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jueves, 16 de enero de 2014

El difunto protesta (1941) Tócala otra vez Joe

 

Esta es la última rosa del verano,

 A la izquierda florecen solas;

 Todas con sus agradables acompañantes

 Se han desvanecido y se han ido;

 No hay flor en su linaje,

 No hay capullo cercano,

 Para reflejar su rubor,

 O dar suspiro por suspiro.

Los primeros versos de “La última rosa del verano” un poema irlandés de Thomas Moore, al que luego puso música John Andrew Stevenson, nos hace evocar a Robert Montgomery cogiendo su saxofón interpretando tan melancólica música. Un actor con una sólida carrera a sus espaldas que logró su auténtica consagración con el papel de Joe Pendleton, un púgil aspirante al título mundial, que verá truncadas sus esperanzas, cuando muere repentinamente en un accidente de aviación.


Allí llega a las puertas del cielo, convertido en un puerto de embarque aéreo, donde descubre que ha sido enviado por error ya que su muerte está planificada cincuenta años después. El excesivo celo de un ángel novato,  interpretado genialmente por Edward Everett Horton, ahora debe ser subsanado. Pero cuando regresan a la tierra descubren que su cuerpo ha sido incinerado. Tal problema deberá ser subsanado por su superior Mr. Jordan (Claude Rains) que debe buscar un nuevo cuerpo, para que Pendleton cumpla su destino, ser campeón del mundo.


 
Harry Seagal, un escritor que escribió muchos guiones para el cine y la televisión, ha pasado a la posteridad, por ser el autor de “El cielo puede esperar” la pieza teatral que sirvió de argumento a esta película, ganador del premio de la academia al mejor argumento original. Pero fueron los talentosos guionistas  Sidney Buchman y Seton I. Miller, los auténticos artífices del éxito del filme, ganadores del oscar al mejor guion adaptado, compitiendo nada menos con el que Phillip Dunne hizo para “Que verde era mi valle” de Ford. Precisamente tan feroz competencia privó a esta magnífica comedia de aumentar el número de galardones. De entre los otros cinco nominados quisiera destacar a James Gleason, nominado al mejor actor de reparto por su estupenda interpretación de Max Corkie, el entrenador de Pendleton. Curiosamente 37 años después, Jack Warden volvería a ser nominado por el mismo papel en la nueva versión dirigida y protagonizada por Warren Beatty.

 
 

“El difunto protesta” fue dirigida por el eficaz Alexander Hall, un cineasta especializado en el género de la comedia. Su labor, junto a la de otros colegas más famosos como Frank Capra, George Stevens, Howard Hawks, Leo McCarey  y Wesley Ruggles, proporcionaron a la modesta “Columbia” el honor de producir muchas de las mejores comedias de la historia del cine. La cinta que originalmente se titula “Here comes Mr. Jordan”, es divertida y emotiva a la par, el Mr. Jordan de Claude Rains  tiene el empaque que salía dotar a sus mejores papeles el gran actor británico. Evelyn Keyes que había sido una de las hermanas de Escarlata en “Lo que el viento se llevó” logró en esta cinta su actuación más recordada. Como lo sigue siendo esta maravillosa película que nos habla de los cuerpos y las almas.

martes, 3 de diciembre de 2013

Un ladrón en la alcoba (1932) De Venecia a París con elegancia

 

-Tiene que ser una maravillosa cena para dos. Quizá no probemos bocado, pero ha de ser maravillosa.

-Entendido, barón.

-Y, camarero…

-¿Sí, barón?

-¿Ve esa luna?

-Perfectamente, barón.

-Quiero esa luna en el champaña

-Sí, barón. (Apuntando). La luna en el champaña

-Respecto a ti…no quiero ni verte


Lo cierto es que me resistía a escribir una entrada sobre esta famosa película. Basta con una somera navegación por el ciberespacio, para darse cuenta de que hay decenas de post, mucho mejor informados y escritos, que valoran esta cinta. Pero he llegado a la conclusión de que si gracias a leer mi modesto blog, alguien descubre esta prodigiosa comedia, habrá cumplido con creces su objetivo.

Nos hallamos ante una maravillosa cinta, exponente de una manera elegante y sofisticada de contar las cosas, situada en ambientes glamurosos, donde las damas exhiben sus mejores galas y los caballeros visten correctamente (aunque las damas no sean tan damas, ni los caballeros tan caballeros), que es el referente  del que ha vivido la comedia clásica norteamericana, durante toda su gloriosa existencia.
 
 
 
 

 
Ernst Lubitsch, que en sus inicios en Alemania había cultivado la comedia con éxito, se hizo famoso en todo el mundo, gracias a superproducciones históricas como “La mujer del Faraón”. Una cinta de corte similar “Rosita, la cantante callejera” protagonizada por Mary Pickford ,supuso su debut en Hollywood.  Más en los siguientes títulos que dirigió en los estudios Warner, volvió al género con el que actualmente se le identifica. Con la llegada del sonoro, impulsó una serie de operetas musicales que le granjearon el favor del gran público. En esas cintas protagonizadas por el divo francés Maurice Chevalier y la pícara Jeanette McDonald, fue perfeccionando un estilo que con “Un ladrón en la alcoba” alcanza su diseño definitivo. Despojada de números musicales, que en el inicio del sonoro constituían la mejor forma de atraer a los espectadores, esta farsa irreverente utiliza a la perfección, los magníficos diálogos de Samson Raphaelson,  un estupendo  guionista cuya primera vinculación con el cine, fue escribir la pieza teatral que llevada a la pantalla, se convertiría en el primer largometraje sonoro “El cantor de jazz”.
El brillante texto en manos del gran director alemán, es utilizado de una manera ágil y precisa gracias a la imaginativa utilización del montaje. Conversaciones tras puertas cerradas, sombras que nos revelan una furtiva acción, son una pequeña muestra de la espléndida galería de recursos de los que Lubitsch se vale, para ofrecernos, la lectura más precisa de la historia. Este complejo artificio en ningún momento demora la acción, muy al contrario contribuye a mantener la fluidez narrativa.
 
 
Los protagonistas Lily (Miriam Hopkins) y Gaston Monescu (Herbert Marshall) son dos falsos aristócratas que ejercen como ladrones de guante blanco. Tras su encuentro en el que respectivamente intentan robarse, descubren que son almas gemelas. Comenzada en la romántica Venecia, un año después la acción se traslada a París donde la intrigante Madame Mariette Colet (Kay Francis) completará el divertido triángulo amoroso.
 
 

 
No me propongo describiros  el hilarante argumento, sino que os insto a que el mago Lubitsch, os lo cuente  con su elegante narrativa. Veréis como estos “Problemas en el paraíso” (titulo original de la cinta) siguen siendo tan sugerentes, como lo eran, hace ya ochenta años.
Precioso video dedicado a Miriam Hopkins con una música sublime, Stardust tocada por la                                                            orquesta de Artie Shaw.