lunes, 13 de febrero de 2017

Arsenio Lupin (1932) Un ladrón de guante blanco antes de la censura

Siempre que hablamos de la gran época del Hollywood clásico, sale a relucir la etiqueta de artesano, para una pléyade de directores a los que la crítica no a querido colocar en la para ellos olímpica categoría de autores. Luego llegaba tal o cual "entendido" que un buen día, decidía sacar de la ciénaga artesanal a un director y de repente parece como si todo el mundo desde entonces miraba a su obra de otra manera. Por poner sólo dos ejemplos muy notorios tenemos los casos de Raoul Walsh y Douglas Sirk que al menos tuvieron la suerte de que los ascendieran de categoría en vida y no a título póstumo como a La Cava. Más triste fue el caso de George Cukor, quién después de haber gozado de gran reputación casi desde los inicios de su carrera en el cine, vio como en los últimos años se empezaba a cuestionar su figura y como muchos de estos críticos lo bajaban de categoría para que empezara a convivir con sujetos menos artísticos como W. S. Van Dyke, Clarence Brown y Jack Conway...sus viejos compañeros de armas en la fábrica de sueños más denostada por los exquisitos del celuloide Metro-Goldwyn-Mayer.






Y es que para muchos críticos, realizar películas que cuentan con el favor del público de los cinco continentes, en producciones rodadas con todo tipo de medios e interpretadas por las estrellas más populares del momento, es pecado mortal. ¿Cómo se puede perdonar que un director se preocupe de mantener durante hora y media entretenido al espectador, en lugar de endilgarle un movimiento de cámara o un plano extravagante para colgarse medallitas de artista?. Yo como muchos otros de mi generación, hemos visto muchas películas de Jack Conway, sin saber que eran de él y en casi todos los casos, disfrutando de un excelente cine clásico.
El género con el que más se identifica a Conway es el de la comedia. Fue responsable de títulos que si no tienen el marchamo de obra maestra, se encuentran entre las mejores de la época. En su vertiente más bufonesca "Mi marido está loco" que ya comentamos en este blog, cuenta con un William Powell protagonista absoluto de la función prodigando toda una serie de payasadas sin por eso perder su elegancia natural. En esta ocasión su pareja Mirna Loy tenía un protagonismo residual, no fue así en otra de las grandes comedias de Conway "Una mujer difamada" que además contar con Powell y Loy añadía nada menos que a Jean Harlow y Spencer Tracy. En 1948 rodaba su último filme "Julia se porta mal" también perteneciente al género de la comedia consiguiendo sacar a la pareja prototipo de los 40 Greer Garson y Walter Pidgeon de sus dramas habituales, combinándolos en un agradble sátira que contaba con la juvenil pareja formada por Elizabeth Taylor y Peter Lawford.



Pero Conway que había empezado en el mundillo del c ine en 1909 como actor y que al poco tiempo ya era asistente de Griffhit, dirigió a partir de 1912 todo tipo de géneros, siendo después de la comedia el de aventuras donde mejores resultados obtuvo. "Sucedió en China" de 1938 con Gable y Loy y su estupenda adaptación filmada en 1935 de "Historia de dos ciudades" con Ronald Colman son dos excelentes muestras y aunque no figure en los títulos de crédito donde está acreditado Cedric Gibbons. la mayoría del rodaje de Tarzán y su compañera (1934) sin duda la mejor de la saga es obra de él. Para muchos esta cinta supuso el colmo del atrevimiento al que había llegado Hollywood, con el exiguo traje que llevaba Jane y la famosa escena en que esta nadaba desnuda con Tarzán. A partir de entonces empezó a ponerse en práctica el conocido como Codigo Hays que durante casi treinta años mantendría una ferrea autocensura.
Acababa así un periodo conocido hoy como Pre-Code, donde con la llegada del cine sonoro y en un periodo donde la depresión económica azotaba con mayor dureza al país, Hollywood gozó de una permisividad no vista hasta entonces. Una de las escenas más famosas de este periodo pertenece precisamenta a la película que hoy nos ocupa. Sucede cuando Lupin entra en su cuarto y se encuentra con una mujer desnuda en su cama tapada con una sucinta sábana. Ella le pide que busque el vestido que le han cosido tras sufrir un desperfecto. Cuando el regresa con el vestido ella le pide que se marche para vestirse, este se niega diciendo que tiene mucha experiencia quitando y poniendo vestidos. Aunque la acción sucede con la luz apagada, el sonido nos hace saber que el participa de este acto íntimo, algo que hubiera sido impensable tres años después una vez implantada la censura.

Pero esta y alguna que otra picardía esparcida por el filme, no constituyen ni mucho menos el único valor de la cinta. Nos hallamos ante una narración muy ágil para su sorprendente fecha de realización cuando apenas está consolidándose el rodaje de películas sonoras. Tanto el montaje como la fotografía son excelentes, así como el vestuario y decorados todos en la mejor tradición de MGM. La narración gira en torno al ladrón de guante blanco "Arsenio Lupin" popular especialmente en los paises francófonos y de su órbita como lo era España a principios del siglo XX. Fruto de la imaginación del escritor Maurice Leblanc , este caballero ladrón como lo definía la primera colección de sus relatos nacía en plena Belle Epoque y ya en 1907 tenía su traslación a la pantalla. Pero como en otros casos de la época (Drácula sin ir más lejos) los títulos de crédito mencionan como fuente la pieza de teatro creada por Leblanc y Francis de Croisset en 1909. Es muy posible que MGM se decidiera a llevar al cine las aventuras de este aristocrático delincuente después del éxito que habia tenido la película producida el año anterior por Goldwyn sobre Raffles, versión británica y más politicamente correcta del ladrón de guante blanco en la piel de Ronald Colman.
El punto fuerte publicitario del filme fue anunciar que por primera vez en la pantalla intervenían los dos hermanos Barrymore, John y Lionel, auténticas instituciones junto a su hermana Ethel del teatro estadounidense, no en vano se les conocia como la Familia Real de Broadway. Ese mismo año estando ya los tres contratados por el estudio del león protagonizarian Rasputín y la Zarina. Lionel y John habían llegado a MGM, pero por caminos dispares. Mientras John durante muchos años apenas apareció en la pantalla, dedicándose profusamente al teatro, su hermano Lionel se decantó prontamente por el nuevo medio, dedicándose ocasionalmente a dirigir filmes. A principios de la década de los XX, John se convierte en la estrella indiscutible de la Warner, donde interpretaria con frecuencia el papel de galán romántico como en su famoso Don Juan (1926)
) primera película con sonido incorporado. Más a diferencia de otros galanes de matineé a John no le preocupaba interpretar personajes menos agradables como el del capitán Ahab en la versión de Moby Dick de 1927 o de aparecer horriblemente caracterizado para interpretar al siniestro Mr. Hyde creado por Stevenson, tampoco le importó aparecer como un viejo decrépito y desdentado en la parte final de su versión de Beau Brummell. Pese a todo seguía siendo durante esos años El Perfil, aunque su afición desmedida al alcohol acabo por terminar con esa apolinea apariencia. Cuando rodó Arsenio Lupín contaba con c incuenta años y ni siquiera la pericia de los cámaras con sus filtros difusores lograban disimular el paso de los años y sobre todo de los excesos, pero su encanto personal nos los hace olvidar.

Mientras que John era un recien llegado a MGM, su hermano llevaba en los estudios desde sus primeros inicios cuando era solamente Metro en 1 917. Hombre polifacético escribió libros y compuso música y al comienzo del sonoro se encargó de la faceta de director, pero en 1931 volvió a ponerse delante de las cámaras y ganó el oscar al mejor actor principal por "Un alma libre" una película casi feminista a mayor gloria de Norma Shearer. A partir de entonces Lionel Barrymore se convirtió en el actor característico imprescindible del estudio. Aunque a partir de 1937 debido a varias lesiones quedó reducida su movilidad siguió apareciendo regularmente en las pantallas, adaptando los papeles a que Barrymore a su nuevo status físico. También se hizo famoso en la radio interpretando a Mr. Scrooge todas las navidades durante dos décadas. Esa fue la causa por la que Capra pensó en el para interpretar al desalmado Mr. Potter en Que bello es vivir.
En Arsenio Lupín intepreta a Guerchard un polícia honesto que intenta atrapar al célebre bandido que se esconde bajo la identidad del Duque de Charmerace. Igual que el personaje de Lupín tiene antecedentes en la literatura, el del no muy brillante pero si insistente policía galo no era en absoluto nuevo, es más sigue vigente. En una novela histórica de reciente publicación "El ladrón de café" ambientada a finales del siglo XVII, cuenta con un pertinaz capitán de mosqueteros llamado Gatien de Polignac con sus mismas características, enfrentado a unos ladrones también muy brillantes.
Este juego donde se enfrentan la brillantez y la constancia cuenta con una Dama digamos misteriosa, sofisticada y arrojada a la vez. De ella hemos hablado refiriéndonos a la famosa escena Pre-Code. Está interpretada por una elegante actriz que por diversos avatares no tuvo la carrera que su talento auguraba. Es una pena que esta frase se haya dicho ya tantas veces en este blog, pero la historia del cine es así y continuará siéndolo. Hablamos de Karen Morley cuya película más famosa es Scarface donde interpretaba a la novia de Paul Muni. Tan sólo dos años después de rodar este filme dejaba MGM al casarse con el director Charles Vidor. Cada vez más dedicada a su vida familiar, redujo sus apariciones en el cine, pero lo que acabo por terminar con su carrera fueron sus ideas de izquierda. Fue uno de tantos nombres incluidos en la infame lista negra del inquisitorial Comité de Actividades Antiamericanas. Sólo volvería a aparecer en un western mediocre rodado en 1953. Así terminaba la carrera de una actriz que había impresionado al director Clarence Brown mientras leía el libreto de Inspiración, un nuevo vehículo para Greta Garbo. Aquí en Arsenio Lupin la vemos con sus maravillosos 22 abriles en una interpretación convincente, que no desmerece de la de sus prestigiosos compañeros de reparto.


El personaje de Lupin volvería a aparecer en la televisión francesa, en varias películas y hasta en un Manga que utiliza su nombre y que últimamente ha sido objeto de una versión cinemátografica. Pero antes la propia MGM volvió cinco años después en 1937 con Melvin Douglas interpretando al ladrón y Warren William a su contrincante en este caso un inspector de seguros, todavía no la he visto pero las referencias que de ella he recibido son también muy buenas. De momento me quedo con este Lupin, rodado brillantemente por Jack Conway con un trío de actores genial que te hacen pasar hora y media volando.



lunes, 17 de octubre de 2016

El Secreto del Candelabro - 1937. La resaca de dos oscar

 

La película que hoy nos ocupa, no tuvo un gran éxito en su momento pese a ser una gran producción y estar encabezada por un reparto fantástico. Así que como muchas otras quedó relegada al olvido. Afortunadamente gracias al mercado videográfico ha sido rescatada. Estoy seguro que su mala suerte en las taquillas se debió en su momento a las maravillosas cintas que se rodaban. Tanta cantidad y calidad serían la causa de este relativo fracaso, porque vista hoy ochenta años después sigue siendo un filme francamente divertido. Hoy que tenemos la oportunidad de acceder a una cantidad de títulos realmente portentosa, podemos poner en duda muchos juicios realizados por los críticos sobre ciertas películas sobrevaloradas y rescatar asimismo otras que se convierten en felices descubrimientos. El Secreto del Candelabro merece seguro estar en esta lista.

 
 
 
 
El argumento (una comedia de espías ambientado en Europa en las postrimerias del siglo XIX) se deba a la por entonces popularísima novelista Baronesa de Orzcy. Esta noble húngara había visto como su padre había perdido su fábrica, destruida durante las revueltas de la turbulenta década de los 60. Emigrados a Inglaterra no lograron posicionarse y Emma empezó a escribir. Su primera novela publicada en  1899 fue precisamente El Candelabro del Emperador, pero el gran éxito le llegaría cuando junto a su marido escribiría una pieza teatral titulada La Pimpinela Escarlata en 1903. El éxito sobre los escenarios propició que trasladara el personaje al ámbito de varias novelas.
Su popularidad aumentó cuando en 1935 Alexander Korda decidió llevarla al cine protagonizada por dos de las estrellas emergentes del cine británico Leslie Howard y Merle Oberon junto al malvado Raymond Massey. Esta fue la razón principal por la que MGM adquirió los derechos de su primera novela en vista del multitudinario éxito que consiguió en el mundo entero las aventuras de Sir Percy Blakeney en plena Revolución Francesa. Además el año anterior 1936 se rodó otra versión de la novel a en Austria.
 
Y es que Hollywood intentaba capturar lo mejor del cine europeo para ponerlo al servicio de su arrolladora maquinaria de entretenimiento. En 1935 también MGM decidió realizar una nueva versión del gran éxito europeo del momento. Se trataba de Mascarada (1934) una producción austríaca dirigida por Willy Forts que consiguió poner de acuerdo a crítica y público. Para lanzar la versión americana se pensó en la pareja de moda del estudio William Powell y Mirna Loy. Pero la actriz en ese momento estaba enfrentada con la productora que no se avenía a mejorar su salario pese a los pingues beneficios que habían reportado sus últimas actuaciones. Sin Mirna Loy en el reparto el estudio estaba barajando varias posibilidades hasta que William Powell pidió expresamente que dieran  una oportunidad a una actriz alemana que había contratado la Metro y que llevaba meses esperando una oportunidad.
 
Se trataba de la alemana Luise Rainer, un descubrimiento del mago de la escena Max Reinhart, bajo cuya batuta había participado interpretando lo más selecto del teatro contemporaneo como O´Neill y Pirandello. También había incursionado en el cine, pero su gran pasión seguía siendo el teatro. Siendo judía el advenimiento del régimen nazi le hizo ver con buenos ojos la oferta que un cazatalentos de MGM le ofreció, siguiendo así el paso de su mentor que también había emigrado a Hollywood contratado por la Warner para poner en imágenes El Sueño de una Noche de Verano de Sakhespeare. Su debut en América sorprendió a todos, la profundidad de su interpretación quedaría reforzada por su segundo filme donde volvía a encontrarse con Powell, se trataba de El Gran Ziegfeld. Su composición de Anna Held pareja durante muchos años del célebre productor resaltaba por encima del gran espectáculo que el filme suponía. Su escena escuchando por teléfono como Ziegfeld le comunica que se va a casar con otra (Billy Burke en el cine Mirna Loy) desprende un patetismo que impresionó a los miembros de la Academia que no sólo la nominaron por primera vez sino que le dieron su primer oscar.
 
 
 
 
 
Al año siguiente repetiría interpretando a una campesina china en la última gran producción de Irving Thalberg "La Buena Tierra" junto al hombre de las mil caras de la Warner Paul Muni. Fue su segundo oscar con tan sólo tres películas rodadas en Hollywood y el comienzo de su declive. Aunque parezca increible a Rainer le pasó lo mismo en MGM que a los Hermanos  Marx, la muerte de su protector Irving Thalberg precisamente durante el rodaje de La Buena Tierra quebró su carrera. El ahora omnímodo director del estudio Louis B. Mayer no estaba interesado en los personajes adultos que Rainer deseaba desarrollar en la pantalla y se vió involucrada en proyectos suntuosos, divertidos, que no acababan de saciar la ambición puramente artística de la actriz. El que ninguno de los siguientes títulos fueran éxitos de taquilla acabó con la rescisión por parte de ambos del contrato que les unía.
 
 
 
 
Fue una lástima para el cine porque Rainer era una actriz fantástica, tanto en el drama como en la comedia, pero ella no se sentía a gusto en ese mundo para ella frívolo. No obstante creo que las películas que rodó son todas de gran dignidad y aunque no colmaran las expectativas artísticas de la intérprete siguen siendo un magnífico ejemplo del cine de diversión  de la época de oro de Hollywood.
 
 
 
 
 
Volviendo a El Secreto del Candelabro, su cuarto filme norteamericano diría que muchas actrices del momento hubieran deseado protagonizarlo, sin ir más lejos a la encantadora Maureen O´Sullivan que aquí realiza un pequeño papel como María la hija de un patriota polaco. Es una pena que su personaje junto al de Robert Young que encarna al hijo del Zar y que son los que comienzan el filme no tuvieran un desarrollo mayor en el filme. Ambos jóvenes y bellos no tuvieron las oportunidades que merecían por su hermosa presencia y su saber estar en la pantalla. A Robert Young se le recuerda principalmente por la romántica Cenizas de Amor de Vidor y Paso del  Noroeste, aunque en esta el auténtico protagonista era Spener Tracy. Con la actriz irlandesa sucedió más de lo mismo. Exceptuando la serie de Tarzán donde creó la Jane definitiva de la pantalla, sus intervenciones en los grandes títulos del estudio fueron en papeles secundarios como en las adaptaciones de David Copperfield y Orgullo y Prejuicio. Actualmente aparte de sus aventuras en la jungla la película por la que más se la recuerda es precisamente la que acababa de rodar antes de la película que hoy nos ocupa, Un Día en las Carreras mi título preferido de Los Hermanos Marx.
El maravilloso vestuario de Adrian y los fantásticos decorados de Gibbons, marca MGM dan el perfecto envoltorio en el que se desarrollan las peripecias de estos espías de altos vuelos. Dos aristócratas, el uno polaco la otra rusa a los que Powell y Rainer dan perfecta caracterización. Ambos actores tan elegantes, vuelven a demostrar la estupenda química que habían tenido en sus dos anteriores filmes. El director era George Fitzmaurice un buen artesano que dirigió dos veces a la Garbo (Mata Hari y Como tú me deseas) que llevo por buen camino este delicioso entretenimiento que a mí me ha hecho disfrutar una buena hora y media. Una burbujeante copa de champán que nos recuerda un mundo ya desaparecido pero al que gracias al cine podemos volver. Volver a Empezar, como el título de Garci a quién entregó precisamente una exultante Luise Rainer el oscar a la mejor película extranjera.
 
 

domingo, 2 de octubre de 2016

Chandú el mago (1932 Fantasía Pre-Code

En una América acechada por la peor depresión económica que había conocido nunca el país, el escapismo ante la cruda realidad originó una edad de oro del cine fantástico y de terror. La radio que se encontraba en una época de gran desarrollo empezó a emitir seriales de aventuras que cautivaron al público de la época. Uno de los más populares  rivalizando con el mítico Fu Man Chu fue Chandú, un aventurero occidental que había aprendido la magia del lejano oriente. El éxito del serial hizo que la Fox compraro los derechos y decidiera poner en imágenes lo que se preveía un éxito seguro. Y es que si la radio daba a sus oyentes la posibilidad de vivir fabulosas aventuras Hollywood no se quedaba atrás.
 
 
Fueron unos años en que el cine escapista no había pasado todavía a ser posesión casi única de las productoras de serie B, en este periodo las Major llevaron a la pantalla películas que sin eludir la más delirante fantasía, utilizaban recursos de gran calidad. Quizás el ejemplo cimero de esto sea King Kong (1933) y la serie de Tarzán  producida por MGM, especialmente Tarzán y su compañera (1934) pero hubo muchas más, por ejemplo en el mismo estudio del león Charles Brabin dirigió La espada de Fu Man Chu (1932) protagonizada por una bella y malvada Mirna Loy y Boris Karloff entonces en la cúspide de su fama.
 
Si Karloff debía su celebridad a los filmes de terror que interpretaba en Universal, el otro príncipe del terror del estudio era sin duda Bela Lugosi. La Fox lo contrató para que interpretara al malvado Roxor un científcico loco que quiere destruir el mundo. Unos años después Lugosi interpretaría al héroe Chandú en  un serial de serie B, pero en la película original el papel recayó en Edmund Lowe, un apuesto y elegante actor que podía dar el halo romántico del que Lugosi carecía. Gracias especialmente al personaje de Drácula, Bela Lugosi ha permanecido en el imaginario del público, mientras que Lowe pese a que nunca dejó de trabajar primero en el cine y luego en la televisión hoy está completamente olvidado. Es el tributo que pagan los actores que brillaron en un cine que rara vez se emite en tv y que unicamente los muy aficionados visionan, aunque afortunadamente hoy se pueden encontrar las más destacadas cintas de su filmografía. Estas son sin duda El precio de la gloria (1926) dónde competía en medio de la gran guerra por el amor de Dolores del Río con el fortachón Victor McLaguen  y En el viejo Arizona donde interpretaba al soldado que intentaba cazar al bandido Cisco Kid en la piel de Warner Baxter. Lowe esta más que correcto en su interpretación a pesar de tener que lidiar con un director de vesturario empeñado en colocarle un enorme Salacott con el que parece que puede sacar un ojo a su bella amada. Os puedo asegurar que yo que me he visto casi todas las películas clásicas de aventuras coloniales, jamás he visto un gorro de explorador de un tamaño tan grande, afortunadamente en otras escenas lleva un turbante bastante más cómodo de llevar.
 
 
 
 
La bella dama nada menos que una princesa egipcia está encarnada por Irene Ware, que había quedado segunda en un concurso internacional de belleza, lo que me extraña es que no lo ganara. Con el dinero que recibió de premió se fue como muchas otras a la meca del cine para intentar ser una estrella. Desgraciadamente las películas que hizo con la Fox en su contrato de dos años exceptuando Chandú pasaron sin pena ni gloria. Luego tras volverse a reunir con Lugosi en El Cuervo, su carrera al igual que la de este acabó en las cintas de serie b, c, o d. Al menos supo retirarse a tiempo y los últimos 53 años de su vida los pasó totalmente alejada del cine. Y es una pena pues tenía condiciones, creo que hubo unas cuantas estrellas de su época que aparte de ser menos bellas heran bastante peores actrices.

 
 
Estupendo como siempre está Herbert Mundin que interpreta al asistente de Chandú. Mundin fue uno de los mejores secundarios cómicos de la época y su película más famosa es Robín de los Bosques (1938) donde al igual que aquí pone la nota simpática. Su papel es el de un borrachín empedernido al que trata de curar el mago haciendo que vea un personaje diminuto igual que el con el que dialoga. Este es uno de los muchos efectos especiales que tiene la película y que están muy por encima de la media de la época. Aquí se ve la mano de William Cameron Menzies co director de la película. Menzies no pasará a la historia como un gran narrador pero si como el más célebre de sus directores de arte. Nadie puede imaginarse El Ladrón de Bagdad en sus dos maravillosas versiones de 1924 y 1940 sin los efectos especiales y la iconografía que Menzies les aportó, y por supuesto su intervención en la película más famosa de todos los tiempos Lo que el viento se llevo. Y es que para hablar de Cameron Menzies necesitaríamos muchos post. Por sólo referirnos a este filme, como antes he aludido os sorprenderá los más que brillantes efectos visuales y agradará los fantásticos decorados que van desde un templo indú, a un Egipto de pura fantasía junto a futuristas maquinas igual de bellamente falsas. De ayuda fue también la intervención del gran cámara James Wong Howe quién ese mismo año creaba uno de sus mejores trabajos en la mítica El Expreso de Shangai y el mago de los efectos especiales Fred Sanders.
 
Mi escena preferida de la cinta es la que se desarrolla en un mercado de esclavos, allí se dispone a ser vendida la sobrina de Chandú por culpa del malvado Roxor. Todo el kistch bien entendido está en esta escena, incluyendo los insinuantes ropajes de las esclavas blancas. En el papel de la joven sobrina impacta el físico de June Lang (entonces todavía June Vlasek su auténtico apellido) en su primera aparición con un papel algo largo después de sus breves momentos en tres filmes anteriores. Si se hubiera rodado  esta escena  dos años más tarde, con el código censor en vigor, hubiera sido bastante más pudorosa. June aparte de sus encantos físicos parecía otra estrella en ciernes pero al igual que con su compañera de reparto por determinadas circunstancias no llegó a alcanzar el tan deseado estatus. Había empezado sobre las tablas de los escenarios con 13 años, aquí sólo contaba con quince, a partir de entonces fue apareciendo en películas bastante populares como Dos Fusileros sin Balas (1935) con Laurel y Hardy y La Mascota del Regimiento (1937) una de las mejores cintas de Shirley Temple donde interpretaba a su madre. En 1938 la Fox la envió a Inglaterra a rodar una película, pero asustada por el ambiente prebélico decidió abandonarla. La productora entonces rescindió su contraro y su reputación quedo malparada. Su boda con un atractivo gangster tampoco contribuyó mucho a que se recuperara su carrera y acabó realizando anuncios para la televisión.
 
 
 
Chicas guapas, momentos divertidos, un malo malísimo...en sus 71 minutos de duración Chandú el Mago nos rescata ese cine inocente y divertido. Unas películas en que los héroes eran capaz de desdoblarse en dos o de apartar una nube para que brille luminosa la Luna sobre la suave noche de Egipto. Para mi ha sido un más que agradable descubrimiento, espero que algunos más se animen en seguir esta deliciosa aventura.
 
June Lang y Helen Ware luciendo el bañador
 
 
 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Amores en Hollywood (1933 La tentación de Bing Crosby

 

Cualquier aficionado que halla visto Ciudadano Kane, recordará su obsesión por convertir a su pareja en  estrella de la ópera. Como todo el mundo sabe Kane era una muy poco enmascarada biografía del magnate de la prensa William Randolph Hearst y que en este caso concreto la retratada era Marion Davies. Pero lo cierto es que al contrario de la película Davies si que tenía talento para la comedia como lo demuestran las dos cintas que rodó con King Vidor "Espejismos y The Patsy". Pero el advenimiento del sonoro  supuso que surgieran nuevas estrellas que fueron desplazando a muchas de las antiguas. Unos pocos casos como Garbo lograron mantener su status, mientras que también hubo el caso en que actores hasta entonces relevados a papeles secundarios tuvieran la oportunidad de alcanzar la cima, cuyos mayores ejemplos sean quizás William Powell y Gary Cooper que pasaron a ser dos de las estrellas más fulgurantes, después de llevar unos cuantos años en el negocio del cine.


Pero como se pueden imaginar Hearst no estaba dispuesto  a reconocer que el tiempo de gloria para Marion Davies había pasado y siguió obstinado en intentar relanzar su carrera. Ahora su empeño era una comedia musical, el género cinematográfico más en boga. Para ello busco como siempre los mejores ingredientes. Usarían un argumento de Frances Marion quién le había proporcionado sus mejores vehículos en la época muda y de cuya adaptación se ocupo Donald Odgen Stewart autor de la mítica Historias de Filadelfia. En esta ocasión no puede decirse que se lucieran mucho ambos, el argumento es trillado y los diálogos salvo excepciones no descoyan por su brillantez, aunque es posible que fueran  mejor que la media de productos de similares características.

 

Entre el distinguido elenco de colaboradores se hallaba el glamuroso modisto Adrian y la pareja de compositores Nacio Her Brown y Arthur Freed. Freed que luego sería conocido como el mejor productor de musicales de la historia del cine, era junto a Brown un compositor de enorme fama. Encargados de los números musicales de las primeras películas sonoras de MGM habían logrado grandes éxitos que habían sido versionados por artistas de todo el orbe. The Broadway Melody, Pagan love song o Chant of the jungle, fueron auténticos mega-hit de la época. Muchas de aquellas canciones serían recogidas por Freed en la mejor película musical de la historia Cantando bajo la lluvia. Precisamente fue Freed quién pidió expresamente al cantante Bing Crosby para coprotagonizar la película. Sabia que nadie mejor que el podía poner en escena una canción melodramática que acababa de componer con Brown, Tempation. La importancia de la canción para los creadores de la cinta es tal que Raoul Walsh el director puso todo su arte al servicio de la escena culminante del filme. Walsh llegó al proyecto cuando todo el tinglado estaba montado. Acababa de rodar The Bowery. la primera producción de Twenty Century con Wallace Beery y Jackie Cooper en su momento de mayor fama. Se cuenta que el agente de la productora de Hearst Cosmopolitan le dijo como si se tratara de la orden de un monarca absoluto: El jefe te necesita. No  había que decir más. Walsh se personó en el famoso rancho de San Simeón donde se alojaba por aquel entonces Wiston Churchill (cuya proverbial tacañería le hacía ser frecuente huesped de sus ricas amistades) que fue el lugar de los ensayos previos del filme, antes de trasladarse a los estudios de Culver City de la MGM que distribuia las producciones de Cosmopolitan.



Walsh estaba encantado de trabajar con Bing Crosby al que conocía de sus exitosas apariciones en 1930 en el Cocoanut Grove. Situado en el lujoso hotel Ambassador, esta sala de fiestas inagurada en 1927 se había convertido en el lugar social preferido de la aristocracia del cinema. A quién  no le hacía tanta gracia la participación  del cantante era al jefe Hearts, quién conocía la fama de mujeriego del cantante y su más que proverbial afición al alcohol. Precisamente Crosby no pudo realizar su primer solo en pantalla  por culpa de una borrachera por la que fue detenido. Fue durante el rodaje de El rey del jazz, un musical en technicolor de dos bandas a mayor gloria del músico Paul Whiteman que dirigía la famosa orquesta en la que cantaba Crosby. Formaba parte de un cuarteto llamado The Rhitman Boys pero habitualmente también se desempeñaba como solista y Whiteman le había reservado un excelente número para lucirse. Como dijimos su afición por las juergas etílicas le privaron de esa primera oportunidad en 1929. Pero al año siguiente después que dejara la orquesta de Whiteman que tuvo que recortar costes debido a la depresión, se instaló en Hollywood donde sus presentaciones con la orquesta de Gus Arnheim en el Cocoanut Grove llamaron la atención de los productores.

 
 
 
 

 
Sus primeros pasos fueron modestos, contratado por Max Sennett intervino en una serie de cortos de 20 minutos cuyo primer título fue I surrender Dear estrenado en marzo de 1931 que era uno de los números más famosos de sus actuaciones en el Cocoanut. Tras ello llegó a Nueva York donde debutaría el 31 de Agosto ante los micrófonos de la CBS. La popularidad de la radio le brindó que se interesara por el los poderosos estudios Paramount. Con ellos debutaría al año siguiente con The Big Broadcast, su primer largometraje.  Después de ver los resultados firmaron con Crosby un contrato de larga duración. Seguramente que sus dueños ignoraban que Bing se convertiría en la principal estrella del estudio y muy raramente sería cedido a otras productoras. Bing no volvería a pisar los set de MGM hasta casi un cuarto de siglo después cuando protagonizara con Grace Kelly "Alta Sociedad".
 
 

He de decir que lo que primero me atrajo para ver el filme era las canciones que interpretaba Crosby. De siempre lo he admirado como cantante y lo considero una figura fundamental en la música del siglo XX. Fue el primer cantante melódico que utilizó el jazz y ya en sus primeros años estuvo rodeado de lo mejor del género. Luego con el tiempo incluso llego a ser un actor más que mediano, superando a muchísimos otros artistas que no lograron ninguna actuación brillante a lo largo de su carrera. Sin llegar al nivel de Sinatra que logró ser uno de los mejores actores de su tiempo, Bing Crosby tuvo una carrera más que digna, aunque como apuntaba antes siempre me quedaré primero con el cantante.

 
 

Lo cierto es que pese a las retifencias de Hearts, la pareja Davies-Crosby funcionó muy bien, el ambiente de rodaje fue excelente, Walsh que además era un director amigable y conciliador llegó a empatizar con ambos, especialmente con Crosby que escribió una canción satírica sobre el rodaje que no hizo la menor gracia a Hearts ni a la MGM. Aunque no llevara tanto tiempo como su compañera, Crosby ya llevaba rodados tres largometrajes en Paramount, la anteriormente citada The Big Broadcast, College Humor y Too Much Harmony, aunque eran producciones menores cercanas a la serie B. En cambio Amores en Hollywood era una película de mayor nivel, con buenos decorados y un reparto bien equilibrado. Fue la primera película de Crosby que alcanzó casi el millón de dólares recaudados, aunque como fue una producción costosa apenas dejó beneficios.

 
 
 
 
 
La cinta contiene varios números musicales notables. El primero es Beautiful Girl, estupenda canción que Crosby interpreta despreocupado mientras intenta desperezarse tras una noche agitada. Más espectacular es Going Hollywood, rodado en un set que remeda la famosa Estación Central neoyorquina. El de mayor duración We´ll Make Hay While the Sun Shine, es un divertido número realizado con soltura por Marion Davies y Bing Crosby. Por último el más reseñable es Temptation, que comienza con un  primerísimo plano de Fifí D´Orsay que interpreta a la femme fatale de la película. El turbio ambiente de un night club de mala catadura se funde con la figura de un Crosby embriagado, aderezado por la subyugante orquesta de Lennie Hayton. Aquí Walsh se nota que puso todo de si para dar realze a una escena dramática insertada en una desenfadada comedia. Al fin  y al cabo nada nuevo bajo el sol, el compositor Gaetano Donizetti compuso dos de sus mejores arias patéticas en medio de unas óperas bufas tan simpáticas como Don Pasquale y L´elisir D´amore (Certero Lontana Terra y Una furtiva lacrima).
 
 
Figura cómica es la de Patsy Kelly , quién había empezado en los estudios de Hal Roach haciendo pequeñas comedias junto a la bella Telma Tood. En una época de acendrado puritanismo ella no nego su homosexualidad  y pese a ello mantenía excelentes relaciones con la prensa. Aquí depara los mejores momentos cómicos de la cinta junto a otro gran característico de la época Ned Spark, habitual de muchas grandes comedias de la época y que además fue compañero de Crosby en sus programas de radio. Ya mencionamos a Fifi D´Orsay, nacida en Quebec fue más popular en los escenarios que en la pantalla, llegando sus actuaciones hasta la década de los setenta. Como anécdota destacar que el D´Orsay lo adopto la actriz como nombre artístico porque era el de su perfume favorito.
Desgraciadamente para el jefe Hearts, Amores en Hollywood no sirvió para revitalizar la carrera de Marion Davies, por mucho que se esmerara su estilo resultaba anticuado para el público. En cambio constituyó la definitiva consagración de Bing Crosby como figura popular. Ningún cantante hasta la irrupción en la década siguiente de Sinatra sería tan  célebre en una época donde los talentos musicales eran muchos. Crosby seguiría siendo un artista popular hasta su fallecimiento más de cuatro décadas después en Madrid, nunca dejó de cantar, de tener apariciones públicas. Una carrera profesional de más de cincuenta años. Aquí lo pueden ver cuando ya comenzaba a ser el Crosby que ha quedado en el imaginario popular. Un joven Crosby que como cantante para mí estaba en su mejor época. Donde rodó esta fantasía irreal como los mismos sueños que gracias al cine podemos seguir contemplando.