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jueves, 6 de marzo de 2014

Magia roja (1927) El brillante Paul Fejos

Una de las principales figuras de la Universal era Lon Chaney. Para él se produjeron dos de las películas más importantes del estudio: El jorobado de Notre Dame y El fantasma de la ópera. La marcha de Chaney a la nueva Metro-Goldwyn-Mayer dejó huérfano a la productora, que también perdió  a Tod Browning acompañando a su amigo a los estudios de Culver City.
Para contrarrestar el efecto de tan sensibles pérdidas, Universal contrató a dos directores europeos y al astro del cine alemán, Conrad Veidt, que ya había protagonizado varios hitos en su país entre ellos “El gabinete del Dr. Caligari “ y “El estudiante de Praga. Uno de ellos el alemán Paul Leni tenía tras de si una prestigiosa carrera en Alemanía, mientras que Paul Fejos tras una tortuosa peregrinación había llegado finalmente a Hollywood.
 

El director nacido en Hungría, provenía del mundo de la medicina, no obstante pronto se vio atraído por el mundo teatral y subsiguientemente por el cine. Allí dirigió sus primeras cintas para luego tras pasar por Austria llegar a los Estados Unidos donde ejerció de bacteriólogo en la fundación Rockefeller. Más su inquietud por el medio cinematográfico le insto a buscar financiación para dirigir “The last moment” realizado con poquísimo presupuesto, su brillantez fílmica logró cautivar a los ejecutivos de la Universal que lo contrataron prometiéndole libertad artística.



El argumento de su primer filme comercial americano “The last perfomance” mejor que el sensacionalista título español “Magia roja”, guarda evidentes paralelismos con los usados por el equipo Chaney-Browning en MGM. Un famoso mago enamorado de su joven ayudante, que tras descubrir gracias a su malvado colaborador Buffo, que ella ama a otro de sus jóvenes ayudantes plantea una terrible venganza, mientras finge bendecir la unión de los jóvenes.



Pero hasta ahí llegan las similitudes, pues al contrario de las tortuosas y bizarras cintas de la Metro, Fejos nos hace un alarde de su pericia para saber mover la cámara con gran elegancia, desde su brillante inicio donde podemos observar las “tripas” del escenario teatral antes de comenzar la función. Un estupendo filme que sorprenderá a muchos por su excelente uso del montaje, dando lugar a una narrativa deslumbrante y a la par descriptiva. Conrad Veidt por su parte cumple a la perfección su papel de Erik el grande, su compañera de función la bella Marie Philbin ya había actuado con Chaney en “El fantasma de la ópera” y volvería a protagonizar con Veidt otro de los grandes hitos de los estudios Universal “El hombre que ríe” de Leni. (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/10/el-hombre-que-rie-1928-freaks-en-el.html).



Por su parte Paul Fejos, llegaría a la cima de su carrera con su siguiente filme “Soledad”, pura poesía en imágenes que cuenta con amplia información en la red, pero que en breve volveremos a recordar aquí. De momento os invito a descubrir esta maravilla del cine mudo, para paladares exquisitos.



P.D. Pese a su brevedad, os aseguro que este es uno de los post que me han llevado más trabajo, porque la escasa información sobre el director húngaro, en muchas ocasiones no está suficientemente contrastada, resultando en ocasiones contradictoria, por lo que he decidido silenciarla antes que exponer datos de fiabilidad dudosa.
 

lunes, 28 de octubre de 2013

El hombre que ríe (1928) Freaks en el siglo XVII


Basada en una novela de Víctor Hugo, “El hombre que ríe” nos traslada a la Inglaterra de finales del siglo XVII. El rencoroso monarca Jacobo II decide vengarse de su enemigo  Lord Canchlarney  deparándole una atroz muerte con el instrumento de tortura conocido por “La Dama de hierro”. Antes de producirse el suplicio, le informa que su único hijo ha sido entregado a un cirujano que le ha deformado el rostro. La pobre criatura es vendida a unos gitanos que lo emplearán en sus barracas de feria. Pero cuando el propio rey ordena que estos sean expulsados del reino, dejan al niño abandonado a su suerte.

Mientras camina a través de la nieve en pos de ayuda, se topa con una joven muerta que porta en sus brazos un bebé. Viendo que aún está con vida le recoge,  hasta encontrar  refugio en la carreta del bondadoso Ursus. El titiritero dará cobijo al niño de sonrisa forzada y a la recién nacida que es ciega.

Con el paso de los años Gwynplaine, (Conrad Veidt), merced a su condición física se ha convertido en el payaso más popular del país. Pero la amargura que siente escuchando las burlonas risas del público, solo es mitigada por el amor que le profesa Dea (Mary Philbin) la hermosa invidente que salvó de una muerte segura.

El encuentro fortuito con Hardquanonne (el médico causante de su desdicha,  que ahora se dedica a exhibir criaturas deformadas, trastocará sus vidas.

Hasta época bien reciente, reírse de los defectos físicos del prójimo no estaba mal visto por la comunidad. Costumbre que en este magnífico melodrama practican las embrutecidas masas que acuden a la feria. Una válvula de escape al férreo control ejercido por la aristocracia disoluta.

Una represión, a la que no se someterá el cómico apelando a su condición de ser humano. El reconocimiento de una dignidad, por la que todavía se lucha en muchos rincones de este planeta.