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lunes, 13 de febrero de 2017

Arsenio Lupin (1932) Un ladrón de guante blanco antes de la censura

Siempre que hablamos de la gran época del Hollywood clásico, sale a relucir la etiqueta de artesano, para una pléyade de directores a los que la crítica no a querido colocar en la para ellos olímpica categoría de autores. Luego llegaba tal o cual "entendido" que un buen día, decidía sacar de la ciénaga artesanal a un director y de repente parece como si todo el mundo desde entonces miraba a su obra de otra manera. Por poner sólo dos ejemplos muy notorios tenemos los casos de Raoul Walsh y Douglas Sirk que al menos tuvieron la suerte de que los ascendieran de categoría en vida y no a título póstumo como a La Cava. Más triste fue el caso de George Cukor, quién después de haber gozado de gran reputación casi desde los inicios de su carrera en el cine, vio como en los últimos años se empezaba a cuestionar su figura y como muchos de estos críticos lo bajaban de categoría para que empezara a convivir con sujetos menos artísticos como W. S. Van Dyke, Clarence Brown y Jack Conway...sus viejos compañeros de armas en la fábrica de sueños más denostada por los exquisitos del celuloide Metro-Goldwyn-Mayer.






Y es que para muchos críticos, realizar películas que cuentan con el favor del público de los cinco continentes, en producciones rodadas con todo tipo de medios e interpretadas por las estrellas más populares del momento, es pecado mortal. ¿Cómo se puede perdonar que un director se preocupe de mantener durante hora y media entretenido al espectador, en lugar de endilgarle un movimiento de cámara o un plano extravagante para colgarse medallitas de artista?. Yo como muchos otros de mi generación, hemos visto muchas películas de Jack Conway, sin saber que eran de él y en casi todos los casos, disfrutando de un excelente cine clásico.
El género con el que más se identifica a Conway es el de la comedia. Fue responsable de títulos que si no tienen el marchamo de obra maestra, se encuentran entre las mejores de la época. En su vertiente más bufonesca "Mi marido está loco" que ya comentamos en este blog, cuenta con un William Powell protagonista absoluto de la función prodigando toda una serie de payasadas sin por eso perder su elegancia natural. En esta ocasión su pareja Mirna Loy tenía un protagonismo residual, no fue así en otra de las grandes comedias de Conway "Una mujer difamada" que además contar con Powell y Loy añadía nada menos que a Jean Harlow y Spencer Tracy. En 1948 rodaba su último filme "Julia se porta mal" también perteneciente al género de la comedia consiguiendo sacar a la pareja prototipo de los 40 Greer Garson y Walter Pidgeon de sus dramas habituales, combinándolos en un agradble sátira que contaba con la juvenil pareja formada por Elizabeth Taylor y Peter Lawford.



Pero Conway que había empezado en el mundillo del c ine en 1909 como actor y que al poco tiempo ya era asistente de Griffhit, dirigió a partir de 1912 todo tipo de géneros, siendo después de la comedia el de aventuras donde mejores resultados obtuvo. "Sucedió en China" de 1938 con Gable y Loy y su estupenda adaptación filmada en 1935 de "Historia de dos ciudades" con Ronald Colman son dos excelentes muestras y aunque no figure en los títulos de crédito donde está acreditado Cedric Gibbons. la mayoría del rodaje de Tarzán y su compañera (1934) sin duda la mejor de la saga es obra de él. Para muchos esta cinta supuso el colmo del atrevimiento al que había llegado Hollywood, con el exiguo traje que llevaba Jane y la famosa escena en que esta nadaba desnuda con Tarzán. A partir de entonces empezó a ponerse en práctica el conocido como Codigo Hays que durante casi treinta años mantendría una ferrea autocensura.
Acababa así un periodo conocido hoy como Pre-Code, donde con la llegada del cine sonoro y en un periodo donde la depresión económica azotaba con mayor dureza al país, Hollywood gozó de una permisividad no vista hasta entonces. Una de las escenas más famosas de este periodo pertenece precisamenta a la película que hoy nos ocupa. Sucede cuando Lupin entra en su cuarto y se encuentra con una mujer desnuda en su cama tapada con una sucinta sábana. Ella le pide que busque el vestido que le han cosido tras sufrir un desperfecto. Cuando el regresa con el vestido ella le pide que se marche para vestirse, este se niega diciendo que tiene mucha experiencia quitando y poniendo vestidos. Aunque la acción sucede con la luz apagada, el sonido nos hace saber que el participa de este acto íntimo, algo que hubiera sido impensable tres años después una vez implantada la censura.

Pero esta y alguna que otra picardía esparcida por el filme, no constituyen ni mucho menos el único valor de la cinta. Nos hallamos ante una narración muy ágil para su sorprendente fecha de realización cuando apenas está consolidándose el rodaje de películas sonoras. Tanto el montaje como la fotografía son excelentes, así como el vestuario y decorados todos en la mejor tradición de MGM. La narración gira en torno al ladrón de guante blanco "Arsenio Lupin" popular especialmente en los paises francófonos y de su órbita como lo era España a principios del siglo XX. Fruto de la imaginación del escritor Maurice Leblanc , este caballero ladrón como lo definía la primera colección de sus relatos nacía en plena Belle Epoque y ya en 1907 tenía su traslación a la pantalla. Pero como en otros casos de la época (Drácula sin ir más lejos) los títulos de crédito mencionan como fuente la pieza de teatro creada por Leblanc y Francis de Croisset en 1909. Es muy posible que MGM se decidiera a llevar al cine las aventuras de este aristocrático delincuente después del éxito que habia tenido la película producida el año anterior por Goldwyn sobre Raffles, versión británica y más politicamente correcta del ladrón de guante blanco en la piel de Ronald Colman.
El punto fuerte publicitario del filme fue anunciar que por primera vez en la pantalla intervenían los dos hermanos Barrymore, John y Lionel, auténticas instituciones junto a su hermana Ethel del teatro estadounidense, no en vano se les conocia como la Familia Real de Broadway. Ese mismo año estando ya los tres contratados por el estudio del león protagonizarian Rasputín y la Zarina. Lionel y John habían llegado a MGM, pero por caminos dispares. Mientras John durante muchos años apenas apareció en la pantalla, dedicándose profusamente al teatro, su hermano Lionel se decantó prontamente por el nuevo medio, dedicándose ocasionalmente a dirigir filmes. A principios de la década de los XX, John se convierte en la estrella indiscutible de la Warner, donde interpretaria con frecuencia el papel de galán romántico como en su famoso Don Juan (1926)
) primera película con sonido incorporado. Más a diferencia de otros galanes de matineé a John no le preocupaba interpretar personajes menos agradables como el del capitán Ahab en la versión de Moby Dick de 1927 o de aparecer horriblemente caracterizado para interpretar al siniestro Mr. Hyde creado por Stevenson, tampoco le importó aparecer como un viejo decrépito y desdentado en la parte final de su versión de Beau Brummell. Pese a todo seguía siendo durante esos años El Perfil, aunque su afición desmedida al alcohol acabo por terminar con esa apolinea apariencia. Cuando rodó Arsenio Lupín contaba con c incuenta años y ni siquiera la pericia de los cámaras con sus filtros difusores lograban disimular el paso de los años y sobre todo de los excesos, pero su encanto personal nos los hace olvidar.

Mientras que John era un recien llegado a MGM, su hermano llevaba en los estudios desde sus primeros inicios cuando era solamente Metro en 1 917. Hombre polifacético escribió libros y compuso música y al comienzo del sonoro se encargó de la faceta de director, pero en 1931 volvió a ponerse delante de las cámaras y ganó el oscar al mejor actor principal por "Un alma libre" una película casi feminista a mayor gloria de Norma Shearer. A partir de entonces Lionel Barrymore se convirtió en el actor característico imprescindible del estudio. Aunque a partir de 1937 debido a varias lesiones quedó reducida su movilidad siguió apareciendo regularmente en las pantallas, adaptando los papeles a que Barrymore a su nuevo status físico. También se hizo famoso en la radio interpretando a Mr. Scrooge todas las navidades durante dos décadas. Esa fue la causa por la que Capra pensó en el para interpretar al desalmado Mr. Potter en Que bello es vivir.
En Arsenio Lupín intepreta a Guerchard un polícia honesto que intenta atrapar al célebre bandido que se esconde bajo la identidad del Duque de Charmerace. Igual que el personaje de Lupín tiene antecedentes en la literatura, el del no muy brillante pero si insistente policía galo no era en absoluto nuevo, es más sigue vigente. En una novela histórica de reciente publicación "El ladrón de café" ambientada a finales del siglo XVII, cuenta con un pertinaz capitán de mosqueteros llamado Gatien de Polignac con sus mismas características, enfrentado a unos ladrones también muy brillantes.
Este juego donde se enfrentan la brillantez y la constancia cuenta con una Dama digamos misteriosa, sofisticada y arrojada a la vez. De ella hemos hablado refiriéndonos a la famosa escena Pre-Code. Está interpretada por una elegante actriz que por diversos avatares no tuvo la carrera que su talento auguraba. Es una pena que esta frase se haya dicho ya tantas veces en este blog, pero la historia del cine es así y continuará siéndolo. Hablamos de Karen Morley cuya película más famosa es Scarface donde interpretaba a la novia de Paul Muni. Tan sólo dos años después de rodar este filme dejaba MGM al casarse con el director Charles Vidor. Cada vez más dedicada a su vida familiar, redujo sus apariciones en el cine, pero lo que acabo por terminar con su carrera fueron sus ideas de izquierda. Fue uno de tantos nombres incluidos en la infame lista negra del inquisitorial Comité de Actividades Antiamericanas. Sólo volvería a aparecer en un western mediocre rodado en 1953. Así terminaba la carrera de una actriz que había impresionado al director Clarence Brown mientras leía el libreto de Inspiración, un nuevo vehículo para Greta Garbo. Aquí en Arsenio Lupin la vemos con sus maravillosos 22 abriles en una interpretación convincente, que no desmerece de la de sus prestigiosos compañeros de reparto.


El personaje de Lupin volvería a aparecer en la televisión francesa, en varias películas y hasta en un Manga que utiliza su nombre y que últimamente ha sido objeto de una versión cinemátografica. Pero antes la propia MGM volvió cinco años después en 1937 con Melvin Douglas interpretando al ladrón y Warren William a su contrincante en este caso un inspector de seguros, todavía no la he visto pero las referencias que de ella he recibido son también muy buenas. De momento me quedo con este Lupin, rodado brillantemente por Jack Conway con un trío de actores genial que te hacen pasar hora y media volando.



domingo, 2 de octubre de 2016

Chandú el mago (1932 Fantasía Pre-Code

En una América acechada por la peor depresión económica que había conocido nunca el país, el escapismo ante la cruda realidad originó una edad de oro del cine fantástico y de terror. La radio que se encontraba en una época de gran desarrollo empezó a emitir seriales de aventuras que cautivaron al público de la época. Uno de los más populares  rivalizando con el mítico Fu Man Chu fue Chandú, un aventurero occidental que había aprendido la magia del lejano oriente. El éxito del serial hizo que la Fox compraro los derechos y decidiera poner en imágenes lo que se preveía un éxito seguro. Y es que si la radio daba a sus oyentes la posibilidad de vivir fabulosas aventuras Hollywood no se quedaba atrás.
 
 
Fueron unos años en que el cine escapista no había pasado todavía a ser posesión casi única de las productoras de serie B, en este periodo las Major llevaron a la pantalla películas que sin eludir la más delirante fantasía, utilizaban recursos de gran calidad. Quizás el ejemplo cimero de esto sea King Kong (1933) y la serie de Tarzán  producida por MGM, especialmente Tarzán y su compañera (1934) pero hubo muchas más, por ejemplo en el mismo estudio del león Charles Brabin dirigió La espada de Fu Man Chu (1932) protagonizada por una bella y malvada Mirna Loy y Boris Karloff entonces en la cúspide de su fama.
 
Si Karloff debía su celebridad a los filmes de terror que interpretaba en Universal, el otro príncipe del terror del estudio era sin duda Bela Lugosi. La Fox lo contrató para que interpretara al malvado Roxor un científcico loco que quiere destruir el mundo. Unos años después Lugosi interpretaría al héroe Chandú en  un serial de serie B, pero en la película original el papel recayó en Edmund Lowe, un apuesto y elegante actor que podía dar el halo romántico del que Lugosi carecía. Gracias especialmente al personaje de Drácula, Bela Lugosi ha permanecido en el imaginario del público, mientras que Lowe pese a que nunca dejó de trabajar primero en el cine y luego en la televisión hoy está completamente olvidado. Es el tributo que pagan los actores que brillaron en un cine que rara vez se emite en tv y que unicamente los muy aficionados visionan, aunque afortunadamente hoy se pueden encontrar las más destacadas cintas de su filmografía. Estas son sin duda El precio de la gloria (1926) dónde competía en medio de la gran guerra por el amor de Dolores del Río con el fortachón Victor McLaguen  y En el viejo Arizona donde interpretaba al soldado que intentaba cazar al bandido Cisco Kid en la piel de Warner Baxter. Lowe esta más que correcto en su interpretación a pesar de tener que lidiar con un director de vesturario empeñado en colocarle un enorme Salacott con el que parece que puede sacar un ojo a su bella amada. Os puedo asegurar que yo que me he visto casi todas las películas clásicas de aventuras coloniales, jamás he visto un gorro de explorador de un tamaño tan grande, afortunadamente en otras escenas lleva un turbante bastante más cómodo de llevar.
 
 
 
 
La bella dama nada menos que una princesa egipcia está encarnada por Irene Ware, que había quedado segunda en un concurso internacional de belleza, lo que me extraña es que no lo ganara. Con el dinero que recibió de premió se fue como muchas otras a la meca del cine para intentar ser una estrella. Desgraciadamente las películas que hizo con la Fox en su contrato de dos años exceptuando Chandú pasaron sin pena ni gloria. Luego tras volverse a reunir con Lugosi en El Cuervo, su carrera al igual que la de este acabó en las cintas de serie b, c, o d. Al menos supo retirarse a tiempo y los últimos 53 años de su vida los pasó totalmente alejada del cine. Y es una pena pues tenía condiciones, creo que hubo unas cuantas estrellas de su época que aparte de ser menos bellas heran bastante peores actrices.

 
 
Estupendo como siempre está Herbert Mundin que interpreta al asistente de Chandú. Mundin fue uno de los mejores secundarios cómicos de la época y su película más famosa es Robín de los Bosques (1938) donde al igual que aquí pone la nota simpática. Su papel es el de un borrachín empedernido al que trata de curar el mago haciendo que vea un personaje diminuto igual que el con el que dialoga. Este es uno de los muchos efectos especiales que tiene la película y que están muy por encima de la media de la época. Aquí se ve la mano de William Cameron Menzies co director de la película. Menzies no pasará a la historia como un gran narrador pero si como el más célebre de sus directores de arte. Nadie puede imaginarse El Ladrón de Bagdad en sus dos maravillosas versiones de 1924 y 1940 sin los efectos especiales y la iconografía que Menzies les aportó, y por supuesto su intervención en la película más famosa de todos los tiempos Lo que el viento se llevo. Y es que para hablar de Cameron Menzies necesitaríamos muchos post. Por sólo referirnos a este filme, como antes he aludido os sorprenderá los más que brillantes efectos visuales y agradará los fantásticos decorados que van desde un templo indú, a un Egipto de pura fantasía junto a futuristas maquinas igual de bellamente falsas. De ayuda fue también la intervención del gran cámara James Wong Howe quién ese mismo año creaba uno de sus mejores trabajos en la mítica El Expreso de Shangai y el mago de los efectos especiales Fred Sanders.
 
Mi escena preferida de la cinta es la que se desarrolla en un mercado de esclavos, allí se dispone a ser vendida la sobrina de Chandú por culpa del malvado Roxor. Todo el kistch bien entendido está en esta escena, incluyendo los insinuantes ropajes de las esclavas blancas. En el papel de la joven sobrina impacta el físico de June Lang (entonces todavía June Vlasek su auténtico apellido) en su primera aparición con un papel algo largo después de sus breves momentos en tres filmes anteriores. Si se hubiera rodado  esta escena  dos años más tarde, con el código censor en vigor, hubiera sido bastante más pudorosa. June aparte de sus encantos físicos parecía otra estrella en ciernes pero al igual que con su compañera de reparto por determinadas circunstancias no llegó a alcanzar el tan deseado estatus. Había empezado sobre las tablas de los escenarios con 13 años, aquí sólo contaba con quince, a partir de entonces fue apareciendo en películas bastante populares como Dos Fusileros sin Balas (1935) con Laurel y Hardy y La Mascota del Regimiento (1937) una de las mejores cintas de Shirley Temple donde interpretaba a su madre. En 1938 la Fox la envió a Inglaterra a rodar una película, pero asustada por el ambiente prebélico decidió abandonarla. La productora entonces rescindió su contraro y su reputación quedo malparada. Su boda con un atractivo gangster tampoco contribuyó mucho a que se recuperara su carrera y acabó realizando anuncios para la televisión.
 
 
 
Chicas guapas, momentos divertidos, un malo malísimo...en sus 71 minutos de duración Chandú el Mago nos rescata ese cine inocente y divertido. Unas películas en que los héroes eran capaz de desdoblarse en dos o de apartar una nube para que brille luminosa la Luna sobre la suave noche de Egipto. Para mi ha sido un más que agradable descubrimiento, espero que algunos más se animen en seguir esta deliciosa aventura.
 
June Lang y Helen Ware luciendo el bañador
 
 
 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Tierra de pasión (1932) Gable y Harlow listos para el estrellato

 
 

         Cuando en 1931 “Red Dust” (título original de la obra de teatro y del filme) subió a los escenarios de Broadway tan sólo aguantó ocho representaciones. Era algo poco habitual que una obra de Wilson Collison, no lograra el éxito tras doce años contando con el favor del público. No obstante su historia de amor a tres bandas en un paraje exótico, parecía el idóneo para una típica película de Hollywood. MGM adquirió los derechos de la obra pensando en utilizarla como vehículo para John Gilbert, cuya carrera había empezado a caer en picado desde el inicio del sonoro.

 
         No obstante finalmente se decidió que fuera una joven promesa quien encabezara el cartel. Su nombre era Clark Gable y estaba a punto de convertirse en la estrella masculina por antonomasia de la época. Gable como otros colegas había empezado desde los peldaños más bajos su ascenso al estrellato. Junto a él estaba Jean Harlow, la rubia platino que había sido bautizada así por unos ejecutivos de la Fox. Contratada por el excéntrico multimillonario Howard Hughes, intervino en “Los ángeles del infierno” espectacular cinta sobre el mundo de la aviación. Pese al considerable éxito de la cinta, los críticos se burlaron de la actuación de la actriz, lo que no le impidió seguir consiguiendo paulatinamente mejores papeles en títulos tan populares como “El enemigo público” emblemático filme de gangster junto a James Cagney y “La jaula de oro” de Frank Capra donde compartía cartel con otra futura gran estrella de la pantalla “Loreta Young”.
 
         Tras comprar MGM su contrato al magnate Hughes, Harlow finalmente empezó a emprender la senda del éxito. “Tierra de pasión” sería su tercer filme en su nuevo contrato para el estudio del león, tras protagonizar “The beast of the city” y “La pelirroja”. Un año antes había coincidido ya con Gable en “Los seis misterios” otra cinta del género criminal, escrita por la prestigiosa Frances Marion a mayor gloria de Wallace Beery, en ese instante en el pináculo de su fama. Ahora juntos Gable y Harlow serían los protagonistas de una película que finalmente los colocaría entre los favoritos del público.
 
         Otro de los cambios efectuados fue encomendar la dirección del filme a Victor Fleming, en detrimento del originalmente designado Jacques Feyder. Fleming también era un recién llegado a Metro, donde demostraría su versatilidad y oficio. Como muestra decir que su primer filme para la productora “The wet parade” era una alegato antialcohólico en forma de drama. Con 42 años el director era un hombre de acción que había empezado en el mundo del cine como extra. Su asociación con Douglas Fairbanks donde fue su cámara habitual, le llevó finalmente a lograr rodar su  primera película en 1919 “When the Clouds Roll by”. Si Fleming debía a “Doug” gran parte de su fortuna en el negocio del cine, otro de los astros más brillantes “Gary Cooper” tenía su deuda con él al darle la oportunidad de protagonizar “El virginiano”, auténtico lanzamiento de Cooper en el cine, tras varios años durante la etapa muda de insigne secundario.
 
         Durante el rodaje de la película acaeció la muerte de Paul Bern, mentor y desde hacía dos meses marido de Harlow. Bern era asistente de producción de Irving Thalberg y el principal valedor para que Harlow firmara por MGM, donde él había alcanzado una gran reputación. La policía declaró que había sido un suicidio, pero a día de hoy son muchas las dudas que envuelven un caso plagado de incógnitas, algunas realmente sórdidas, que para nada tienen que ver con el espíritu de este blog.
 
         Con su insensibilidad habitual, el estudio decidió sustituir a la rubia platino por Tallulah Bankhead, pero ésta haciendo alarde de un gran sentido del compañerismo, se negó en redondo. Harlow volvió al rodaje que transcurrió sin  incidentes, fascinando a todos por su estupenda interpretación de la prostituta Vantine. Suyas son las mejores frases del agudo guión de John Lee Mahin, un estupendo escritor de cuya máquina de escribir salieron los diálogos de un puñado de grandes películas como “Scarface”, ·Capitanes intrépidos”, “Piloto de pruebas” o “Misión de audaces” de John Ford. Precisamente Ford volvería a rodar veinte años después un remake de la cinta que hoy nos ocupa, volviendo a ser el protagonista un talludito “Clark Gable” y que se tituló “Mogambo”.
 
         En esta primera versión se mantiene la misma trama que en la más famosa versión en color. Las mayores diferencias entre ambas se deben al diálogo más explícito de la película de Fleming, ya que el código Hays tardaría todavía dos años en ponerse en práctica. También la localización, una plantación de caucho en la Conchinchina, que hace que el ambiente sea mucho más claustrofóbico que los bellos parajes africanos, donde se desarrolla “Mogambo”.
 
         Nos dejamos para el final, a la tercera punta del triángulo amoroso, la puritana esposa interpretada por Mary Astor, una actriz que con el sonoro encarnaría a mujeres de compleja personalidad, olvidando ya las virginales doncellas a las que había encarnado en el periodo silente. Al marido de esta lo encarnó Gen Raymond un actor de agradable físico conocido sobre todo por ser el esposo de Jeanette McDonald.
 
 
         Casi olvidada por la versión en Technicolor de Ford, “Tierra de pasión” nos devuelve a los inicios del cine hablado, donde todavía la censura no había hecho mella y los actores se convertían en estrellas de un día para otro. Unas estrellas que siguen brillando gracias a sus películas décadas después de haber desaparecido.