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lunes, 12 de febrero de 2018

Dinamita (1929) La encrucijada de Cecil B. DeMille




El 2 de Agosto de 1928 Cecil B. DeMille firmaba contrato con Metro-Goldwyn-Mayer. Así terminaba su andadura como director independiente cerca de un lustro. Había salido de las garras de la Paramount de Zukor y ahora llegaba a su nuevo y más directo competidor M.G.M. Pese al rotundo éxito de "Rey de Reyes" finalmente había tenido que dejar sus sueños de independencia. Hoy en día se cree que las películas de DeMille fueron grandes éxitos comerciales. Y realmente si lo fueron pero no en la escala a la que hoy estamos acostumbrados. El antiguo sistema de estudios que poseían una amplia red de teatros propios funcionaba de una manera muy diferente. Las productoras realizaban muchos filmes de bajo coste que eran los que realmente hacían rentables los estudios. Luego venían los filmes de prestigio que aunque por lo general no dejaban déficit tampoco por sus elevados costes podían conseguir grandes ganancias. Eran tiempos en que la televisión no existía y la gente visitaba el cine muy asiduamente gracias a los precios bajos de sus entradas. El mayor problema que tuvo la productora de DeMille es que si observamos los costes de sus películas (no sólo las de DeMille si no la producción total) observamos que el coste de la mayoría de ellas estaba bastante por encima de la media habitual. Esa falta de compensación fue una de las causas principales por las que sus financiadores (Joseph P. Keneddy y la productora Pathé) no siguieran con la aventura. Los taquillazos de DeMille surgirían después de la segunda guerra mundial cuando Hollywood tuvo que enfrentarse a la televisión  utilizando grandes superproducciones. Desde "Los Inconquistables" las cintas de DeMille adquirieron cifras vertiginosas de espectadores, pero esa realidad distaba mucho de la que sufría DeMille casi veinte años antes.
                                            DeMille en el rodaje de Dinamita

Y es que en aquél momento Hollywood se encuentra inmersa en la mayor convulsión de su historia, la aparición del sonido. Lo que al principio se creyó una moda pasajera en pocos meses estaba transformando la industria del cine. La última película que rodara DeMille para su estudio "La incrédula" fue retirada de la exhibición y se le añadieron  unas escenas habladas ya sin la participación de su director. Así que cuando DeMille se dispuso a dirigir su primera película MGM tuvo que enfrentarse con un nuevo medio totalmente desconocido.



Las condiciones con las que el director entró en la nueva compañía se correspondían con el estatus que tenía pese a todo en la industria. MGM  a decir verdad le puso una alfombra roja a la entrada. Su contrato le permitía escoger el argumento que debía rodar y traerse consigo a buena parte de sus colaboradores. Entre ellos figuraba el modisto Adrian quién al contrario que DeMille tendría una larga estancia en el estudio del león. Otro era Mitchell Leisen decorador, modisto y hombre para todo que terminaría volviendo a Paramount con DeMille y convirtiéndose poco después en uno de los grandes directores de las siguientes dos décadas. Y como no estaba Jeannie McPherson, la pareja sentimental más estable del director y su colaboradora de más confianza. Autora de la mayor parte de las historias de sus anteriores cintas, aquí se encargó de elaborar la historia sugerida por hechos reales. Durante la década de los veinte hubo algún caso de condenados a muerte que contraían matrimonio poco antes de ejecutarse la sentencia. En uno de esos casos se halló al culpable y el prisionero fue liberado. Partiendo de esa premisa McPherson  elaboró una historia a caballo entre la comedia y el drama que no difería mucho de las tragicomedias rodadas por DeMille desde los tiempos en que Gloria Swason era su principal estrella. El argumento ´rocambolesco es desde luego lo menos atractivo de la película, con diálogos claramente pasados de moda. La película refleja en su primera parte un mundo que estaba desapareciendo reventado por el crack bursátil acaecido pocos meses después de terminar su rodaje.
 
 


En cambio la película nivela considerablemente la balanza por el moderno uso que hace del sonido. Aunque DeMille, antes de convertirse en director de cine  lo había sido antes de escena no decidió caer en la trampa de teatro filmado en que incurrieron muchas de las primeras cintas sonoras. La pericia de Mitchell Leisen y del nuevo director de sonido de MGM Douglas Shearer consiguieron adoptar medidas imaginativas para combatir el estatismo de la cámara. Esto permitió que la película gozara de una buena realización visual y que se usara el sonido como recurso en varias escenas. La más famosa de ellas es claro está la boda in extremis en la penitenciaria. El preso tras los barrotes, la novia nerviosa y el repiqueteo de los martillos con que se construye la orca. También resuena una lánguida canción de Dorothy Parker que entona un por entonces desconocido Russ Columbo. El cantante no tardaría en ser el más claro adversario de Bing Crosby hasta su repentina muerte en 1934 víctima de un trágico accidente con un revolver.
                                       De Mille con la nueva cámara sonora en Dinamita

                              De Mille en el set de Dinamita con Kay Johnson y Charles Bickford

El reparto de la película era algo fundamental. Como bien se sabe el nuevo medio hizo que muchas carreras fueran a pique ya que su voz no se adaptaba a los primitivos micrófonos de la época. El departamento de sonido se convirtió de un día  para otro en un deambular de viejas y nuevas estrellas enfrentadas al veredicto inmisericorde del micrófono. De repente los teatros de Broadway fueron tomados al asalto por los cineastas en busca de nuevas voces que además supieran decir bien un diálogo. De esta nueva hornada de estrellas llegaron dos de los protagonistas del filme Charles Bickford y Kay Johnson. Ambos habían tenido un destacado debut en el teatro y como tantos otros se aventuraron al nuevo medio. Charles Bickford en un principio pensó que no congeniaría con el autócrata DeMille. Invitado nada más llegar a Hollywood al rancho de este en su fiesta de año nuevo le pareció un semental rubicundo rodeado por sus adoradas féminas que le rendían pleitesía. Pero esta opinión cambió cuando en el set de rodaje pudo trabajar muy a gusto con el director. Cuatro años después volverían a coincidir en "La juventud manda" donde Bickford interpretaba a un gangster. Su aspecto rudo bastante apropiado para interpretar al íntegro minero falsamente acusado se adaptaba bien a las características de Bickford que tendría una larga carrera como actor de carácter.
 
 

En cuanto a Kay Johson su periplo en el cine fue mucho más corto. Casada con el director teatral y luego cinematográfico John Cromwell, pese a su lucido debut en "Dinamita" y a dos primeros años involucrada en películas de calidad como la delirante "Madame Satan" también de DeMille vio como su carrera caía rápidamente en picado. La causa fue seguramente el aluvión  de nuevas estrellas que se ganaron rápidamente el cariño de la audiencia como Claudette Colbert o Bette Davis. Con esta última y dirigida por su marido Cromwell, Kay Johnson realizaría su última interpretación de mérito en la pantalla en "Cautivo del deseo" en 1934. El tercero en discordia del reparto Conrad Nagel llevaba ya años siendo un atractivo galán del cine silente. Con el advenimiento del sonoro su carrera ya no tuvo el mismo brillo pero fue prolongada hasta terminar igual que Bickford en la televisión. De maneras elegantes Nagel es el contrapunto perfecto en una relación sentimental que no es un trío sino un  cuarteto. Tratándose de DeMille lógicamente las cosas tienen que ser a lo grande. Para interpretar a la segunda dama de sociedad después de Johnson el director hizo un exhaustivo casting entre las que estuvo la luego famosa Carole Lombard. Pese al buen ojo clínico que DeMille tenía para las estrellas en este caso falló y no acabó de convencerle la prueba que hizo a Lombard que sería muy poco después una de las mejores actrices de comedia de la época. Su elección fue Julie Faye una ya talludita actriz que había comenzado con DeMille en la década de los diez y sería una de sus amantes oficiales. La mayor virtud de Faye eran sus hermosas piernas, tal era el caso que muchas veces doblada a estrellas menos agraciadas. La actuación de Julia Faye es la más floja del cuarteto protagonista aunque resulta simpática su presencia. En la película también encontraremos como amante de Faye a Joel McCrea en uno de sus  primeros películas antes de convertirse en uno de los galanes preferidos de la época, en 1939 ya convertido en una estrella rodaría con DeMille la excelente Unión Pacific. Para terminar este repaso al reparto del filme decir como curiosidad que las dos estrellas masculinas del filme Nagel y Bickford compartieron cartel con Greta Garbo. Por su aspecto es lógico que mientras las cintas coprotagonizadas con Nagel El Beso y La Dama Misteriosa son muy románticas la cinta que Garbo realizó con Bickford "Anna Crsitie" sea desgarradamente naturalista.
                                                      Joel McCrea en el filme

                                                      Las famosas piernas de Julia Faye

Como era costumbre DeMille rodó también una versión muda algo mucho más habitual de lo que la gente cree. En aquel momento muchos cines de pequeñas localidades todavía no estaban equipados para el cine sonoro. Esto unido a una apendicitis que sufrió Kay Johnson hizo que el rodaje se demorara un poco mas de lo previsto.  Hoy vista casi noventa años después de su realización continua siendo entretenida pese a sus más de dos horas de metraje. Los vestidos de Adrian junto a los decorados de Mitchell Leisen le confieren un glamour especial. Maravillosa esa bañera de cristal con difusor para sales de baño y es que las bañeras siempre fueron importantes en las películas de DeMille desde los tiempos de la Swason. Un mundo tan irreal como maravilloso. Las creaciones de DeMille siempre son interesantes y nos transportan a un  mundo que  nunca existió...salvo en los estudios del Hollywood dorado.

                                                       La famosa bañera de cristal


miércoles, 9 de septiembre de 2015

Trafalgar (1929) El final de una época

 
 

       Acabo de ver “Trafalgar” curioso título español para “The divine lady”, parece que  los distribuidores de la época pensaron que para el público español era más familiar el nombre de la batalla naval, que los amores de Eva Hamilton y el Almirante Nelson.

 

       Tampoco hacía demasiado tiempo que había revisitado la versión de Korda con Vivien Lehig y Laurence Oliver, así que me resultaba estimulante visionar este filme, del que tuve noticia hace más de una década de la manera más extraña.

 
 
 
Página del catálogo de Odeón de Julio de 1930 donde se anuncia la versión de Marcos Redondo
 

       Resulta que soy un gran aficionado a la ópera y la zarzuela, sería el año 2.002 cuando adquirí un estuche de cinco cd´s dedicado al insigne barítono Marcos Redondo. El último de ellos venía dedicado a canciones populares, algunas de ellas provenían del cine, entre ellas estaba Divina mujer de Trafalgar, aunque a decir verdad no indicaba el estuche que perteneciera a la banda sonora de algún filme. Ese fue mi primer contacto con esta película.

 

       Por cierto que esta versión originalmente se encuentra en la sección titulada: “Películas sonoras”, Divina mujer de Trafalgar ocupaba la cara A de uno de los discos, siendo la cara B la popular canción Pagan love song aquí convertida en “El pagano de Tahití”, tal como refleja el catálogo de Odeón de julio de 1930.


 
       Aunque estaba catalogada en esa sección, donde también aparece otro título mucho más conocido como es “El desfile del amor”, Trafalgar, no es realmente una película con diálogos, pertenece a ese género de filmes que se realizaron en los inicios del sonoro,  que cuenta sólo con partitura y efectos sonoros más algunas canciones.



       Una experiencia de transición pero que en poco más de dos años dio como fruto filmes tan maravillosos como Amanecer, El séptimo cielo y Soledad por poner sólo algunos ejemplos. Mucho menos conocida que estos, la película que hoy nos ocupa es un título más que estimable, realizado a mayor gloria de una de las actrices más populares de su época.

 
Fotografiada por el gran Edwin Bower Hesser
 

       Aunque hoy está totalmente olvidada Corinne Griffith, fue una de las mayores estrellas del cine mudo. Tenía una legión de admiradores y todo el mundo resaltaba su belleza. Pero el no  haber participado en ninguna película memorable del periodo silente le ha llevado al más injusto de los olvidos. Porque Corinne no era sólo una cara bonita, era una actriz diferente en muchos aspectos, tanto por su modesta forma de vida, como por el cuidado y control que tuvo de su carrera.

 
 

       King Vidor recordaba en su autobiografía como conoció a la luego famosa estrella, en un popular balneario de Texas, el estado natal de ambos. Allí comenzaron a hablar de su afición en común por el mundo del cine, en un futuro los dos serían primeras figuras de esa nueva industria que iniciaba sus primeros pasos.

 
 

       Con todo fue Corinne la primera en llegar a Hollywood, en esa época de continuos cambios, donde predominaban las cintas de dos bobinas y cuyo mayor exponente era D.W. Griffith de quién Corinne adoptó su apellido de estrella. Poco a poco fue escalando la cumbre hasta convertirse en la máxima estrella de la Firts National en 1923.

 
 

       Mientras otros actores se compraban mansiones de gran lujo y llevaban una vida tan extravagante como onerosa para sus finanzas, Corine se limitó a adquirir una estupenda casa en Hollywood, cómoda y elegante pero razonablemente cara. Su modo de vida, carente de excentricidades le permitió ir acumulando una fortuna en bienes raíces, la cual siguió aumentando una después de su prematura retirada del cine.
 

 

       Otra de sus características, fue el control que tuvo una vez llegado al estrellato sobre su carrera. No sólo tenía voz y voto sobre el tema, director y reparto de sus películas, también asistía a las proyecciones diarias sobre el material filmado y podía opinar sobre el montaje final.




       Ese afán de perfeccionismo, derivaba en ocasiones en una actitud colérica, seguramente esa sería la razón por lo que se decidió encargar a Frank Lloyd la dirección de la película. Pues una de las virtudes del realizador era conseguir domesticar a sus estrellas. Se cuenta que sin él, hubiera sido imposible rodar “Rebelión a bordo”, debido a la mala relación que existía entre los dos actores protagonistas, Charles Laughton y Clark Gable. Ese clásico de 1935, sin duda su filme más famoso, tiene en común con Trafalgar el épico mundo del mar. Otra de sus especialidades, filmar batallas marítimas como ya demostró en la adaptación muda de “El halcón del mar”.

Frank Lloyd durante el rodaje del filme
 

       Las principales virtudes del filme, son por un lado la excelente interpretación de Corinne Griffith, tanto en las escenas más divertidas como en las románticas, un idilio bellamente fotografiado por John F. Seitz, en la primera de sus siete nominaciones a este galardón nunca concedido y eso que fue el responsable de filmar las primeras obras maestras de Billy Wilder durante su etapa en la Paramount incluyendo la mítica “El crepúsculo de los dioses”. Seitz que se había hecho un nombre al principio de la década, gracias a su colaboración con el gran Rex Ingram, culminaba su etapa muda con este título que es una magnífica muestra del extraordinario nivel que había alcanzado el lenguaje del cine.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

       El historiador cinematográfico Anthony Slide, autor del único libro dedicado a Frank Lloyd del que tengo conocimiento, considera a “Trafalgar” como su mejor obra, destacando además de la lírica emanada de su protagonista, el virtuosismo técnico del que hace gala, prodigándose en movimientos de cámara y excelencias de montaje, que se utilizan al servicio de la narración, no como un ejercicio de megalomanía. Pues Lloyd era un hombre sencillo, que huía de la publicidad, puede que esa humildad sea una de las causas por las que su figura no obtenga la rehabilitación que si han tenido otros colegas de menos méritos.

Frank Lloyd recibiendo su primer oscar
 

En esta película Lloyd recibió su primer oscar al mejor director, luego lograría otra estatuilla por “Cabalgata” que también sería galardonada como la mejor película dos años, al igual que Rebelión a bordo. Pero hoy os invitaría a que conocierais esta bella película, que cuenta además de Corinne Griffith con la participación de dos estupendos actores como Marie Dressller y H. B. como la madre y el esposo de Emma Hamilton. También me parece estimable la actuación de Victor Varconi, quien interpreta a Nelson. Varconi precisamente había sido Pilatos en Rey de Reyes donde Warner interpretaba a Cristo. Este actor nacido en la actual frontera entre Hungría y Rumanía, había triunfado en el cine austríaco antes de que DeMille le trajera a Hollywood.

Marie Dresller
 
H. B. Warner
 
Victor Varconi
 

Mientras H. B. Warner seguiría trabajando habitualmente durante el nuevo periodo de cine sonoro y Marie Dressller llegaba incluso a ser cabeza de cartel, las estrellas de la película Corinne Griffith y Victor Varconi, quedaran arrinconados como vestigio de una época pasada. Pero la magia del cine les da de nuevo vida y uno no puede menos que emocionarse cuando escuchamos a Corinne, cantar con triste voz Loch Lomond mientras Victor se aleja en busca de su destino.

 
 
 

jueves, 12 de febrero de 2015

Monte Cristo (1929) El talento de Henry Fescourt


 
 
 
 
 

       Como era norma en aquella época, las grandes novelas que gozaban del favor del público, pronto eran adaptadas para representarse en los escenarios. “El Conde de Montecristo”, la popular obra de Dumas, no podía escapar a la moda. Tres décadas después de que fuera escrita, un joven y apuesto actor irlandés James O´Neill (padre del famoso dramaturgo Eugene) empezaba a representar con gran éxito el personaje de Edmundo Dantés. Fue tal la acogida, que pasó las siguientes décadas volviendo a interpretar al mítico conde, hasta superar las 6.000 representaciones. En 1912, el productor Adolph Zukor consiguió convencerlo para que lo interpretara en el cine. El actor que contaba con sesenta y cinco años, no consiguió el mismo efecto ante la cámara cinematográfica y la cinta estrenada casi con un año de retraso, no alcanzó el éxito deseado.
 
 

       Pese a ello no era la primera adaptación llevada al cine, ya en 1908 y 1912 la productora Sellig había rodado dos versiones abreviadas del relato y seguramente habrá otras que desconozco filmadas en los rincones más inauditos del planeta, tal era y es la fama de esta novela. En 1918 se rueda en Francia la hasta entonces, aproximación más seria a la obra. Mediante 15 capítulos producidos por Pathe, asistimos a una versión bastante integral de esta. Su director Henry Poctual , sacó adelante el proyecto pese a contar con un presupuesto bastante modesto. Como dato más curioso anotar que originalmente el protagonista del filme iba a ser Jean Angelo, que fue llamado a filas y sustituido por Léon Mathot. Diez años más tarde Angelo,  ya convertido en una estrella, sería el protagonista de la versión que hoy nos ocupa.

Anuncio brasileño de la versión francesa de 1918
 

       En 1922 la Fox Film rueda la primera versión hecha en Hollywood. Su protagonista un joven John Gilbert, en su quinta película para la productora que pretende hacer de él un nuevo Valentino. Durante muchos años considerada perdida, su visión en la actualidad me ha decepcionado bastante. Es obvio que Gilbert mejoró considerablemente su actuación gracias a la experta mano de Victor Sjostrom y King Vidor. Aquí especialmente en su primera parte, lo vemos bastante exagerado en su interpretación del prisionero del castillo de Iff. Con todo es una producción agradable, con suntuosos decorados y lujoso vestuario, que incluye un final feliz entre la pareja protagonista de Edmundo y Mercedes, diferente del de la novela.

 
John Gilbert en la versión de 1922
 

       Ese falso “Happy end” tan propio del cine de Hollywood, ha sido por desgracia habitual en  numerosísimas adaptaciones, desde la protagonizada por Robert Donat en 1934, hasta la miniserie con Gerard Depardieu. Una de las pocas que respetan el final de la obra, es la versión mexicana de 1941, con un Arturo de Córdova en plenitud. Y por supuesto esta maravillosa película francesa rodada a caballo entre 1928 y 1929, que tanto me ha  impresionado.

 

       Al frente Henry Fescourt, un talentoso director francés, cuya obra vuelve a ponerle en el lugar de honor que merece. Rebuscando en antiguas enciclopedias del cine, no encontré la más mínima referencia a este gran narrador, mientras detallaban con todo lujo de detalles la trayectoria en el cine mudo de Renoir y Clair, cuyas obras en ese periodo distaban mucho de ser perfectas, o el tedioso Abel Gance, cuyas películas son poco digeribles para un espectador normal. Afortunadamente Fescourt, parece que vuelve a estar de moda, como en aquellos años veinte, cuando sus películas causaban sensación.

El asesinato del Duque de Guisa de 1908
 
 

       Durante muchos años Fescourt ha sido reconocido más como teórico del cine, o memorialista. Las páginas de Le foi et les montagnes, son un relato en primera persona de los orígenes del cine francés. Aunque descubrió el cine en un burdel en 1902, empezó a interesarse por el nuevo medio tras asistir a una proyección de “El asesinato del Duque de Guisa”, una nueva experiencia de trasladar temas complejos al cine, con la novedad de una partitura musical escrita exprofeso para el filme obra del prestigioso Camille Saint-Saëns.

 
Edmundo Dantés a punto de ser prendido en la versión de 1929
 
 

       Sus inicios en el cine fueron en la empresa Gaumont, que comandaba  Louis Feuillade. Auténtico titán de esa primera época en el cine, Feuillade, también había empezado como periodista al igual que Fescourt, que comienza a realizar varios guiones para la compañía hasta ser elevado en 1912 a la categoría de director. En su aludido libro de recuerdos evoca al patrón de la compañía León Gaumont, enfadándose cuando por equivocación se filmaba un plano medio, o un primer plano. Muy enfadado bramaba: “Sabed que las cabezas no caminan solas”.

Mathias Shandorf el primer gran éxito de Fescourt
 

       En este medio en continuo cambio, Fescourt va filmando sus primeras obras, comedias cortas en su mayor parte. Al año siguiente rueda sus dos primeros seriales, La Marquise de Trévenec y La mariquita, ambas en cinco partes. Es la edad de oro, un género el del cine por capítulos de quien es máximo exponente Feuillade, autor de los populares Fantomas y Judex. En Norteamérica el serial más popular fue sin duda “Los peligros de Paulina”. Al igual que su mentor Fescourt será llamado a filas, pero mientras Feuillade vuelve pronto al cine, incapacitado para el servicio activo, Fescourt pasará prácticamente toda la guerra. Cuando regresa, empieza un filme con la prestigiosa compañía Le filme d´art titulada “Un toast a la lune” que queda inacabada.

Carteles alemanes de la película
 
 

       Dos años después conocerá a Louis Nalpas, un productor radicado en Niza, que será fundamental en su carrera. Nalpas que lleva en el cine desde 1912, apoya a Fescourt para que ruede una adaptación en 9 episodios de la novela de Verne “Mathias Sandorf” donde el propio Nalpas ejercerá de montador. El serial tiene una gran acogida, lo que da impulso de nuevo a la carrera de Fescourt, quien por otro lado sigue aportando textos sobre teoría cinematográfica. Ese mismo año 1921 viaja a Italia donde rodará “La bambola del Miliardario”.

El imponente Castillo de Iff
 
 
 

       “Rouletabille chez les bohémiens” otro serial de diez episodios, basado en la novela de Gaston Leroux, utilizará con amplitud los paisajes de la Costa Azul, como en Mathias Sandorf empleara los de la Provenza. Un rodaje en exteriores poco habitual en la época y que se convertirá en santo y seña del cine de Fescourt. “Mandrin caudillo de leyenda” será su segunda producción con Nalpas, en ella también se reencontrará con un viejo amigo de los tiempos de Gaumont, el escritor Arthur Bérnede creador del personaje de Judex y autor de novelas de misterio de éxito. Será el último serial de Fescourt, en esta ocasión ocho capítulos.

 

       Tras dirigir dos largometrajes, en 1925 emprenderá  junto a Nalpas y con guion de Bérnede, la película por la que es más recordado “Los miserables”. Empleando más de seis horas divididas en cuatro partes, recreó para muchos críticos la novela de Victor Hugo con gran sensibilidad y pulso narrativo. Fue una epopeya el rodaje, utilizando en multitud de ocasiones las auténticas localizaciones descritas por la novela. Pese a los problemas de financiación, finalmente pudo llevar a cabo esta monumental obra de arte que acaba de ser restaurada.

 
Jean Angelo de Edmond Dantés a Conde de Montecristo
 

       Pasaran otros tres años, con filmes que tienen una buena acogida, pero Fescourt desea volver a realizar otra gran epopeya como su aclamada “Los miserables”. Así que vuelve a reunirse con Nalpas, para realizar este magnífico Monte Cristo. Utilizando estupendos escenarios naturales y suntuosos decorados, supo mover la cámara con gran sencillez no exenta de virtuosismo, como en la magnífica escena de la ópera. Puede que al público español choque la representación de una colonia catalana de la que son naturales Mercedes y Mondegó, más parecida a un tablao flamenco, pero ya sabemos que para los espectadores internacionales, España es Andalucía. No obstante ese momento folklórico está rodado con gracia y riqueza de medios. También contiene momentos de gran  intensidad dramática, como el asesinato del joyero, donde la influencia del cine expresionista alemán es evidente. Pero quizás lo más brillante son esos rápidos flas-back que por momentos vienen a los personajes, unos pocos segundos montados vertiginosamente que nos hacen recordar instantes claves de la historia.

 
 
La excelente ambientación de la película
 
 
 

       La mayoría del reparto se adapta con pasmosa naturalidad a la sustancia de sus personajes. Encabezándolo estaba Jean Angelo, al quien mencionamos al principio de la entrada, quién en un principio iba a protagonizar la versión estrenada en 1918 y que su intervención en la gran guerra cercenó. Angelo que llevaba desde 1908 en el cine, ya había protagonizado para 1910 un Fra Diavolo donde exponía sus virtudes de galán. Pero sería la exitosa cinta de Feyder “La Atlántida” quien le catalpultará a la fama. A partir de entonces su nombre se hará popular en toda Europa, rodando filmes también en Austria y Alemania. Su caracterización de Edmundo Dantés sorprende por la complejidad que imprime al personaje, desde el joven enamorado del principio, al hombre amargado en que se convierte. Todo ello sin aspavientos, contenido pero con una pasión interior que desprende su presencia. El momento del final de la primera parte, en que después de la sorpresiva llegada del bergantín Faraón, queda solo sentado en una roca rumiando su venganza, tras lo que abandona la pantalla, es fantástico.

 
Lil Dagover de Mercedes a Condesa de Morceff
 

       Otro actor que ralla a gran nivel es Gaston Modot, secundario de lujo del cine francés, actuó bajo las órdenes de cineastas tan conocidos como Buñuel, Renoir o Carné. Su Fernand Mondego no es el de un villano unidimensional al uso. Henri Debain que tendrá una larga carrera en el cine, ya había trabajo con Fescourt en dos de sus grandes filmes de la década de los veinte: Les Grands y Un fils d´Amérique, su caracterización del borracho Caderousse es asimismo notable. En cuanto al reparto femenino, al igual que en la novela sus intervenciones son de menor relieve. Interpretando a Mercedes tenemos a Lil Dagover, una auténtica diva del cine alemán que ya había intervenido en el cine francés, con una amplia carrera que se extendió  hasta un año antes de su muerte a los 93 años. Uno de sus primeros papeles protagonistas fue en el famoso filme “El gabinete del Doctor Caligari” apareciendo también en películas de Lang y Murnau. Su composición de Mercedes es mucho menos ñoña de lo habitual, acorde con la madurez de la película. En el papel de la esclava griega Haydée, cumple Tamara Stezenko una bella actriz de la que no se supo más. Marie Glory otra actriz francésa de amplio recorrido, supo encarnar brillantemente a la juvenil hija de Villefort.

Tamara Stezenko
 
 
 
Marie Glory
 
Jean Toullon como Monsieur de Villefort
 
Bernhard Goetzke como el Abate Faría
 
 



       La película fue un gran suceso, pero era el canto del cisne del cine mudo francés. Las películas habladas estaban a la vuelta de la esquina, un sistema al que su director no acabo de acoplarse. Lo mismo sucedió con su protagonista Jean Angelo, que moriría muy poco después en 1933 tras protagonizar una nueva versión de la película que lo convirtió en estrella“La Atlántida”. Fescourt casi le sobreviviría tres décadas, dedicadas al magisterio con alumnos tan brillantes como Alain Resnasis. De él dijo  François Truffaut, que su curiosidad no tenía límites, siempre abierto a la novedad. Como novedad para el público del siglo XXI es este  maravilloso filme que viene a reivindicar a su director como uno de los grandes maestros del cine galo.


 
 
La revista francesa Cine Mirois dedicó su portada a la película
 
 
 
AQUÍ TENÉIS UN EXTRACTO DE LA PELÍCULA CON LA
ESCENA DEL BAILE DE LA ÓPERA
 
 
 
                                              https://www.youtube.com/watch?v=oFFLHqtawn0