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viernes, 10 de noviembre de 2017

Lirio entre espinas (1924) Reivindicando a Fred Niblo

Hace muy pocos días presentando el nuevo ciclo de películas mudas que con tanto acierto viene proyectando la Fundación Juan March, en esta ocasión sobre cine histórico y que comenzaba con la mítica "Ben-Hur" el crítico Miguel Marías lanzaba una reivindicación de su director Fred Niblo. Aseguro a mis lectores que la idea de publicar este post sobre esta película bastante poco conocida era bastante anterior a la conferencia del para mí extraordinario crítico. pero que me dio el preámbulo que buscaba para iniciarlo.
 
 

Fred Niblo es un director del que por lo general se a hablado poco y no demasiado bien. Una de las causas puede que sea el que su obra se concentra en el periodo del cine mudo donde por desgracia muchas películas han desaparecido. El caso de Niblo es uno de los más palmarios. Son pocas y bastante desconocidas las obras que de el nos quedan en uno de los directores más prestigiados de su época y mas conocidos del público del momento como demuestran las numerosas fotos publicitarias del director con las estrellas y los gerifaltes de MGM. Luego llegó un olvido que a mi parecer es completamente injustificado.
Fred Niblo con el dueño de la MGM Marcus Loew y su director Louis B. Mayer


Niblo con Ramón Novarro en su primer filme juntos Thy name is woman y su coprotagonsita Barbara La Marr
 
Por una vez Ramón Novarro se vuelve malo,malo

Fred Niblo se dedicó desde muy joven al mundo del entretenimiento. Es la época dorada del vaudeville y Niblo  es uno de tantos artistas que se forjan en los finales del siglo XIX. Allí conocerá a los Cuatro Cohan. Los Cohan era un grupo familiar formado por los padres Jere y Nellie y sus hijos Jossie y George. El talento de este último hizo que pasaran de los barracones del vaudeville a los lujosos teatros de Broadway. En ese tránsito Niblo se casó con Josie y empezó a ejercer de director en las obras de George que entonces empezó a convertirse en el actor y autor más famoso del primigenio musical americano. ,Junto a su esposa siguieron dedicándose al teatro llevando su compañía hasta la lejana Australia donde Niblo empezó su relación con el cine. Allí rueda sus dos primeras películas en donde interviene una joven actriz llamada Enid Bennett. La nueva musa australiana les acompañará en su viaje de regreso a Nueva York. Tras fallecer Josie Cohan, Bennett se casará con Niblo e intentará que se convierta en una estrella de Broadway, pero donde realmente les espera a ambos las mieles del triunfo será en Hollywood. 

Bajo el paraguas del productor Thomas H. Ince que tiene un contrato de distribución con Paramount Niblo empezará a rodar una serie de películas la mayor parte protagonizadas por su esposa. Será una época donde la actriz se convertirá en una de las favoritas del público. Más al matrimonio Niblo le sucederá algo parecido a lo que sucedió con King y Florence Vidor que en un principio la famosa es ella pero poco a poco el que asciende es el director. Niblo empieza a colaborar con Douglas Fairbanks para quien rueda sus dos primeros filmes de aventura "de época" La Máscara del Zorro" y "Los tres mosqueteros" y el otro gran galán del momento Valentino en "Sangre y Arena". Finalmente se asienta en el pequeño pero prestigioso estudio de Louis B. Mayer que poco después será absorbido por la Loews Corporation para fundar MGM. Que Mayer sea el director del nuevo gran estudio seguro que sería definitivo para que Niblo pudiera rodar una película tan especial para su época como lo es "Lirio entre espinas"

Esta además es una película en que coinciden dos estrellas una ascendente y otra en un irremediable declive. Ramón Novarro viene de la Metro donde gracias a su colaboración con Rex Ingram se ha convertido en el más serio rival de Rodolfo Valentino. En cambio Enid Bennett empieza una cuesta hacia abajo pese a intervenir en dos de las películas más taquilleras del momento "Robin Hood" y "El Halcón del Mar" donde su papel de heroína tenía mucho menos relieve que los vehículos realizados por su esposo durante su estancia en la Paramount. Aquí en cambio Niblo crea esta película pensando en revitalizar la carrera de su esposa. Lamentablemente no sirvió para mucho y es una auténtica pena pues la actriz australiana saca partido a todos los recursos del cine silente. Su transformación de joven virginal en prostituta arrabalera es magnífica y es uno de los grandes alicientes del filme.
 
Enid Bennett en Robín Hood y El Halcón del Mar

Niblo conocido por sus grandes espectáculos aquí demuestra ser un magnífico director de actores. Al lado de Bennett su paternaire Ramón Novarro también raya a gran altura. Al igual que su pareja acabará envilecido convirtiéndose en un ser cruel hasta decir basta. Curiosamente en su magnífica biografía sobre Novarro: Beyond  Paradise su autor André Soares pasa de puntillas por esta película que era la segunda que Novarro rodaba con Niblo. Tan sólo cita que era una película desagradable para la época y que el actor fuera  de la égida de su mentor Rex Ingram estaba sobreactuado, aunque Novarro estaba satisfecho con el resultado. A decir verdad el pseudonaturalismo del filme no gustó demasiado pero por ejemplo en The New York Times recibió buena crítica. Hoy en día claro está las imágenes de Victor Milner no levantarían del asiento a nadie pero para los parámetros de la época se hallaba al límite de lo que podía exhibir una película de Hollywood.
 
 
 
 

El argumento, obra del propio Niblo desde luego no es gran cosa y su inverosímil final, este si en la mejor tradición del happy end  puede que fuera una imposición del estudio o del propio Niblo hombre del espectáculo durante décadas quien conocía como pocos que una tragedia vendía mejor si acababa bien. Pero la película que comienza como un sueño bucólico que luego se transmuta en la peor de las pesadillas tiene pese a todo sinceridad, unos estupendos decorados y sobre todo la interpretación de Novarro y de Enid Bennett. Considero que merece la pena la visión de esta bella y sórdida cinta de un director que merecería ser mejor estudiado. Después todo es historia, Niblo y Novarro se harían mundialmente famosos gracias a Ben-Hur, el tercero en discordia del filme Wallace Beery se convertiría en uno de los puntales de la MGM con el advenimiento del sonoro mientras la exquisita Enid Bennett desaparecería prácticamente de la pantalla.



         

martes, 6 de mayo de 2014

Gran Hotel (1932) Más estrellas que en el firmamento


Vicky Baum es un claro exponente de toda una generación de escritores que después de gozar de amplia fama durante el pasado siglo, a comienzos de los años setenta fueron desapareciendo de forma gradual de las librerías, hasta llegar a ser a día de hoy, perfectos desconocidos para la inmensa mayoría del público.


Una heterogénea lista en la que podíamos incluir a Pearl S. Buck, Sinclair Lewis, Somerset  Maugham, o Stefan Zweig por solo mencionar algunos de los más célebres. Una literatura en la mayor parte de los casos que unía su aparente sencillez, a una calidad que ya quisieran tener muchos best-seller contemporáneos.



Austríaca de origen judío, Baum fue una mujer dotada de gran talento para el arte. Magnífica solista de arpa, que le llevó a la prestigiosa Filarmónica de Viena, donde era el único elemento femenino, se dedicó tras su segundo  matrimonio con un director de orquesta, a otra de sus grandes aficiones, la escritura. Pese al desdén con que la trataron frecuentemente los críticos, a lo largo de la década de los veinte, se convirtió en una de las escritoras más populares dentro del ámbito germano. Ya en 1928 la novela "Helene Willfur, estudiante de química" había sido traducida al inglés cosechando un gran éxito.

 
 

El 31 de marzo de 1929, apareció la primera entrega de su nueva novela “Menschen Im Hotel”, en las páginas del popular Berliner Illustrirte Zeitung. Propiedad de la editorial “Ullstein” editora de Baum desde sus inicios, era el perfecto trampolín desde el que lanzar sus creaciones. Con una tirada que rozaba los dos millones de ejemplares, tan solo los magazines norteamericanos la superaban en número.

 

El gran éxito alcanzado le lleva al teatro de Max Reinhard, que en enero de 1930, con una novedosa puesta en escena en forma circular, pone en pie la obra bajo la dirección de Gustav Grundgens, controvertido actor y director teatral que inspiró al protagonista de la novela Mephisto de Klaus Mann. Mientras tanto la novela es traducida a los principales idiomas y su autora decide visitar los Estados Unidos, invitada por su editor en aquel país.

 

Para entonces el avispado Irving Thalberg ha comprado los derechos de la obra que ya ha sido puesto en escena en Broadway el 13 de noviembre de 1930, alcanzando las 459 representaciones. Ahora solo resta convertirla en película, para lo que utilizará a William A. Drake que ya había escrito la adaptación teatral norteamericana y a Béla Balázs para escribir el guión. La novela que recreaba la vida de seis personajes de condiciones sociales diferentes, era ideal para el proyecto multiestelar que tenía en mente la MGM.

 

Hasta entonces, era norma general, que las estrellas principales del estudio aparecieran en títulos donde eran apoyados por otros en forma secundaria. Gran Hotel, suponía reunir a los más populares actores de la Metro, en una producción que crearía expectación desde su misma génesis. En mayor o menor grado, los artistas principales eran reconocidos por el gran público, en un reparto que encabezaba la divina Greta Garbo. Su personaje de la hastiada bailarina Grusinkaya, inspirada en la mítica Paulova, le distanciaba de su habitual rol de vampiresa. Fue en este filme donde pronunció por primera vez su mítica frase “Quiero estar sola”.

 

Su paternaire en la obra, un Barón arruinado que sobrevive como ladrón de joyas, era interpretado por John Barrymore. Galán durante los locos años veinte, todavía mantenía su popularidad gracias al éxito creando al siniestro Svengali. Su hermano Lionel, por el contrario se consolidaría en el nuevo medio, dando una de las mejores actuaciones de la cinta como el entrañable Kringelein, un empleado desahuciado que decide pasar sus últimos días en el ambiente lujoso que su condición social le había privado. Su jefe, el despótico Preisyng, está magníficamente encarnado por Wallace Beery. Beery estaba en la cúspide de su carrera tras protagonizar “El campeón” junto a Jackie Cooper. Su secretaria es la bella Joan Crawford, que tras encandilar a las plateas encarnando a la perfección a desinhibidas “Flapper”, había comenzado la década de los treinta siendo uno de los valores más seguros de MGM. Por último el siempre excelente Lewis Stone, en su papel de doctor del hotel, era el hilo conductor de las diferentes historias que constituían el relato.

 
 

La decoración Art-Decó con que Cedric Gibbons recrea el Gran Hotel, es otro de los motivos por los que este filme es memorable. La dirigió Edmund Goulding: actor, músico, guionista y ante todo director, este polifacético creador requiere una revisión de su obra, que posee títulos tan celebrados como Amarga victoria y La solterona a la mayor gloria de Bette Davis y dos de las mejores cintas de Tyrone Power “El filo de la navaja y El callejón de las almas perdidas”.

 

La gente viene, la gente va, nunca pasa nada…repite como un mantra el alcoholizado Doctor  Otternschlag. Pero no es cierto, pasan muchas cosas y es un placer descubrirlas. Si tenéis tiempo para leer la novela de Baum, os aseguro que merece la pena, sino ver esta maravillosa cinta que pese a que han transcurrido más de ochenta años de su realización, sigue cautivando a los espectadores.

 

P.D. Trece años después MGM repetiría la fórmula con “Fin de semana” localizado en el Waldorf Astoria, con un reparto que incluía a Ginger Rogers, Walter Pidgeon, Lana Turner y Van Johnson. Por supuesto también estaba la orquesta de Xavier Cugat.
 

 
 
 
 

miércoles, 15 de enero de 2014

La isla del tesoro (1934) El jefe de Superman se hizo rico en una isla.

 

Uno de los mejores recuerdos de mi infancia está ligado a esta maravillosa novela de Robert Louis Stevenson. Creo que como muchos otros chicos de mi generación, gracias  a ello profesamos amor eterno a la lectura. Stevenson y Mark Twain son a mi parecer los mejores  narradores de literatura juvenil de todos los tiempos. Unen a la par entretenimiento y calidad literaria, cosas que no siempre van unidas.


“La isla del tesoro” que junto a “El extraño caso del Dr. Jeckyll” son de largo las dos novelas más populares de Stevenson, es una maravillosa novela de aventuras, con trasfondo histórico. Un género que cultivó en una época en que la novela naturalista y sicológica estaba en boga. Pese a su temprana muerte dejo una extensa obra que sigue admirándose por su nivel creativo. Pero como bien dijimos antes, los relatos del escritor escocés son además tremendamente divertidos, por lo que eran muy propicios para los espectáculos de masas, el teatro y el cine.



Publicada por entregas, como muchas otras novelas de la época en la publicación juvenil “Young Folks” fue su aparición en el formato de libro el que le dio rápidamente popularidad. Llevado al cine en numerosas ocasiones, en 1920 Lon Chaney  interpretó a John Silver el largo.



En la primera adaptación sonora, MGM decidió volver a unir a dos de sus principales estrellas: Jackie Cooper y Wallace Beery que habían protagonizado “El campeón” uno de los mayores éxitos de la compañía. La complicidad entre ambos es una de las mayores bazas de la cinta, aunque algunos puristas piensen que desvirtúa el propósito inicial de la novela. Lo cierto es que Victor Fleming, que llevaba quince años en el oficio, se había forjado una buena reputación como director de cine de acción, gracias a “El virginiano “ que catapultó al éxito a Gary Cooper y “Tierras de pasión” su segunda cinta para el estudio del león que convirtió en estrellas a Clark Gable y Jean Harlow.



Fleming que tiene en su haber películas tan importantes como “Capitanes intrépidos” y “El mago de Oz” inició su carrera en el mundo del cine como especialista gracias a su condición de piloto de carreras. Durante largo tiempo fue cámara de muchos filmes mudos, entre los que está la mítica “Intolerancia” de DW Griffith. Pese a ser el responsable de la mayor parte del metraje de “Lo que el viento se llevó”, su figura nunca ha sido apreciada suficientemente por la crítica, lo que me parece totalmente injusto. Cuantas páginas se han gastado glosando la obra de directores con una trayectoria mucho menos interesante.

 
 

El hecho de que la versión de Victor Fleming se rodara en blanco y negro, ha condicionado el que las generaciones posteriores, la tengan en el olvido, prefiriendo la producción de Disney rodada en Technicolor, que protagonizó Robert Newton. Aunque ambas versiones son estimables, yo me sigo quedando con la vieja cinta de la Metro. Será que siento predilección por Wallace Beery, un actor injustamente olvidado al que prefiero en este papel, frente a la histriónica interpretación de Newton. De otro lado está el carisma de Jackie Cooper, el primer gran actor infantil de la MGM, precursor de un trío conformado por Mickey Rooney y Freddie Bartholomew  que protagonizaron la maravillosa “El demonio es un pobre diablo”.


Las estupendas actuaciones de Lewis Stone y Lionel Barrymore y Charles 'Chic' Sale, como el alunado Ben Gumm, ayudan a que esta añeja aventura, siga guardando el encanto que tiene la perdida niñez en nuestros corazones.


P.D. Jackie Cooper reverdeció viejos laureles en la década de los ochenta, interpretando a Perry White el poco escrupuloso editor del Daily Planet en la popular saga de Superman protagonizada por Cristopher Reeve.
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Los mares de China (1935) El rey león

 

En 1935 la era de los grandes estudios estaba alcanzando su cenit. Tras un periodo de descenso en las taquillas a causa de la depresión, la gente había vuelto a llenar los cines de todo Estados Unidos, mientras que la implantación progresiva del doblaje favorecía su predominio en los principales países europeos y latinoamericanos.

La única productora que no sufrió el desgaste de esos duros años fue Metro-Goldwyn-Mayer.  La figura de Irving Thalberg, autor de una férrea estructura donde todos los departamentos trabajaban al unísono fue determinante.  La frase emblemática del estudio “Más estrellas que en el cielo” exponía bien a las claras su filosofía. Las películas se realizaban para el lucimiento de estas, gastando ingentes sumas de dinero en su promoción. Un heterogéneo equipo de guionistas elaboraba los argumentos adecuados para cada estrella, mientras el departamento artístico de Cedric Gibbons construía los magníficos set  Art Decó que junto a los elegantes diseños del modisto Adrian eran fundamentales en el acabado glamuroso de los filmes.


La figura del director en otros tiempos omnipresente, en MGM, salvo en casos excepcionales como De Mille O Lubitsch, era tan solo una pieza más del perfecto engranaje. Así que no sorprende nada que el encargado de dirigir esta magnífica cinta de aventuras sea Tay Garnett, un modesto realizador del que hoy solo se recuerda la por otra parte estupenda “El cartero siempre llama dos veces”.

Jules Furthman, uno de los escritores con más talento del estudio, es el resonsable principal de esta historia centrada en la apasionada relación amor-odio  entre un capitán vencido por el alcoholismo (Clark Gable) y una aventurera de turbio pasado (Jean Harlow) a bordo de un viejo navío que lleva un importante cargamento de oro. La aparición de unos despiadados piratas pondrá en peligro a todos sus ocupantes.
 

La turbadora química sexual de la pareja protagonista, más las estelares apariciones de nombres ilustres como Wallace Beery y Lewis Stone, junto a la aristocrática presencia de una joven Rosalind Russell, son decisivos para que “Los mares de China” siga entreteniendo de la misma forma que lo hizo en su estreno ocho décadas atrás.