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domingo, 16 de marzo de 2014

La buena tierra (1937) Tributo a Luise Rainer

 

El aislamiento proverbial de oriente, unido a la eclosión  a mediados del siglo XIX, de una inmigración mayoritariamente china en Gran Bretaña y los Estados Unidos, produjo una reacción frecuentemente adversa por el resto de los ciudadanos occidentales.

En varias de las cintas que hemos comentado en este blog, se habla a menudo del mito del malvado oriental, cuyo máximo exponente es el personaje de Fu-Man-Chu, que muy pronto se trasladó de las novelas baratas al cinematógrafo. A la par cada vez se producía la aparición de personajes positivos de esta etnia, como el famoso detective Charlie Chan, o en el cine gracias a cineastas como Frank Capra (El amargo té del General Yen) o Harold Lloyd (La garra del gato).
 
Pese a estas bienintencionadas aportaciones, estas obras de ficción se quedaban en la epidermis de una cultura desconocida para los occidentales. Por eso tuvo especial importancia la aparición de la escritora norteamericana Pearl S. Buck, hija de misioneros se trasladó a China a los tres meses de edad. Ella merced a las experiencias vividas fue capaz de hacer un retrato más fidedigno y respetuoso del gran país asiático de sus gentes y sus tradiciones.
 
 
Publicada en 1931 “La buena tierra” constituyó un éxito sin precedentes. En ella describía los avatares de una familia china en las primeras décadas del siglo XX, cuando el otrora imperio feudal sufre grandes transformaciones que se verán reflejadas en sus personajes. La novela obtuvo el prestigioso premio    Pulitzer y la Medalla Howells y su escritora obtuvo en 1938 el premio Nobel de literatura, cuando no había pasado una década desde que escribiera su primera novela “Viento del este, viento del oeste”.
 
Al comenzar la cinta hay un conmovedor tributo a Irving Thalberg, cuyo proyecto no pudo ver finalmente plasmado en la pantalla, a su memoria está dedicada esta superproducción típica de MGM, producida y dirigida por el eficaz Sidney Franklin, que desarrollaría desde 1926 su actividad en los estudios de Culver City hasta su retirada treinta años después del mundo del cine.
Para interpretar a los roles principales se eligió a dos actores que hoy para gran parte del público son desconocidos pero que en aquel entonces se hallaban en la cresta de la ola. Paul Muni, que había alcanzado el estrellato interpretando al pérfido Scarface en la cinta de Hawks, se había especializado en cintas biográficas de prestigio, ganando el oscar en la anterior edición por su papel de Louis Pasteur. En la misma ceremonia su compañera de reparto Luise Rainer obtuvo el de mejor actriz por su conmovedora interpretación de Anna Held en El gran Ziegfeld. Rainer que repetiría al año siguiente por su interpretación de la sufrida O-Lan, en la cinta que hoy nos ocupa. Utilizando un maquillaje muy poco marcado, fueron sus maravillosas dotes interpretativas las que dieron autenticidad a su personaje, una joven y poco agraciada esclava, vendida al ambicioso campesino Wang (Paul Muni) para ser su esposa. La conmovedora creación de Rainer sigue siendo lo más remarcable, de este lujoso filme, de duración prolongada, con estupendas escenas de masas e innovadores efectos especiales.
 
 
“La buena tierra” sigue siendo un magnífico ejemplo, del cine realizado por el sistema de estudios, donde una enorme maquinaria se ponía en marcha, con el fin de contar una buena historia. Y esta lo es, si nunca han tenido el placer de ver este filme, les aseguro que no les defraudará.
 
 
 
Este post va dedicado a Luise Rainer que el 12 de Enero ha cumplido 104 años. Activa partidaria de la República, recaudó fondos para su causa y rehabilitó un castillo para acoger a niños republicanos en Francia, gracias a su iniciativa pudo rodarse el filme documental Spanish Earth (Tierra de España), de Joris Ivens. Fue además la encargada de entregar el oscar a José Luis Garci por “Volver a empezar”.
 
 
 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Juarez (1939) Si a tu ventana llega una paloma.



Las películas en muchas ocasiones son un reflejo de la época en que se realizaron. En 1939 La frágil salud de las democracias occidentales ante el auge de los totalitarismos era un hecho. “Juarez” producida por Warner Bross, el estudio más progresista de Hollywood, más que una biografía de un personaje histórico al uso, es una defensa a  ultranza del sistema democrático.


William Dieterle , director alemán de origen judío, había logrado el reconocimiento del estudio, llevando a la pantalla las vidas de Pasteur y Zola interpretadas por Paul Muni. Galardonadas respectivamente con el oscar al mejor actor y a la mejor película, estas producciones históricas, dieron a la Warner, la imagen de prestigio que hasta entonces se le había negado. En esta nueva oportunidad, la productora puso a su disposición un generoso presupuesto, con estupendos decorados, cientos de figurantes y un reparto de campanillas.


Además de Muni que encarnaba al presidente mexicano, el elenco contaba con un brillante  Claude Rains en el papel del autócrata Napoleón III, el contenido Brian Aherne como el emperador Maximiliano, John Garfield en la piel del aguerrido Porfirio Diaz y la maravillosa Bette Davis recreando a la desdichada emperatriz Carlota.

Como dijimos al inicio, el filme no se centra en la vida personal de Juarez, sino en el mensaje que personifica. La cinta comienza con el emperador francés, encarnación de un poder despótico, que traza sus planes con tanta determinación como inconsciencia. Luego conocemos al flamante emperador, un paternalista monarca ajeno a los mezquinos intereses que respaldan sus partidarios. Enfrente se encuentra la legitimidad que representa Benito Juarez, asumiendo con dignidad los valores democráticos por encima de cualquier otra consideración. 

El brillante guion a cargo de John Huston, Aeneas MacKenzie, y Wolfgang Reinhardt, incide en el drama humano que padece la emperatriz Carlota, víctima inocente de las intrigas políticas que acabaran llevándola a la locura. Por otro lado los suntuosos figurines de Orri-Kelly y la majestuosa música de Erich Wolfgang Korngold, acaban de rematar la espléndida factura que posee, este lujoso drama histórico, tan entretenido como a la par profundo.

 
 
La popular habanera "La paloma"(1860) obra del compositor Alavés "Sebastián Yradier" es utilizada para realzar los momentos romáticos del filme