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jueves, 5 de julio de 2018

Programa doble: Pasa el circo (1930) y La vía lactea (1936) Recuerdos de la niñez

Este programa doble está relacionado con recuerdos de mi infancia. Las dos películas de las que
hablo tienen paralelismos con dos cintas que vi en mi niñez. El primer recuerdo es de "Una tarde en el circo" de los Hermanos Marx vista en el vetusto Teatro Bretón de mi ciudad natal. Su argumento básicamente era el de unos jóvenes propietarios del circo al que ayudaban los disparatados hermanos. Sin ser la mejor de sus películas tiene unos gag estupendos como el momento en que Groucho canta "Lidya the tuated lady" o el final con la orquesta sinfónica perdida en el océano. La primera película que acabo de conocer tiene casi el mismo argumento pero eso  más una desafortunada copia de los Marx es lo único que las asemeja.



Reconozco que me interesé por ver "Pasa el Circo" ante el reclamo de su director Frank Capra. Aunque su etapa más conocida comienza con "Dama por un día" había visto otros títulos anteriores que me habían gustado mucho (Las cintas con Harry Lagdom. La amargura del General Yen. La locura del dolar etc.) Así que me decidí a ver esta para mi desconocida película y la verdad pocas veces me he decepcionado tanto últimamente. La película es mala sin ambages. Su protagonista fue en su día un muy popular actor de vaudeville que tras dar el salto a Broadway al igual que años atrás los Hermanos Marx había conseguido un éxito fulgurante. Su nombre Joe Cook un auténtico hombre orquesta capaz de ser malabarista, equilibrista. músico y por supuesto cómico. Su popularidad fue tal que era uno de los favoritos en aquella radio que en la década de los treinta vivía su particular edad de oro.


Pero en el cine no tuvo el mismo éxito que en los escenarios y la radio. Tras rodar un corto el año anterior Columbia decide llevar a la pantalla su gran éxito Rain or Shine que había tenido 356 representaciones. Como coincidió con un hartazgo por parte del público de las películas musicales se eliminaron las canciones y quedó tan sólo el escuálido argumento y un diálogo sinceramente horrible. Toda la película está supeditada al lucimiento de Cook  y eso se nota. Cuando haces una película para que se luzca John Wayne puede que no salga una obra maestra como "Centauros del Desierto" pero cuando lo haces para un intérprete como Cook lo que sale es "Pasa el Circo". Y no es porque Capra tenga la culpa, es más creo que intenta darle algo de consistencia a lo inconsistente pero esto no lo hubiera arreglado ni Raoul Walsh que ya es decir. Me imagino que los que dominen el inglés (bueno la jerga que Cook habla) quizás encuentren algo de gracia  a su ultrarápida manera de hablar cosas sin sentido. Pero yo creo que ni eso. Además Cook es acompañado por otros dos pretendidos cómicos Dave Chasen y Tom Howard formando una copia muy pero que muy barata de los Marx.





En cambio hay otro recuerdo que posteriormente mejoramos. El famoso día del Intento de Golpe de Estado o sea 23 de Febrero de 1981 sucedieron muchas cosas, entre ellas que TVE emitiera una comedia (me imagino que para alegrar al personal) titulada "El asombro de Brooklyn". Lo cierto que el niño de 11 años que era se divirtió mucho con las payasadas de Danny Kaye y la belleza de Virginia Mayo. Además llevábamos un año con la tele en color y ciertamente los chillones colores del Technicolor lucían una barbaridad. Luego pasados unos años volví a verla y claro está ya no le vi tanta gracia.


Reconozco que nunca fui fan de Danny Kaye. Sus exageradas muecas y sus presuntas habilidades canoras me han resultado siempre bastante cargantes. En cambio siempre he sentido admiración por Harold Lloyd que junto a  Chaplin y Buster Keaton forman el trío supremo del humor silente. Esa admiración no solo se circunscribe a sus películas mudas que claro está son las mejores puesto que Lloyd tiene un buen número de películas sonoras más que estimables. Como comenté en el post dedicado a "Una noche en El Cairo" de Ramón  Novarro no todas las estrellas del cine mudo tuvieron un declinar calamitoso. ¡Qué fenómeno! (1929) la primera película sonora de Harold Lloyd fue la segunda más taquillera en toda su carrera sólo superada por "El estudiante novato" (1925). Pese a que las películas de Lloyd no eran precisamente baratas siguieron dando beneficios. Recordemos que las películas de humor no eran  en las que más invertían los estudios. Laurel y Hardy sin ir más lejos aparecían en cintas de bajo coste y así la mayoría de los cómicos. Las lujosas producciones de Eddie Cantor con Samuel Goldwyn y de Los Hermanos Marx con Irving Thalberg eran la excepción que confirmaba la regla.


Hasta ahora Lloyd había tenido total independencia y no necesitaba el paraguas de un productor. En 1925 tras el fulgurante éxito de "El estudiante novato" firmaba un ventajoso acuerdo con la Paramount que le permitía una total libertad artística rodando en sus propios estudios y obteniendo la distribución de la mayor cadena de cines de todo el planeta, pero la situación calamitosa de Paramount en 1932 hizo que no renovara su contrato y  marchara a la Fox. La productora tampoco pasaba por su mejor momento y el filme que Lloyd realizó para ella "La garra del gato" por primera vez apenas dio beneficios. Puede que el público empezara a cansarse del cómico y el también empezara a bajar su listón. Lo cierto es que Lloyd volvió dos años después a Paramount aunque esta vez en una producción del estudio donde no obstante el actor tenía libertad.


La implantación del Codigo Hays había hecho que la más rentable de sus estrellas cómicas Mae West perdiera su atractivo en taquilla al tener que rebajar mucho su osado personaje. Los chistes picantes y su procaz sensualidad ya no podían exhibirse. Sus nuevas y descafeinadas películas no atrajeron al público por lo que Paramount decidió volver a traer a Lloyd cuyo humor blanco no iba a tener el menor problema. El estudio adquirió los derechos de una obra titulada "La vía lactea" que había estado más de tres meses en cartel en Broadway protagonizada por  Hugh O´Connell quién fue un secundario habitual en el cine de la época. La historia de un apocado y bondadoso lechero que por azar derriba a un campeón de boxeo parecía un vehículo idoneo para Lloyd. La productora no reparó en gastos y rodeo de los medios oportunos tanto en figuración y vestuario como en un elenco muy apreciable para darle la réplica.
Lloyd en el set de rodaje


Para dirigirla pudo contar además  con el talentoso Leo McCarey que estaba a punto de iniciar su etapa de consagración. Al igual que Lloyd el cineasta de origen irlandés había trabajado en sus inicios como Lloyd  con el productor Hal Roach. Precisamente Lloyd dejó su asociación con Roach cuando este emprendió la realización de una novedosa serie de cortos protagonizados por niños que en España se conoció como "La Pandilla". La atención que Roach puso en este proyecto segun Lloyd no le permitía ocuparse de su carrera. Uno de los más destacados guionistas de estos divertidos cortos fue precisamente Leo McCarey. En los estudios de Roach, McCarey también se encargó de los mejores cortos de un cómico hoy olvidado Charlie Chase y de reunir a Laurel y Hardy. Tras dirigir a Eddie Cantor en uno de sus títulos más taquilleros Torero a la fuerza. pasó luego a Paramount donde  dirigiría a otros cómicos tan populares como Mae West, W.C. Fields y a los Marx en la para muchos su mejor película "Sopa de ganso".




Al contrario de lo que le pasaría con Preston Sturges en su última película. aquí Lloyd tuvo una excelente relación con McCarey que como acabamos de decir tenía una larga experiencia de lidiar con cómicos. Trabajaron juntos los gags en un ambiente de franca camaradería. Desde luego que el papel de tímido lechero convertido de la noche a la mañana en el Tigre Sullivan era perfecto para Harold al igual que el del corrompido promotor pugilístico Sloan para Adolphe Menjou. Pocos mejor que él podían encarnar a un ser tan carente de escrúpulos que recuerda bastante al Walter Burns de "Primera Plana" al que interpretó en la primera adaptación llevada al cine por Lewis Milestone en 1931. Menjou que durante la etapa muda fue protagonista de muchos filmes incluyendo dos especialmente memorables como Una mujer de París" de Chaplin y "Los peligros del flirt" de Lubitsch. Con la llegada del sonoro siguió como distinguido secundario en títulos como "Adiós a las armas" o " Ha nacido una estrella". En 1936 estaba sin duda en el cenit de esta segunda carrera. A su lado la fenomenal Verree Teasdale que hace de pareja de Menjou con el que acababa de casarse en la vida real. Esta exquisita actriz sofisticada y elegante que tiene una simbiosis perfecta con Menjou desgraciadamente no tuvo muchos papeles en el cine. Esta es otra de las causas que hacen disfrutable el visionado de la película.
LOS MENJOU JUGANDO AL BACK-GAMMOND DURANTE EL RODAJE DE LA CINTA

Hay que reconocer que al contrario que Buster Keaton cuyas paterneires eran bastante feas. Harold Lloyd siempre estuvo muy bien acompañado desde sus inicios en el cine. Desde la voluptuosa Bebe Daniels quien lo dejo para ser una estrella como Cecil B. DeMille a Mildred Davies su luego esposa inolvidable coprotagonista de "El hombre Mosca". En este caso la belleza era Dorothy Wilson un descubrimiento de Gregory LaCava cuando ella era secretaria en RKO. Su bella presencia y buen gusto actuando le permitieron aparecer en un puñado de películas en las que destacaría "Los últimos días de Pompeya" y "En el viejo Kentucky" con el gran Will Rogers. Poco después de terminar el rodaje de "La vía lactea" se casó con Lewis R. Foster quien llevaba saliendo con ella un par de años. El brillante guionista ganaría un oscar por la genial "Caballero sin espada" mientras que ella abandonó su carrera al poco de casarse con él.  Tampoco es que fuera demasiado brillante la trayectoria de Helen Mack que aquí interpreta a la hermana de Harold pero era una actriz más que competente  uno de sus últimos filmes "Luna nueva" fue la segunda y mejor versión de esa Primera Plana donde intervino Menjou. Aparte de los artistas reseñados el resto del elenco cumple estupendamente sus respectivos empeños.
LLOYD CON DOROTHY WILSON Y HELEN MACK




Desgraciadamente el público no respondió como se esperaba y la película superó por poco el millón de dólares que había costado. Las dos últimas películas de Lloyd todavía corrieron peor suerte y el actor decidió olvidarse del cine hasta que a finales de los años sesenta una nueva generación descubrió sus deslumbrantes películas mudas. Como dijimos al principio Goldwyn compró los derechos de "La vía lactea"  para rodar la nueva versión de Danny Kaye. Como era práctica habitual en la época también se quedó con el negativo original de la versión de 1936 que destruyó. Sólo quedaron copias de muy mala calidad que estuvieron viéndose en los canales locales de TV y en los video casetes y cintas de DVD. Pero Harold Lloyd que conservaba toda su obra en casa guardó una copia nueva en 35mm. del filme y hoy podemos admirarlo en toda su plenitud. Otro día volveremos con una obra grande de Lloyd pero hasta sus películas menores guardan más categoría que las mejores producciones de otros cómicos. Porque Harold Lloyd siempre dio lo mejor para su audiencia y el tiempo siempre pone todo en su sitio.






viernes, 23 de junio de 2017

"Sus Grandes Ojos Marrones" (1936) Comedia y Balas mezcla perfecta

 
La unión del género policiaco con el de la comedia, siempre ha resultado para mi de lo más estimulante y a decir por la multitud de muestras que hay de este género híbrido, es evidente que no soy el único que disfruta de el. Sería prolijo el enumerar la multitud de ejemplos que hay tanto en la literatura, base de la mayoría de las películas, como de estas mismas.


A todos nos viene al recuerdo, la actuación de Nigel Bruce como un cómico doctor Watson en la serie de títulos que le unió junto a Basil Rhatbone, desfigurando al personaje de las novelas de Conan Doyle, pero creando un personaje cinematográfico que quedó en la memoria de multitud de espectadores. También en las adaptaciones rodadas en los sesenta del personaje de Agatha Cristie, Miss Marple, se acentuaron sus rasgos cómicos por medio de la genial Margaret Rutherford. En cuanto al gran maestro Hichtcock ya desde su etapa inglesa mezcló con sabiduría los crímenes con la comedia.
 


Pero si hay un filme que influyó decisivamente es "La cena de los acusados" (The thin man) donde W.S. Van Dyke llevaba a la pantalla la novela de Dasiel Hammett y convertía en estrellas a sus protagonistas Mirna Loy y William Powell. La repercusión de la cinta fue tal que no sólo motivo una larga serie de secuelas protagonizadas por la pareja durante década y media, sino que hubo muchos otros títulos donde la impronta de este era más que evidente.
 


Hasta en la recia Warner, donde los gangster habían campado por sus respetos desde que se iniciara la década, decidió adoptar el estilo Thin Man para su serie sobre el abogado y detective Perry Mason. Incluso William Powell interpretó otros remedos de Nick Charles en otros estudios menores, tal fue el influjo que tuvo la famosa serie. La Warner llegó incluso a adaptar la novela más famosa de Hammett, El halcón maltés en clave de comedia. La cinta se título Satan whit a lady, protagonizada por el Perry Mason del estudio Warren William y una Bette Davis que todavía no era la reina de la Warner.
 
Dos años después de la cinta de Van Dyke en 1936, la Paramount produjo esta cinta para mi totalmente desconocida, basada en dos relatos del estupendo narrador James Edward Grant, por primera vez llevado al cine y famoso por su colaboración con varios vehículos a mayor gloria de John Wayne. Con ese material se realizó un agilísimo guion obra de Bert Hanlon y de su realizador Raoul Walsh.
Hacía mucho que no frecuentaba este blog, el que es para mí uno de mis directores favoritos, sino el que más, perteneciendo además esta película al periodo menos conocido del director. Walsh que había sido el director estrella de la Fox junto a John Ford vio como su estrella declinaba y pasó casi toda la década de estudio en estudio. Por ejemplo en esta época firmó el primer musical en el que Bing Crosby era auténtico protagonista, en España se tituló Amores en Hollywood y fue producido por MGM, una rara avis pues Bing sería la primera estrella de la Paramount en las siguientes dos décadas y no volvería a la casa del león hasta casi un cuarto de siglo después cuando rodó Alta sociedad, remake de Historias de Filadelfia.
 
 
 
 
Pero volvamos a la Paramount en esta producción de Walter Wanger entonces asociado a la Paramount y que protagonizaba su luego esposa Joan Bennett. En aquel entonces Joan era poco más que la hermana de Costance Bennett, una de las estrellas de RKO que el tiempo ha olvidado. En cambio Joan merced a la aventura de capa y espada de James Whale "El hombre de la máscara de hierro" y de su asociación en los cuarenta con Fritz Lang quien la convirtió en toda una Femme Fatale a permanecido en la memoria de los aficionados. Su fama declinó merced a un escándalo en la que se vio envuelta cuando su marido Wanger, sospechoso de que ella mantenía un romance con su agente, intentó matarlo. Aunque al final no hubo que lamentar desgracias mayores, el consiguiente escándalo acabó con su carrera en la gran pantalla terminando como otras muchas viejas glorias en la televisión.
Por entonces en 1936 Joan estaba realmente radiante luciendo una cabellera rubia que poco después cambiaría por el pelo moreno con el que hizo sus papeles más conocidos. También era algo distinta la apariencia de su pareja en el filme, Cary Grant, con unos cuantos kilos más que restaban sólo un poco de esbeltez a su extraordinario físico.
 
Precisamente su magnífica apariencia no había pasado desapercibida para Mae West quien le dio los primeros papeles de importancia en el estudio. Durante su estancia en la Paramount, Grant había hecho practicamente de todo, sin todavía encontrar ese sello que luego sería inconfundible. Su personalidad empezaría a forjarse en dos títulos rodados muy poco después uno que resultó un gran fracaso que fue La gran aventura de Silvia, pese a ser su primera película con Kate Hepburn y la dirección de Cukor. El segundo fue todo lo contrario, hablamos de La Pícara Puritana con la que Leo McCarey ganó el oscar y donde además de Irene Dunne intervenía el famoso Fox Terrier que interpretaba a Asta en la serie de Thin Man.


Pareciera como si los famosos personajes de Hammett se empeñaran en perseguirnos, algo muy natural tratándose del filme que hoy nos ocupa. Pese a lo dicho en el anterior párrafo que es además lo que opinan la inmensa mayoría de críticos cinematográficos, yo en Sus grandes ojos marrones si que empiezo a ver a un Cary Grant bastante definido, tanto en los momentos más serios donde aporta una gran personalidad como en los de comedia, especialmente en una escena donde valiéndose de la habilidad de su personaje para la ventrilocuia, realiza un divertido diálogo con una mujer inexistente para provocar los celos de su novia. Grant y Bennett acababan de rodar juntos otra película "Casate conmigo si puedes" donde ya se veía la buena química que había entre ambos.
 
Ella trabaja de manicura en un elegante salón de belleza con un público mayoritariamente masculino, pero pronto dejará el empleo para convertirse en avispada periodista por arte de la magia de Hollywood y para ayudar a su novio agente de policía.
El tercero en discordia un delincuente de guante blanco, de aspecto sofisticado, amplia cultura y exquisitos modales, es interpretado por un joven Walter Pidgeon. El actor canadiense que será en la próxima década uno de los actores más populares gracias a su colaboración con la exquisita Greer Garson en La señora Minniver, ya por entonces deja notar su elegancia muy a proposito para el personaje que interpreta.
Su pandilla: burdos, iletrados y violentos es interpretada por secundarios eficaces destacando el sobrio Lloyd Nolan, un termino medio entre el elegante Pidgeon y los pistoleros de barrio bajo.
La película por inverosimil que hoy nos pueda resultar parte de su argumento, sigue hablando de algo que continua siendo una lacra de nuestra sociedad, la corrupción y como esta está instalada en muchas ocasiones bajo la apariencia más digna.Pero esta por supuesto no es ningún filme moralizante. Es un estupendo entretenimiento, elegante y divertido, con alguna gotita de drama. Walsh como siempre imprime un ritmo fluido, con un diálogo vertiginoso que nos hace recordar los de Howard Hawks en La comedia de la vida y Luna nueva. Además introduce unos primeros planos inclinados al principio de la película en la barberia, acción que vuelve a repetir en el mismo lugar y también en el tribunal, logrando un excelente ejemplo de cercanía y dando impronta de autoria a un título que en manos diferentes a las de Walsh seguro no resultaría tan atractivo.
 
 
 
 
Son poco más de hora y cuarto realmente divertidas, pues como he dicho muchas veces una de las máximas del cine de Walsh es que siempre logra entretener al espectador y hasta en cintas menores como estas su obra sigue resultando interesante. Pronto el director volvería a ocupar un lugar cimero al fichar por la Warner y ser el director preferido de sus estrellas masculinas consagradas como Cagney y Erroll Flynn, además de deparar a Bogart su primer gran éxito con El último refugio, pero esa ya es otra historia. Todavía estamos en 1936 donde la pistolas estaban de moda que fueran de la mano de la comedia, eso si, solo en el universo imaginario de Hollywood.
 
 
 
 

viernes, 25 de marzo de 2016

Morena Clara (1936) Imperio Argentina, la gran estrella del cine español.

 

                Cuando conocí en persona a Imperio Argentina, su figura estaba en pleno proceso de reivindicación. Un completo ciclo emitido por televisión española y su participación en la película de José Luis Borau "Tata mía" le habían devuelto a la actualidad. Pese a su edad, todavía mantenía esa aureola de auténtica estrella, que combinaba con una gran sencillez.


De Margarita Nile del Río, todo el mundo siempre habló bien, con la única excepción de Alfredo Landa, quien en su libro de memorias "Alfredo el Grande" la puso de chupa de dómine, vamos como a casi todo el mundo. Vino a Logroño con motivo de la proyección de la que seguramente será su segunda cinta más famosa "Nobleza Baturra", pues nadie pone en discusión que su título más célebre es la película de la que hoy hablamos "Morena clara".

 

                La obra homónima había sido un gran éxito tanto en España como en la América hispana. Sus autores Quintero y Guillén, habían caminado por los senderos del sainete andaluz cuyo mayor exponente eran los hermanos Álvarez-Quintero. Una Andalucía tradicional, con un mensaje eminentemente conservador. Quintero y Guillén eran también los responsables de "La copla andaluza", la más famosa de las obras de la en aquel tiempo exitosa "Ópera Flamenca", que dio a conocer entre otros a figuras tan importantes como Angelillo y el Niño de Marchena. En el post que dedicamos a "La hija de Juan Simón" protagonizada por Angelillo, poníamos de relieve los evidentes toques progresistas de esa producción de Filmófono, de quien era supervisor Luis Buñuel. "Morena Clara" en cambio fue producida por su rival, CIFESA, propiedad de la familia valenciana Casanova, quién tenía un matiz más conservador en su mensaje. Muchos han tildado a CIFESA, como productora paradigma del régimen franquista, pero si somos honestos, ni fue la empresa cinematográfica más privilegiada del franquismo, ni sus orígenes están en él, pues ya en el periodo republicano se había convertido en la primera productora nacional, por prestigio y popularidad de sus estrellas.

 
 

                El cine sonoro en España, al igual que en la mayoría de naciones europeas, si exceptuamos quizás a Francia y Alemania, había tenido un nacimiento largo y complicado. En un principio fueron las empresas norteamericanas, especialmente Fox y Paramount, quienes se llevaron a los mejores talentos para realizar versiones en nuestro idioma de sus títulos más populares. Aunque dos de los títulos más recordados son las versiones de Drácula y El presidio producidas por dos de las major más erráticas con el cine de versiones, Universal y MGM, que conocieron prestigio y éxito a la par.

 

Pero su alto costo y ante todo la invención del doblaje, acabaron con esa moda pasajera. Nuevas estrellas como Miguel Ligero e Imperio Argentina se habían forjado en esas películas y ahora se convertían en las impulsoras del nuevo cine nacional, quién después de muchos titubeos en 1934 empezó a caminar con cierta regularidad. De entre todas las productoras CIFESA contaba con los servicios de los dos cineastas más populares del cine hispano: Benito Perojo y Florián Rey. Ambos antes de participar en las películas sonoras producidas por Hollywood ya habían realizado una obra estimable en el periodo silente. Perojo había dirigido películas de la calidad de "La Bodega" protagonizada por Conchita Piquer. Cuando la artista valenciana se puso a las órdenes de Perojo, ya era una estrella en ciernes que pese a su juventud contaba con el aprendizaje efectuado en Estados Unidos durante cuatro años, durante su estancia en Nueva York rodó algunos cortos con un sistema sonoro ideado por Lee De Forest que pese a su calidad no fue finalmente adoptado, se cree que estos fueron las primeras películas sonoras rodadas en español. Frente a ese bagaje, Imperio Argentina era una novata cuando rodó con Florián Rey la versión muda de La hermana San Sulpicio, poco después el director aragonés rodaría la que se considera obra maestra del cine mudo hispano "La aldea maldita".

 
 

                Imperio Argentina parece deber su nombre al gran dramaturgo Jacinto Benavente, amigo de sus padres excelentes bailarines. En un principio la artista se dedica a cantar tangos, bonaerense de nacimiento, malagueña de sangre, parece seguir la estela de la también argentina Celia Gámez, quien a finales de los años veinte se convierte en figura prominente de las variedades en España. Su intervención en revistas musicales como Las Castigadoras y especialmente Las Leandras acabaran reconvirtiéndola en una intérprete cultivadora de la música pseudofolklórica española, haciendo del schotis su bandera. También Imperio terminará incorporando los ritmos españoles a su repertorio que en su inicio como hemos indicado era fundamentalmente argentino. No obstante, en su debut cinematográfico en el cine sonoro con "Su noche de bodas" interpretaba un romántico vals a dúo con el tenor Manolo Russell que se convirtió a su vez en el primer éxito discográfico de la artista. Un año después intervino en "Melodía de Arrabal" vehículo para Carlos Gardel rodado en los estudios de Joinville. Imperio cantaba con el morocho un dúo campero que desgraciadamente no se llevó al disco al pertenecer los artistas a sellos diferentes. Menos conocida que este largometraje es un corto en el que también intervino ese verano de 1932 con Gardel titulado "La casa es seria" y que fue destruido por los invasores alemanes en la segunda guerra mundial, del que sólo se conserva la banda sonora.

 
 

Si la figura de Imperio era ya muy conocida, el reencuentro con Florián Rey en la nueva versión de "La hermana San Sulpicio" constituyó su definitiva consagración como máxima estrella de nuestro cine. Basada en la popular novela de Armando Palacio Valdés, su argumento mezclaba pequeñas gotas de drama con un casto romanticismo y algunas dosis de comedia a cargo de Miguel Ligero. El papel del actor madrileño se ampliaría en la siguiente película "Nobleza baturra" rodada parcialmente en exteriores naturales que le dan en ciertos momentos un aire semi-documental que nos hace recordar salvando las distancias el cine de Flaherty y Murnau que sin duda Florián Rey conocía. Ese mismo año Miguel Ligero también en CIFESA y bajo la dirección de Benito Perojo protagonizaría una estupenda versión del sainete "La verbena de la Paloma", donde recrearía un Don Hilarión que ha quedado como definitivo. La repercusión de este título colocó a Ligero al mismo nivel estelar de coprotagonista en el siguiente proyecto "Morena Clara".

El gran Miguel Ligero
 
En el famoso número Échale guindas al pavo
 

                Antes de protagonizar el título que acabaría por consagrarlos, Imperio rodó un cortometraje con Florián Rey que también gozó de gran popularidad, su título "Romanza rusa", que no era otra que la archifamosa "Ojos negros" que la artista cantaba a ritmo de tango. Para entonces la versatilidad estilística de la actriz y cantante le habían hecho cantar flamenco en "La hermana San Sulpicio" y jota en "Nobleza baturra" saliendo bien parada en ambos y constituyendo éxitos discográficos sus canciones. Con "Morena Clara" la artista ingresa definitivamente en el mundo de la copla andaluza, canción española o como quieran ustedes denominarlo. Un género híbrido, que bebe de las fuentes folklóricas populares, pero también de la zarzuela y que adopta ritmos tomados de aquí y allá, casi siempre con excelentes resultados. Una generación de autores, músicos y poetas que en las siguientes décadas propiciarían una serie de temas que han pasado al imaginario colectivo de la España del siglo XX. Los compositores de las canciones de esta película Quintero, Guillén y Juan Mostazo, escribieron a Imperio unas canciones que además de estar bien integradas en el desarrollo del filme, consiguieron convertirse en clásicos del género. El género musical era sin duda el más popular en nuestro país, ya en el periodo mudo habían sido numerosas las zarzuelas que se habían llevado a la pantalla, pese a su silencio, así qué al contar ahora con el soporte sonoro, constituyeron el núcleo principal de las realizaciones hispanas. Sin duda fueron muy numerosos los títulos zarzueleros adaptados a la pantalla, a lo que habría que sumar las operetas de nuevo cuño que pretendían emular a las que en Hollywood realizaba Ernst Lubitsch. No es de extrañar que la que se considera primera cinta española sonora, aunque rodada en Inglaterra "La canción del día", fuera protagonizada por el tenor Tino Folgar. Incluso tragicomedias como la producción de Filmófono "Don Quintín el amargao", llevaban un tema musical que se hizo tremendamente popular. Hasta los ritmos más novedosos fueron incorporándose paulatinamente al cine nacional, como en "El negro que tenía el alma blanca" y "Centinela alerta" ambas con Angelillo. Pero la comedia musicalmente más avanzada sería "El bailarín y el trabajador" con argumento de Jacinto Benavente, donde brillaba la orquesta de Andrés Moltó.

 
 
 

                Aunque la música como hemos dicho era un reclamo fundamental para el público, el mayor acierto de "Morena clara" reside en las estupendas interpretaciones de sus artistas. Imperio Argentina tiene un magnetismo y un nivel interpretativo muy superior a las luego conocidas como folklóricas. Pese a que las estrellas más famosas de la música nacional, pasaron algunas en numerosas ocasiones por la pantalla, ninguna logró acercarse a la calidad de Imperio. Tanto su voz como su técnica interpretativa han alcanzado su definitiva madurez expresiva, es evidente que el magisterio recibido de Florián Rey la ha convertido en una auténtica estrella del cine, perfectamente homologable con las que entonces modelaban los estudios de Hollywood. Los excesos en los que cayeron sus imitadoras, aunque en su momento pudieran otorgarles fama hoy quedan absolutamente pasados de moda en comparación con el magisterio de Malena, cuya imagen es un icono que permanece tan fresco y moderno como en la época de su mayor gloria.


 

                Otro de los aciertos del filme fue colocarla junto a Manuel Luna, un estupendo actor de carácter qué si carecía de la apostura de un galán al uso, tenía una actuación natural muy superior a la de la mayoría de estos, frecuentemente envarados y cursis.  Sin ir más lejos, uno de los fallos más evidentes de "Nobleza baturra" era el actor protagonista, un endeble Juan de Orduña, que luego se revelaría como uno de los directores más brillantes de CIFESA. Todo lo que no tiene de guapo Luna, lo suple con su gran personalidad. Gracias a este papel de fiscal aburrido y solterón, Manuel Luna alcanzaría una fama merecida que no decaería, sino al contrario en la década siguiente. Eficaz tanto en el drama como en la comedia, abarcó todos los géneros posibles en el cine de la época saliendo siempre con nota del empeño. Por sólo citar alguno de ellos Torbellino (1940) junto a Estrellita Castro, "A mí la legión" (1942) y "El crimen de la calle bordadores" (1945) como muestra de su gran versatilidad. Todavía en la década de los cincuenta nos regalaría una de sus últimas apariciones como el benévolo policía municipal de "El piyayo". Si grande fue la fama de Manolo Luna, todavía mayor era la de Miguel Ligero, especialmente hasta mediados de los años cuarenta. En Morena Clara interpretó a una de sus más celebradas creaciones, Regalito, un gitano perezoso y de buen corazón, al que doto de gran desparpajo y gracia. En "Suspiros de España" filmada por Perojo en los estudios berlineses durante la contienda civil, interpretaba un personaje calcadito a este, en esta ocasión su pareja era Estrellita Castro, promocionada por Perojo a quién quería convertir en una nueva Imperio Argentina. A mediados de la década de los cuarenta su fama se fue apagando, pese a protagonizar una estupenda comedia donde la influencia de Capra era notoria titulada "La luna vale un millón" dirigida por Florián Rey. En las postrimerías de su carrera, se dedicaría a intervenir en nuevas y menos afortunadas versiones en color de sus mayores éxitos Morena Clara y La verbena de la Paloma.

Genial Manuel Luna
 
Porfiria Sanchiz colaboró en 42 películas aquí interpretaba a una abogada defensora
 

                El director aragonés también en esa época comenzaba su declive ante el empuje de los nuevos realizadores como Rafael Gil y Juan de Orduña. Su enorme fama en los años treinta le había proporcionado un prestigio por obras como la que hoy nos ocupa. En "Morena clara", pese a utilizar bastantes exteriores rodados en la capital sevillana, dejó el aspecto más etnográfico que como señalamos había mostrado en "Nobleza baturra", poniendo todas sus energías en una eficaz puesta en escena y una adecuada dirección de actores. Estrenada poco antes de la guerra civil, Morena clara alcanzó un éxito sin precedentes exhibiéndose durante toda la contienda en los cines de ambos bandos. En unos tiempos tan terribles que mejor bálsamo que esta bienintencionada comedia, trufada de una estupenda música. La película era el máximo exponente de los enormes avances cosechados por el cine español quién en menos de media década había dado por fin películas que se podían codear de tú a tú con la omnipresente maquinaria de Hollywood. El reciente mega éxito de "Ocho apellidos vascos" y su inevitable secuela siguen poniendo en evidencia que cuando el cine español decide hacer un producto eminentemente popular, el público responde ahora y hace ochenta años cuando en tan tumultuosas circunstancias nuestros antepasados hacían cola para admirar a la simpar Imperio Argentina, nuestra gran estrella del cine clásico.