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miércoles, 2 de julio de 2014

Sagrado matrimonio (1943) Una comedia del rey del melodrama

 

         Justo hace quince años el Festival de San Sebastián hizo  una retrospectiva del director John M. Stahl. Autor de películas tan famosas en su tiempo como “Imitación de la vida”, “Sublime obsesión”, “Las llaves del reino” y “Que él cielo la juzgue” lo cierto es que el resto de su obra es prácticamente desconocida para las audiencias actuales. Bertrand Tavernier en su obra “50 años de cine americano” señalaba que la productora donde Stahl realizó gran parte de su carrera, silenció su obra para engrandecer las nuevas versiones en color que de sus viejos filmes realizó Douglas Sirk.

         Además de Universal, el estudio donde más trabajo el director fue Twenty Century Fox, donde con su primer filme en su nueva casa “El sargento inmortal”, logró un gran éxito contando con una glamurosa pareja formada por Henry Fonda y Maureen O´Hara en plenitud de su belleza. Muy diferentes eran los protagonistas de su siguiente cinta, los ya veteranos Monty Woolley y Gracie Fields .
 
         Esta estupenda comedia toma como base la pieza teatral “The great adventure” estrenada en 1913, obra de un autor cuya fama ha sufrido vaivenes a lo largo del tiempo “Arnold Bennett”. Muy elogiado hasta la década de los veinte, su enfrentamiento al grupo de Bloombury encabezado por Virginia Wolf hizo que su prestigio decreciera. Sería en la década de los noventa del pasado siglo cuando nuevas generaciones de lectores empezaran a redescubrir a un autor de gran brillantez.
 
         El prestigioso guionista  Nunnally Johnson, hizo un estupendo trabajo al convertir en lenguaje cinematográfico la estimulante comedia. Stahl que en su época de plenitud se había especializado en románticos melodramas, supo con su pericia habitual llevar a buen puerto esta cínica farsa, donde también hay un lugar para el sentimiento romántico.
 
         Pero nada de esto hubiera sido posible sin el brillante trabajo de unos actores de trayectoria muy dispar pero que formaron una pareja perfecta en este filme. De Monty Woolley ya hablé con motivo de su filme más popular “El hombre que vino a cenar” (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/12/el-hombre-que-vino-cenar-1942-la.html). Pero conviene recordar que antes de dejar todo por la interpretación, había sido un admirado profesor en Yale. Amigo íntimo de Cole Porter, ambos pertenecían a la alta sociedad norteamericana, donde llevaban con discreción su homosexualidad. En cuanto a Gracie Fields, decir que ere una actriz y cantante inglesa forjada en el mundo del music-hall. Durante los años treinta había rodado muchas películas en su tierra natal, pero al diagnosticarle un cáncer de cérvix se retiró junto a su marido a reposar en la Isla de Capri. Al estallar el conflicto bélico marchó con su marido de nacionalidad italiana a Estados Unidos. “Sagrado Matrimonio” era su segunda intervención ante las cámaras americanas, si tenemos en cuenta su episódica actuación en “Tres días de amor y fe”-
 
 
         Woolley interpreta al excéntrico pintor Priam Farrell que tras vivir muchos años en una isla remota, debe volver a Inglaterra. Como huye de cualquier tipo de publicidad, usurpa la identidad de su criado, que fallecerá repentinamente. Convertido en un ciudadano anónimo conocerá a una encantadora viuda (Fields) con la que contraerá matrimonio. A partir de entonces se desencadenan una serie de hechos que contribuyen a mantener el interés de la cinta y que por supuesto no voy a desvelar. “Sagrado matrimonio” es una magnífica película que merece conocerse, como gran parte de la obra de ese magnífico director llamado John M. Stahl.
 
 
 

domingo, 1 de diciembre de 2013

El hombre que vino a cenar (1942) La insoportable levedad del crítico.

 
 

La radio que en la década de los treinta, definitivamente había penetrado en todos los hogares de Estados Unidos, fue el vehículo idóneo de críticos de lengua viperina, que disparaban sus venenosos dardos ante el alborozo de una audiencia complacida. Alexander Woollcott sino fue el más célebre de todos, probablemente si resultó el más ácido.

Este culto y desagradable personaje, inspiró a los populares autores George S. Kaufman y Moss Hart una de sus obras más divertidas “El hombre que vino a cenar”. Era tal la identificación con el crítico, que los autores invitaron al propio Woollcott a que interpretara el papel de Sheridan Whiteside su alter ego de ficción. Al rechazar este la propuesta, sería Monty Woolley el que con gran éxito defendiera el personaje sobre los escenarios.

 

Como era habitual en las obras que tenían una notable repercusión, Hollywood adquirió los derechos para llevarla a la gran pantalla. De la adaptación se ocuparon la brillante pareja de hermanos Julius y Phillip Epstein, que ese mismo año firmarían el guion de la mítica Casablanca. La cinta dirigida con un gran ritmo por William Keighley, un artesano para todo de los estudios Warner, comienza con la inoportuna caída del desagradable Sheridan Whiteside, en el rellano del hogar de los Stanley, una prominente familia de Ohio con los que ha quedado a cenar. Obligado a permanecer en la casa, al no poder moverse, impone a todos sus despóticas maneras, convirtiendo el hogar de hecho en su cuartel general. Cuando su eficiente y abnegada secretaria, se enamora de un joven del lugar, Sheridan prolongará su convalecencia para lograr que no le abandone.



El filme que en todo momento, es rico en situaciones de gran comicidad, gira en torno a la arrolladora personalidad deWoolley. Monty Woolley  en la primera etapa de su vida fue un prestigioso profesor de Harvard, experto en artes escénicas, su amistad con el mítico compositor Cole Porter, le abrió las puertas de Broadway donde alcanzó el éxito como director de algunos de los mejores musicales de la época. Cada vez más involucrado en el mundo de la farándula, a partir de 1936 abandonó su cátedra y empezó una ascendente carrera como actor. Después de intervenir en pequeños papeles en cintas tan recordadas como “Medianoche”, su magnífica encarnación teatral del acerado crítico, le dio la oportunidad de volver al cine con papeles hechos a su medida, siendo el de Sheridan Whiteside, el más recordado.



Aunque ya contaba con una prestigiosa carrera a sus espaldas, Bette Davis aceptó  el papel menor de la sufrida secretaria, siendo notable como en ella era habitual su actuación. El resto del reparto de notables secundarios, cumple a las mil maravillas en esta alucinante farsa, que satiriza a unos líderes de opinión, que hacen del insulto la base de su éxito… ¿Les suena?
                   El cómico y cantante Jimmie Durante también intervino en esta película
                               Buggs Bunny protagonizó este maravillosa parodia del filme