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miércoles, 11 de junio de 2014

El pirata negro (1926) Nace el Tecnicolor

 

         En 1922 se había estrenado “El tributo del mar” la primera gran apuesta de Technicolor. Ya en 1917 había aparecido The Gulf Between, un título del que tan solo quedan algunas escenas. Pese al novedoso sistema, la película producida por Metro pictures no alcanzó el éxito esperado. Pese a que la historia era obra de la Frances Marion, una de las mejores guionistas de la época y de la presencia de una jovencísima Anna May Wong. Para que el nuevo procedimiento lograra triunfar, necesitaba del apoyo de una gran estrella.

 
         Douglas Fairbanks cumplía perfectamente con esa condición. Dotado de una arrolladora capacidad de superación, Fairbanks había elevado progresivamente la calidad de sus películas, sobre las que tenía control absoluto. Tras fascinar a los espectadores de todo el mundo, con sus extraordinarias aventuras, desarrolladas en los más exóticos rincones, pensó que una película de piratas, sería un magnífico escenario, para dar rienda suelta a sus acrobacias.
 
         Lo que tuvo también muy claro, que la rodaría en el nuevo sistema. Por fin el Technicolor obtenía un claro espaldarazo de la industria del cine. Su co-creador y presidente de la compañía Herbert T. Kalmus, trabajó codo a codo con Fairbanks, hasta lograr la gama de color que el actor deseaba. Un sistema que además implicaba un diseño específico para los decorados, vestuario y maquillaje. Como en todas las producciones de Faibanks, todo fue realizado con gran meticulosidad, no dejando al albur el elemento más nimio.
 
         El género de piratas estaba muy en boga en los años veinte, principalmente debido a la irrupción del novelista “Rafael Sabatini” cuyas novelas “El capitán Blood” y “El halcón del mar” habían sido llevadas a la pantalla en 1924. Pero el espíritu de la historia creada por el propio Fairbanks es más cercana al clásico por antonomasia del género “La isla del tesoro”. Mientras en las novelas de Sabatini, los españoles y franceses son los malos de la función, en “El pirata negro” los malvados son unos piratas sanguinarios, sin que haya una clara evidencia sobre la nacionalidad del héroe, cuya identidad al final del filme “El Duque de Arnoldo” nos da a entender que no es anglosajón.
 
         Fairbanks piensa en una audiencia mundial,  y no se para en nacionalidades que pudieran dañar su posible mercado. Al contrario que Errol Flynn, cuyos héroes eran indefectiblemente británicos, Fairbanks interpretó con frecuencia héroes latinos e incluso uno árabe en la fastuosa “El ladrón de Bagdad”. Su gira mundial al año siguiente junto a su famosa esposa es prueba de ello, llegando incluso a visitar la Unión Soviética, algo inusual para un representante de la capitalista América.
 
         La película iba a ser dirigida por Donald Crisp, hoy conocido sobre todo en su faceta de actor, pero que en el periodo mudo había dirigido un buen número de filmes desde que debutara en 1914. Dirigió a Buster Keaton en “El navegante” y a Faribanks en su último filme hasta entonces “Don Q hijo del zorro”. Pero un fuerte enfrentamiento entre ambos motivó que Fairbanks le reemplazara por Albert Parker. Parker ya estaba acostumbrado a lidiar con estrellas como Valentino, Norma Talmadge o John Barrymore al que dirigió en la versión muda más famosa de Sherlock Holmes.
 
 
         Pero si alguien contribuyó especialmente al resultado de la película es su director artístico “Carl Oscar Borg”. Nacido en Suecia, fue uno de los pintores que mejor supo retratar el oeste americano, especialmente a sus nativos, siendo magníficos los dedicados a los Hopi y los Navajos, conviviendo con ellos y manteniendo aún después fuertes lazos afecticos. “El pirata negro” era su primera película, donde realizó un gran trabajo creando una iconografía que luego ha sido imitada en multitud de filmes.
 
         Destacar la labor también del belga Fred Cavens, maestro de esgrima y artífice de los vibrantes duelos que contiene el filme. Colaborador de Doug desde “La marca del zorro” de 1920, dejó su talento en muchos de los grandes clásicos del cine de aventuras (El cisne negro, Robin de los bosques, Ali Babá y los cuarenta ladrones etc.). Aunque el momento más recordado de la cinta es cuando Fairbanks desciende del navío clavando su cuchillo en la vela mayor.
         El único elemento de la película que no dejó satisfecho a Fairbanks, fue la banda sonora encargada a Mortimer Wilson. Hubiera querido un ritmo más frenético para las escenas de acción, tal y como habían conseguido  David Mendoza y William Axt, en el Don Juan de John Barrymore.
         Una cinta donde la figura de Fairbanks es omnipresente, convierte al resto del reparto en meras comparsas que dan el pie para que el astro entre en acción. No obstante destacar la vis cómica de Donald Crisp interpretando a McTavish un pirata manco que ayudará al héroe y a su malvado rival Sam de Grasse, especialista en villanos, no solo hizo de príncipe Juan en el Robin Hood de Fairbaks, también fue un despiadado fariseo en “Rey de Reyes” de DeMille. La princesa Isobel, heroína de la cinta cuenta con un papel mínimo a cargo de la bella Billie Dove. Empezó su ascenso a la fama como chica Ziegfeld en sus lujosas extravagancias. El affaire que mantenía con el famoso empresario, motivó el que la esposa de este consiguiera que la mandaran al otro punto del país, a rodar películas en Hollywood. Muy popular en la década de los veinte, con la llegada del sonoro conoció al magnate Howard Hughes, quién locamente enamorado decidió impulsar su carrera. El interés del millonario duró poco y Dove acabó retirándose del cine, al casarse con un rico petrolero.
 
         A modo de anécdota, en el único beso que se dan los protagonistas, Billie Dove fue reemplazada por la mujer de Fairbanks, Mary Pickford, quien se negaba a que este besara a otras mujeres aunque fuera en la ficción. Una ficción que pese a su débil argumento, sigue manteniéndose fresca y divertida. Más violenta que las posteriores cintas acribilladas por el Código Hays, “El pirata negro” es una excelente película de aventuras, que merece ser conocida pese a que hayan pasado casi noventa años después de su rodaje.
 
 
P.D. Carl Oscar Borg y Donald Crisp coincidirán en la siguiente gran apuesta de Kalmus con el Technicolor , “El vikingo”,
 
 
 
 

viernes, 17 de enero de 2014

Papá piernas largas (1955) Un cuento de hadas con música

 
 

“Papa piernas largas” es una novela epistolar de 1912 escrita por Jean Webster. La novela fue un auténtico éxito que se prolongó al ser convertida en obra de teatro. Era tal su popularidad que se fabricaron muñecas con ese nombre cuyos beneficios se destinaban a obtener fondos, para la adopción de niños huérfanos por familias. Webster fue una mujer avanzada a su tiempo, licenciada en Vassar donde estudió economía. Su preocupación social se transmite en esta obra, donde una pobre chica criada en un orfanato paupérrimo, recibirá gracias a  un mecenas anónimo, la posibilidad de lograr una cultura universitaria. El rico hombre de negocios que desea mantener el anonimato, será el objeto de esas cartas que componen la novela, dirigidas a papá piernas largas, donde el sentimiento de gratitud irá cediendo al del amor.


Jean Webster fallecida en 1916 por complicaciones en el parto de su única hija, no pudo conocer la primera adaptación cinematográfica protagonizada por “Mary Pickford” la novia de América en el cenit de su popularidad. En 1955 la Twenty Century Fox realizó una comedia musical sobre el tema, donde el papá piernas largas sería Fred Astaire. Su director Jean Negulesco que en los años cuarenta trabajó para la Warner, dirigiendo la inolvidable “Belinda” en la siguiente década en la Fox se ocupó de títulos tan populares como “Titanic” con Barbara Stanwyck y Clifton Webb, “Como casarse con un millonario” y “Creemos en el amor”.


Estos dos últimos filmes, paradigma de los primeras cintas del estudio en el nuevo sistema “Cinemascope”, ahondaron en la especialización de Negulesco  en el género romántico. Porque por encima de todo, es lo que es esta película, los números musicales no son muchos y su brillantez, pese a que en su coreografía intervino el mítico Roland Petit, al lado de los protagonizados por Astaire en sus títulos con MGM, palidecen. Lo que no significa que las canciones de Johnny Mercer no sean buenas y que la pareja de baile conformada por Astarie y Leslie Caron resulte encantadora.

Leslie Caron,  había cautivado a los espectadores del mundo entero gracias a “Un americano en París”. Descubierta por  Gene Kelly, esta bailarina clásica tuvo una fulgurante carrera en Hollywood llegando a ser nominada por su papel de “Lili”. Aquí encarna a Julie Andre, nuevo nombre francés dado a la original Juddy Abbott del relato de Webster. Porque la nueva universitaria lógicamente tenía que ser francesa.



Uno de los mayores aciertos es la pareja de secundarios formada por Fred Clark y Thelma Ritter. Colaboradores del excéntrico millonario Jervis Pendleton III,  la intervención de Ritter será fundamental para el romántico desenlace del filme.

Una cinta sin pretensiones, un moderno cuento de hadas, que durante casi dos horas nos hace ser un poco más felices.



P.D. Papa piernas largas es una manera coloquial de nombrar a un tipo de araña con sus extremidades muy largas, la protagonista solo conoce esa parte de la anatomía de su benefactor de ahí el apodo que le da.