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viernes, 25 de marzo de 2016

Morena Clara (1936) Imperio Argentina, la gran estrella del cine español.

 

                Cuando conocí en persona a Imperio Argentina, su figura estaba en pleno proceso de reivindicación. Un completo ciclo emitido por televisión española y su participación en la película de José Luis Borau "Tata mía" le habían devuelto a la actualidad. Pese a su edad, todavía mantenía esa aureola de auténtica estrella, que combinaba con una gran sencillez.


De Margarita Nile del Río, todo el mundo siempre habló bien, con la única excepción de Alfredo Landa, quien en su libro de memorias "Alfredo el Grande" la puso de chupa de dómine, vamos como a casi todo el mundo. Vino a Logroño con motivo de la proyección de la que seguramente será su segunda cinta más famosa "Nobleza Baturra", pues nadie pone en discusión que su título más célebre es la película de la que hoy hablamos "Morena clara".

 

                La obra homónima había sido un gran éxito tanto en España como en la América hispana. Sus autores Quintero y Guillén, habían caminado por los senderos del sainete andaluz cuyo mayor exponente eran los hermanos Álvarez-Quintero. Una Andalucía tradicional, con un mensaje eminentemente conservador. Quintero y Guillén eran también los responsables de "La copla andaluza", la más famosa de las obras de la en aquel tiempo exitosa "Ópera Flamenca", que dio a conocer entre otros a figuras tan importantes como Angelillo y el Niño de Marchena. En el post que dedicamos a "La hija de Juan Simón" protagonizada por Angelillo, poníamos de relieve los evidentes toques progresistas de esa producción de Filmófono, de quien era supervisor Luis Buñuel. "Morena Clara" en cambio fue producida por su rival, CIFESA, propiedad de la familia valenciana Casanova, quién tenía un matiz más conservador en su mensaje. Muchos han tildado a CIFESA, como productora paradigma del régimen franquista, pero si somos honestos, ni fue la empresa cinematográfica más privilegiada del franquismo, ni sus orígenes están en él, pues ya en el periodo republicano se había convertido en la primera productora nacional, por prestigio y popularidad de sus estrellas.

 
 

                El cine sonoro en España, al igual que en la mayoría de naciones europeas, si exceptuamos quizás a Francia y Alemania, había tenido un nacimiento largo y complicado. En un principio fueron las empresas norteamericanas, especialmente Fox y Paramount, quienes se llevaron a los mejores talentos para realizar versiones en nuestro idioma de sus títulos más populares. Aunque dos de los títulos más recordados son las versiones de Drácula y El presidio producidas por dos de las major más erráticas con el cine de versiones, Universal y MGM, que conocieron prestigio y éxito a la par.

 

Pero su alto costo y ante todo la invención del doblaje, acabaron con esa moda pasajera. Nuevas estrellas como Miguel Ligero e Imperio Argentina se habían forjado en esas películas y ahora se convertían en las impulsoras del nuevo cine nacional, quién después de muchos titubeos en 1934 empezó a caminar con cierta regularidad. De entre todas las productoras CIFESA contaba con los servicios de los dos cineastas más populares del cine hispano: Benito Perojo y Florián Rey. Ambos antes de participar en las películas sonoras producidas por Hollywood ya habían realizado una obra estimable en el periodo silente. Perojo había dirigido películas de la calidad de "La Bodega" protagonizada por Conchita Piquer. Cuando la artista valenciana se puso a las órdenes de Perojo, ya era una estrella en ciernes que pese a su juventud contaba con el aprendizaje efectuado en Estados Unidos durante cuatro años, durante su estancia en Nueva York rodó algunos cortos con un sistema sonoro ideado por Lee De Forest que pese a su calidad no fue finalmente adoptado, se cree que estos fueron las primeras películas sonoras rodadas en español. Frente a ese bagaje, Imperio Argentina era una novata cuando rodó con Florián Rey la versión muda de La hermana San Sulpicio, poco después el director aragonés rodaría la que se considera obra maestra del cine mudo hispano "La aldea maldita".

 
 

                Imperio Argentina parece deber su nombre al gran dramaturgo Jacinto Benavente, amigo de sus padres excelentes bailarines. En un principio la artista se dedica a cantar tangos, bonaerense de nacimiento, malagueña de sangre, parece seguir la estela de la también argentina Celia Gámez, quien a finales de los años veinte se convierte en figura prominente de las variedades en España. Su intervención en revistas musicales como Las Castigadoras y especialmente Las Leandras acabaran reconvirtiéndola en una intérprete cultivadora de la música pseudofolklórica española, haciendo del schotis su bandera. También Imperio terminará incorporando los ritmos españoles a su repertorio que en su inicio como hemos indicado era fundamentalmente argentino. No obstante, en su debut cinematográfico en el cine sonoro con "Su noche de bodas" interpretaba un romántico vals a dúo con el tenor Manolo Russell que se convirtió a su vez en el primer éxito discográfico de la artista. Un año después intervino en "Melodía de Arrabal" vehículo para Carlos Gardel rodado en los estudios de Joinville. Imperio cantaba con el morocho un dúo campero que desgraciadamente no se llevó al disco al pertenecer los artistas a sellos diferentes. Menos conocida que este largometraje es un corto en el que también intervino ese verano de 1932 con Gardel titulado "La casa es seria" y que fue destruido por los invasores alemanes en la segunda guerra mundial, del que sólo se conserva la banda sonora.

 
 

Si la figura de Imperio era ya muy conocida, el reencuentro con Florián Rey en la nueva versión de "La hermana San Sulpicio" constituyó su definitiva consagración como máxima estrella de nuestro cine. Basada en la popular novela de Armando Palacio Valdés, su argumento mezclaba pequeñas gotas de drama con un casto romanticismo y algunas dosis de comedia a cargo de Miguel Ligero. El papel del actor madrileño se ampliaría en la siguiente película "Nobleza baturra" rodada parcialmente en exteriores naturales que le dan en ciertos momentos un aire semi-documental que nos hace recordar salvando las distancias el cine de Flaherty y Murnau que sin duda Florián Rey conocía. Ese mismo año Miguel Ligero también en CIFESA y bajo la dirección de Benito Perojo protagonizaría una estupenda versión del sainete "La verbena de la Paloma", donde recrearía un Don Hilarión que ha quedado como definitivo. La repercusión de este título colocó a Ligero al mismo nivel estelar de coprotagonista en el siguiente proyecto "Morena Clara".

El gran Miguel Ligero
 
En el famoso número Échale guindas al pavo
 

                Antes de protagonizar el título que acabaría por consagrarlos, Imperio rodó un cortometraje con Florián Rey que también gozó de gran popularidad, su título "Romanza rusa", que no era otra que la archifamosa "Ojos negros" que la artista cantaba a ritmo de tango. Para entonces la versatilidad estilística de la actriz y cantante le habían hecho cantar flamenco en "La hermana San Sulpicio" y jota en "Nobleza baturra" saliendo bien parada en ambos y constituyendo éxitos discográficos sus canciones. Con "Morena Clara" la artista ingresa definitivamente en el mundo de la copla andaluza, canción española o como quieran ustedes denominarlo. Un género híbrido, que bebe de las fuentes folklóricas populares, pero también de la zarzuela y que adopta ritmos tomados de aquí y allá, casi siempre con excelentes resultados. Una generación de autores, músicos y poetas que en las siguientes décadas propiciarían una serie de temas que han pasado al imaginario colectivo de la España del siglo XX. Los compositores de las canciones de esta película Quintero, Guillén y Juan Mostazo, escribieron a Imperio unas canciones que además de estar bien integradas en el desarrollo del filme, consiguieron convertirse en clásicos del género. El género musical era sin duda el más popular en nuestro país, ya en el periodo mudo habían sido numerosas las zarzuelas que se habían llevado a la pantalla, pese a su silencio, así qué al contar ahora con el soporte sonoro, constituyeron el núcleo principal de las realizaciones hispanas. Sin duda fueron muy numerosos los títulos zarzueleros adaptados a la pantalla, a lo que habría que sumar las operetas de nuevo cuño que pretendían emular a las que en Hollywood realizaba Ernst Lubitsch. No es de extrañar que la que se considera primera cinta española sonora, aunque rodada en Inglaterra "La canción del día", fuera protagonizada por el tenor Tino Folgar. Incluso tragicomedias como la producción de Filmófono "Don Quintín el amargao", llevaban un tema musical que se hizo tremendamente popular. Hasta los ritmos más novedosos fueron incorporándose paulatinamente al cine nacional, como en "El negro que tenía el alma blanca" y "Centinela alerta" ambas con Angelillo. Pero la comedia musicalmente más avanzada sería "El bailarín y el trabajador" con argumento de Jacinto Benavente, donde brillaba la orquesta de Andrés Moltó.

 
 
 

                Aunque la música como hemos dicho era un reclamo fundamental para el público, el mayor acierto de "Morena clara" reside en las estupendas interpretaciones de sus artistas. Imperio Argentina tiene un magnetismo y un nivel interpretativo muy superior a las luego conocidas como folklóricas. Pese a que las estrellas más famosas de la música nacional, pasaron algunas en numerosas ocasiones por la pantalla, ninguna logró acercarse a la calidad de Imperio. Tanto su voz como su técnica interpretativa han alcanzado su definitiva madurez expresiva, es evidente que el magisterio recibido de Florián Rey la ha convertido en una auténtica estrella del cine, perfectamente homologable con las que entonces modelaban los estudios de Hollywood. Los excesos en los que cayeron sus imitadoras, aunque en su momento pudieran otorgarles fama hoy quedan absolutamente pasados de moda en comparación con el magisterio de Malena, cuya imagen es un icono que permanece tan fresco y moderno como en la época de su mayor gloria.


 

                Otro de los aciertos del filme fue colocarla junto a Manuel Luna, un estupendo actor de carácter qué si carecía de la apostura de un galán al uso, tenía una actuación natural muy superior a la de la mayoría de estos, frecuentemente envarados y cursis.  Sin ir más lejos, uno de los fallos más evidentes de "Nobleza baturra" era el actor protagonista, un endeble Juan de Orduña, que luego se revelaría como uno de los directores más brillantes de CIFESA. Todo lo que no tiene de guapo Luna, lo suple con su gran personalidad. Gracias a este papel de fiscal aburrido y solterón, Manuel Luna alcanzaría una fama merecida que no decaería, sino al contrario en la década siguiente. Eficaz tanto en el drama como en la comedia, abarcó todos los géneros posibles en el cine de la época saliendo siempre con nota del empeño. Por sólo citar alguno de ellos Torbellino (1940) junto a Estrellita Castro, "A mí la legión" (1942) y "El crimen de la calle bordadores" (1945) como muestra de su gran versatilidad. Todavía en la década de los cincuenta nos regalaría una de sus últimas apariciones como el benévolo policía municipal de "El piyayo". Si grande fue la fama de Manolo Luna, todavía mayor era la de Miguel Ligero, especialmente hasta mediados de los años cuarenta. En Morena Clara interpretó a una de sus más celebradas creaciones, Regalito, un gitano perezoso y de buen corazón, al que doto de gran desparpajo y gracia. En "Suspiros de España" filmada por Perojo en los estudios berlineses durante la contienda civil, interpretaba un personaje calcadito a este, en esta ocasión su pareja era Estrellita Castro, promocionada por Perojo a quién quería convertir en una nueva Imperio Argentina. A mediados de la década de los cuarenta su fama se fue apagando, pese a protagonizar una estupenda comedia donde la influencia de Capra era notoria titulada "La luna vale un millón" dirigida por Florián Rey. En las postrimerías de su carrera, se dedicaría a intervenir en nuevas y menos afortunadas versiones en color de sus mayores éxitos Morena Clara y La verbena de la Paloma.

Genial Manuel Luna
 
Porfiria Sanchiz colaboró en 42 películas aquí interpretaba a una abogada defensora
 

                El director aragonés también en esa época comenzaba su declive ante el empuje de los nuevos realizadores como Rafael Gil y Juan de Orduña. Su enorme fama en los años treinta le había proporcionado un prestigio por obras como la que hoy nos ocupa. En "Morena clara", pese a utilizar bastantes exteriores rodados en la capital sevillana, dejó el aspecto más etnográfico que como señalamos había mostrado en "Nobleza baturra", poniendo todas sus energías en una eficaz puesta en escena y una adecuada dirección de actores. Estrenada poco antes de la guerra civil, Morena clara alcanzó un éxito sin precedentes exhibiéndose durante toda la contienda en los cines de ambos bandos. En unos tiempos tan terribles que mejor bálsamo que esta bienintencionada comedia, trufada de una estupenda música. La película era el máximo exponente de los enormes avances cosechados por el cine español quién en menos de media década había dado por fin películas que se podían codear de tú a tú con la omnipresente maquinaria de Hollywood. El reciente mega éxito de "Ocho apellidos vascos" y su inevitable secuela siguen poniendo en evidencia que cuando el cine español decide hacer un producto eminentemente popular, el público responde ahora y hace ochenta años cuando en tan tumultuosas circunstancias nuestros antepasados hacían cola para admirar a la simpar Imperio Argentina, nuestra gran estrella del cine clásico.
 
 
 

lunes, 19 de octubre de 2015

El pacto de los lobos (2001) Francia versus Hollywood

 

         El pacto de los lobos, para muchos representa el pistoletazo de salida dado por el cine francés para convertirse en un serio competidor de la omnipresente maquinaria de Hollywood. Esta aparente ruptura con un cine de autor que había dominado las últimas décadas, asombró a la crítica y recibió el espaldarazo del público.


         Hoy cuando han transcurrido casi tres lustros desde su estreno, se ha convertido en un clásico del cine de aventuras y pese a su  juventud frente a la mayoría de películas que suelen formar parte de este blog, creo que puede figurar en el sin desentonar lo más mínimo.

 

         En esta su segunda película, el realizador Cristophe Gans mezcló varias de sus pasiones cinéfilas, el cine de Hong-Kong, el espagueti western y como el mismo afirma el Scaramouche de George Sidney. Apasionado del manga, introdujo escenas de artes marciales, practicadas por un nativo americano en plena Francia de mediados del siglo XVIII. Este es uno de los anacronismos que tanto han sido criticados, olvidándose de que el filme no pretende ser un documental histórico sobre la época, sino un divertimento.

 
 
 

         Cuando aparecen los dos misteriosos enviados del rey envueltos en unas gabardinas, es inevitable recordar a los filmes polvorientos rodados en Almería, aunque por lo demás la ambientación de la película es fantástica, no sólo  por su vestuario sino por las localizaciones en exteriores y la utilización en su mayor parte de edificios de la época, siendo mínimos los decorados.

 

         La historia obra de Stéphane Cabel utiliza unos hechos acaecidos en Francia entre 1764 y 1767, sobre la famosa Bestia de Gévaudan, causante de decenas de muertos y cuya identidad no quedó nunca realmente resuelta. En el blog Mindshadow, se encuentra un pormenorizado análisis de todos los sucesos auténticamente históricos que rodean este singular caso. http://www.mindshadow.fr/histoire-vraie-le-pacte-des-loups/.

 
 

         La solución que la película aporta es pura ficción, pero en un argumento bien elaborado que además retrata con bastante fidelidad el ambiente de la Francia pre-revolucionaria. Buena parte de este verano me lo he pasado leyendo sobre los orígenes, desarrollo y extinción de este momento tan crucial en la historia europea, que para mí resulta fascinante. Creo que la historia propuesta por Cabel, encaja muy bien en un periodo donde las fuerzas hasta ahora dominantes del Antiguo Régimen, se oponen a las nuevas ideas de la ilustración que apadrina Luis XV. Al inicio de la cinta, el narrador de la historia un ya maduro Marques de Apcher, va a ser conducido por las turbas de una revolución que al ha contribuido a crear, un fin que desgraciadamente padecieron muchos de esos soñadores que tras acabar con una barbarie fueron inmolados por otra de distinto signo pero igual de cruel.
 



         El reparto lo forman en su mayoría actores que parecían destinados a una mayor proyección que la que realmente llegaron a tener. Ese es el caso de Samuel Le Bihan que encarna a Grégoire De Frousac, quién por físico y carácter extrovertido parecía estar destinado a ser el heredero de Jean Paul Belmondo, hoy reconvertido en toda una estrella de la televisión francesa. Su compañero en el filme, el actor hawaiano Mark Dacascos campeón de artes marciales, también ha terminado dedicándose a la pequeña pantalla. Y aunque suene reiterativo igual destino ha tenido Émilie Dequenne, la bella Marianne del filme, para la actriz belga esta era su segunda película.

Samuel Le Bihan
 
Mark Dacascos
 
Émilie Dequenne
 

         De todo el elenco interpretativo, los que mejor carrera han hecho en el cine y siguen teniendo un lugar en los repartos de películas importantes son Vincent Cassel y Monica Belucci que formaron hasta hace un par de años uno de los matrimonios más glamurosos del cine europeo. Cassel que en un principio se negó a interpretar al pérfido Jean Francois, logró con esta quizás la más reseñable actuación de la película. Mientras Belucci, luce su hermoso cuerpo en el papel de una cortesana de altos vuelos.

Vicent Cassel
 
 
Monica Belucci
 

         Es una pena que sólo Belucci y Cassel hayan seguido la estela de las enormes expectativas que produjo este filme. Un título que para mí está entre las mejores películas de aventuras del último cuarto de siglo y que pese a su larga duración, sigue viéndose con gran agrado.
 

 
 

 

domingo, 9 de agosto de 2015

Teatro Apolo (1950) Un charro cantor, una estrella de la ópera fugaz y un director magnífico

 

 
       En un mundo donde el egoísmo es norma habitual en el comportamiento humano, siempre cabe resaltar a las personas que piensan más en el beneficio de los demás que en el suyo propio.
 
       Puede que sorprenda a algunos, pero ese es el caso de uno de los artistas más célebres de todos los tiempos dentro del ámbito hispano, Jorge Negrete. El charro cantor, cuando estaba en la cumbre de su fama, decidió consagrarse en la lucha de defender a sus compañeros los actores, siendo elegido presidente de su sindicato. Él unos años atrás, cuando intentaba abrirse paso como artista en Estados Unidos, había sufrido en sus propias carnes lo que era sentirse desasistido. Esta experiencia no se borró de su mente, sino que le sirvió para intentar mejorar las condiciones de los actores mexicanos.
 
 
       Fue tanto el empeño que puso y las horas que le dedicó, que dejó de lado sus compromisos profesionales. Como consecuencia de ello, fue perdiendo la fama que tanto le había costado ganar a ambos lados del océano.
Jorge Negrete con el Trio Calaveras en Alicante durante su visita de 1948
       Cuando visitó por primera vez España en 1948, fue recibido con una expectación inusitada. Según se cuenta las recatadas españolas de la época, olvidando su pudor, arrancaron todos los botones de la chaqueta del cantante. Sus intervenciones tanto en los teatros como en los micrófonos de Radio Madrid, sirvieron como pórtico de la película que rodaría en nuestro país “Jalisco canta en Sevilla”, donde debutaba una jovencísima Carmen Sevilla.
 
 
La verbena de la Paloma
 
       Cuando regresó a España dos años después, no se produjo el mismo clima de aceptación, ese tiempo que Negrete había ocupado pensando en los demás, lo había alejado de un público siempre atento a la última novedad. Apenas había periodistas cuando llegaron al madrileño Hotel Emperador donde se alojaría junto a su compañera por aquél entonces Gloria Marín.
Jorge Negrete con su pareja de entonces Gloria Marín
 
       El motivo de esta nueva visita era la de rodar una película titulada “Teatro Apolo” cuyo productor era Cesáreo González. Su marca “Suevia Films” había surgido recién terminada la guerra civil en 1940, siendo la única productora que podía rivalizar con la hasta entonces indiscutible CIFESA. Precisamente uno de los directores emblemáticos de la mítica productora, Rafael Gil, había abandonado a esta para trabajar en la nueva empresa del empresario vigués. De esto hacía ya tres años y desde entonces Gil se había convertido en el director más importante de Suevia Films, siendo para el los proyectos de más envergadura.
El auténtico Teatro Apolo madrileño
 
       Cuando Cesáreo González le pidió a Rafael Gil un proyecto que pudiera servir para el astro mexicano, éste recordó que tenía un guion que había sido premiado por el Sindicato Nacional del Espectáculo hace cuatro años. Lo escribió el propio director en compañía de Carlos Fernández Cuenca, en otros tiempos director de cine vanguardista, reconvertido a censor y crítico teatral del diario Ya, junto a uno de sus colaboradores habituales Antonio Abad Ojuel, fruto de cuya relación nacieron dos de los mejores filmes de Gil, “Don Quijote de La Mancha” y “La fe”.
Rafael Gil
 
       Como su propio título indica, Teatro Apolo es una crónica de la edad de oro del género chico, cuyo templo fue sin duda el bello teatro madrileño. Para amalgamar toda la música obra de los grandes compositores de la época como Bretón, Chapí y Chueca, se utilizaron los servicios de Juan Quintero, uno de los más prolíficos y prestigiosos compositores de música para el cine. Quintero compuso además un bonito número inspirado en los espectáculos de cafetín que interpreta la pareja protagonista.
 
La pareja actuando en los cafetines de la época
 
       Aunque Negrete debía su fama a las canciones pseudo folklóricas de raigambre mexicano, su formación era lírica, siendo uno de los discípulos del gran profesor azteca José Pierson por cuya prestigiosa academia pasaron voces de la categoría de Juan Arvizu, Pedro Vargas o José Mojica. Tanto en el disco como en sus filmes Negrete tiene pruebas de su categoría en el género lírico, en romanzas tanto españolas como latinas, poseyendo una voz de barítono lírico con gran facilidad para alcanzar notas altas, que es la ideal para la mayoría de papeles masculinos en la zarzuela.
Negrete cantando Molinos de Viento del maestro Luna
 
       Mientras Negrete podía parecer un intruso en el género, su paternaire María de Los Ángeles Morales se había convertido en la gran revelación de la lírica española. Con sólo 21 años la soprano madrileña había actuado por medio mundo demostrando sus magníficas cualidades para la ópera siendo sus personajes más representativos Lucía de Lammermoor en la ópera homónima de Donizetti y Violeta en La Traviata de Verdi. En sus recitales también tenían su sitio las canciones españolas e interpretado sobre el escenario la obra cumbre del género zarzuelero “Doña Francisquita”, además de intervenir en el estreno de dos obras líricas del gran Joaquín Rodrigo. Con ese bagaje se presentó en este su debut cinematográfico, donde dio muestras de su habilidad no sólo canora sino también interpretativa.
La Gran Vía de Chueca
 
M. De Los Ángeles Morales cantando la jota del Niño Judío
 
       Es que uno de los mayores aciertos de Rafael Gil era sacar lo mejor de sus actores, Negrete aunque ya un veterano delante de las cámaras, logra aquí quizás la mejor interpretación de su carrera y forma una estupenda pareja con Morales.
Una cómica escena de la película
 
       Esto en lo que se refiere al nivel interpretativo, porque si ya hablamos de canto, podemos escuchar muchas de las mejores versiones que se hayan realizado sobre las famosas romanzas. Todavía recuerdo siendo muy joven al gran Rafael Gil interviniendo en el estupendo y nunca superado programa de Fernando Méndez Leite “La noche del cine español” que poseía el disco con las romanzas de la película y que para él nunca habían sido igualadas. Desgraciadamente no he podido encontrar por ningún lado referencia alguna de esas grabaciones, otra vez encontrándonos con la desidia por preservar el patrimonio musical hispano.
El famoso dúo de El puñao de rosas de Chapí
 
El vals del Caballero de Gracia en La Gran Vía
 
       Además de contar con la pareja estelar, el filme no sería el mismo sin el concurso del gran Juan Espantaleón. El estupendo secundario sevillano, había logrado ya la fama en tiempos de la República por su papel de sacerdote bonachón en “Nobleza baturra”, aunque para mi Rafael Gil fue el director que mejor supo sacar provecho de su arte especialmente en su obra cumbre “El clavo”. Aquí interpretando al gerente del  Teatro Apolo vuelve a darnos muestras de su gran talento, resultando mucho menos envarado que en las epopeyas históricas de Juan de Orduña (Locura de Amor, Alba de América). Mención especial también para una joven María Asquerino y sobre todo para el gran caricato Antonio Riquelme, en uno de sus breves pero impactantes personajes, dejándonos una sonrisa como recuerdo.
Juan Espantaleón con Negrete
 
y junto a una joven María Asquerino
 
El gran Antonio Riquelme
 
       El periodo que la cinta narra abarcaría cerca de cuarenta años, donde asistiremos al nacimiento, apogeo y caída definitiva del género chico, que es el auténtico protagonista de la película. Pese a ello el más que digno guion, consigue urdir una trama sentimental con sus momentos felices y dramáticos de suficiente peso, sin que sea un simple soporte para los abundantes números musicales. El director intenta que el espectáculo musical no difumine la trama argumental, consiguiéndolo con gran pericia. Ojalá muchas películas musicales rodadas en nuestro país pudieran vanagloriarse de lo mismo. Por ello me indignó mucho mientras investigaba sobre la película en la hemeroteca del diario ABC, como con motivo de la proyección de la cinta en el aludido programa de Méndez Leite, su crítico televisivo calificaba de mediocre la película de Gil. Pero sorpresivamente me encuentro con que el día después de su estreno en el cine Gran Vía el 30 de octubre de 1950, el crítico que firma como Donald critica a la película en unos términos muy similares, diciendo para terminar que una película así hubiera necesitado a un director con “Alma de artista” y que eso no lo tenía el señor Gil. Más después de observar otras críticas del mismo autor veo que su pluma era por lo general despiadada, por ejemplo a un filme hoy altamente considerado como “El callejón de las almas perdidas” se despacha tildándolo como mala película con buenos acores”.
 
 
Un anciano Negrete contempla el final de una época
 
       Afortunadamente esos juicios despectivos hacia nuestro cine clásico parece que van cambiando y se vuelve a valorar una etapa del cine español que tiene más luces de las que  muchos han querido atribuirle. Sirva este post como homenaje al gran director que fue Rafael Gil, al ídolo de México, gran artista y mejor persona Jorge Negrete y especialmente a una estrella fugaz del canto y del cine (se retiró tras casarse en 1954) llamada María de los Ángeles Morales que hace poco más de dos años nos dejó, juntos nos llevaran a los tiempos de aquel pequeño Madrid castizo que ya sólo es un recuerdo.