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lunes, 20 de octubre de 2014

Otro amanecer (1937) Kay Francis la gran estrella olvidada

 

         Cuando mi amigo Luis Ramón Sánchez en sus estupendos post, publicados en el maravilloso grupo de Face “Cineastas amateurs”, nos trae el recuerdo de estrellas hoy lamentablemente olvidadas, me viene a la memoria uno de los casos más notorios. Una actriz que fue una auténtica estrella, compartiendo cartel con actores de la talla de Cary Grant, William Powell, George Brent y Errol Flynn y que protagonizó junto a Miriam Hopkins y Herbert Marshall, una de las comedias capitales en la historia del cine “Un ladrón en la alcoba” de Ernst Lubitsch.    
 
         En 1937 estaba en el punto crucial de su carrera. El momento en que estaba en su punto más álgido, desde el que se despeñaría para acabar en producciones de serie b. Todo se debió en gran parte al auge de estrellas nuevas como Bette Davis, y a su complicada relación con los estudios. Algo que venía padeciendo desde que comenzó su andadura en los estudios Astoria, donde la Paramount rodaba sus cintas en Nueva York. Una de esas cintas fue su debut y el de los Hermanos Marx ante las cámaras con “Los cuatro cocos”. Después de ser cedida una y otra vez a diferentes estudios, acabó firmando un contrato con la Warner, donde sería la actriz mejor pagada del estudio.
 
         En aquellos primeros años de la década de los treinta, Kay Francis con su espléndida figura era la musa de los mejores diseñadores de moda de Hollywood, con los que colaboraba estrechamente. Su fama iba en aumento, pese a las zancadillas que Warner Brothers le ponía, para que reconsiderara su salario. Pese a todo, el estudio transigió para que la actriz descansara después de que se iniciara el rodaje de la cinta a finales de septiembre de 1936. Unas vacaciones que la estrella pasó por Europa a lo largo del otoño e invierno.
 
         Cuando regresó al set de rodaje en febrero de 1937, había sucedido algo que cambiaría el devenir de la película. Concebida desde un principio como un vehículo para Francis, el resonante triunfo de la segunda película de Errol Flynn “La carga de la brigada ligera”, daría mayor protagonismo al actor australiano, modificando el final de la cinta, para que se quedara con la chica. Esta circunstancia hizo que la cinta tuviera una conclusión mucho más acorde con los estándares actuales, que las rígidas convenciones habitualmente usadas por el código moralista imperante y no cuento más, porque este blog huye en todo momento de spoiler.
 
         Lo cierto es que pese a la paralización del rodaje durante casi medio año, la cinta no se resintió en absoluto en su estructura. Algo que hay que agradecer principalmente al escritor Laird Doyle quién es el responsable de la historia (inspirada en un relato de Somerset Maugham “La mujer del embajador”) y el guión. Doyle falleció antes de que volviera a reanudarse el rodaje el 2 de noviembre de 1936, a causa de un accidente del avión que el mismo pilotaba.  Precisamente un aeroplano cruzando un fuerte enclavado en las exóticas tierras de Arabia, es el inicio de este filme, que se desarrolla desde un principio con gran agilidad, diálogos brillantes y coherencia en su desarrollo. El guionista pese a fallecer con tan sólo 29 años, nos dejó excelentes muestras de su talento en títulos como “Jimmie the gent” con James Cagney, “La que apostó su amor” protagonizada por Bette Davis y “Príncipe y mendigo” la anterior cinta de Errol Flynn.
 
         A los mandos de la nave, un capitán del talento de William Dieterle, dio muestras de un talento que aún hoy no es suficientemente reconocido. Dieterle que había comenzado de galán en su Alemania natal, interviniendo en películas remarcables como “El hombre de los muñecos de cera” de Paul Leni y “Fausto” de Murnau, se inició en el mundo de la dirección en 1923, emigrando a Estados Unidos al comenzar la década de los treinta, para dirigir versiones alemanas de las cintas de la Warner. Poco a poco fue ganando peso en el estudio, hasta el punto que su siguiente película “La vida de Emilio Zola” ganaría el oscar al mejor filme de 1937.
 
 
 
         Lo mismo que sucedió con Francis, “Another Dawn” cayó progresivamente en el olvido. Al igual que esta tubo un excelente rendimiento en la taquilla, consiguiendo más de un millón de dólares de beneficio. Por eso es de justicia reivindicar este filme más que estimable, con doble ambientación en casa de campo británica y exóticos parajes del desierto. Una magnífica partitura de Erich Wolfgang Korngold y una fantástica fotografía de Tony Gaudio, ambos junto a Errol Flynn y al estupendo actor secundario de gran vis cómica Herbert Mundin, coincidirían el año siguiente en “Las aventuras de Robin Hood”, una de las cintas más famosas de todos los tiempos. Hoy sin embargo nos quedamos, con esta estimulante película a caballo entre la comedia ligera, el melodrama y la aventura colonial, que os recomiendo efusivamente.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
     

martes, 3 de diciembre de 2013

Un ladrón en la alcoba (1932) De Venecia a París con elegancia

 

-Tiene que ser una maravillosa cena para dos. Quizá no probemos bocado, pero ha de ser maravillosa.

-Entendido, barón.

-Y, camarero…

-¿Sí, barón?

-¿Ve esa luna?

-Perfectamente, barón.

-Quiero esa luna en el champaña

-Sí, barón. (Apuntando). La luna en el champaña

-Respecto a ti…no quiero ni verte


Lo cierto es que me resistía a escribir una entrada sobre esta famosa película. Basta con una somera navegación por el ciberespacio, para darse cuenta de que hay decenas de post, mucho mejor informados y escritos, que valoran esta cinta. Pero he llegado a la conclusión de que si gracias a leer mi modesto blog, alguien descubre esta prodigiosa comedia, habrá cumplido con creces su objetivo.

Nos hallamos ante una maravillosa cinta, exponente de una manera elegante y sofisticada de contar las cosas, situada en ambientes glamurosos, donde las damas exhiben sus mejores galas y los caballeros visten correctamente (aunque las damas no sean tan damas, ni los caballeros tan caballeros), que es el referente  del que ha vivido la comedia clásica norteamericana, durante toda su gloriosa existencia.
 
 
 
 

 
Ernst Lubitsch, que en sus inicios en Alemania había cultivado la comedia con éxito, se hizo famoso en todo el mundo, gracias a superproducciones históricas como “La mujer del Faraón”. Una cinta de corte similar “Rosita, la cantante callejera” protagonizada por Mary Pickford ,supuso su debut en Hollywood.  Más en los siguientes títulos que dirigió en los estudios Warner, volvió al género con el que actualmente se le identifica. Con la llegada del sonoro, impulsó una serie de operetas musicales que le granjearon el favor del gran público. En esas cintas protagonizadas por el divo francés Maurice Chevalier y la pícara Jeanette McDonald, fue perfeccionando un estilo que con “Un ladrón en la alcoba” alcanza su diseño definitivo. Despojada de números musicales, que en el inicio del sonoro constituían la mejor forma de atraer a los espectadores, esta farsa irreverente utiliza a la perfección, los magníficos diálogos de Samson Raphaelson,  un estupendo  guionista cuya primera vinculación con el cine, fue escribir la pieza teatral que llevada a la pantalla, se convertiría en el primer largometraje sonoro “El cantor de jazz”.
El brillante texto en manos del gran director alemán, es utilizado de una manera ágil y precisa gracias a la imaginativa utilización del montaje. Conversaciones tras puertas cerradas, sombras que nos revelan una furtiva acción, son una pequeña muestra de la espléndida galería de recursos de los que Lubitsch se vale, para ofrecernos, la lectura más precisa de la historia. Este complejo artificio en ningún momento demora la acción, muy al contrario contribuye a mantener la fluidez narrativa.
 
 
Los protagonistas Lily (Miriam Hopkins) y Gaston Monescu (Herbert Marshall) son dos falsos aristócratas que ejercen como ladrones de guante blanco. Tras su encuentro en el que respectivamente intentan robarse, descubren que son almas gemelas. Comenzada en la romántica Venecia, un año después la acción se traslada a París donde la intrigante Madame Mariette Colet (Kay Francis) completará el divertido triángulo amoroso.
 
 

 
No me propongo describiros  el hilarante argumento, sino que os insto a que el mago Lubitsch, os lo cuente  con su elegante narrativa. Veréis como estos “Problemas en el paraíso” (titulo original de la cinta) siguen siendo tan sugerentes, como lo eran, hace ya ochenta años.
Precioso video dedicado a Miriam Hopkins con una música sublime, Stardust tocada por la                                                            orquesta de Artie Shaw.