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martes, 2 de junio de 2015

Los últimos días de Pompeya (1935) Homenaje a un trío de aventureros

 

Hay títulos cuyo impacto hace que el resto de una obra permanezca casi en el olvido. Así sucede con el binomio formado por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, cuyo King Kong parece haber sepultado la obra de estos grandes creadores del cine de aventuras.

Cooper, Shoedsack y la cámara Margaret Harris durante el rodaje de Hierba 1925
 

Pero la dinámica pareja se forjó en un género que estaba en boga en la anterior década. Una forma de hacer cine ya casi desaparecida que combinaba imágenes documentales, con una historia fabulada y cuyo mayor exponente fue Robert J. Flaherty, cuyo filme “Nanook el esquimal” supuso un gran éxito. Estaban contratados por el mismo estudio “Paramount” quién financió dos estupendos filmes: Hierba (1925) sobre la vida de los pastores nómadas en Siria e Irán y Chang (1927) donde viajaron a la exótica Tailandia, con una historia más sentimental centrada en la relación entre un cazador adolescente y un pequeño elefante.
 

Ruth Rose, hija de un conocido dramaturgo, también tenía espíritu aventurero. Conoció  a Schoedsack en una expedición a las Islas Galápagos donde el director ejercía de director de fotografía, tras rodar Hierba. Cuando se casó con el joven director, se unió a esta tribu aventurera, cuyo último filme antes de acabar la década de los XX, fue su primera cinta de ficción, “Las cuatro plumas”.
 

 

La importancia de Rose como guionista surge cuando deciden llevar a la pantalla el inolvidable King Kong. Rango, había sido el canto del cisne de sus docudramas filmados para Paramount. Contratados ahora por RKO, comenzaran a hacer películas de diversos géneros, donde predominará la aventura. A partir de entonces, abandonaran sus expediciones alrededor del mundo y se centraran en el rodaje en estudios. Pero volvamos, al gran gorila, cuyo guion encargado a James Ashmore Creelman, está sobrecargado de diálogo lo que hace a la película demasiado pesada. Será así como Rose se haga con el libreto al que someterá a una concienzuda poda y eliminará el florido lenguaje de Creelman, por uno más llano y eficaz.

 
 
En los siguientes dos años Ruth Rose se encargará de los guiones de cuatro títulos más, terminando esta etapa precisamente con “Los últimos días de Pompeya”. Ella se encargó de dialogar la historia de James Ashmore Creelman y Melville Baker, autores de un relato que nada tenía que ver con la novela del mismo título escrita un siglo antes por Edward Bulwer Lytton, exceptuando la destrucción de la ciudad romana a causa de la erupción del Vesubio.

 

Poco he podido averiguar sobre la vida de Creelman, algo que creía interesante pues el argumento de “Los últimos días de Pompeya” realizado casi en su totalidad por él, contiene una preocupación social, nada habitual en una película de “romanos”. Así que tenían que  hablar sus películas. Creelman fue un guionista prolífico que incursionó en todos los géneros, pero esa preocupación social es evidente en dos de los títulos que firmó. Uno de ellos en la etapa muda “La bailarina de la ópera” de Raoul Walsh, donde describía sin maniqueísmos la revolución rusa y por supuesto King-Kong donde los efectos de la depresión hacen que Ann Darrow decida aceptar la proposición de Carl Denham, pues prefiere una aventura incierta a morir de hambre.



 
Las penurias económicas también asedian a Marcus, un modesto herrero cuya adversa historia familiar le hará convertirse en gladiador. Una sociedad despiadada, donde sólo el dinero tiene valor. Como contraprestación aparecerá la figura de Cristo, quién tendrá un papel decisivo en la historia. Un brillante argumento, con referencias continuas al poder abusivo militar y económico, hacen que perdonemos el que los personajes cuando el Vesubio entra en erupción, debieran tener una edad mucho más avanzada de la que presentan en el filme. Es una pena que Creelman solo escribiera la historia para un título más “East of Java” dirigida por Georg Melford, director asimismo de la versión hispana de Drácula rodada por el mismo estudio, Universal. Pese a que en diciembre de ese mismo año 1935, Louella Parson anunciara que el guionista junto a su colega John Colton, se encargarían de escribir la historia de una película titulada Journey to Marte, finalmente no se llevó a cabo. No sólo sería una novedosa cinta de ciencia ficción, también aseguraba la periodista que se rodaría en los estudios Paramount con el nuevo sistema Technicolor.

 
Después el silencio. Creelman aquejado de problemas personales, cuya naturaleza no hemos podido averiguar, se trasladara a vivir a Nueva York con su hermana y su cuñado. Un día que lo dejan sólo, decide acabar con su vida, arrojándose desde el piso 18 del apartamento. Fue en 1941, tan sólo tenía 46 años.
 
 
Byron Crabbe con una maqueta del circo romano
 

Esta película fue escala final  de muchas asociaciones, fundamentalmente del grupo de directores, guionistas, productores y por supuesto, ¿Cómo podíamos olvidarlo?, del gran equipo de efectos especiales, comandado por el gran  Willis O'Brien responsables de Kong. Sus magníficas aportaciones, junto al miniaturista Marcel Delgado y  Byron Crabbe, el decorador Thomas Little, dieron un empaque a la producción, que no se correspondía con su magro presupuesto.

 

Ya en la secuela de King-Kong, El hijo de Kong, los directivos de RKO, habían decidido recortar el presupuesto no pudiéndose llevar a cabo muchas de las ideas sugeridas por O´Brien. También con Los últimos días de Pompeya, sucedió algo similar. Merian C. Cooper que ejercía de productor, estuvo tentado en rodar la película en Technicolor. Cooper era directivo Pioneer, una nueva productora que se había formado con el objetivo de rodar cintas en el nuevo sistema de tres bandas. Desconocemos los motivos que nos privaron de ver esta película a todo color, quizás hubiera sido mucho más complicado utilizar los efectos especiales con el nuevo sistema. Lo cierto es que O´Brien intervendría en el segundo y último largometraje de Pioneer, la olvidada con justicia, “El bailarín pirata”.


 
 
 
 

No obstante como hemos citado, la imaginación del equipo técnico, logró recrear con acierto, no sólo la citada Pompeya, sino parajes de Tierra Santa, donde se desarrolla la parte central de la película. A destacar la mansión de Marcus, el Palacio de Pilatos y el Circo. Por supuesto que el climax será la violenta erupción volcánica que acabará con la ciudad.
Si prestigiosos son los técnicos que intervinieron en el filme, no puede decirse lo mismo del reparto, en lo que atañe a los actores protagonistas. RKO tenía pocos actores que fueran un referente en las taquillas. Sólo Katherine Hepburn y la pareja Astaire-Rogers, siendo estrellas emergentes podían equipararse al nivel estelar que tenían otros estudios. Así que se le dio el papel protagonista a Preston Foster, un actor de buena presencia física, aunque algo envarado. Parece encontrarse bastante mejor en las escenas de acción, que cuando tiene que transmitir sus sentimientos. No obstante aunque hoy olvidado, Foster tuvo una carrera bastante interesante, teniendo papeles estelares hasta la mitad de la siguiente década, siendo dirigido además por directores tan famosos como John Ford (El delator) o Cecil B. DeMille (Policía montada del Canadá),
Mejor a mi opinión que Foster, está John Wood interpretando a Flavio su hijo adoptivo. Este intérprete australiano, tuvo una vida plagada de anécdotas (estuvo internado dos años en un campo de prisioneros japonés) pero su periplo en el cine fue mediocre.


 
 
Como contraste, la galería de secundarios está conformada por actores que han dejado una huella indeleble en el cine. Empezando por Basil Rathbone, quién ya llevaba 14 años en las pantallas, pero sería precisamente en 1935 cuando su nombre empezaría hacerse familiar como villano, interviniendo en las dos adaptaciones de Dickens, que David O´Selnizck produjo para MGM (David Copperfield e Historia de dos ciudades) en Anna Karenina, donde era el pérfido marido de Greta Garbo y sobre todo “El capitán Blood” donde pudo exhibir sus dotes de esgrimista, frente a la nueva estrella Errol Flynn. Su Poncio Pilatos, es más ambiguo, aprovechando el excelente guion consigue sin lugar a dudas la mejor actuación de la película.
 
Muy bien también está Ward Bond, habitual secundario de Ford, como el gladiador Burbex y Louis Calhern como el odioso prefecto. Ambos con una trayectoria prestigiosa en títulos de lo más variopinto. Los papeles femeninos, en esta película de poca envergadura, recayeron en dos actrices que también al igual que Foster  y Wood han caído en el olvido. Mientras Gloria Shea, pasó la mayor parte de su carrera en películas de serie B, Dorothy Wilson sí estuvo a punto de alcanzar la cima. Promocionada por Gregory La Cava, de quién fue secretaria, interrumpió su carrera al casarse con el guionista Lewis R. Foster, que ganó el oscar por Caballero sin espada.
Programa troquelado de su estreno en España
 

Después de esta película, nuestro trío aventurero abandonaría RKO. Tomarán caminos diferentes, aunque finalmente volverán a encontrarse en dos títulos más que interesantes: Dr. Cyclops y El gran gorila. Pero esa ya es otra historia, a la que nuevamente volveremos, hoy nos quedamos con esta más que estimable cinta, que se estrenó en Madrid el día de Navidad de 1935. Narrando una catástrofe, de mucha menor envergadura que la que acaecería en nuestro país en menos de ocho meses.
 
 

 

 
 
 

 
 
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domingo, 9 de febrero de 2014

El malvado Zaroff (1932) La caza.

 

La más peligrosa de las cazas, que sería el título que se le dio al relato original, cuando se editó en España cincuenta años después de su publicación en 1924, es una de las narraciones más populares del género de intriga y misterio. Esta magnífica historia apareció por primera vez en “Collier's Weekly”, una de los semanarios más influyentes de su época. Especializado en el periodismo de investigación, utilizó a los mejores profesionales de la época. Como muestra diremos que para cubrir el terremoto de San Francisco enviaron a Jack London y que Ernest Hemingway, fue designado por la revista para informar sobre la guerra civil española.

En cuanto a su faceta más literaria, el semanario recogió desde las plumas más prestigiosas, caso de Sinclair Lewis y Winston Churchill, hasta autores más populares como Zane Grey, Ray Bradbury, Willa Cather, Roald Dahl o Sax Rohmer en cuyas páginas apareció por pirmera vez el personaje de Fu-man-chu. Por supuesto también estaba Richard Connell, autor de este relato que ha pasado a la posteridad.

Aunque esta no es ni mucho menos, la única contribución de Connell al mundo del cine. Su participación como autor de historias y guiones originales para la gran pantalla se extiende a lo largo de veinticuatro años. Es el responsable del guion de “La vía láctea” una de las últimas y mejores cintas de Harold Lloyd y de la historia que dio origen a “Juan Nadie” de  Capra por el que fue nominado al oscar.


Pero volvamos a esta maravillosa cinta, rodada nocturnamente en los decorados que por el día eran utilizados para ser la isla calavera de la mítica “King Kong” y que unos meses antes había amparado el idilio entre Dolores del Rio y Joel McCrea en “Ave del paraíso”. McCrea que repetía como galán en esta cinta, el actor que tuvo su primer papel importante en “Dinamita” la primera cinta sonora de Cecil B. De Mille, había comenzado su escalada al estrellato en su nuevo estudio RKO. La dama en apuros era Fay Wray, una actriz que tras ser pareja de varios de los mejores galanes de Hollywood, alcanzaría un lugar en el sol del mundo del cine, cuando tuvo como paternaire al gran gorila King Kong. En “El malvado Zaroff” interpretaba a Eva un personaje que no aparecía en el relato original y que sirve para dar más mordiente al tema principal, la cacería del hombre.



Leslie Banks un actor británico que no tuvo una carrera demasiado afortunada, encarnaba al villano al que hace referencia el título español. Un aristócrata ruso, que vive en una remota isla del Caribe, que tiene puntos en común con “El Conde Drácula” de Bela Lugosi. Vive en un castillo gótico, esconde las pérfidas intenciones tras sus buenas maneras y como muchos de los grandes malvados de la historia del cine, tiene un fiel criado misterioso y perturbador, al que da vida Noble Johnson, especialista en estos menesteres en títulos como King Kong, La momia o La nave de Satán.

 
 


Otro actor que también aparecía en la mítica “King Kong”, como el megalómano Carl Denam, Robert Armstrong, aquí tenía el menos lucido papel de un capitán de barco continuamente ebrio. Dejamos para el final, a los directores del filme que fueron dos. Ernest B. Schoedsack, uno de los padres de Kong e Irving Pichel autor de la primera y fascinante versión de “She” aquí conocida como “La diosa de fuego” que recreaba la fantástica aventura de H. Rider Haggard.

En apenas una hora, “El malvado Zaroff” caminando entre el cine de terror y el de aventuras, nos lleva a un paraje primitivo, donde el hombre se rinde a sus impulsos más primigenios. Una cinta tan entretenida como perturbadora, cuyo visionado ocho décadas después de su estreno, continúa siendo un placer.


P.D. Irving Pichel además de director intervino  como actor secundario intervino en setenta filmes. En uno de ellos “La hija de Drácula” interpretaba a “Sandor” un personaje similar al “Ivan” que servía al Conde Zaroff.

Robert Wise dirigío una nueva versión en 1945 ”A game of death” en esta ocasión el malo de la función era un nazi huido Erich Kreiger, recreado por Edgar Barrier.