Hace pocos días se cumplieron veinte años de la desaparición de James Stewart, uno de los actores más importantes de la historia del cine que desarrolló una admirable carrera trabajando con los más prestigiosos directores. Aunque la nómina de estos es muy extensa, ninguno de ello tuvo el relieve de Anthony Mann. No sólo por el número, si no especialmente por los nuevos matices que Mann hizo aflorar al ya veterano actor. También en abril se cumplieron cincuenta años de la muerte de Anthony Mann, un director cuya obra empezó a reivindicarse justamente poco antes de que este falleciera.
Pese a que todavía hay críticos reacios a elogiar la obra de Mann, en la actualidad especialmente en Europa goza de gran predicamento, siendo sus obras más valoradas los western que realizó con Stewart en la década de los cincuenta. Fue tan estrecha su colaboración durante la primera mitad de esa década que juntos no solo rodaron western. También unieron sus fuerzas en la película de aventuras Bahía Negra (1953) y en el biopic musical por excelencia "Música y Lágrimas" (1954) donde Stewart se convirtió en Glenn Miller. La otra cinta que se escapa de las llanuras del oeste es precisamente la que hoy nos ocupa, la penúltima colaboración de Mann y Stewart y probablemente la menos conocida.
Foto publicitaria de Música y Lágrimas de Anthony Mann con Stewart y June Allyson
Stewart ya capitán preparando una misión durante la Segunda Guerra Mundial
James Stewart tenía una "Doble Vida" pero no era una doble vida relacionada con cuestiones amorosas. Su otra vida se refiere al compromiso que tuvo siempre con las fuerzas áreas de su país con las que combatió durante la Segunda Guerra Mundial. La anécdota más famosa que une a Stewart y nuestro país tiene mucho que ver con esto. Se cuenta que cuando Stewart llegó a España invitado por el Príncipe Alfonso de Honelohe y se alojó en Madrid, decidió hacerlo en el mítico Hotel Ritz. Por aquel entonces una norma no escrita del hotel era no permitir alojarse ni a toreros ni a actores. Cuando el recepcionista le dijo a Stewart que no podía alojarlo se cuenta que Stewart le dijo que era el General de la Fuerza Aérea James Stewart, enseñándole sus credenciales. Porque las actividades de Stewart con el ejército se prolongaron a lo largo de los años. Es más el ascenso a general lo había recibido recientemente como le comentó al periodista de ABC Santiago Córdoba en una pequeña entrevista publicada el 15 de noviembre de 1959, justo antes de abandonara el hotel, durante aquél viaje que luego le llevaría a conocer Marbella.
En la mejor biográfica escrita sobre Mann Jeanine Basinguer afirma que el proyecto de "Acorazados del aire" partió precisamente de Stewart que deseaba que el público conociera el funcionamiento de la SAC siglas de Strategic Air Comand el título original que lleva la cinta. En plena guerra fría quería transmitir como esos enormes aviones servían de vigías ante cualquier amenaza. Por ello debían fotografiarse en todo su esplendor y a la vez también mostrar los sacrificios que los soldados realizaban para que sus compatriotas tuvieran un mundo más seguro. El jefe de la SAC el General Curtis LeMay le proporcionó todas las facilidades posibles para su ejecución.
Para lograrlo la industria de Hollywood puso todos los medios a su alcance. Stewart llegó a un acuerdo con la productora Paramount que además vio como esta película podía servir para exhibir las bondades de su nuevo sistema de pantalla VISTAVISION. De hecho esta fue la segunda película estrenada en este formato tras Navidades Blancas (1954). Mientras la película de Curtiz estaba realizada en su mayoría en interiores, la nueva producción hacía gala de las mejores añadidas al sistema que le permitía una nitidez impresionante en el rodaje en exteriores. El encargado de estas maravillosas imágenes fue el veterano William Daniels ligado en la historia del cine al nombre de Greta Garbo cuyos filtros lograron esa idílica imagen de la actriz sueca, pero Daniels tiene una carrera mucho más rica que su colaboración con Garbo. Uno de los puntales en su carrera es precisamente su colaboración con Anthony Mann desde Winchester 73 el primer western que unía a Mann y Stewart. También colaboró con Mann en Bahía Negra. Tierras Lejanas y Música y Lágrimas.
Aunque ya llevara unos años colaborando con Mann, William Daniels fotógrafo por excelencia de MGM ya había coincidido con Stewart cuando este daba sus primeros pasos en la Metro, su primera película juntos fue la mítica Rose Marie, donde interpretaba al díscolo hermano de Jeanette McDonald.
Si tenemos ya el director, el cámara y el héroe ¿Qué nos quedaba? La esposa del sacrificado patriota. No podía ser otra que June Allyson, con quién tan buena pareja había hecho con Stewart en "La Historia de Stratton" (1948) y "Música y Lagrimas" ambas grandes éxitos. Nadie mejor para representar el papel de esposa abnegada que a veces se enfada. Lo cierto es que la química entre ambos es perfecta y hoy en día salvo quizás "Mujercitas" (1948) los únicos filmes por los que Allyson es recordada son los que compartió con Stewart. Para mi siempre me resulta un placer verlos actuar juntos y en verdad es junto a la fotografía de Daniels y la música del gran Victor Young (otro cinco estrellas involucrado en el proyecto) lo mejor de la película. Como era habitual en la época de la banda sonora se adaptó una melodía The World is Mine que gozó de bastante éxito grabándose varias versiones, siendo la de la orquesta de Percy Faiht la más popular.
El auténtico Stratton con su familia durante el rodaje de su biopic
Lo peor que no es poco es la historia obra de dos reputados autores como eran Valentine Davies y Beirne Lay jr. Un cúmulo de clichés que hace que a veces resulte el filme tedioso y falto de garra. Una auténtica pena pues la posteridad hubiera tratado mucho mejor a este filme que sacrifica todo por presentar un mensaje nítido e inmediato. Lo que sucede es que generalmente no vemos las películas como el resultado del momento en que se hicieron. Era ante todo como dijimos un filme propagandístico que cumplió con sus objetivos. Pese a ello es de agradecer que pese a su argumento no caiga en tintes belicistas ni de corte político. Todos los espectadores sabían quien era el enemigo, pero en ningún momento se le menciona. Eso para mi es elegante, como la propia factura del filme.
¿Merece con todo hoy en día verse esta película? A mi entender si. Tenemos al frente a uno de los mejores (para mi el mejor) actores de todos los tiempos, que ya es mucho, en un espectáculo realizado con la solvencia que caracterizaba a Anthony Mann con una preciosa fotografía y una bella música. Y además sale June Allyson, que para mi es mucho mejor actriz de lo que suele decirse habitualmente y de la que otro día me ocuparé mas a fondo. Es una película bonita, nacida del empuje del General Stewart, el otro yo del mítico actor.
Cuando
conocí en persona a Imperio Argentina, su figura estaba en pleno proceso de
reivindicación. Un completo ciclo emitido por televisión española y su
participación en la película de José Luis Borau "Tata mía" le habían
devuelto a la actualidad. Pese a su edad, todavía mantenía esa aureola de
auténtica estrella, que combinaba con una gran sencillez.
De Margarita Nile del Río, todo
el mundo siempre habló bien, con la única excepción de Alfredo Landa, quien en
su libro de memorias "Alfredo el Grande" la puso de chupa de dómine,
vamos como a casi todo el mundo. Vino a Logroño con motivo de la proyección de
la que seguramente será su segunda cinta más famosa "Nobleza
Baturra", pues nadie pone en discusión que su título más célebre es la
película de la que hoy hablamos "Morena clara".
La obra
homónima había sido un gran éxito tanto en España como en la América hispana.
Sus autores Quintero y Guillén, habían caminado por los senderos del sainete
andaluz cuyo mayor exponente eran los hermanos Álvarez-Quintero. Una Andalucía
tradicional, con un mensaje eminentemente conservador. Quintero y Guillén eran
también los responsables de "La copla andaluza", la más famosa de las
obras de la en aquel tiempo exitosa "Ópera Flamenca", que dio a
conocer entre otros a figuras tan importantes como Angelillo y el Niño de
Marchena. En el post que dedicamos a "La hija de Juan Simón" protagonizada
por Angelillo, poníamos de relieve los evidentes toques progresistas de esa
producción de Filmófono, de quien era supervisor Luis Buñuel. "Morena
Clara" en cambio fue producida por su rival, CIFESA, propiedad de la
familia valenciana Casanova, quién tenía un matiz más conservador en su
mensaje. Muchos han tildado a CIFESA, como productora paradigma del régimen
franquista, pero si somos honestos, ni fue la empresa cinematográfica más
privilegiada del franquismo, ni sus orígenes están en él, pues ya en el periodo
republicano se había convertido en la primera productora nacional, por prestigio
y popularidad de sus estrellas.
El cine
sonoro en España, al igual que en la mayoría de naciones europeas, si
exceptuamos quizás a Francia y Alemania, había tenido un nacimiento largo y
complicado. En un principio fueron las empresas norteamericanas, especialmente Fox
y Paramount, quienes se llevaron a los mejores talentos para realizar versiones
en nuestro idioma de sus títulos más populares. Aunque dos de los títulos más
recordados son las versiones de Drácula y El presidio producidas por dos de las
major más erráticas con el cine de versiones, Universal y MGM, que conocieron
prestigio y éxito a la par.
Pero su alto costo y ante todo la
invención del doblaje, acabaron con esa moda pasajera. Nuevas estrellas como
Miguel Ligero e Imperio Argentina se habían forjado en esas películas y ahora
se convertían en las impulsoras del nuevo cine nacional, quién después de
muchos titubeos en 1934 empezó a caminar con cierta regularidad. De entre todas
las productoras CIFESA contaba con los servicios de los dos cineastas más
populares del cine hispano: Benito Perojo y Florián Rey. Ambos antes de
participar en las películas sonoras producidas por Hollywood ya habían
realizado una obra estimable en el periodo silente. Perojo había dirigido
películas de la calidad de "La Bodega" protagonizada por Conchita
Piquer. Cuando la artista valenciana se puso a las órdenes de Perojo, ya era
una estrella en ciernes que pese a su juventud contaba con el aprendizaje
efectuado en Estados Unidos durante cuatro años, durante su estancia en Nueva
York rodó algunos cortos con un sistema sonoro ideado por Lee De Forest que
pese a su calidad no fue finalmente adoptado, se cree que estos fueron las
primeras películas sonoras rodadas en español. Frente a ese bagaje, Imperio
Argentina era una novata cuando rodó con Florián Rey la versión muda de La
hermana San Sulpicio, poco después el director aragonés rodaría la que se
considera obra maestra del cine mudo hispano "La aldea maldita".
Imperio
Argentina parece deber su nombre al gran dramaturgo Jacinto Benavente, amigo de
sus padres excelentes bailarines. En un principio la artista se dedica a cantar
tangos, bonaerense de nacimiento, malagueña de sangre, parece seguir la estela
de la también argentina Celia Gámez, quien a finales de los años veinte se
convierte en figura prominente de las variedades en España. Su intervención en
revistas musicales como Las Castigadoras y especialmente Las Leandras acabaran
reconvirtiéndola en una intérprete cultivadora de la música pseudofolklórica
española, haciendo del schotis su bandera. También Imperio terminará
incorporando los ritmos españoles a su repertorio que en su inicio como hemos
indicado era fundamentalmente argentino. No obstante, en su debut
cinematográfico en el cine sonoro con "Su noche de bodas"
interpretaba un romántico vals a dúo con el tenor Manolo Russell que se
convirtió a su vez en el primer éxito discográfico de la artista. Un año
después intervino en "Melodía de Arrabal" vehículo para Carlos Gardel
rodado en los estudios de Joinville. Imperio cantaba con el morocho un dúo
campero que desgraciadamente no se llevó al disco al pertenecer los artistas a
sellos diferentes. Menos conocida que este largometraje es un corto en el que
también intervino ese verano de 1932 con Gardel titulado "La casa es
seria" y que fue destruido por los invasores alemanes en la segunda guerra
mundial, del que sólo se conserva la banda sonora.
Si la figura de Imperio era ya muy conocida, el reencuentro
con Florián Rey en la nueva versión de "La hermana San Sulpicio"
constituyó su definitiva consagración como máxima estrella de nuestro cine.
Basada en la popular novela de Armando Palacio Valdés, su argumento mezclaba
pequeñas gotas de drama con un casto romanticismo y algunas dosis de comedia a
cargo de Miguel Ligero. El papel del actor madrileño se ampliaría en la siguiente
película "Nobleza baturra" rodada parcialmente en exteriores
naturales que le dan en ciertos momentos un aire semi-documental que nos hace
recordar salvando las distancias el cine de Flaherty y Murnau que sin duda
Florián Rey conocía. Ese mismo año Miguel Ligero también en CIFESA y bajo la
dirección de Benito Perojo protagonizaría una estupenda versión del sainete
"La verbena de la Paloma", donde recrearía un Don Hilarión que ha
quedado como definitivo. La repercusión de este título colocó a Ligero al mismo
nivel estelar de coprotagonista en el siguiente proyecto "Morena Clara".
El gran Miguel Ligero
En el famoso número Échale guindas al pavo
Antes
de protagonizar el título que acabaría por consagrarlos, Imperio rodó un
cortometraje con Florián Rey que también gozó de gran popularidad, su título "Romanza
rusa", que no era otra que la archifamosa "Ojos negros" que la
artista cantaba a ritmo de tango. Para entonces la versatilidad estilística de
la actriz y cantante le habían hecho cantar flamenco en "La hermana San
Sulpicio" y jota en "Nobleza baturra" saliendo bien parada en
ambos y constituyendo éxitos discográficos sus canciones. Con "Morena
Clara" la artista ingresa definitivamente en el mundo de la copla
andaluza, canción española o como quieran ustedes denominarlo. Un género
híbrido, que bebe de las fuentes folklóricas populares, pero también de la
zarzuela y que adopta ritmos tomados de aquí y allá, casi siempre con
excelentes resultados. Una generación de autores, músicos y poetas que en las
siguientes décadas propiciarían una serie de temas que han pasado al imaginario
colectivo de la España del siglo XX. Los compositores de las canciones de esta
película Quintero, Guillén y Juan Mostazo, escribieron a Imperio unas canciones
que además de estar bien integradas en el desarrollo del filme, consiguieron
convertirse en clásicos del género. El género musical era sin duda el más
popular en nuestro país, ya en el periodo mudo habían sido numerosas las
zarzuelas que se habían llevado a la pantalla, pese a su silencio, así qué al
contar ahora con el soporte sonoro, constituyeron el núcleo principal de las
realizaciones hispanas. Sin duda fueron muy numerosos los títulos zarzueleros
adaptados a la pantalla, a lo que habría que sumar las operetas de nuevo cuño
que pretendían emular a las que en Hollywood realizaba Ernst Lubitsch. No es de
extrañar que la que se considera primera cinta española sonora, aunque rodada
en Inglaterra "La canción del día", fuera protagonizada por el tenor
Tino Folgar. Incluso tragicomedias como la producción de Filmófono "Don
Quintín el amargao", llevaban un tema musical que se hizo tremendamente
popular. Hasta los ritmos más novedosos fueron incorporándose paulatinamente al
cine nacional, como en "El negro que tenía el alma blanca" y
"Centinela alerta" ambas con Angelillo. Pero la comedia musicalmente
más avanzada sería "El bailarín y el trabajador" con argumento de
Jacinto Benavente, donde brillaba la orquesta de Andrés Moltó.
Aunque
la música como hemos dicho era un reclamo fundamental para el público, el mayor
acierto de "Morena clara" reside en las estupendas interpretaciones de
sus artistas. Imperio Argentina tiene un magnetismo y un nivel interpretativo
muy superior a las luego conocidas como folklóricas. Pese a que las estrellas
más famosas de la música nacional, pasaron algunas en numerosas ocasiones por
la pantalla, ninguna logró acercarse a la calidad de Imperio. Tanto su voz como
su técnica interpretativa han alcanzado su definitiva madurez expresiva, es
evidente que el magisterio recibido de Florián Rey la ha convertido en una
auténtica estrella del cine, perfectamente homologable con las que entonces
modelaban los estudios de Hollywood. Los excesos en los que cayeron sus
imitadoras, aunque en su momento pudieran otorgarles fama hoy quedan
absolutamente pasados de moda en comparación con el magisterio de Malena, cuya
imagen es un icono que permanece tan fresco y moderno como en la época de su
mayor gloria.
Otro
de los aciertos del filme fue colocarla junto a Manuel Luna, un estupendo actor
de carácter qué si carecía de la apostura de un galán al uso, tenía una
actuación natural muy superior a la de la mayoría de estos, frecuentemente
envarados y cursis.Sin ir más lejos,
uno de los fallos más evidentes de "Nobleza baturra" era el actor
protagonista, un endeble Juan de Orduña, que luego se revelaría como uno de los
directores más brillantes de CIFESA. Todo lo que no tiene de guapo Luna, lo
suple con su gran personalidad. Gracias a este papel de fiscal aburrido y
solterón, Manuel Luna alcanzaría una fama merecida que no decaería, sino al contrario
en la década siguiente. Eficaz tanto en el drama como en la comedia, abarcó
todos los géneros posibles en el cine de la época saliendo siempre con nota del
empeño. Por sólo citar alguno de ellos Torbellino (1940) junto a Estrellita Castro,
"A mí la legión" (1942) y "El crimen de la calle
bordadores" (1945) como muestra de su gran versatilidad. Todavía en la
década de los cincuenta nos regalaría una de sus últimas apariciones como el
benévolo policía municipal de "El piyayo". Si grande fue la fama de
Manolo Luna, todavía mayor era la de Miguel Ligero, especialmente hasta
mediados de los años cuarenta. En Morena Clara interpretó a una de sus más celebradas
creaciones, Regalito, un gitano perezoso y de buen corazón, al que doto de gran
desparpajo y gracia. En "Suspiros de España" filmada por Perojo en
los estudios berlineses durante la contienda civil, interpretaba un personaje
calcadito a este, en esta ocasión su pareja era Estrellita Castro, promocionada
por Perojo a quién quería convertir en una nueva Imperio Argentina. A mediados
de la década de los cuarenta su fama se fue apagando, pese a protagonizar una
estupenda comedia donde la influencia de Capra era notoria titulada "La
luna vale un millón" dirigida por Florián Rey. En las postrimerías de su
carrera, se dedicaría a intervenir en nuevas y menos afortunadas versiones en
color de sus mayores éxitos Morena Clara y La verbena de la Paloma.
Genial Manuel Luna
Porfiria Sanchiz colaboró en 42 películas aquí interpretaba a una abogada defensora
El
director aragonés también en esa época comenzaba su declive ante el empuje de
los nuevos realizadores como Rafael Gil y Juan de Orduña. Su enorme fama en los
años treinta le había proporcionado un prestigio por obras como la que hoy nos
ocupa. En "Morena clara", pese a utilizar bastantes exteriores
rodados en la capital sevillana, dejó el aspecto más etnográfico que como
señalamos había mostrado en "Nobleza baturra", poniendo todas sus
energías en una eficaz puesta en escena y una adecuada dirección de actores.
Estrenada poco antes de la guerra civil, Morena clara alcanzó un éxito sin
precedentes exhibiéndose durante toda la contienda en los cines de ambos
bandos. En unos tiempos tan terribles que mejor bálsamo que esta bienintencionada
comedia, trufada de una estupenda música. La película era el máximo exponente
de los enormes avances cosechados por el cine español quién en menos de media
década había dado por fin películas que se podían codear de tú a tú con la
omnipresente maquinaria de Hollywood. El reciente mega éxito de "Ocho
apellidos vascos" y su inevitable secuela siguen poniendo en evidencia que
cuando el cine español decide hacer un producto eminentemente popular, el
público responde ahora y hace ochenta años cuando en tan tumultuosas
circunstancias nuestros antepasados hacían cola para admirar a la simpar
Imperio Argentina, nuestra gran estrella del cine clásico.
Vuelve a Clásico y Divertido uno de mis actores
predilectos, el gran Lon Chaney, con una película muy especial. Se dice que era
la preferida de “El hombre de las mil caras” y la que mejor funcionó en
taquilla de todas las que rodó bajo la MGM. En ella podemos observarle al
natural, sin el recurso de sus famosas caracterizaciones que tanto le hicieron
célebre. Aquí es simplemente el Sargento O´Hara, un duro sargento de buen
corazón. Chaney aquí crea uno de sus mejores papeles, en una película con
abundantes toques de comedia, donde se desenvuelve a las mil maravillas.
Y es que esta película que en Argentina
se tituló “El sargento malacara” y de la que no tengo noticia de su estreno en
nuestro país, pero que ahora se ha editado en DVD como “Viva la marina” es junto
a “El precio de la gloria” de Raoul Walsh, iniciadora de un nuevo género de
comedia bélica. La película de la Fox se estrenó un mes antes de la de MGM y su
mayor paralelismo reside en que dos marines están enamorados de la misma mujer.
Pero mientras una se desarrolla en la contienda mundial, “Viva la marina”
transcurre en los pacíficos años veinte y que mientras en una la pugna es entre
dos sargentos, aquí el enfrentamiento será entre un sargento chusquero y un
paleto novato.
El precio de la gloria de Raoul Walsh
Mientras que el realizador de El precio
de la gloria ocupa páginas en las historias de cine, además de ser objeto de
una cada vez mayor rehabilitación, para mi totalmente merecida ya que Walsh es
uno de mis directores favoritos, el encargado de rodar la película que hoy nos ocupa
se mantiene en un vergonzoso ostracismo.
Puede que su temprana muerte a la edad
de 39 años, probablemente por suicidio, sea una de las principales causas por
las que la figura de George W. Hill hoy apenas sea una referencia en los
estudios sobre el cine de la época. Algo totalmente injusto porque las
películas que de él sobreviven, nos presenta un director eficaz y dinámico,
como pocos en aquella época. Había comenzado como cámara en la década de los
diez, haciéndose famoso por su destreza iluminando a las estrellas femeninas,
pero luego que a comienzos de los veinte escalara al oficio de director, fueron
las películas de acción donde los actores masculinos eran mayoría sus
principales éxitos, lo que no quita que la gran Marie Dressler ganara un oscar
por su participación en Fruta amarga, uno de los títulos más taquilleros de
Hill.
Lon Chaney fue el primero en recibir el título honorífico de marine
Hill fue durante esos años uno de los
principales directores de MGM, dirigiendo a muchas de sus estrellas. “Viva la
marina” contaba con tres al frente del reparto, algo no tan habitual en la
época. Además de Lon Chaney, que no necesita carta de presentación y cuyo
legado ha subsistido el paso de los años, están dos estrellas cuya carrera
comenzó al unísono. Estamos hablando de Eleanor Boardman y William Haines que
fueron los ganadores del concurso de caras nuevas de 1922 para los estudios
Goldwyn.
En
un principio fue ella la que empezó con mejor pie, en su cuarta película “Almas
en venta” un precedente de “Ha nacido una estrella” ya era cabeza de cartel. Su
posterior unión al director King Vidor le dio la oportunidad de protagonizar
uno de los mejores títulos del periodo silente “Y el mundo marcha”. En cuanto a
Haines su ascensión sería un poco más lenta, pero su popularidad acabaría
siendo muy superior a la de la actriz, convirtiéndose en el prototipo de joven
americano pendenciero pero de buen corazón.
El final de sus carreras coincidió con
el advenimiento del cine sonoro en el caso de ella y con la fuerte competencia
de nuevos astros en el cine para Haines. Aunque se afirma que fue su
negativaa casarse para ocultar su
homosexualidad, lo que había dado fin a su carrera en MGM, nuevos libros como
la biografía de Ramón Novarro “Beyond Paradise” de André Soares, arrojan luz
con que los auténticos motivos de su caída fueron las escasas recaudaciones que
tuvieron sus últimas películas. Pese a ser declarado como la estrella más
taquillera de 1930, la aparición de nuevos actores como Robert Montgomery y
Clark Gable, que además tenían contratos más bajos, supusieron su final como estrella
del cine. Aquí en “Viva la marina” lo podemos ver en su mejor forma, con
grandes aptitudes en las escenas cómicas, que luego confirmaría en “Espejismos”
de King Vidor. Además de sus virtudes interpretativas comprendemos
perfectamente la razón de su triunfo, cuando afirma que es unchico americano, nadie en la platea entraría
en discusión, pues las películas de Haines fueron esencialmente de consumo
doméstico, siendo mucha menor su fama fuera de las fronteras americanas. Esta
sin ir más lejos, fue la segunda película más taquillera del año en MGM pero la
mayor parte de sus ingresos fueron en el mercado estadounidense, aunque en
Europa también tuvo muy buena acogida. Una vez retirado del mundo del cine, se
dedicó junto a su pareja al diseño de interiores, su amistad con estrellas del
calibre de Joan Crawford, con quien compartió cartel en los inicios de esta, le
supusieron tener una selecta clientela.
La vis cómica de William Haines
Espejismos uno de sus mejores títulos
La caída de la carrera de Eleanor
Boardman, coincidió con su divorcio del director King Vidor, cuando este se
enamoró de la guionista Elizabeth Hill, durante el rodaje de Ave del Paraíso.
Su último papel sería en la versión inglesa de El sombrero de tres picos,
dirigida por el que sería su nuevo marido, Harry d'Abbadie d'Arrast, uno de los
mejores talentos del cine y de los más desaprovechados.
Siempre será una incógnita el futuro de
Lon Chaney en el cine hablado. Rodó sólo una película, el remake de uno de sus
mejores títulos junto a Tod Browning, “El trío fantástico”. Tan sólo he podido
ver algunas escenas del filme, pero a mi entender el gran actor se adaptaba a
las mil maravillas al nuevo medio, añadiéndole su capacidad para producir las
voces más diversas. Los ejecutivos del estudio se frotaban las manos, pensando
que el hombre de las mil caras, ahora sería el de las mil voces, pero por
desgracia un cáncer de garganta se lo llevó ese mismo año.
Carmen Mayers como una seductora nativa filipina
Desprovisto de maquillaje, con su sola
presencia, aquí le tenemos como ese sargento malacara, que atisba una lágrima
al final de la película. Un título que pone en valor como ya en 1926 Hollywood
era capaz de crear maravillosos divertimentos como la película que hoy nos
ocupa. Exotismo, acción, mucha comedia y un poquito de romance, en un perfecto
cocktail, con las justitas gotas de patriotismo. Si no la conocen, disfrútenla,
merece la pena.