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sábado, 15 de febrero de 2014

Nosotros los pobres (1947) Dedicado al cine mexicano

El cine mexicano vivía en los años cuarenta su época de oro. Después de una etapa muda poco destacable, el advenimiento del cine sonoro había forjado un Star system (Dolores del Río, Jorge Negrete, Mario Moreno “Cantinflas” etc.) que no sólo consiguió atraer a la audiencia mexicana, sino que extendió su presencia por toda Latinoamérica y en el caso de Negrete y Cantinflas también en España.
Las leyes proteccionistas de Lázaro Cárdenas y el intento de prestigiar el cine patrio por parte de Miguel Alemán Valdés, ponen de manifiesto el interés por parte de la máxima autoridad del país, de elevar al máximo la industria cinematográfica mexicana. Una industria que cada vez fue adquiriendo mayores proporciones y diversificando los géneros.

Ismael Rodríguez como tantos otros había comenzado en el cine desde abajo, participando como extra en “Santa” de 1931, uno de los primeros éxitos del cine azteca. Tras un largo periplo en el que ejerció de técnico de sonido, actor, guionista, llegó a producir y dirigir su primera cinta en 1944 “Amores de ayer” un melodrama musical, a mayor gloria de Tito Guizar, actor y cantante que había iniciado el famoso género de charros con su película “Allá en el rancho grande” de 1936. Su segunda cinta “Escándalo de estrellas” ya estaba protagonizada por Pedro Infante, un nuevo cantante que llevaba un año encaramándose al éxito que ya tenía Jorge Negrete.



El binomio formado por Rodríguez e Infante es uno de los más importantes en esa época del cine mexicano. Sus primeras producciones juntos, no se diferenciaban apenas con otras comedias rancheras tan típicas en la época. El salto cualitativo llegó con “Nosotros los pobres”, un retrato de los arrabales de la gran capital mexicana. Situada en lo que en Mexico conocen como vecindad y aquí solemos denominar “corralas”, la cinta basada en una historia creada por Pedro de Urdimalas, describía la situación de los humildes, de una manera que nunca había reflejado el cine mexicano.



Por supuesto que “Nosotros los pobres” es una película comercial, que pretende el solidario aplauso del público. Exenta del lado más ácido de la historia que recreara poco después Luis Buñuel en “Los olvidados” cuyos diálogos escribieron por cierto Max Aub y Urdimalas, aunque este por estar disconforme con una escena, decidió no participar de los créditos. Pero dentro de las convenciones del melodrama, la cinta de Rodríguez está a años luz de lo que por entonces era corriente en las salas mexicanas.



Con un desgarrador final que dejaba impactado al público, la cinta se hizo muy popular no solo por el agradable canto de Pedro Infante sino por la interesante galería de personajes que componían esa vecindad. El cantante encarnaba a Pepe el Toro, un ex boxeador reconvertido en carpintero, viudo  con una madre paralítica y una sobrina a su cargo. Chachita que así se llama esta  (Evita Muñoz) no solo cuida a la anciana, también limpia la casa y ocasionalmente gana dinero para el hogar. Luego está el amor de Pepe, La Romántica (Blanca Estela Pavón) que lo ama incondicionalmente y que soporta los abusos de su padrastro Don Pilar.



Pero hay otros personajes acaso más jugosos como el de La que se levanta tarde (Katy Jurado) eufemismo que se utiliza para nombrar a una prostituta de armas tomar, que debe defenderse en un mundo de machos violentos. Otra mujer de la noche es “La tísica” hermana de Pepe el toro y repudiada por este, al entregarse a un rico señorito, de cuyos amores nació la pobre Chachita que ignora que su madre vive. El Bracero (Fernando Soto Mantequilla) representa a esos inmigrantes que han regresado desde Estados Unidos donde creían que iban a alcanzar un futuro mejor, pone las notas de humor a la historia al igual que el disparatado dúo de borrachas a las que se les denomina La Guayaba (Amelia Wilhelmy) y la Tostada (Delia Magaña) que utilizan el alcohol como olvido de su pobreza.

 

Todos estos y muchos más, pobres y ricos, respetables y marginados integran esta “vecindad” que es muy interesante conocer. Un neorrealismo a la mexicana, que pese a lo desmesurado de su dramatismo ha seguido cautivando los corazones de los mexicanos durante décadas. Dedicado con cariño a la industria del país hermano, que viva México y sus hombres de cine.
 
P.D. La película sigue reponiéndose con gran éxito en las emisoras de televisión de México. Al año siguiente se rodó una continuación títulada “Ustedes los ricos”, cerrando la trilogía en 1952 con “Pepe el toro”
 

sábado, 23 de noviembre de 2013

El siete machos (1951) Vaya par de gemelos.

 

 

Las carpas constituían en las primeras décadas del siglo XX, la principal forma de diversión para las clases populares mexicanas.  Surgidas al albur de la revolución mexicana, una época conflictiva que obligó a los circos a prescindir de sus animales, al no tener con que alimentarlos, con el tiempo acabaron siendo una mezcla de teatro y salón de baile. Mientras la ruidosa orquesta entona las danzas más exitosas que bellas vedettes ejecutan entre el entusiasmo del público, sale a escena un cómico vestido estrafalariamente que empieza a utilizar un lenguaje delirante.


Esos son los orígenes del cómico más famoso  de habla hispana, las modestas carpas teatro donde se forjó un personaje convertido en icono del cine mundial. Tras una serie de papeles de lo más variopinto a lo largo de los años treinta, fue en unos populares cortos donde representó en las pantallas por primera vez a Cantinflas. En 1940, su interpretación de Cantinflas, como personaje secundario de una comedia que encabezaban  Joaquín Pardavé y Sara GarcíaAhí está el detalle", logró el reconocimiento del público eclipsando a los actores protagonistas.


Siguiendo el ejemplo de su admirado Charles Chaplin, Mario Moreno decidió formar junto a su amigo Jacques Gelman la productora Posa films, con lo que se aseguró el control artístico de su carrera.


Paralelamente se produce en su país la llamada edad de oro del cine mexicano, donde la figura de Emilio Fernández logra el reconocimiento de la crítica mundial. Pero son los dramas sociales de Ismael Rodríguez y las cintas de charros, las que llenan las butacas de los cines. Estas últimas conforman un género híbrido mezcla de western y comedia musical, que llevó su fama fuera de las fronteras mexicanas, gracias a la voz y presencia de charros cantores de la talla de Jorge Negrete y Pedro Infante.

En la España de  postguerra, aparte de las omnipresentes producciones norteamericanas, las cintas foráneas más populares eran las protagonizadas por Negrete, tan solo superado por las de Cantinflas.


La afición de Mario Moreno a satirizar diferentes géneros ya se había producido desde sus inicios en las carpas, donde realizaba versiones cómicas de las cintas americanas más populares del momento. También en sus primeros filmes tenemos ejemplos de adaptaciones tan chocantes como “Los tres mosqueteros” (1942) y la mucho más lograda “Romeo y Julieta” (1944), donde interpretaba a un ruletero (taxista) fortuitamente involucrado en la representación del drama de Shakespeare. Para cuando acomete la parodia de las cintas de charro, el cómico mexicano se halla en  plena madurez, ya alejado del personaje de peladito de suburbio, pero manteniendo su irónica y genial verborrea.

Sin la estructura deslavazada de sus primeras cintas, ni el empalago sentimental de la etapa en color, “El siete machos” es una muy divertida comedía escrita por Luis Alcoriza donde Cantinflas interpreta a dos gemelos separados al nacer, uno es el ingenuo peón Margarito, el otro el bandido benefactor conocido como siete machos. Una cinta cuya única pretensión es hacernos reír, y a fe mía que lo consigue.