incurrieron muchas de las primeras cintas sonoras. La pericia de Mitchell Leisen y del nuevo director de sonido de MGM Douglas Shearer consiguieron adoptar medidas imaginativas para combatir el estatismo de la cámara. Esto permitió que la película gozara de una buena realización visual y que se usara el sonido como recurso en varias escenas. La más famosa de ellas es claro está la boda in extremis en la penitenciaria. El preso tras los barrotes, la novia nerviosa y el repiqueteo de los martillos con que se construye la orca. También resuena una lánguida canción de Dorothy Parker que entona un por entonces desconocido Russ Columbo. El cantante no tardaría en ser el más claro adversario de Bing Crosby hasta su repentina muerte en 1934 víctima de un trágico accidente con un revolver.
                                       De Mille con la nueva cámara sonora en Dinamita

                              De Mille en el set de Dinamita con Kay Johnson y Charles Bickford

El reparto de la película era algo fundamental. Como bien se sabe el nuevo medio hizo que muchas carreras fueran a pique ya que su voz no se adaptaba a los primitivos micrófonos de la época. El departamento de sonido se convirtió de un día  para otro en un deambular de viejas y nuevas estrellas enfrentadas al veredicto inmisericorde del micrófono. De repente los teatros de Broadway fueron tomados al asalto por los cineastas en busca de nuevas voces que además supieran decir bien un diálogo. De esta nueva hornada de estrellas llegaron dos de los protagonistas del filme Charles Bickford y Kay Johnson. Ambos habían tenido un destacado debut en el teatro y como tantos otros se aventuraron al nuevo medio. Charles Bickford en un principio pensó que no congeniaría con el autócrata DeMille. Invitado nada más llegar a Hollywood al rancho de este en su fiesta de año nuevo le pareció un semental rubicundo rodeado por sus adoradas féminas que le rendían pleitesía. Pero esta opinión cambió cuando en el set de rodaje pudo trabajar muy a gusto con el director. Cuatro años después volverían a coincidir en "La juventud manda" donde Bickford interpretaba a un gangster. Su aspecto rudo bastante apropiado para interpretar al íntegro minero falsamente acusado se adaptaba bien a las características de Bickford que tendría una larga carrera como actor de carácter.
 
 

En cuanto a Kay Johson su periplo en el cine fue mucho más corto. Casada con el director teatral y luego cinematográfico John Cromwell, pese a su lucido debut en "Dinamita" y a dos primeros años involucrada en películas de calidad como la delirante "Madame Satan" también de DeMille vio como su carrera caía rápidamente en picado. La causa fue seguramente el aluvión  de nuevas estrellas que se ganaron rápidamente el cariño de la audiencia como Claudette Colbert o Bette Davis. Con esta última y dirigida por su marido Cromwell, Kay Johnson realizaría su última interpretación de mérito en la pantalla en "Cautivo del deseo" en 1934. El tercero en discordia del reparto Conrad Nagel llevaba ya años siendo un atractivo galán del cine silente. Con el advenimiento del sonoro su carrera ya no tuvo el mismo brillo pero fue prolongada hasta terminar igual que Bickford en la televisión. De maneras elegantes Nagel es el contrapunto perfecto en una relación sentimental que no es un trío sino un  cuarteto. Tratándose de DeMille lógicamente las cosas tienen que ser a lo grande. Para interpretar a la segunda dama de sociedad después de Johnson el director hizo un exhaustivo casting entre las que estuvo la luego famosa Carole Lombard. Pese al buen ojo clínico que DeMille tenía para las estrellas en este caso falló y no acabó de convencerle la prueba que hizo a Lombard que sería muy poco después una de las mejores actrices de comedia de la época. Su elección fue Julie Faye una ya talludita actriz que había comenzado con DeMille en la década de los diez y sería una de sus amantes oficiales. La mayor virtud de Faye eran sus hermosas piernas, tal era el caso que muchas veces doblada a estrellas menos agraciadas. La actuación de Julia Faye es la más floja del cuarteto protagonista aunque resulta simpática su presencia. En la película también encontraremos como amante de Faye a Joel McCrea en uno de sus  primeros películas antes de convertirse en uno de los galanes preferidos de la época, en 1939 ya convertido en una estrella rodaría con DeMille la excelente Unión Pacific. Para terminar este repaso al reparto del filme decir como curiosidad que las dos estrellas masculinas del filme Nagel y Bickford compartieron cartel con Greta Garbo. Por su aspecto es lógico que mientras las cintas coprotagonizadas con Nagel El Beso y La Dama Misteriosa son muy románticas la cinta que Garbo realizó con Bickford "Anna Crsitie" sea desgarradamente naturalista.
                                                      Joel McCrea en el filme

                                                      Las famosas piernas de Julia Faye

Como era costumbre DeMille rodó también una versión muda algo mucho más habitual de lo que la gente cree. En aquel momento muchos cines de pequeñas localidades todavía no estaban equipados para el cine sonoro. Esto unido a una apendicitis que sufrió Kay Johnson hizo que el rodaje se demorara un poco mas de lo previsto.  Hoy vista casi noventa años después de su realización continua siendo entretenida pese a sus más de dos horas de metraje. Los vestidos de Adrian junto a los decorados de Mitchell Leisen le confieren un glamour especial. Maravillosa esa bañera de cristal con difusor para sales de baño y es que las bañeras siempre fueron importantes en las películas de DeMille desde los tiempos de la Swason. Un mundo tan irreal como maravilloso. Las creaciones de DeMille siempre son interesantes y nos transportan a un  mundo que  nunca existió...salvo en los estudios del Hollywood dorado.

                                                       La famosa bañera de cristal


viernes, 10 de noviembre de 2017

Lirio entre espinas (1924) Reivindicando a Fred Niblo

Hace muy pocos días presentando el nuevo ciclo de películas mudas que con tanto acierto viene proyectando la Fundación Juan March, en esta ocasión sobre cine histórico y que comenzaba con la mítica "Ben-Hur" el crítico Miguel Marías lanzaba una reivindicación de su director Fred Niblo. Aseguro a mis lectores que la idea de publicar este post sobre esta película bastante poco conocida era bastante anterior a la conferencia del para mí extraordinario crítico. pero que me dio el preámbulo que buscaba para iniciarlo.
 
 

Fred Niblo es un director del que por lo general se a hablado poco y no demasiado bien. Una de las causas puede que sea el que su obra se concentra en el periodo del cine mudo donde por desgracia muchas películas han desaparecido. El caso de Niblo es uno de los más palmarios. Son pocas y bastante desconocidas las obras que de el nos quedan en uno de los directores más prestigiados de su época y mas conocidos del público del momento como demuestran las numerosas fotos publicitarias del director con las estrellas y los gerifaltes de MGM. Luego llegó un olvido que a mi parecer es completamente injustificado.
Fred Niblo con el dueño de la MGM Marcus Loew y su director Louis B. Mayer


Niblo con Ramón Novarro en su primer filme juntos Thy name is woman y su coprotagonsita Barbara La Marr
 
Por una vez Ramón Novarro se vuelve malo,malo

Fred Niblo se dedicó desde muy joven al mundo del entretenimiento. Es la época dorada del vaudeville y Niblo  es uno de tantos artistas que se forjan en los finales del siglo XIX. Allí conocerá a los Cuatro Cohan. Los Cohan era un grupo familiar formado por los padres Jere y Nellie y sus hijos Jossie y George. El talento de este último hizo que pasaran de los barracones del vaudeville a los lujosos teatros de Broadway. En ese tránsito Niblo se casó con Josie y empezó a ejercer de director en las obras de George que entonces empezó a convertirse en el actor y autor más famoso del primigenio musical americano. ,Junto a su esposa siguieron dedicándose al teatro llevando su compañía hasta la lejana Australia donde Niblo empezó su relación con el cine. Allí rueda sus dos primeras películas en donde interviene una joven actriz llamada Enid Bennett. La nueva musa australiana les acompañará en su viaje de regreso a Nueva York. Tras fallecer Josie Cohan, Bennett se casará con Niblo e intentará que se convierta en una estrella de Broadway, pero donde realmente les espera a ambos las mieles del triunfo será en Hollywood. 

Bajo el paraguas del productor Thomas H. Ince que tiene un contrato de distribución con Paramount Niblo empezará a rodar una serie de películas la mayor parte protagonizadas por su esposa. Será una época donde la actriz se convertirá en una de las favoritas del público. Más al matrimonio Niblo le sucederá algo parecido a lo que sucedió con King y Florence Vidor que en un principio la famosa es ella pero poco a poco el que asciende es el director. Niblo empieza a colaborar con Douglas Fairbanks para quien rueda sus dos primeros filmes de aventura "de época" La Máscara del Zorro" y "Los tres mosqueteros" y el otro gran galán del momento Valentino en "Sangre y Arena". Finalmente se asienta en el pequeño pero prestigioso estudio de Louis B. Mayer que poco después será absorbido por la Loews Corporation para fundar MGM. Que Mayer sea el director del nuevo gran estudio seguro que sería definitivo para que Niblo pudiera rodar una película tan especial para su época como lo es "Lirio entre espinas"

Esta además es una película en que coinciden dos estrellas una ascendente y otra en un irremediable declive. Ramón Novarro viene de la Metro donde gracias a su colaboración con Rex Ingram se ha convertido en el más serio rival de Rodolfo Valentino. En cambio Enid Bennett empieza una cuesta hacia abajo pese a intervenir en dos de las películas más taquilleras del momento "Robin Hood" y "El Halcón del Mar" donde su papel de heroína tenía mucho menos relieve que los vehículos realizados por su esposo durante su estancia en la Paramount. Aquí en cambio Niblo crea esta película pensando en revitalizar la carrera de su esposa. Lamentablemente no sirvió para mucho y es una auténtica pena pues la actriz australiana saca partido a todos los recursos del cine silente. Su transformación de joven virginal en prostituta arrabalera es magnífica y es uno de los grandes alicientes del filme.
 
Enid Bennett en Robín Hood y El Halcón del Mar

Niblo conocido por sus grandes espectáculos aquí demuestra ser un magnífico director de actores. Al lado de Bennett su paternaire Ramón Novarro también raya a gran altura. Al igual que su pareja acabará envilecido convirtiéndose en un ser cruel hasta decir basta. Curiosamente en su magnífica biografía sobre Novarro: Beyond  Paradise su autor André Soares pasa de puntillas por esta película que era la segunda que Novarro rodaba con Niblo. Tan sólo cita que era una película desagradable para la época y que el actor fuera  de la égida de su mentor Rex Ingram estaba sobreactuado, aunque Novarro estaba satisfecho con el resultado. A decir verdad el pseudonaturalismo del filme no gustó demasiado pero por ejemplo en The New York Times recibió buena crítica. Hoy en día claro está las imágenes de Victor Milner no levantarían del asiento a nadie pero para los parámetros de la época se hallaba al límite de lo que podía exhibir una película de Hollywood.
 
 
 
 

El argumento, obra del propio Niblo desde luego no es gran cosa y su inverosímil final, este si en la mejor tradición del happy end  puede que fuera una imposición del estudio o del propio Niblo hombre del espectáculo durante décadas quien conocía como pocos que una tragedia vendía mejor si acababa bien. Pero la película que comienza como un sueño bucólico que luego se transmuta en la peor de las pesadillas tiene pese a todo sinceridad, unos estupendos decorados y sobre todo la interpretación de Novarro y de Enid Bennett. Considero que merece la pena la visión de esta bella y sórdida cinta de un director que merecería ser mejor estudiado. Después todo es historia, Niblo y Novarro se harían mundialmente famosos gracias a Ben-Hur, el tercero en discordia del filme Wallace Beery se convertiría en uno de los puntales de la MGM con el advenimiento del sonoro mientras la exquisita Enid Bennett desaparecería prácticamente de la pantalla.



         

jueves, 7 de septiembre de 2017

Predilección (1946) La Malquerida.



A veces se realizan juicios demasiado drásticos y si hablamos de películas entonces como las pobrecitas no se pueden defender, vamos con toda la saña y en ocasiones sin razón. Yo creo que las acerbas críticas que recibe esta película son desproporcionadas. Como veis después del filme de Mann del anterior post, sigo con mi política reivindicativa de películas en mi opinión injustamente masacradas por la crítica.
 
 
 
 

"Predilección" es un biopic sobre la familia Bronte, especialmente en las dos hermanas más famosas: Emily y Charlotte. Sus dos novelas más conocidas Cumbres Borrascosas y Jane Eyre ya habían sido llevadas al cine. De Cumbres Borrascosas existía una prestigiosa versión británica realizada en 1920 por los actores más populares en aquel momento de las islas y muy recientemente la producción de Sam Goldwyn dirigida por William Wyller que se convirtió en uno de los grandes éxitos de ese 1939 memorable para Hollywood.  De Jane Eyre que siempre fue una novela menos valorada por la crítica, pero más popular se hicieron muchas versiones en el periodo mudo ya desde sus inicios y había tenido una versión sonora en 1934 de serie B de tan sólo 62 minutos producida por la Monogram. Además justo cuando Warner rodaba Predilección, la Fox estaba a punto de terminar los preparativos de la maravillosa versión dirigida por Robert Stevenson que aquí se estrenó con el título de Alma Rebelde.

Si en las últimas adaptaciones de las novelas se contó con un reparto estelar (Laurence Olivier y Merle Oberón y en Jane Eyre : Joan Fontaine y Orson Welles) no quiso la Warner quedarse atrás juntando a dos de sus principales estrellas femeninas al frente: Olivia de Havilland e Ida Lupino. La biografía al estilo Hollywood de personajes históricos siempre fue uno de los puntos fuertes del estudio. Eran una manera de dar una pátina de respetabilidad a una compañía que era famosa en gran parte por producir los violentos filmes de gangster que hoy conocemos como sinónimo de Warner. Primero con el británico George Arliss y sobre todo con Paul Muni figuras como Disraeli, Louis Pasteur, Emile Zola y Benito Juarez se presentaron ante el gran público con biografías más o menos "basadas en hechos reales" como dicen los monótonos telefilmes que ponen los fines de semana. La moda llegó al punto que hasta MGM por una vez copiara a Warner en su biopic sobre Madame Curie a mayor gloria de la pareja del momento Greer Garson y Walter Pidgeon (Los Minniver).

 
 
Las tres hermanas Bronte. Además de Olivia e Ida la tercera Anne fue interpretada por Nancy Coleman

El encargado de la dirección fue Curtis Bernhardt quién como muchos otros judíos alemanes se asentó en Hollywood. Como la mayoría de los directores teutones tenía fama de dictatorial teniendo sus mas y sus menos con Olivia de Havilland quien parecía estar en permanente lucha con Ida Lupino. Ambas querían ser las reinas del espectáculo, mientras el pobre Paul Henreid intentaba capear el temporal lo mejor que podía. Para Olivia su papel de Charlotte Bronte sería el último en Warner, estaba decidida a abandonar el estudio y esa puede que sea la causa de que su actuación no sea tan redonda como acostumbra. Una vez acabado el rodaje la actriz dio por terminado su contrato con Warner. Pero la productora respondió que el tiempo que esta había estado de baja no computaba así que tenía que hacer por lo menos una película más. Olivia se negó y llevó a Warner a los tribunales. Tres años estuvo sin trabajar, pero la valiente actriz no se arredró y consiguió ganar el juicio. La sentencia que se conoce como "La Decisión de Havilland" fue el primer golpe que recibieron los estudios por sus abusivas prácticas en los contratos y sentó un precedente vital para las futuras relaciones de las estrellas y los estudios de Hollywood.

Esa debió ser la causa por la que la película tardó tres años en estrenarse. La Warner no tenía ninguna gana de publicitar un filme de una estrella que estaba difamándoles. Justo se estrenó menos de un mes después de "La vida íntima de Julia Norris" de Mitchell Leisen producida por Paramount con la que Olivia ganaría su primer oscar. El éxito que logró este filme también ayudó a eclipsar "Predilección" pese a ser un filme más que digno.

Por un lado tenemos la eficiente dirección de Bernhardt quién tenía bastante más talento que lo que habitualmente se dice. Experto en el melodrama, a mi me gusta bastante otro biopic que rodó años después en MGM sobre la cantante de ópera Marjorie Lawrence con unos estupendos Eleanor Powell y Glenn Ford. El director alemán consigue hacer fluido el guion de Keith Winter y que no pese el metraje de la película. Otro de los puntos fuertes de la película es la estupenda fotografía de Ernest Haller uno de los grandes de la época clásica de Hollywood. Especialista en la fotografía en blanco y negro curiosamente el filme por el que es más reconocido es Lo que el viento se llevó paradigma del Technicolor. Es una producción cuidada tanto en vestuario como en decorados y con una brillante partitura de Erich Wolfang Korngold que nos muestra al estudio en su mayor momento de apogeo.




Ya hemos comentado que la actuación de Olivia de Havilland  no está entre las mejores de su carrera, en parte también a que la mayor carga dramática reside en el personaje de Emily Bronte, la más rebelde de las hermanas donde Ida Lupino tampoco es que esté especialmente brillante pese a contar con unas escenas oníricas en las que esté realmente bella. Serán dos caballeros los que eleven el nivel de actuación del filme y claro está que no nos referimos al coprotagonista Paul Henreid que interpreta al pastor anglicano ayudante del padre de las Bronte, con su pesadez acostumbrada. Por lo general suelo ser muy benevolente en mis juicios pero es que no puedo con este actor.




A quién aludía resaltando su trabajo es en primer lugar a Arthur Kennedy que en el papel de Branwell el hermano alcohólico de la  familia Bronte consigue tratar con mesura un personaje tan proclive a los excesos. Incluso llega a dejar un poso de dignidad en un sujeto desde luego poco recomendable. Para entonces Kennedy ya atesoraba un puñado de buenas interpretaciones en el cine de donde había venido desde Broadway gracias a su amigo James Cagney. Luego después de volver de la guerra el actor seguiría teniendo presencia tanto sobre las tablas como en la pantalla. Hoy en día su papel más recordado puede que sea el de reportero americano en Lawrence de Arabia.







Pero sobre todo si esta película merece ser vista es por la actuación  de   en uno de los escasos papeles de época que hizo. Llevaba casi cuatro décadas sobre los teatros más importantes de Londres y Nueva York cuando John Huston lo convenció para que debutara en su primera película como director "El halcón maltés". El orondo intérprete británico contaba con 62 años y una salud precaria pero en menos de una década supo crear magníficos personajes en la pantalla. Aunque mucha menos conocida que sus interpretaciones en la anteriormente aludida "El halcón maltés" y "Casablanca" la encarnación que aquí realiza de William Thackeray es genial. No se me ocurre a nadie mejor para recrear al exquisito escritor.

Los mayores palos que los críticos dan a esta película es su poca verosimilitud histórica. Es cierto pero ese es un mal que tienen la mayoría de películas de este estilo realizadas en la época. No quiero dar ejemplos, pero hay muchos filmes bastante más fantasiosos que este sobre personajes célebres. Es muy probable que la familia Bronte de Hollywood tenga muy poco que ver con la que vivió en los páramos ingleses del siglo XIX, aunque a decir verdad se trataba de personajes tan peculiares que hasta los más metódicos investigadores no han podido dar con una imagen realmente fidedigna de las célebres escritoras, son más las conjeturas que los hechos probados que circulan sobre su vida y sus auténticos sentimientos. Yo la verdad es que pasé un rato muy entretenido viéndola. Considero que es una película muy digna y menos acartonada que otros melodramas de época. Tan falsa como son los sueños de Hollywood...Sueños que prefiero a las pesadillas.


 

miércoles, 15 de marzo de 2017

La máscara del otro (1933) Ronald Colman vale por dos



Comienzo a escribir este post precisamente el 8 de Marzo "Día Internacional de la Mujer". Entre otras causas se reivindica la continua lucha de estas  por abrirse un camino vedado durante siglos para su sexo. Uno de los primeros escollos que fueron soslayando las mujeres fue precisamente el de la literatura. La autora de la novela en la que se inspira la película de la que hablamos alcanzó una fama inusitada para su tiempo. irlandesa, hija de un poderoso banquero consiguió en muy poco tiempo que sus obras fueran enormemente populares a ambos lados del Atlántico. Ella padeció los celos artísticos de su esposo, también escritor, siendo la causa principal de su divorcio. Después de escribir un puñado de obras casi todas best-seller falleció al parecer de una asfixia provocado por sus problemas epilépticos con tan sólo 36 años. Una sombra de duda no obstante siempre rodeó su muerte, las sospechas recayeron sobre su prometido y heredero de su fortuna que además era médico. Lo cierto es que su óbito fue tan sensacional como el argumento de sus  novelas.



La Máscara del Otro se basa en su creación más popular John Chilcote MP o The Masquerader, con el primero se editó en Gran Bretaña y el segundo fue el de su edición en USA. Desde el principio su argumento no sólo lo aupó a los primeros lugares de ventas sino que en 1912 ya se produjo un cortometraje basado en la novela. En 1917 fue adaptada al teatro por John Hunter Booth  y vuelta a poner en pantalla en diversas ocasiones en el periodo mudo. Hay una versión húngara de 1919, en 1922 otra rodada en Hollywood y al año siguiente una coproducción franco-rusa que en España se tituló " Paraísos artificiales". La historia que narra los avatares de un prestigioso político inglés adicto a la morfina que se sirve de un doble, resultaba muy apetecible para el gran actor ruso Ivan Mozzhukhin, entonces en la cumbre de su fama.


Si prestigioso era Mozzhukhin en Europa, Ronald Colman en América no lo era menos. Este actor británico que siempre a gozado de mi predilección, no era la primera vez que se enfrentaba al reto de interpretar un doble papel. En 1927 ya lo hizo en uno de sus mayores éxitos de su etapa muda "La llama mágica" interpretado junto a su pareja por excelencia de la época la bella Vilma Bánky. Una de las más famosas películas perdidas del cine. Posteriormente en 1937 realizaría otro doble papel en uno de sus títulos más recordados "El Prisionero de Zenda", cuyo doble personaje tiene bastantes características similares a los de la película que hoy nos ocupa. Dos personajes públicos aceptados por una drogodependencia. En el caso del rey del imaginario país de Ruritania es el alcohol, mientras que las sustancias que destrozan la vida del diputado británico Chilcote no aparecen demasiado claras en el guion de la versión de 1933, una mezcla de alcohol y drogas nebulosamente explicadas.
 


Esta fue la última película de Colman con Samuel Goldwyn, para quien llevaba trabajando desde 1925. De hecho el peculiar productor había convertido a Colman en toda una estrella, siempre en producciones de alta calidad, cuando fue cedido para otros estudios fue para obras tan excelentes como El Abanico de Lady Windermer de Lubischt y la primera versión de Beau Geste. Pero esto no implicaba que las relaciones con Goldwyn siempre fueran traumáticas. Cuando se hizo inmensamente popular sus películas junto a Vilma Banky el productor intentó por todos los medios hacer creer al público que la relación también existía en la vida real. Colman se negó en redondo, ya tenía bastantes problemas con mantener lejos del estudio a su esposa, una mujer perturbada que irrumpía de vez en cuando montando escenas de celos. Colman tardaría años en poder divorciarse. Además de ese tipo de intrusiones Sam Goldwyn era conocido por airear en público opiniones que en ocasiones eran totalmente falsas. La gota que colmó el vaso de Colman fue cuando afirmó Goldwyn que el actor se había metido cuatro copas en el cuerpo para interpretar su personaje de Chilcote. Esto provocó la ira de Colman que ante todo era un gran profesional. Decidió no renovar su contrato con  el productor y lo demandó por injurias. Aunque al final se arreglara el asunto sin pisar los tribunales, Colman prometió no volver a aparecer en un filme de Goldwyn...y lo cumplió. Fue uno de los primeros actores que decidieron trabajar por libre, sin estar vinculado a  ningún estudio.
 
La película cuenta con la excelente fotografía de Gregg Tholand


El prestigio y la gran popularidad de Colman le permitía llevar su carrera sin el paraguas de un gran estudio. Pero no todos los casos fueron iguales. La exquisita Elissa Landi que comparte cartel en el filme con Colman no tenía  la misma posición en el Hollywood de la época. La máscara del otro fue rodada entre los dos grandes éxitos de la actriz: El Signo de la Cruz y El Conde de Montecristo una producida por DeMille para Paramount y la novela de Dumas por el independiente Edward Small, pero el estudio que contrató a Landi tras verla actuar en Broadway en la adaptación teatral de Adiós a las armas había sido la Fox. Landi ya tenía experiencia delante de las cámaras en Inglaterra donde rodó uno de los mejores filmes silentes británicos "Underground".Tras un prometedor debut en Body and Soul con la estrella Charles Farrell y dos novatos Bogart y Mirna Loy, sus siguientes películas fueron bastante malas y sólo las cintas que he citado y la que hoy nos ocupa tuvieron repercusión. Ante esa situación Landi decidió rescindir su contrato con la Fox y lanzarse a la aventura. Pero esta no resultó como ella pretendía, de las pocas películas que rodó después casi la única que se recuerda fue Ella, el y Asta la segunda película (y para mi la mejor) de la saga de El Hombre Delgado.
 
 


Esa desafección no parece que hizo mella  y decidió volver a Broadway sin tampoco tener demasiado éxito, parece que la suerte le sonrió más en su otra gran pasión, las letras. Escribió seis novelas y algunas poesías. Realmente Elissa Landi es un personaje fascinante. Desde sus legendarios orígenes, fantasías urdidas por su madre que se decía hija del emperador Francisco José (aunque hay investigadores que si encuentran indicios de certeza), todo parecía envolverla en un aura que no han tenido otras estrellas de mayor calidad interpretativa. Sin duda su exquisita belleza quedará perenne en la pantalla setenta años después de su muerte a causa de un cáncer con tan sólo 43 años. Aunque su aporte en La Máscara del Otro se supedita al doble lucimiento de Colman, Elissa Landi compone a la perfección la imagen de dama sufrida, elegante y de gran  corazón y como siempre bellísima.


Pero con quien comparte más escenas Colman no es con la bella Elissa sino con  Halliwell Hobbes, uno de esos imprescindibles secundarios del cine clásico que aquí interpreta al fiel mayordomo de Chilcote. Hobbes está como siempre en su más de un centenar de apariciones entre cine y televisión perfecto. Al igual que sus compañeros de reparto se inició en las tablas, británico como  Colman había nacido en la misma localidad de Shakespeare. Elissa Landi en Venecia y Juliette Compton la única norteamericana del elenco principal interpretando a una vampiresa bastante insulsa que lleva a Chilcote por la pendiente de su autodestrucción.
 
 
 
 


No se si sería a causa de que sus relaciones iban deteriorándose con Goldwyn, pero resulta curioso que el productor pusiera la película bajo la batuta del modesto artesano Richard Wallace cuando en sus últimas películas a Colman le habían dirigido George Fitzmaurice, John Ford y King Vidor. Wallace que estaba en el cine desde la primera década del siglo XX apenas hizo algún filme destacable en su larga andadura. En este filme no parece que hiciera mucho más que ponerse al servicio de la historia. Cierto es que en  el engranaje del Hollywood clásico con frecuencia eran más importantes los guionistas que el propio director y aquí si que Goldwyn puso toda la carne en el asador. Los encargados son dos de los más prestigiosos guionistas que a tenido el cine: Howard Estabrook y Moss Hart. Estabrook que era otro veterano de Hollywood había encontrado finalmente su hueco como adaptador de historias para el cine. Dos años antes en 1931 ganó el oscar por Cimarrón donde adaptaba el bet-seller de Edna Ferber y sería el responsable de la considerada si exceptuamos las cintas rodadas por David Lean mejor adaptación de Dickens, nos referimos claro está al David Copperfield de Cukor. Si Estabrook era el presente ,Moss Hart sin duda representaba el futuro. Su anterior producción había sido Carne un drama de John Ford a  mayor gloria de Wallace Beery, pero ante todo consiguió la fama en el teatro junto a George S. Kauffman con excelentes comedias que además fueron llevadas a la pantalla. La más famosa de ellas es Vive como quieras (1938) de Capra. Aunque cuando volvió de vez en cuando al cine fue para firmar los guiones de películas tan memorables como La barrera invisible (1947) y Ha nacido una estrella(1954).
 
 
 


Los guionistas acertadamente situaron la película en el presente que eran los tumultuosos años treinta. Una época de depresión económica y de inestabilidad política ¿Les suena? Claro que por supuesto todo ello está subordinado al drama personal de Chilcote y su contraposición con John Loder su doble, un hombre que no ha tenido las oportunidades sociales de Chilcote pero que por el milagro primero de la señora Thurston y luego de Hollywood puede arreglar el imperio británico y enamorar a la hermosa señora Chilcote. Pues si se trata de Ronald Colman ¿Cómo no va a poder ser? Cuando está Colman en la pantalla todo puede ser posible y si tiene al lado a la bella Elissa Landi mejor que mejor.