Cuando la Fox
tuvo la estupenda iniciativa de reestrenar en salas cinematográficas, películas
clásicas en blanco y negro con el título de “Amar el cine”, una de las cintas
seleccionadas era “La mascota del regimiento” Siempre tuve la espina clavada de
no poder ver en la gran pantalla esta divertida película. Enmarcada en el ciclo
de cintas de aventuras coloniales, cuenta con el aliciente del protagonismo de Shirley Temple y la dirección de John Ford.
Rudyard Kipling, que había fallecido un
año antes de rodar la película, es uno de los escritores más y mejor adaptados
a la gran pantalla. “Capitanes
intrépidos”, “Gunga Din”, “El libro de la selva”, “Kim”, “El hombre que pudo
reinar” son títulos que han pasado a la historia del cine.
Wee Willie Winkie and Other Child Stories,
se publicó en la India británica el año 1.888. el escritor que tan sólo contaba
veintitrés años, dio este título a uno de sus cuatro relatos inspirándose en
una popular canción infantil de origen escocés. Al ser llevada al cine la historia sufrió
grandes transformaciones. La principal es que en el libro origina,l el
protagonista es un chico llamado Percival William Williams, que es además el
hijo del coronel del regimiento. La cinta arranca con la llegada de la pequeña
Priscilla, junto a su madre una viuda sin recursos (June Lang), al puesto militar que comanda el abuelo, el
cascarrabias coronel Williams (C. Aubrey
Smith). Como era de esperar la
encantadora Priscilla conseguirá ganarse a todo el batallón, especialmente al
recio sargento MacDuff (Victor McLaglen).
Twenty –Century-Fox
jugaba a carta ganadora al combinar tantos elementos que le auguraban el éxito.
El principal claro está era Shirley Temple. La artista más taquillera de su época,
por encima de figuras como Clark Gable y
Mirna Loy. De otro lado Victor McLaglen se encontraba en el punto álgido de
su carrera, tras haber recibido el oscar, por su sensacional trabajo en “El delator”. También John Ford había ganado
el oscar por esa misma cinta. El cineasta ya tenía una sólida reputación, tanto
a nivel artístico como en el apartado de director de éxito. Ese mismo año su
filme “Huracán sobre la isla” fue
una de las sensaciones de la temporada.
A todo esto cabe añadir que los filmes de aventuras coloniales, gozaban
del favor del público. Sirva como ejemplo dos filmes precedentes que alcanzaron
gran popularidad y se han convertido en grandes
clásicos: Tres lanceros bengalíes y La
carga de la brigada ligera.
-¿Mi abuelo es indio?
- No hija, tu abuelo es inglés
-Entonces, ¿Por qué no se marcha a vivir a Inglaterra?
Este cándido
diálogo entre Priscilla y su madre, es un botón de muestra de la mirada de
Ford. Asumiendo los códigos inherentes al género, gracias a la ingenua visión
que la niña tiene de ese mundo desconocido, se desliza el respeto con que trata
a los nativos, que en este filme no se ven reducidos, a la estereotipada imagen
de asesinos crueles y taimados. En lugar
de narrar una acción victoriosa, el mensaje pacifista de la cinta nos habla más
bien del entendimiento mutuo.
La complicidad
entre el niño grande que es el bravucón sargento y la curiosa chiquilla, es
otro de los aciertos de una película narrada con la solvencia del director de
origen irlandés. Once años después Temple, Ford y McLaguen volverían a reunirse
en otro fuerte acechado por el enemigo. El filme es, claro está, Fort
Apache.











