viernes, 24 de febrero de 2017

La máscara de Hierro(1939) La nostalgia a veces no engaña



Que desilusión cuando después de volver a ver ciertas películas que en nuestra niñez nos causaron sensación, comprobamos como los años nos han hecho cambiar de opinión sobre ellas. Pero afortunadamente muchas de ellas, curiosamente las más antiguas, consiguen mantener ese espíritu mágico que nos fascinó en nuestra infancia. La Película de la que vengo a comentar hoy está en esa maravillosa categoría. Un estupendo clásico del cine de aventuras, que aunque menos conocido que otros, para mi se haya a la misma altura e incluso supera a títulos más reconocidos.
Uno de los grandes aciertos del filme es que esté dirigido por un gran maestro como fue el británico James Whale. El autor está en esa penosa lista de directores que tuvieron una carrera demasiado corta. En apenas una década nos dejó una serie de magníficas películas, siendo especialmente recordadas las del género fantástico y de terror. Whale dirigió las magníficas "El hombre invisible", "El caserón de las sombras" y "El doctor Frankenstein" y "La novia de Frankenstein" donde conseguía superar la cinta original, añadiéndole un delicioso sentido del humor del que muchos años más tarde se servirían Mel Brooks y Gene Wilder para su hilarante aunque mucho más burda cinta.
Pero Whale no sólo dirigió películas de miedo, filmó alguna comedia más que notable, también estuvo a cargo de la primera y mucho más descarnada adaptación de "El puente de Waterloo" e igualmente estuvo con creces a la altura de llevar a la pantalla el musical por antonomasia "Show Boat" de la que hablamos ampliamente en otro post.
Todos estos logros fueron posibles gracias a la colaboración de Carl Laemme Jr., vástago del fundador de los estudios Universal, una productora que pese a fundamentarse su producción en películas de bajo presupuesto, siempre tuvo la ambición de realizar filmes de prestigio pese a el desembolso que esto pudiera suponer. Desgraciadamente esta benemérita política no acabó por tener el respaldo unánime del público lo que acabó con que los Laemme perdieran el control sobre el estudio que paso a manos menos creativas, sumiéndolo durante una década hasta su fusión con International Pictures, en una producción de títulos mayoritariamente de serie B.
Whale que era junto a John M. Stahll el director estrella de Universal, vio como los nuevos dueños pensaban destinarlo a producciones de serie B, por lo que abandono la seguridad de la hasta entonces su casa, trabajando para diferentes estudios. En 1937 rodó en Warner un biopic sobre la vida del actor inglés Garrick, con Brian Aherne y una encantadora Olivia De Havilland, donde dio buena muestra de su talento para el decorativismo recreando una época tan fascinante como el siglo XVIII. Esa recreación histórica no era la primera del director inglés pues en el prólogo de "La novia de Frankenstein" hacía aparecer a Mary Shelley, su esposo y Lord Byron en los albores del romanticismo.
Cuando se encargó del proyecto de El hombre de la máscara de hierro, recargó al máximo los decorados, proporcionando un mundo irreal pero adecuado para el mundo de fantasía que intentaba crear. Esos lujos decorativos fueron los únicos que le permitió el productor de la película Edward Small que hacía honor a su apellido, intentando cercenar todos los gastos que el creía excesivos.
Ya Small se había especializado en llevar a la pantalla las criaturas de Dumas. En 1935 había producido una adaptación de El conde de Montecristo que gozó de gran popularidad, merced especialmente al desempeño del gran Robert Donat como Edmundo Dantés. Este era el mayor acierto del filme, que por lo demás queda empequeñecido al compararlo con la versión francesa que unos años antes rodara Pierre Frescourt, con magníficos escenarios naturales y grandes decorados.
La leyenda del hombre de la máscara de hierro era harto conocida cuando Alejandro Dumas decidió combinarla en la postrera aventura de los tres mosqueteros titulada El Vizconde de Branguelone. El mismo año que Frescourt dirigía su Montecristo, Douglas Fairbanks con el ya veterano Allan Dwan tras la cámara protagonizaba la versión hasta entonces más conocida de la Máscara de Hierro, en la que la acción era por supuesto parte principal de la película.
Uno de los pocos peros que se le pone al filme de Whale es que abunden poco los momentos de acción, siendo además el director británico famoso por su ágil pulso narrativo. El problema fue una vez más económico, Small se negaba como hemos referido a realizar nuevos desembolsos. Era un hombre práctico, en las antípodas de un David O´Selznick que no había reparado en medios para llevar a la pantalla otro clásico de aventuras como El prisionero de Zenda.
Así que Whale fue paulatinamente perdiendo interés por el filme, cumpliendo con su oficio, pero sin poner toda su alma en él. No obstante escenas como las románticas, o las que se refieren a la tenebrosa máscara, nos devuelven al mejor Whale que además conto con un estupendo guion a cargo de George Bruce.
Otro de los encontronazos que tuvo Whale con Small tuvo que ver con el reparto. Cuando en 1938 el director firmó su contrato se le aseguró que contaría con un gran elenco. El tenía pensado en Douglas Fairbanks jr. para el doble papel protagonista y a John Barrymore como el anciano D´Artagñan. Pero Small tenía bajo contrato a un joven actor llamado Louis Hayward que finalmente impuso. En este punto creo que la actitud de Whale fue injusta pues Hayward recreó estupendamente tanto al noble Felipe como a su malvado hermano gemelo Luis. Con este papel Hayward ha pasado a la historia del cine, desgraciadamente su carrera no alcanzó el vuelo que seguramente merecía.
Años después Hayward protagonizó esta curiosa secuela de serie B o C
 
Por el contrario Warren William quien se encarga de interpretar a D´Artagnan se hallaba al final de una década durante la cual había gozado de papeles de gran enjundia. El advenimiento de nuevas figuras como Bogart, Cagney, Gable o Robert Taylor iban desplazándole de la parte superior de las marquesinas a un actor injustamente olvidado que dejó abundantes ejemplos de su buen hacer. Como muestra podemos citar su elegante Julio Cesar en la celebérrima Cleopatra de DeMille, el gangster de buen corazón en la primera versión de Dama por un día de Frank Capra, o su encarnación del famoso abogado Perry Mason, en un tono deliberadamente cómico, en las antípodas de la creación de Raymond Burr en su célebre serie televisiva y del que dimos cuenta en otra entrada de nuestro blog.
En el filme que hoy nos ocupa, William saca un gran partido a su personaje de veterano mosquetero. Gallardo en las escenas de capa y espada, utiliza su maravillosa vis cómica en una escena donde se hace pasar por un criado, creando uno de los mejores momentos del filme.
La heroína de la película fue una bella Joan Bennett, radiante con su magnífico vestuario de infanta española. Para la actriz era uno de sus primeros grandes papeles en una carrera que en la década siguiente la llevaría por los senderos del cine negro de la mano de Fritz Lang en un par de títulos inolvidables como son La mujer del cuadro y Perversidad, ambas junto a un notable Edward G. Robinson. Ya en esta temprana producción Bennett no sólo proporciona su hermosa presencia, también hace gala de un arrojo y personalidad incuestionable. Un año más tarde volvería a compartir cartel con Hayward en otra divertida cinta de aventuras titulada El hijo de Montecristo, con un estupendo George Sanders en uno de sus primeros papeles de malvado.
Joan anunciando cosméticos en 1947
 
En esta ocasión el papel de villano recayó en otro de esos actores caídos en el olvido con la misma injusticia, sino mayor que el caso de Warren William. Nos referimos al elegante Joseph Schildkraut, galán del cine austríaco que debutó en Hollywood en la minusvalorada y estupenda Las dos huérfanas de Griffith, aunque su papel más famoso en el cine mudo se lo proporcionaría Cecil B. DeMille componiendo el Judas Iscariote más apuesto de la historia del cine, en la mítica Rey de Reyes. Su carrera al contrario que muchos otros actores europeos no se vino abajo con el advenimiento del sonoro y en 1937 ganó el oscar al mejor secundario por su participación en La vida de Emilio Zola. En esta ocasión compone un exquisito malvado, Fouquet consejero del rey. Aunque para el productor Small, su interpretación pecaba de afeminamiento, cualquier espectador con buen juicio considerará brillantísima su composición. Huyendo de esos malvados de aspecto brutal y obscena apariencia, nos retrata como el mal bien puede estar disfrazado de elegancia y buenas maneras.
Todo el resto del reparto cumple estupendamente con su función, de entre todos ellos el más conocido es sin duda Allan Halle que acompañó a Errol Flynn en varias de sus más conocidas cintas, siendo su personaje más recordado, el de Little John de Robin de los bosques. En un brevísimo papel debutó ante las cámaras el luego famosísimo Peter Cushing. Resulta cuando menos premonitorio, que el que luego sería actor fetiche de la Hammer junto a Cristopher Lee, se iniciara de la mano del más excelso director de la etapa terrorífica de la Universal, de la cual dos décadas después la productora Hammer tomaría el testigo.
Quien acabó dejando el cine fue Whale, El hombre de la máscara de hierro sería su último gran éxito. Privado de su anterior libertad, decidió volcar sus inquietudes artísticas en el campo de la pintura. Los pingues beneficios que recibió al tener una participación en el porcentaje de la recaudación le ayudaron a poder dar este paso. Un año más tarde volvería con Joan Bennett y esta vez si Douglas Fairbanks jr. pero en esta ocasión Infierno verde hizo honor a su nombre y fue un gran fracaso tanto comercial como artístico. Sería la última película completada por uno de los grandes estilistas del cine de su época. Versátil como pocos, no sólo regalo miedos, ni canciones, también uno de las grandes películas de un género que cuando se muestra en todo su potencial nos hace por un rato volver a ser esos niños que luego tras ver la película, reproducíamos torpemente sus lances de esgrima.
 

lunes, 13 de febrero de 2017

Arsenio Lupin (1932) Un ladrón de guante blanco antes de la censura

Siempre que hablamos de la gran época del Hollywood clásico, sale a relucir la etiqueta de artesano, para una pléyade de directores a los que la crítica no a querido colocar en la para ellos olímpica categoría de autores. Luego llegaba tal o cual "entendido" que un buen día, decidía sacar de la ciénaga artesanal a un director y de repente parece como si todo el mundo desde entonces miraba a su obra de otra manera. Por poner sólo dos ejemplos muy notorios tenemos los casos de Raoul Walsh y Douglas Sirk que al menos tuvieron la suerte de que los ascendieran de categoría en vida y no a título póstumo como a La Cava. Más triste fue el caso de George Cukor, quién después de haber gozado de gran reputación casi desde los inicios de su carrera en el cine, vio como en los últimos años se empezaba a cuestionar su figura y como muchos de estos críticos lo bajaban de categoría para que empezara a convivir con sujetos menos artísticos como W. S. Van Dyke, Clarence Brown y Jack Conway...sus viejos compañeros de armas en la fábrica de sueños más denostada por los exquisitos del celuloide Metro-Goldwyn-Mayer.






Y es que para muchos críticos, realizar películas que cuentan con el favor del público de los cinco continentes, en producciones rodadas con todo tipo de medios e interpretadas por las estrellas más populares del momento, es pecado mortal. ¿Cómo se puede perdonar que un director se preocupe de mantener durante hora y media entretenido al espectador, en lugar de endilgarle un movimiento de cámara o un plano extravagante para colgarse medallitas de artista?. Yo como muchos otros de mi generación, hemos visto muchas películas de Jack Conway, sin saber que eran de él y en casi todos los casos, disfrutando de un excelente cine clásico.
El género con el que más se identifica a Conway es el de la comedia. Fue responsable de títulos que si no tienen el marchamo de obra maestra, se encuentran entre las mejores de la época. En su vertiente más bufonesca "Mi marido está loco" que ya comentamos en este blog, cuenta con un William Powell protagonista absoluto de la función prodigando toda una serie de payasadas sin por eso perder su elegancia natural. En esta ocasión su pareja Mirna Loy tenía un protagonismo residual, no fue así en otra de las grandes comedias de Conway "Una mujer difamada" que además contar con Powell y Loy añadía nada menos que a Jean Harlow y Spencer Tracy. En 1948 rodaba su último filme "Julia se porta mal" también perteneciente al género de la comedia consiguiendo sacar a la pareja prototipo de los 40 Greer Garson y Walter Pidgeon de sus dramas habituales, combinándolos en un agradble sátira que contaba con la juvenil pareja formada por Elizabeth Taylor y Peter Lawford.



Pero Conway que había empezado en el mundillo del c ine en 1909 como actor y que al poco tiempo ya era asistente de Griffhit, dirigió a partir de 1912 todo tipo de géneros, siendo después de la comedia el de aventuras donde mejores resultados obtuvo. "Sucedió en China" de 1938 con Gable y Loy y su estupenda adaptación filmada en 1935 de "Historia de dos ciudades" con Ronald Colman son dos excelentes muestras y aunque no figure en los títulos de crédito donde está acreditado Cedric Gibbons. la mayoría del rodaje de Tarzán y su compañera (1934) sin duda la mejor de la saga es obra de él. Para muchos esta cinta supuso el colmo del atrevimiento al que había llegado Hollywood, con el exiguo traje que llevaba Jane y la famosa escena en que esta nadaba desnuda con Tarzán. A partir de entonces empezó a ponerse en práctica el conocido como Codigo Hays que durante casi treinta años mantendría una ferrea autocensura.
Acababa así un periodo conocido hoy como Pre-Code, donde con la llegada del cine sonoro y en un periodo donde la depresión económica azotaba con mayor dureza al país, Hollywood gozó de una permisividad no vista hasta entonces. Una de las escenas más famosas de este periodo pertenece precisamenta a la película que hoy nos ocupa. Sucede cuando Lupin entra en su cuarto y se encuentra con una mujer desnuda en su cama tapada con una sucinta sábana. Ella le pide que busque el vestido que le han cosido tras sufrir un desperfecto. Cuando el regresa con el vestido ella le pide que se marche para vestirse, este se niega diciendo que tiene mucha experiencia quitando y poniendo vestidos. Aunque la acción sucede con la luz apagada, el sonido nos hace saber que el participa de este acto íntimo, algo que hubiera sido impensable tres años después una vez implantada la censura.

Pero esta y alguna que otra picardía esparcida por el filme, no constituyen ni mucho menos el único valor de la cinta. Nos hallamos ante una narración muy ágil para su sorprendente fecha de realización cuando apenas está consolidándose el rodaje de películas sonoras. Tanto el montaje como la fotografía son excelentes, así como el vestuario y decorados todos en la mejor tradición de MGM. La narración gira en torno al ladrón de guante blanco "Arsenio Lupin" popular especialmente en los paises francófonos y de su órbita como lo era España a principios del siglo XX. Fruto de la imaginación del escritor Maurice Leblanc , este caballero ladrón como lo definía la primera colección de sus relatos nacía en plena Belle Epoque y ya en 1907 tenía su traslación a la pantalla. Pero como en otros casos de la época (Drácula sin ir más lejos) los títulos de crédito mencionan como fuente la pieza de teatro creada por Leblanc y Francis de Croisset en 1909. Es muy posible que MGM se decidiera a llevar al cine las aventuras de este aristocrático delincuente después del éxito que habia tenido la película producida el año anterior por Goldwyn sobre Raffles, versión británica y más politicamente correcta del ladrón de guante blanco en la piel de Ronald Colman.
El punto fuerte publicitario del filme fue anunciar que por primera vez en la pantalla intervenían los dos hermanos Barrymore, John y Lionel, auténticas instituciones junto a su hermana Ethel del teatro estadounidense, no en vano se les conocia como la Familia Real de Broadway. Ese mismo año estando ya los tres contratados por el estudio del león protagonizarian Rasputín y la Zarina. Lionel y John habían llegado a MGM, pero por caminos dispares. Mientras John durante muchos años apenas apareció en la pantalla, dedicándose profusamente al teatro, su hermano Lionel se decantó prontamente por el nuevo medio, dedicándose ocasionalmente a dirigir filmes. A principios de la década de los XX, John se convierte en la estrella indiscutible de la Warner, donde interpretaria con frecuencia el papel de galán romántico como en su famoso Don Juan (1926)
) primera película con sonido incorporado. Más a diferencia de otros galanes de matineé a John no le preocupaba interpretar personajes menos agradables como el del capitán Ahab en la versión de Moby Dick de 1927 o de aparecer horriblemente caracterizado para interpretar al siniestro Mr. Hyde creado por Stevenson, tampoco le importó aparecer como un viejo decrépito y desdentado en la parte final de su versión de Beau Brummell. Pese a todo seguía siendo durante esos años El Perfil, aunque su afición desmedida al alcohol acabo por terminar con esa apolinea apariencia. Cuando rodó Arsenio Lupín contaba con c incuenta años y ni siquiera la pericia de los cámaras con sus filtros difusores lograban disimular el paso de los años y sobre todo de los excesos, pero su encanto personal nos los hace olvidar.

Mientras que John era un recien llegado a MGM, su hermano llevaba en los estudios desde sus primeros inicios cuando era solamente Metro en 1 917. Hombre polifacético escribió libros y compuso música y al comienzo del sonoro se encargó de la faceta de director, pero en 1931 volvió a ponerse delante de las cámaras y ganó el oscar al mejor actor principal por "Un alma libre" una película casi feminista a mayor gloria de Norma Shearer. A partir de entonces Lionel Barrymore se convirtió en el actor característico imprescindible del estudio. Aunque a partir de 1937 debido a varias lesiones quedó reducida su movilidad siguió apareciendo regularmente en las pantallas, adaptando los papeles a que Barrymore a su nuevo status físico. También se hizo famoso en la radio interpretando a Mr. Scrooge todas las navidades durante dos décadas. Esa fue la causa por la que Capra pensó en el para interpretar al desalmado Mr. Potter en Que bello es vivir.
En Arsenio Lupín intepreta a Guerchard un polícia honesto que intenta atrapar al célebre bandido que se esconde bajo la identidad del Duque de Charmerace. Igual que el personaje de Lupín tiene antecedentes en la literatura, el del no muy brillante pero si insistente policía galo no era en absoluto nuevo, es más sigue vigente. En una novela histórica de reciente publicación "El ladrón de café" ambientada a finales del siglo XVII, cuenta con un pertinaz capitán de mosqueteros llamado Gatien de Polignac con sus mismas características, enfrentado a unos ladrones también muy brillantes.
Este juego donde se enfrentan la brillantez y la constancia cuenta con una Dama digamos misteriosa, sofisticada y arrojada a la vez. De ella hemos hablado refiriéndonos a la famosa escena Pre-Code. Está interpretada por una elegante actriz que por diversos avatares no tuvo la carrera que su talento auguraba. Es una pena que esta frase se haya dicho ya tantas veces en este blog, pero la historia del cine es así y continuará siéndolo. Hablamos de Karen Morley cuya película más famosa es Scarface donde interpretaba a la novia de Paul Muni. Tan sólo dos años después de rodar este filme dejaba MGM al casarse con el director Charles Vidor. Cada vez más dedicada a su vida familiar, redujo sus apariciones en el cine, pero lo que acabo por terminar con su carrera fueron sus ideas de izquierda. Fue uno de tantos nombres incluidos en la infame lista negra del inquisitorial Comité de Actividades Antiamericanas. Sólo volvería a aparecer en un western mediocre rodado en 1953. Así terminaba la carrera de una actriz que había impresionado al director Clarence Brown mientras leía el libreto de Inspiración, un nuevo vehículo para Greta Garbo. Aquí en Arsenio Lupin la vemos con sus maravillosos 22 abriles en una interpretación convincente, que no desmerece de la de sus prestigiosos compañeros de reparto.


El personaje de Lupin volvería a aparecer en la televisión francesa, en varias películas y hasta en un Manga que utiliza su nombre y que últimamente ha sido objeto de una versión cinemátografica. Pero antes la propia MGM volvió cinco años después en 1937 con Melvin Douglas interpretando al ladrón y Warren William a su contrincante en este caso un inspector de seguros, todavía no la he visto pero las referencias que de ella he recibido son también muy buenas. De momento me quedo con este Lupin, rodado brillantemente por Jack Conway con un trío de actores genial que te hacen pasar hora y media volando.



lunes, 17 de octubre de 2016

El Secreto del Candelabro - 1937. La resaca de dos oscar

 

La película que hoy nos ocupa, no tuvo un gran éxito en su momento pese a ser una gran producción y estar encabezada por un reparto fantástico. Así que como muchas otras quedó relegada al olvido. Afortunadamente gracias al mercado videográfico ha sido rescatada. Estoy seguro que su mala suerte en las taquillas se debió en su momento a las maravillosas cintas que se rodaban. Tanta cantidad y calidad serían la causa de este relativo fracaso, porque vista hoy ochenta años después sigue siendo un filme francamente divertido. Hoy que tenemos la oportunidad de acceder a una cantidad de títulos realmente portentosa, podemos poner en duda muchos juicios realizados por los críticos sobre ciertas películas sobrevaloradas y rescatar asimismo otras que se convierten en felices descubrimientos. El Secreto del Candelabro merece seguro estar en esta lista.

 
 
 
 
El argumento (una comedia de espías ambientado en Europa en las postrimerias del siglo XIX) se deba a la por entonces popularísima novelista Baronesa de Orzcy. Esta noble húngara había visto como su padre había perdido su fábrica, destruida durante las revueltas de la turbulenta década de los 60. Emigrados a Inglaterra no lograron posicionarse y Emma empezó a escribir. Su primera novela publicada en  1899 fue precisamente El Candelabro del Emperador, pero el gran éxito le llegaría cuando junto a su marido escribiría una pieza teatral titulada La Pimpinela Escarlata en 1903. El éxito sobre los escenarios propició que trasladara el personaje al ámbito de varias novelas.
Su popularidad aumentó cuando en 1935 Alexander Korda decidió llevarla al cine protagonizada por dos de las estrellas emergentes del cine británico Leslie Howard y Merle Oberon junto al malvado Raymond Massey. Esta fue la razón principal por la que MGM adquirió los derechos de su primera novela en vista del multitudinario éxito que consiguió en el mundo entero las aventuras de Sir Percy Blakeney en plena Revolución Francesa. Además el año anterior 1936 se rodó otra versión de la novel a en Austria.
 
Y es que Hollywood intentaba capturar lo mejor del cine europeo para ponerlo al servicio de su arrolladora maquinaria de entretenimiento. En 1935 también MGM decidió realizar una nueva versión del gran éxito europeo del momento. Se trataba de Mascarada (1934) una producción austríaca dirigida por Willy Forts que consiguió poner de acuerdo a crítica y público. Para lanzar la versión americana se pensó en la pareja de moda del estudio William Powell y Mirna Loy. Pero la actriz en ese momento estaba enfrentada con la productora que no se avenía a mejorar su salario pese a los pingues beneficios que habían reportado sus últimas actuaciones. Sin Mirna Loy en el reparto el estudio estaba barajando varias posibilidades hasta que William Powell pidió expresamente que dieran  una oportunidad a una actriz alemana que había contratado la Metro y que llevaba meses esperando una oportunidad.
 
Se trataba de la alemana Luise Rainer, un descubrimiento del mago de la escena Max Reinhart, bajo cuya batuta había participado interpretando lo más selecto del teatro contemporaneo como O´Neill y Pirandello. También había incursionado en el cine, pero su gran pasión seguía siendo el teatro. Siendo judía el advenimiento del régimen nazi le hizo ver con buenos ojos la oferta que un cazatalentos de MGM le ofreció, siguiendo así el paso de su mentor que también había emigrado a Hollywood contratado por la Warner para poner en imágenes El Sueño de una Noche de Verano de Sakhespeare. Su debut en América sorprendió a todos, la profundidad de su interpretación quedaría reforzada por su segundo filme donde volvía a encontrarse con Powell, se trataba de El Gran Ziegfeld. Su composición de Anna Held pareja durante muchos años del célebre productor resaltaba por encima del gran espectáculo que el filme suponía. Su escena escuchando por teléfono como Ziegfeld le comunica que se va a casar con otra (Billy Burke en el cine Mirna Loy) desprende un patetismo que impresionó a los miembros de la Academia que no sólo la nominaron por primera vez sino que le dieron su primer oscar.
 
 
 
 
 
Al año siguiente repetiría interpretando a una campesina china en la última gran producción de Irving Thalberg "La Buena Tierra" junto al hombre de las mil caras de la Warner Paul Muni. Fue su segundo oscar con tan sólo tres películas rodadas en Hollywood y el comienzo de su declive. Aunque parezca increible a Rainer le pasó lo mismo en MGM que a los Hermanos  Marx, la muerte de su protector Irving Thalberg precisamente durante el rodaje de La Buena Tierra quebró su carrera. El ahora omnímodo director del estudio Louis B. Mayer no estaba interesado en los personajes adultos que Rainer deseaba desarrollar en la pantalla y se vió involucrada en proyectos suntuosos, divertidos, que no acababan de saciar la ambición puramente artística de la actriz. El que ninguno de los siguientes títulos fueran éxitos de taquilla acabó con la rescisión por parte de ambos del contrato que les unía.
 
 
 
 
Fue una lástima para el cine porque Rainer era una actriz fantástica, tanto en el drama como en la comedia, pero ella no se sentía a gusto en ese mundo para ella frívolo. No obstante creo que las películas que rodó son todas de gran dignidad y aunque no colmaran las expectativas artísticas de la intérprete siguen siendo un magnífico ejemplo del cine de diversión  de la época de oro de Hollywood.
 
 
 
 
 
Volviendo a El Secreto del Candelabro, su cuarto filme norteamericano diría que muchas actrices del momento hubieran deseado protagonizarlo, sin ir más lejos a la encantadora Maureen O´Sullivan que aquí realiza un pequeño papel como María la hija de un patriota polaco. Es una pena que su personaje junto al de Robert Young que encarna al hijo del Zar y que son los que comienzan el filme no tuvieran un desarrollo mayor en el filme. Ambos jóvenes y bellos no tuvieron las oportunidades que merecían por su hermosa presencia y su saber estar en la pantalla. A Robert Young se le recuerda principalmente por la romántica Cenizas de Amor de Vidor y Paso del  Noroeste, aunque en esta el auténtico protagonista era Spener Tracy. Con la actriz irlandesa sucedió más de lo mismo. Exceptuando la serie de Tarzán donde creó la Jane definitiva de la pantalla, sus intervenciones en los grandes títulos del estudio fueron en papeles secundarios como en las adaptaciones de David Copperfield y Orgullo y Prejuicio. Actualmente aparte de sus aventuras en la jungla la película por la que más se la recuerda es precisamente la que acababa de rodar antes de la película que hoy nos ocupa, Un Día en las Carreras mi título preferido de Los Hermanos Marx.
El maravilloso vestuario de Adrian y los fantásticos decorados de Gibbons, marca MGM dan el perfecto envoltorio en el que se desarrollan las peripecias de estos espías de altos vuelos. Dos aristócratas, el uno polaco la otra rusa a los que Powell y Rainer dan perfecta caracterización. Ambos actores tan elegantes, vuelven a demostrar la estupenda química que habían tenido en sus dos anteriores filmes. El director era George Fitzmaurice un buen artesano que dirigió dos veces a la Garbo (Mata Hari y Como tú me deseas) que llevo por buen camino este delicioso entretenimiento que a mí me ha hecho disfrutar una buena hora y media. Una burbujeante copa de champán que nos recuerda un mundo ya desaparecido pero al que gracias al cine podemos volver. Volver a Empezar, como el título de Garci a quién entregó precisamente una exultante Luise Rainer el oscar a la mejor película extranjera.
 
 

domingo, 2 de octubre de 2016

Chandú el mago (1932 Fantasía Pre-Code

En una América acechada por la peor depresión económica que había conocido nunca el país, el escapismo ante la cruda realidad originó una edad de oro del cine fantástico y de terror. La radio que se encontraba en una época de gran desarrollo empezó a emitir seriales de aventuras que cautivaron al público de la época. Uno de los más populares  rivalizando con el mítico Fu Man Chu fue Chandú, un aventurero occidental que había aprendido la magia del lejano oriente. El éxito del serial hizo que la Fox compraro los derechos y decidiera poner en imágenes lo que se preveía un éxito seguro. Y es que si la radio daba a sus oyentes la posibilidad de vivir fabulosas aventuras Hollywood no se quedaba atrás.
 
 
Fueron unos años en que el cine escapista no había pasado todavía a ser posesión casi única de las productoras de serie B, en este periodo las Major llevaron a la pantalla películas que sin eludir la más delirante fantasía, utilizaban recursos de gran calidad. Quizás el ejemplo cimero de esto sea King Kong (1933) y la serie de Tarzán  producida por MGM, especialmente Tarzán y su compañera (1934) pero hubo muchas más, por ejemplo en el mismo estudio del león Charles Brabin dirigió La espada de Fu Man Chu (1932) protagonizada por una bella y malvada Mirna Loy y Boris Karloff entonces en la cúspide de su fama.
 
Si Karloff debía su celebridad a los filmes de terror que interpretaba en Universal, el otro príncipe del terror del estudio era sin duda Bela Lugosi. La Fox lo contrató para que interpretara al malvado Roxor un científcico loco que quiere destruir el mundo. Unos años después Lugosi interpretaría al héroe Chandú en  un serial de serie B, pero en la película original el papel recayó en Edmund Lowe, un apuesto y elegante actor que podía dar el halo romántico del que Lugosi carecía. Gracias especialmente al personaje de Drácula, Bela Lugosi ha permanecido en el imaginario del público, mientras que Lowe pese a que nunca dejó de trabajar primero en el cine y luego en la televisión hoy está completamente olvidado. Es el tributo que pagan los actores que brillaron en un cine que rara vez se emite en tv y que unicamente los muy aficionados visionan, aunque afortunadamente hoy se pueden encontrar las más destacadas cintas de su filmografía. Estas son sin duda El precio de la gloria (1926) dónde competía en medio de la gran guerra por el amor de Dolores del Río con el fortachón Victor McLaguen  y En el viejo Arizona donde interpretaba al soldado que intentaba cazar al bandido Cisco Kid en la piel de Warner Baxter. Lowe esta más que correcto en su interpretación a pesar de tener que lidiar con un director de vesturario empeñado en colocarle un enorme Salacott con el que parece que puede sacar un ojo a su bella amada. Os puedo asegurar que yo que me he visto casi todas las películas clásicas de aventuras coloniales, jamás he visto un gorro de explorador de un tamaño tan grande, afortunadamente en otras escenas lleva un turbante bastante más cómodo de llevar.
 
 
 
 
La bella dama nada menos que una princesa egipcia está encarnada por Irene Ware, que había quedado segunda en un concurso internacional de belleza, lo que me extraña es que no lo ganara. Con el dinero que recibió de premió se fue como muchas otras a la meca del cine para intentar ser una estrella. Desgraciadamente las películas que hizo con la Fox en su contrato de dos años exceptuando Chandú pasaron sin pena ni gloria. Luego tras volverse a reunir con Lugosi en El Cuervo, su carrera al igual que la de este acabó en las cintas de serie b, c, o d. Al menos supo retirarse a tiempo y los últimos 53 años de su vida los pasó totalmente alejada del cine. Y es una pena pues tenía condiciones, creo que hubo unas cuantas estrellas de su época que aparte de ser menos bellas heran bastante peores actrices.

 
 
Estupendo como siempre está Herbert Mundin que interpreta al asistente de Chandú. Mundin fue uno de los mejores secundarios cómicos de la época y su película más famosa es Robín de los Bosques (1938) donde al igual que aquí pone la nota simpática. Su papel es el de un borrachín empedernido al que trata de curar el mago haciendo que vea un personaje diminuto igual que el con el que dialoga. Este es uno de los muchos efectos especiales que tiene la película y que están muy por encima de la media de la época. Aquí se ve la mano de William Cameron Menzies co director de la película. Menzies no pasará a la historia como un gran narrador pero si como el más célebre de sus directores de arte. Nadie puede imaginarse El Ladrón de Bagdad en sus dos maravillosas versiones de 1924 y 1940 sin los efectos especiales y la iconografía que Menzies les aportó, y por supuesto su intervención en la película más famosa de todos los tiempos Lo que el viento se llevo. Y es que para hablar de Cameron Menzies necesitaríamos muchos post. Por sólo referirnos a este filme, como antes he aludido os sorprenderá los más que brillantes efectos visuales y agradará los fantásticos decorados que van desde un templo indú, a un Egipto de pura fantasía junto a futuristas maquinas igual de bellamente falsas. De ayuda fue también la intervención del gran cámara James Wong Howe quién ese mismo año creaba uno de sus mejores trabajos en la mítica El Expreso de Shangai y el mago de los efectos especiales Fred Sanders.
 
Mi escena preferida de la cinta es la que se desarrolla en un mercado de esclavos, allí se dispone a ser vendida la sobrina de Chandú por culpa del malvado Roxor. Todo el kistch bien entendido está en esta escena, incluyendo los insinuantes ropajes de las esclavas blancas. En el papel de la joven sobrina impacta el físico de June Lang (entonces todavía June Vlasek su auténtico apellido) en su primera aparición con un papel algo largo después de sus breves momentos en tres filmes anteriores. Si se hubiera rodado  esta escena  dos años más tarde, con el código censor en vigor, hubiera sido bastante más pudorosa. June aparte de sus encantos físicos parecía otra estrella en ciernes pero al igual que con su compañera de reparto por determinadas circunstancias no llegó a alcanzar el tan deseado estatus. Había empezado sobre las tablas de los escenarios con 13 años, aquí sólo contaba con quince, a partir de entonces fue apareciendo en películas bastante populares como Dos Fusileros sin Balas (1935) con Laurel y Hardy y La Mascota del Regimiento (1937) una de las mejores cintas de Shirley Temple donde interpretaba a su madre. En 1938 la Fox la envió a Inglaterra a rodar una película, pero asustada por el ambiente prebélico decidió abandonarla. La productora entonces rescindió su contraro y su reputación quedo malparada. Su boda con un atractivo gangster tampoco contribuyó mucho a que se recuperara su carrera y acabó realizando anuncios para la televisión.
 
 
 
Chicas guapas, momentos divertidos, un malo malísimo...en sus 71 minutos de duración Chandú el Mago nos rescata ese cine inocente y divertido. Unas películas en que los héroes eran capaz de desdoblarse en dos o de apartar una nube para que brille luminosa la Luna sobre la suave noche de Egipto. Para mi ha sido un más que agradable descubrimiento, espero que algunos más se animen en seguir esta deliciosa aventura.
 
June Lang y Helen Ware luciendo el bañador