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jueves, 7 de septiembre de 2017

Predilección (1946) La Malquerida.



A veces se realizan juicios demasiado drásticos y si hablamos de películas entonces como las pobrecitas no se pueden defender, vamos con toda la saña y en ocasiones sin razón. Yo creo que las acerbas críticas que recibe esta película son desproporcionadas. Como veis después del filme de Mann del anterior post, sigo con mi política reivindicativa de películas en mi opinión injustamente masacradas por la crítica.
 
 
 
 

"Predilección" es un biopic sobre la familia Bronte, especialmente en las dos hermanas más famosas: Emily y Charlotte. Sus dos novelas más conocidas Cumbres Borrascosas y Jane Eyre ya habían sido llevadas al cine. De Cumbres Borrascosas existía una prestigiosa versión británica realizada en 1920 por los actores más populares en aquel momento de las islas y muy recientemente la producción de Sam Goldwyn dirigida por William Wyller que se convirtió en uno de los grandes éxitos de ese 1939 memorable para Hollywood.  De Jane Eyre que siempre fue una novela menos valorada por la crítica, pero más popular se hicieron muchas versiones en el periodo mudo ya desde sus inicios y había tenido una versión sonora en 1934 de serie B de tan sólo 62 minutos producida por la Monogram. Además justo cuando Warner rodaba Predilección, la Fox estaba a punto de terminar los preparativos de la maravillosa versión dirigida por Robert Stevenson que aquí se estrenó con el título de Alma Rebelde.

Si en las últimas adaptaciones de las novelas se contó con un reparto estelar (Laurence Olivier y Merle Oberón y en Jane Eyre : Joan Fontaine y Orson Welles) no quiso la Warner quedarse atrás juntando a dos de sus principales estrellas femeninas al frente: Olivia de Havilland e Ida Lupino. La biografía al estilo Hollywood de personajes históricos siempre fue uno de los puntos fuertes del estudio. Eran una manera de dar una pátina de respetabilidad a una compañía que era famosa en gran parte por producir los violentos filmes de gangster que hoy conocemos como sinónimo de Warner. Primero con el británico George Arliss y sobre todo con Paul Muni figuras como Disraeli, Louis Pasteur, Emile Zola y Benito Juarez se presentaron ante el gran público con biografías más o menos "basadas en hechos reales" como dicen los monótonos telefilmes que ponen los fines de semana. La moda llegó al punto que hasta MGM por una vez copiara a Warner en su biopic sobre Madame Curie a mayor gloria de la pareja del momento Greer Garson y Walter Pidgeon (Los Minniver).

 
 
Las tres hermanas Bronte. Además de Olivia e Ida la tercera Anne fue interpretada por Nancy Coleman

El encargado de la dirección fue Curtis Bernhardt quién como muchos otros judíos alemanes se asentó en Hollywood. Como la mayoría de los directores teutones tenía fama de dictatorial teniendo sus mas y sus menos con Olivia de Havilland quien parecía estar en permanente lucha con Ida Lupino. Ambas querían ser las reinas del espectáculo, mientras el pobre Paul Henreid intentaba capear el temporal lo mejor que podía. Para Olivia su papel de Charlotte Bronte sería el último en Warner, estaba decidida a abandonar el estudio y esa puede que sea la causa de que su actuación no sea tan redonda como acostumbra. Una vez acabado el rodaje la actriz dio por terminado su contrato con Warner. Pero la productora respondió que el tiempo que esta había estado de baja no computaba así que tenía que hacer por lo menos una película más. Olivia se negó y llevó a Warner a los tribunales. Tres años estuvo sin trabajar, pero la valiente actriz no se arredró y consiguió ganar el juicio. La sentencia que se conoce como "La Decisión de Havilland" fue el primer golpe que recibieron los estudios por sus abusivas prácticas en los contratos y sentó un precedente vital para las futuras relaciones de las estrellas y los estudios de Hollywood.

Esa debió ser la causa por la que la película tardó tres años en estrenarse. La Warner no tenía ninguna gana de publicitar un filme de una estrella que estaba difamándoles. Justo se estrenó menos de un mes después de "La vida íntima de Julia Norris" de Mitchell Leisen producida por Paramount con la que Olivia ganaría su primer oscar. El éxito que logró este filme también ayudó a eclipsar "Predilección" pese a ser un filme más que digno.

Por un lado tenemos la eficiente dirección de Bernhardt quién tenía bastante más talento que lo que habitualmente se dice. Experto en el melodrama, a mi me gusta bastante otro biopic que rodó años después en MGM sobre la cantante de ópera Marjorie Lawrence con unos estupendos Eleanor Powell y Glenn Ford. El director alemán consigue hacer fluido el guion de Keith Winter y que no pese el metraje de la película. Otro de los puntos fuertes de la película es la estupenda fotografía de Ernest Haller uno de los grandes de la época clásica de Hollywood. Especialista en la fotografía en blanco y negro curiosamente el filme por el que es más reconocido es Lo que el viento se llevó paradigma del Technicolor. Es una producción cuidada tanto en vestuario como en decorados y con una brillante partitura de Erich Wolfang Korngold que nos muestra al estudio en su mayor momento de apogeo.




Ya hemos comentado que la actuación de Olivia de Havilland  no está entre las mejores de su carrera, en parte también a que la mayor carga dramática reside en el personaje de Emily Bronte, la más rebelde de las hermanas donde Ida Lupino tampoco es que esté especialmente brillante pese a contar con unas escenas oníricas en las que esté realmente bella. Serán dos caballeros los que eleven el nivel de actuación del filme y claro está que no nos referimos al coprotagonista Paul Henreid que interpreta al pastor anglicano ayudante del padre de las Bronte, con su pesadez acostumbrada. Por lo general suelo ser muy benevolente en mis juicios pero es que no puedo con este actor.




A quién aludía resaltando su trabajo es en primer lugar a Arthur Kennedy que en el papel de Branwell el hermano alcohólico de la  familia Bronte consigue tratar con mesura un personaje tan proclive a los excesos. Incluso llega a dejar un poso de dignidad en un sujeto desde luego poco recomendable. Para entonces Kennedy ya atesoraba un puñado de buenas interpretaciones en el cine de donde había venido desde Broadway gracias a su amigo James Cagney. Luego después de volver de la guerra el actor seguiría teniendo presencia tanto sobre las tablas como en la pantalla. Hoy en día su papel más recordado puede que sea el de reportero americano en Lawrence de Arabia.







Pero sobre todo si esta película merece ser vista es por la actuación  de   en uno de los escasos papeles de época que hizo. Llevaba casi cuatro décadas sobre los teatros más importantes de Londres y Nueva York cuando John Huston lo convenció para que debutara en su primera película como director "El halcón maltés". El orondo intérprete británico contaba con 62 años y una salud precaria pero en menos de una década supo crear magníficos personajes en la pantalla. Aunque mucha menos conocida que sus interpretaciones en la anteriormente aludida "El halcón maltés" y "Casablanca" la encarnación que aquí realiza de William Thackeray es genial. No se me ocurre a nadie mejor para recrear al exquisito escritor.

Los mayores palos que los críticos dan a esta película es su poca verosimilitud histórica. Es cierto pero ese es un mal que tienen la mayoría de películas de este estilo realizadas en la época. No quiero dar ejemplos, pero hay muchos filmes bastante más fantasiosos que este sobre personajes célebres. Es muy probable que la familia Bronte de Hollywood tenga muy poco que ver con la que vivió en los páramos ingleses del siglo XIX, aunque a decir verdad se trataba de personajes tan peculiares que hasta los más metódicos investigadores no han podido dar con una imagen realmente fidedigna de las célebres escritoras, son más las conjeturas que los hechos probados que circulan sobre su vida y sus auténticos sentimientos. Yo la verdad es que pasé un rato muy entretenido viéndola. Considero que es una película muy digna y menos acartonada que otros melodramas de época. Tan falsa como son los sueños de Hollywood...Sueños que prefiero a las pesadillas.


 

sábado, 28 de junio de 2014

Días sin vida. El último amor de Scott Fitzgerald

         La primera vez que tuve la oportunidad de leer a Scott Fitzgerald, fue en una recopilación de cuentos titulada “El precio fue demasiado alto”. En el prefacio el autor de la compilación, afirmaba que el exceso de producción de relatos, para mantener su tren de vida, había terminado por minar al talentoso escritor. El y su esposa fueron dos glamurosos personajes cuya fama excedía el ámbito de la literatura. El matrimonio Fitzgerald era una auténtica celebridad en aquel París de los años veinte, igual que Oscar Wilde había epatado a la sociedad europea a finales del siglo XIX.
 
 
 

         Todo eso se rompió cuando Zelda tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico y el mundo de Scott se desmoronó. Urgido por los problemas económicos marchó a Hollywood donde podría ganar dinero como guionista. Es en ese preciso momento de su vida, cuando mermadas sus capacidades por su adicción al alcohol, entra en escena Sheilah Graham, una escritora inglesa especializada en difundir chismes sobre los famosos.
 
         Aquí comenzaría la acción de la película de Henry King, un director que estaba al final de su carrera que terminaría con la figura de Fitzgerald. Aquí contaba su vida y en su siguiente y último trabajo adaptaría una de sus mejores novelas “Suave es la noche”. La acuciante necesidad de fondos por parte del escritor le hizo vender casi inmediatamente los derechos de sus novelas y relatos al medio cinematográfico. Ya en 1926 solo un año después de publicada, Paramount produjo la primera versión de “El gran Gatsby” con Warner Baxter como protagonista. Uno de los más famosos filmes perdidos.
 
         Pese a todo este pórtico glosando la vida de Scott Fitzgerald, lo cierto es que “Días sin vida” es en esencia un melodrama romántico, género donde se había especializado Jerry Wald. El productor que había comenzado con duras cintas al servicio de Bogart, Cagney  y Bette Davis durante su estancia en la Warner, había tenido sus más aclamados éxitos produciendo una serie de brillantes melodramas en Technicolor y Cinemascope en la Twenty Century Fox. Con libertad total por parte del estudio, sus películas entre ellas títulos tan famosos como “Tu y yo” y “Vidas borrascosas” eran la respuesta de la Fox a los melodramas que realizaba en Universal el genial Douglas Sirk.

         Esta apuesta decididamente sentimental, hizo que el proyecto pasara de puntillas, por la actividad creativa de Fitzgerald, centrándose como he dicho en la relación sentimental entre Graham y el afamado escritor. Para encabezar el reparto se eligió a dos de los actores más famosos del momento, obviando el nulo parecido físico con los personajes reales. Lo cierto es que tanto Gregory Peck como Deborah Kerr están muy convincentes en sus respectivos papeles. Tanto en las escenas más relajadas, bordeando la comedia, como en las más dramáticas originadas por las crisis alcohólicas de Scott, ambos mantienen su nivel. Peck incluso está muy gracioso, cuando empieza a lanzar su verborrea de borracho y Kerr luce espléndida en las luminosas escenas de la playa de Malibú.
 
         Eddy Albert raya a gran altura en el papel de Bob Carter, un remedo del personaje real Robert Benchley, estilizado escritor humorístico que alcanzó cierta fama con sus cortos de Como….(Como comportarse, Como pasear un perro, Como dormir) que se han convertido en clásicos. En el filme intenta mostrar una manera muy especial de como abrir una lata. Albert ya había coincidido con Peck en una de sus películas más exitosas “Vacaciones en Roma” donde interpretaba a Irving Radovich su inseparable amigo fotógrafo.
 
 
         La excelsa fotografía de Leon Shamroy junto a la brillante partitura de Franz Waxman, contribuyen al impecable acabado del filme. Un hermoso melodrama que se ve con agrado, ideal para las calurosas tardes de estío.
 
 
 

viernes, 4 de abril de 2014

Madame Curie (1943) Un gran director junto a una pareja de leyenda

 

Uno de mis directores favoritos, que intervino en películas capitales de la historia del cine, y al que todavía no se le ha reivindicado como merece es Mervin LeRoy. Para muchos sigue siendo un auténtico desconocido, pese a que lleven su firma filmes tan imprescindibles como “Hampa dorada” que elevó al status de estrella a Edward G. Robinson, “Soy un fugitivo” uno de los títulos más pesimistas del Hollywood de la época, “El puente de Waterloo” quintaesencia del cine romántico (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/12/el-puente-de-waterloo-1940-el-vals-de.html) y la inolvidable y fastuosa Quo Vadis?

En su reciente libro “ Mervin LeRoy y Lewis Millestone, cine de variedades vs. de trinchera” su autor Fernando R. Genovés, pone en solfa la aptitud para la comedia del director, que aparece hasta en los momentos más insospechados. Una aguda reflexión a la que me adhiero pues en no pocas ocasiones, ese innato instinto del director se cuela hasta en los títulos que a  priori pueden resultar menos propicios.
 
Y eso pasa en buena parte del metraje, de  esta fantástica biografía de la gran investigadora polaca. Los recuerdos que guardaba de ella, era de un filme mucho más grave del que me he encontrado. Quitando el temido (eso es lo que sucede cuando se trata de biografías) desenlace de Pierre, lo cierto es que el filme cuenta con abundantes escenas de comedia, que aligeran el para los legos, farragoso proceso del descubrimiento del radio.
Es obvio que desde un punto de vista científico, los versados en la materia, encontraran muchísimas inexactitudes, lo mismo que suele suceder, algo lógico cuando nos enfrentamos a un producto de entretenimiento, no de difusión científica. Pero lo cierto es que la cinta sigue con bastante fidelidad la biografía que su hija Eva escribió en 1937. Algunos episodios que pueden resultar chocantes, como el de su luna de miel, montados en dos bicicletas recorriendo Francia, son absolutamente ciertos.
El guion como era habitual durante el sistema de estudios, es obra de dos reconocidos guionistas, más la ayuda puntual de dos personalidades tan dispares y brillantes como Walter Reisch y Aldous Huxley. En cuanto a los que firman los créditos, hablamos de Paul Osborn, cuya aportación al cine reúne títulos tan emblemáticos como “El despertar”, “Al este del Edén”, “Sayonara” o la para mi estupenda e infravalorada “El mundo de Suzie Wong”. El otro firmante, el berlinés Hans Rameau, es mucho menos conocido, pese a que ya en su etapa europea firmó el guion de “Mazurca” una de las mejores cintas del director y actor vienés Willi Forst. Como muchos otros talentos abandonó Europa buscando refugio en Hollywood. En MGM escribió la anteriormente aludida “El puente de Waterloo”, junto a tres películas más, Madame Curie sería su última aportación al estudio, retornando en la década siguiente a su patria donde colaboraría asiduamente en filmes tanto en Alemania como Austria.
 
Pero sabemos que principalmente en el sistema de estudios, y máxime tratándose del que dirigía Louis B. Mayer, la máxima prioridad eran sus estrellas, y la principal causa de realizar este filme, era su idoneidad para la pareja de moda en el Hollywood de la época, Greer Garson y Walter Pidgeon. La primera cinta en que habían aparecido juntos fue precisamente dirigida por LeRoy “De corazón a corazón” un drama inusualmente fotografiado en Technicolor, técnica que solía reservarse para los musicales o espectáculos históricos. Su siguiente asociación y la más recordada, fue claro está “La señora Minniver” dirigida por William Wyler. Este era el tercero de los títulos que rodaron juntos (fueron en total ocho, el último de los cuales Scandal at Scourie fue dirigido en 1953 por Jean Negulesco), cuando la popularidad de la pareja se hallaba en su punto más alto. Lo cierto es que la compenetración que había entre ambos, pocas veces se ha vuelto a ver en la pantalla, representando un tipo de relación más cercana a la camaradería que a la pasional. Pero al contrario que ese otro tipo de relaciones, que comúnmente subordinaban a la mujer a un papel decorativo y de puro bagaje sentimental, los personajes que interpretaba Garson por lo general se trataban de mujeres que pese a permanecer en el status matrimonial, daban rienda a sus propias aspiraciones.
 
Es quizás por ese componente asexuado, que la figura de Greer Garson, hoy haya quedado relegada en el olvido. Para quien vuelvan a revisar sus películas, les aseguro que encontraran a una gran actriz, que dio la réplica perfecta a otros reconocidos galanes del estudio como Ronald Colman (Niebla en el pasado) Robert Taylor (Cuando ellas se encuentran) y Clark Gable (Aventura). En cuanto a Walter Pidgeon, para mi sinceramente, es uno de los mejores actores que he visto en la pantalla. Su ductilidad para todos los géneros, unido a su naturalidad, serán para mí siempre un placer, desde el tercero en discordia en al divertidísima “Sucedió en China” con Gable y Mirna Loy, al entrañable pastor de “Que verde era mi valle”.
 
 
No quisiera terminar esta entrada sin recordar al entrañable Henry Travers, que aquí interpreta al padre de Pierre Curie, Eugene y que siempre será recordado por todos como el torpe ángel Clarence en “Qué bello es vivir”. Para él y para todo el equipo que hizo posible esta entrañable y hermosa película, va dedicado este artículo, os aseguro que si tenéis la oportunidad de verla no os defraudará.

jueves, 13 de marzo de 2014

Stars and Stripes Forever (1952) ¡Indurain, Indurain, Indurain!

 

Hay actores que con al verlos por primera vez en la pantalla llaman nuestra atención. Uno de ellos es Clifton Webb, cuyo afectado aspecto casaba a la perfección con el mítico personaje de Mr. Belvedere que le reportó la fama. Un personaje que en gran medida ha eclipsado la figura de un excelente actor que dedicó al teatro la mayor parte de su vida. Especializado en comedias musicales, su participación en el cine mudo, más una breve actuación en 1930, no dejó huella.


No sería hasta 1944 interpretando al cínico periodista Waldo Lydecker, en la legendaria “Laura” de Otto Preminguer, que volvería a la gran pantalla, pese a las reticencias del productor Zanuck, que no lo veía en ese papel. Lo cierto es que fue nominado por la academia, circunstancia que volvería a repetirse cuando encarnó con gran acierto al acaudalado snob Elliott Templeton, en la aclamada adaptación de la novela de Somerset Maugham “El filo de la navaja” (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/10/el-filo-de-la-navaja-1946-american-way.html) . Tras este filme llegó su aludida creación de Lynn Belvedere en “Niñera moderna”. Su fulminante éxito le llevo a partir de entonces a la cabecera de los repartos.



El nuevo estatus adquirido le privó de uno de los papeles por los que hubiera pasado a la historia. El director Vincente Minnelli, pensó en el para interpretar al megalómano productor teatral Jeffrey Cordova, en la mítica "The Band Wagon" y que finalmente haría Jack Buchanan. Pero al ver que el auténtico protagonista del filme era Fred Astaire le hizo desistir del proyecto y elegir este biopic sobre el famoso músico John Philip Sousa, donde sería la principal estrella.



El impacto de la banda del músico norteamericano en el mundo entero fue enorme. Solo basta observar los numerosos registros sonoros que dejaron en la incipiente industria discográfica y el número de conciertos que dieron en multitud de naciones. Hoy en día muchas de sus marchas militares y civiles siguen en el repertorio de muchas agrupaciones musicales. Como anécdota recordaremos el canto de los mozos en San Fermín, celebrando los éxitos de su paisano en el Tour, al grito de “Indurain, Indurain” con la pegadiza melodía de “Barras y estrellas de Sousa”.



Lamar Trotti, uno de los mejores profesionales de Hollywood se encargó del guion, el último que escribió ya que fallecería ese mismo año. En un tono de comedia, describe los aspectos más extravagantes de Sousa, pensando en el lucimiento de Webb. Sólo la parte final tiene un contenido más dramático, centrado en la guerra con España por la posesión de Cuba en 1898, donde la banda de Sousa fue una eficaz arma de propaganda. Este último episodio debió de ser la causa por la que no se estrenara el filme en nuestro país, cuya censura dictatorial estaba obsesionado con cualquier mensaje que pudiera empañar nuestra “brillante historia”.



Como dato curioso añadiré que Sousa era un notorio masón, aunque creo que este último detalle lo desconocieran los censores. También que el padre de Sousa, Juan Antonio nació en Sevilla, hijo de portugueses huyendo de los tumultos de 1821, y que una de las marchas del director se llama precisamente “La flor de Sevilla”. Su banda actuó en la península y en las exóticas por entonces “Islas Canarias”.


Una música orquestada maravillosamente por Alfred Newman, da realce a esta divertida comedia, que se ve con agrado y me sirve para recordar a uno de los actores más singulares de todos los tiempos, el gran Clifton Webb.


P.D. En el reparto intervienen la bellísima Debra Paget y un casi novel Robert Wagner.

jueves, 6 de febrero de 2014

El gran Caruso (1951) Homenaje a Mario Lanza


El mundo de la lírica y el cine, han estado unidos desde el principio. Algunos intentos de sincronización de sonido e imagen incluyen imágenes del propio Caruso interpretando Lucia di Lammermoor. Lamentablemente el tenor napolitano falleció en 1921, cinco años antes de que los cortos musicales empezaran a hacer furor entre el público.


Junto a artistas ligeros y de variedades, los productores de Hollywood contrataron a músicos y cantantes del ámbito clásico. La competencia entre los cortos Movietone de la Fox y los Vitaphone de la Warner, permitieron que una audiencia que jamás hubiera podido acceder a un teatro de ópera escuchara las  legendarias voces de Beniamino Gigli, Rosa Ponselle, Tito Schipa o Giovanni Martinelli.


Con la consolidación del cine sonoro, y el advenimiento de los largometrajes, el cine se convirtió en uno de los principales medios de difusión junto a la radio de los cantantes líricos. En España, una de las primerísimas cintas sonoras fue “La canción del día” una opereta con música del maestro Jacinto Guerrero, interpretada por el famoso tenor catalán Tino Folgar. En la década de los treinta, dos figuras principales del bel canto, el barítono Lawrence TIbett y el tenor Beniamino Gigli, rodaron numerosas películas que gozaron del favor del público.



Paralelamente en aquel tiempo, muchas voces aptas para los teatros de ópera, decidieron dedicarse a la música ligera. De ahí muchos pasaron al cine musical. Ya no eran cantantes con una trayectoria en las tablas los que se presentaban, eran nuevos talentos a los que se les encauzaba para servir en la música más comercial. Muchas de estas voces con la preparación adecuada hubieran podido brillar sobre los escenarios. Cantantes como Alan Jones, Jeanette McDonald, Deanna Durbin, Nelson Eddy en Hollywood, Tito Guizar y Jorge Negrete en México, o Tino Rossi, Luis Mariano y Claudio Villa en Europa, siguieron ese camino.



Uno de los ejemplos más célebres es el de Mario Lanza, hijo de inmigrantes italianos, cuyo nombre de pila era Alfredo Arnold Cocozza. Tomo su sobrenombre artístico en homenaje a su madre María Lanza, una soprano fustrada. Después de estudiar gracias a una beca, su incipiente carrera fue interrumpida por la segunda guerra mundial, donde fue destinado a servicios especiales de la fuerza aérea. Una vez terminada la contienda empezó a dar conciertos y a intervenir en programas de radio. Hasta que llamó a su puerta la todopoderosa MGM.



Cuando comentamos la película “Al compás del corazón” (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/12/al-compas-del-corazon-1944-clasicos.html), mencionamos la figura del productor Josef Pasternack un enamorado de la música culta, que auspició la carrera del valenciano José Iturbi en los estudios del león. Asimismo Pasternack fue el productor de las primeras y exitosas películas protagonizadas por Mario Lanza. “El beso de medianoche” y “La llama de Nueva Orleans” junto a la soprano Kathryn Grayson, ambas de Norman Taurog.



Su tercera película era mucho más ambiciosa, nada menos que un biopic sobre el tenor de ópera más famoso de todos los tiempos, Enrico Caruso. Como hemos mencionado al principio Caruso falleció en su Nápoles natal en 1921, el mismo año que nacía en Filadelfia Mario Lanza. La película utilizó como base la almibarada biografía de la esposa de Caruso, Dorothy, interpretada por la bella Ann Blyth, ya que Kathryn Grayson se había negado a actuar más con Lanza debido a sus continuas insinuaciones.



El eficaz artesano Richard Thorpe fue el encargado de dirigir esta entretenida película, sirviéndose del hábil guion de William Ludwig, un escritor neoyorquino que se había forjado escribiendo las populares historias de Andrés Harvey protagonizadas por Mickey Rooney. La película que fue un gran éxito a escala mundial, contribuyó a que aumentará la vocación por la música. Según declaraciones del tenor Josep Carreras, la visión de niño de este filme fue fundamental para que luego emprendiera su brillante carrera de tenor.


“El gran Caruso” fue el cenit de la carrera cinematográfica de  Mario Lanza. La canción que utilizaba el vals de las olas de Juventino Rosas “The Loveliest Night of the Year” llegó al número uno de las listas americanas. Pese a su temprana desaparición, falleció en 1959 en Roma con 38 años, y su rápida decadencia tras ser despedido por MGM, siempre nos quedará esta cinta como homenaje a su bella y temperamental voz.


P.D. Además de los cortos con imágenes de Lucía, Enrico Caruso intervino como actor en dos comedias “My cousin” y “The splendid romance”, producidas por Jessie Lasky que fue también productor asociado de “El gran Caruso”.

El guionista William Ludwig se ocupó unos años después de glosar la vida de la cantante de ópera Marjori Lawrence, en la excelente cinta protagonizada por Eleanor Parker y Glenn Ford “Melodía interrumpida”.

La soprano Dorothy Kirsten que aquí encarna a la cantante Louise Heggar, fue una gran figura en el mítico Metropolitan Opera House durante treinta años. Popular por sus apariciones en la radio y televisión, esta fue la única película en la que intervino.