martes, 3 de febrero de 2015

El prisionero de Zenda (1937) Lo bueno si doble, dos veces bueno.

 
Wilfrid J. Holroyd jr., fue un hábil esgrimista que dio muestras de su talento, en multitud de películas de los años treinta, aunque no figurase en ningún título de crédito. El doblaba en las escenas de acción a los protagonistas, como es el caso de Ronald Colman en este magnífico filme.
 
“El prisionero de Zenda” formaba parte de esas lecturas juveniles, que solíamos frecuentar en nuestra época. Su autor Anthony Hope no es ni de lejos tan célebre como otros autores de ese subgénero como Salgari o Verne, pero lo cierto es que para mí resulto una novela muy divertida, donde prevalecía un sentido del humor muy británico.
 
       Escribiendo este post he descubierto que esta, la más famosa de sus novelas, tuvo una continuación titulada Rupert de Hentzau, que por su sinopsis parece mucho más dramática. Esa es quizás la causa de que exceptuando un telefilme británico de 1957, no haya sido llevada a la gran pantalla en la época sonora.
Henry Ainley interpretó el doble papel en la versión británica de 1915
Las adaptaciones cinematográficas, comienzan en 1913, con una versión rodada por la Famous Players en Norteamérica. Dos años después en Gran Bretaña se rodaran con el mismo reparto “El prisionero de Zenda” y su secuela “Rupert de Hentzau”. Un caso único que no volverá a repetirse, ya que las siguientes adaptaciones mudas de ambas novelas, serán producidas por dos estudios diferentes.
 
 
Imágenes de la versión de Rex Ingram para Metro en 1922
 
La versión rodada en 1922 de “El prisionero de Zenda” por Metro Pictures, es la única que he podido visionar. Su protagonista es Lewis Stone, un actor ya veterano, conocido por actuar en muchas películas de  Greta Garbo, para interpretar a su rival Hentzau, se contó con los servicios de Ramón Novarro, en su primera gran oportunidad en el cine. En el papel de la Princesa Flavia apareció Alice Terry, esposa del director, el genial Rex Ingram. Pese a su estupendo diseño de producción, la cinta no es de las mejores del cineasta irlandés, le falta la chispa que el mismo elenco lograría con “Scaramouche”, rodada dos años después.
Rupert de Hentzau rodada por Selznick en 1923
 
En 1923, se estrenaba la continuación “Rupert de Hentzau”. Sus protagonistas Bert Lytell, Helaine Hammerstein y Lew Cody muy populares en su tiempo, no pudieron superar el ascenso del sonoro y quedaron en el olvido. También tuvo una suerte funesta su productor Lewis J. Selznick, que ese mismo año declaraba la bancarrota de su productora.
 
 
Catorce años después, su hijo David acababa de fundar su propia productora Selznick International Pictures, después de aprender todo sobre el mundo del cine en la Paramount, RKO y la MGM que comandaba su suegro Louis B. Mayer. Su primera película como independiente “El pequeño Lord”, fue un éxito considerable, a ella le siguieron otras dos rodadas en el nuevo sistema Technicolor de tres bandas: “Ha nacido una estrella” y “El jardín de Alá”.
 
Así se iba a rodar esta nueva versión de “El prisionero de Zenda”, siendo una de las causas por las que Colman se decidió a interpretarla. Ronald Colman ya había coincidido con David O´Selznick, cuando este produjo para MGM, una estupenda adaptación de “Historia de dos ciudades”. Por desgracia, finalmente tuvo que rodarse en blanco y negro. Los problemas financieros de la empresa Pioneer que era la que hasta ahora había brindado a Selznick la oportunidad de rodar en Technicolor, se unió con una imperiosa necesidad de obtener liquidez por parte de Selznick, ya que el resto de inversores querían ver resultados inmediatos. Recordemos que el productor llevaba un año con los preparativos de “Lo que el viento se llevó”, invirtiendo una importante suma en ello. La opción de rodar en blanco y negro, además de más económica, permitiría poner la cinta en circulación lo antes posible.
 
 
Pero este no fue el último de los problemas a los que se enfrentó la nueva versión. Selznick quería que fuera el prestigioso Frank Borzage quien se ocupara de la dirección, pero Warner Bross que lo tenía en contrato, se negó a prestarlo. Finalmente sería John Cromwell, quien se encargó de una de las mejores producciones de Selznick para RKO “Cautivo del deseo” y director asimismo de “El pequeño Lord” el elegido. De todas formas, el auténtico artífice de la película era el joven productor, quién no sólo utilizó a Cromwell. Para la escena más famosa del filme, el brillante duelo final, pidió prestado a su suegro Mayer, a W.S. Van Dyke, famoso por su ritmo dinámico. Su gran amigo George Cukor, se encargó de dirigir la conmovedora escena final entre la princesa Flavia y el impostor inglés.
 
 
No era esta la primera ocasión en que Ronald Colman interpretase un doble papel. Ya en su etapa muda lo hizo en 1927, con “La llama mágica” en la que el actor interpretaba a un payaso y un noble, una película de Henry King con su habitual pareja en el cine de aquella época Wilma Banky. Un filme del que lamentablemente sólo se conserva su primera parte. El segundo de los títulos con duplicidad de papeles, pude verlo hace muchos años cuando TVE emitió un buen número de películas de Samuel Goldwyn, estudio para el que trabajó durante una década el actor inglés. Se titulaba “La máscara del otro” (1933) y tiene  bastantes paralelismos con sus papeles en “El prisionero de Zenda”. Al igual que en la novela de Hope, Colman interpreta a un miembro prominente de la sociedad, si en la cinta que hoy nos ocupa se trata de un rey, en este drama contemporáneo, interpreta a un destacado miembro del gobierno británico, que al igual que el gobernante de Ruritania tiene un problema de adicción, en este caso las drogas. Su “sosias” es también un primo lejano, quien asimismo se enamora de la mujer de este. En la anterior colaboración entre Selznick y Colman, “Historia de dos ciudades” sin existir un parecido físico, también asumirá la identidad de un noble francés. En esta ocasión logró una de las mejores interpretaciones de su carrera, lo cual es decir mucho, dando la profundidad y empaque que el personaje requería.
 
Además del brillante actor británico, la producción destaca por un reparto casi perfecto. Para el papel de la princesa Flavia, se pensó en un principio en la joven Anita Louise, quien ya había intervenido como actriz secundaria en películas importantes como “El sueño de una noche de verano” y “El caballero Adverse” ambas protagonizadas por Olivia de Havilland. Pero finalmente pensó que Madeleine Carroll, con su melena platino, encajaba mejor con el aura principesca del personaje. Británica, de madre francesa y padre irlandés, antes de iniciarse en el teatro, consiguió licenciarse en bellas artes. Una mujer inteligente, que supo aprender el oficio de actriz cinematográfica, hasta convertirse en poco tiempo, en la estrella más popular del Reino  Unido. Ella fue la primera rubía gélida, del gran Alfred Hitchcock. Su primera colaboración juntos en Treinta y nueve escalones (su siguiente filme con el maestro fue El agente secreto), la convirtió en una actriz de fama mundial. Cuando Selznick decide darle el papel de Flavia, Madeleine llevaba un año en Hollywood, tras firmar un contrato con Paramount donde ya  había actuado con dos estrellas una prometedora y la otra en la cima: Tyrone Power en Lloyds de Londres y Gary Cooper en “El General murió al amanecer”.(Anteriormente Carroll en 1934 ya había estado en Hollywood, rodando para la Fox una película de Ford que fue un gran fracaso, “Paz en la tierra).
Anita Louise en El sueño de una noche de verano
 
Madeleine Carroll y Robert Donat en 39 escalones
 
 
 
Si Colman está perfecto en la película, puede decirse lo mismo de Douglas Fairbanks Jr., quién en un principio no estaba dispuesto a interpretar el papel de Rupert ya que no era el protagonista. Finalmente, el buen consejo de su progenitor hizo que aceptara, logrando la interpretación por la que hoy es más recordado. Frente al grave y calmado Colman, Fairbanks contrasta con su personaje nervioso y amoral. Un villano, que pese a todo nos cae bien. No sucede lo mismo, con el  cínico y tortuoso Michael el Negro, al que da vida uno de los villanos por antonomasia Raymond Massey. Massey había tenido su primer papel protagonista en el cine interpretando a Sherlock Holmes, pero a partir de su papel de Ducelin en “La pimpinela escarlata” empezó a hacerse imprescindible como malvado. El actor canadiense había proseguido con villanos históricos como Felipe II en Fuego sobre Inglaterra y El Cardenal Richelieu en Bajo el manto escarlata, hasta llegar a su brillante interpretación del pérfido hermano del monarca. La estupenda Mary Astor, también estaba genial como su sufrida compañera Antoinette.
 
 
 
No menos apropiado como el Coronel Sharp está C. Aubrey Smith. Encarnación perfecta del militar veterano, nadie mejor que el para este papel. Como su ayudante, un juvenil David Niven, que sólo tres años antes hacía de esclavo en “Cleopatra” de DeMille, donde Aubrey Smith interpretaba a un guerrero britano amigo de Cesar.
 
Otro de los aciertos de la cinta, fue su espléndido guion a cargo de un nutrido grupo de escritores, bajo la supervisión como era habitual de Selznick. Su principal responsable fue John L. Balderston, uno de los mejores guionistas de su época, que empezó su carrera en el cine en Universal, donde firmo los guiones de los grandes clásicos del estudio (Frankestein, Drácula, La momia, La novia de Frankestein). En el género de aventuras, ya había destacado en un título tan popular como “Tres lanceros bengalíes”.
 
Para rematar la estupenda fotografía de James Wong Howe, cuya pericia hizo posible que Colman apareciese por partida doble en el mismo plano. Los estupendos decorados de Casey Roberts, fueron el marco perfecto donde lucir el estupendo vestuario. Su autor, el modisto austríaco Ernest Dryden, acababa de ocuparse de la otra gran película de Colman ese año “Horizontes perdidos” de Frank Capra. Desgraciadamente fallecería sólo un año después víctima de un ataque al corazón.
 
El lanzamiento de la película, coincidió con la abdicación del monarca británico Eduardo VIII, para casarse con la norteamericana Wallis Simpson. Este acontecimiento, hizo aún más interesante para los espectadores el filme, que tuvo un resonante éxito. Todo el mundo alabó esta maravillosa cinta de aventuras, que sigue siendo una de las mejores del género de capa y espada. Unos grandes actores, un prestigioso equipo técnico y el genio indómito de un productor irrepetible David O´Selznick. Si sólo habéis visto la versión que quince años después realizó MGM con Stewart Granger y que copia fotograma a fotograma esta película, os animo a que descubráis el original, os aseguro que ganaréis con el cambio.
 
 
 
P.D. La estupenda banda sonora de Alfred Newman, fue utilizada nuevamente en el preestreno de “Lo que el viento se llevó” ya que su autor Max Steiner todavía no la había concluido.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 22 de enero de 2015

La travesía de París (1956) Bourvil llega al olimpo

 
       Cuando el prestigioso jurado de la Mostra de Venecia, decidió otorgar la Copa Volpi a Bourvil, por su interpretación del estraperlista Marcel Martin, su carrera cinematográfica alcanzó un prestigio, que muy pocos hubieran creído pudiera lograr. Ni siquiera el propio actor que no acompañó al resto de la expedición al festival veneciano.
 
       Este cómico francés, nacido como André Raimbourg, desde muy joven tuvo inclinación por el mundo del espectáculo. Ya durante el servicio militar se convirtió en animador de las tropas, utilizando su primer nombre artístico “Andrel” en homenaje de su actor preferido, el ya muy popular “Fernandel”.
 
       Desmilitarizado tras la derrota ante Alemania, Raimbourg actuará en infinidad de locales de todo tipo, junto a un viejo conocido de la mili el acordeonista Etienne Lorin, acompañando a Bordas la célebre mujer barbuda. Pero llega el amor, el actor y cantante se casa y decide formar una familia. Es la época en la que trabaja en multitud de oficios, según sus propias afirmaciones, siendo plomero estuvo a punto de causar más daños que las dramáticas inundaciones de París en 1910.
 
       Poco a poco empieza a entrar en los cabaret, donde interpretando a los sencillos campesinos normandos, logrará el triunfo. Aquí adoptará el pseudónimo que le hará famoso “Bourvil”, el nombre del pueblo de la Normandia donde se crió siendo niño. Acaba la guerra y su carrera va en ascenso, registra sus primeros discos y debuta en el cine donde interpreta una de sus canciones más populares “Le Crayon”.
 
       Encasillado en papeles bufonescos, siendo el personaje cómico imprescindible en las operetas más famosas de la época, junto a figuras del calibre de Luis Mariano y su amigo Georges Guetary, el cine al que sigue siendo asiduo, le dará la oportunidad de cambiar de registro. Muchos de sus admiradores ignoran que pese a interpretar con frecuencia a personajes de psicología básica, Bourvil es un hombre culto, que tiene una buena amistad con el pope de la cultura de la época Jean Paul Sartre y sobre todo con el cantautor George Brassens, quién le asesora sobre sus lecturas.
 
       Sería el empeño del director Claude Autant-Lara el que posibilitara el que finalmente se filmara está película.  Todo tiene su origen en “Le Vin de París” una colección de relatos publicados en 1947, salidos de la pluma de Marcel Aymé. Concretamente Le traversée de París es el segundo de los relatos, donde nos cuenta la historia de dos personajes tan dispares como el exchofer Martin y el pintor Grandgil que tienen que atravesar el París ocupado con unas maletas llenas de carne de cerdo, con destino al mercado negro.
       Autant-Lara estaba empeñado en llevar a la pantalla este relato, fueron seis años hasta que el proyecto tomó cuerpo. Con todo, la contratación de dos estrellas como Gabin  y Bourbil, hicieron que el desconfiado productor no se decidiera a aumentar el presupuesto, por lo que finalmente acabó siendo una producción en blanco y negro, rodada íntegramente en estudio.
 
       Aquí  no terminaron las piedras en el camino. El escritor Aymé, se escandalizó cuando supo que Bourvil iba a interpretar el papel de Martin. Pero el director se mantuvo en sus treces y logró que posteriormente Marcel Aymé le confesara que era la mejor adaptación llevada al cine de una de sus obras. El novelista, dramaturgo y poeta, llevaba más de dos décadas ligado al cine, no sólo fueron adaptadas a la pantalla sus novelas y relatos, también participó en la escritura de muchos guiones. En esta ocasión fueron los guionistas habituales de Autant-Lara, Jean Aurenche y Pierre Bost, quienes lograron un guion ágil y preciso, en un tema que nunca había sido tratado hasta ahora en el cine de esa forma.
 
       Hasta ese momento, las películas que trataban la época de la ocupación, o bien versaban sobre héroes, o sobre víctimas como la exitosa “Juegos prohibidos”. Este retrato donde los personajes sobreviven, con amoralidad o cinismo, sólo podía ser digerible bajo el barniz de la comedia que la adaptación cinematográfica potenció.
 
 
       Mientras la química entre Bourvil y el director funcionó a las mil maravillas, las disensiones entre este y Jean Gabin se prolongaron durante todo el rodaje. Gabin que había firmado el contrato para poder rodar con su amigo Bourvil, acabó detestando la película. Él pensaba que sabía perfectamente cómo debía interpretar al famoso pintor, por eso le irritaba las continuas indicaciones de Autant-Lara. Pese a todo su presencia se hace imprescindible en la película lo mismo que otras dos actuaciones más breves pero que brillan con luz propia.
 
       Por un lado Jeanette Batty que interpreta a la mujer de Martin, una actriz marsellesa de la que apenas se guarda recuerdo y que aquí está realmente bien. El otro, que encarna al carnicero Jambier, es nada menos que Louis de Funés quien pese a su magnífica intervención, todavía no alcanzó el status de gran estrella que conseguiría unos pocos años más tarde.
 
       La película se estrenó con poco bombo, en dos salas parisinas. Fue el boca a boca, la mejor publicidad. De esa forma consiguió ser la cuarta película más taquillera del año en Francia y se exportó a medio mundo. Hoy en día está considerada entre las mejores películas del cine francés. Para el director fue su último gran momento de gloria, ahogado por los críticos de Cahiers que vituperaron su obra. Afortunadamente, el tiempo pone a cada uno en su sitio y hoy podemos ver como el tiempo no ha hecho mella sobre esta tragicomedia parisina, mientras que otros proyectos considerados en su tiempo novedosos, hoy aburren mortalmente.
 
 
 
 
 

miércoles, 14 de enero de 2015

Tambores lejanos (1951) Objetivo Florida

         Empezamos el año con Raoul Walsh, que es comenzarlo con cine de calidad y que asegura entretenimiento. En esta ocasión me he tomado la licencia de hablar sobre un western, en este caso fronterizo con el cine de aventuras. Pido licencia a mi amigo Farwest Clint Cooper, que es el auténtico especialista en el tema y que escribió una maravillosa entrada en su blog, sobre una de las mejores películas de Walsh “Murieron con las botas puestas”. http://theendfarwest.blogspot.com.es/2011/01/murieron-con-las-botas-puestas-1941.html
 
 
         Tambores lejanos no es por supuesto, uno de las mejores películas del oeste del maestro, siendo muy superiores títulos como “Juntos hasta la muerte” y “Perseguido” uno de las primeros western psicológicos del cine. Precisamente este último, salió al igual que este de la pluma de Niven Busch. El escritor compaginaba con éxito su labor para el cine, con la publicación de novelas que constituyeron auténticos best-seller, una de los más celebres fue “Duelo al sol”.
 
         En esta ocasión la película está ambientada en el trascurso de la segunda guerra seminola, durante la turbulenta gestación del estado de Florida. Adaptaba la novela publicada en enero de 1951 “For Everglades” de Frank G. Slaugther. El filme se comenzó a rodar a mediados de abril de ese mismo año, acabando la filmación el 7de junio. Se filmó principalmente en exteriores, fundamentalmente en las Everglades y en el mítico Castillo de San Marcos, una fortaleza de piedra edificada por los españoles. Todo rodado en un estupendo technicolor gracias al talento de Sidney Hickox, eficiente colaborador de Howard Hawks en dos títulos míticos como “Tener y no tener” y “El sueño eterno”. También con Walsh realizó la impactante fotografía de “Al rojo vivo”.
 
         El rodaje en exteriores resultó bastante difícil. Se tuvo que contratar a dos expertos locales en serpientes, para que despejaran las localizaciones de rodaje de estos simpáticos animalitos. Luego estaban las peligrosas arenas movedizas donde fueron a parar el cámara Hickox y la estrella de la cinta Gary Cooper. El actor aseguró posteriormente que había donado un galón de su mejor sangre a las sanguijuelas y mosquitos del pantano. Pese a esto el comportamiento de Cooper, como en él era habitual fue ejemplar. Le unía una gran amistad con el director, con él que se iba a pescar en los ratos libres y se negó  a ser doblado en ninguna escena. Disfrutó realmente con su trabajo.
Cooper en el hotel Flamingo de Palm Springs
Divirtiéndose en el rodaje
         A Cooper se le emparejó con una actriz casi desconocida, la lituana Mary Aldon, una ex bailarina de ballet, que tras casarse con el director Tay Garnet, decidió probar como actriz, a decir verdad con escasa fortuna. Su papel en esta cinta como Judy Beckett, una señorita con ínfulas que esconde un terrible pasado es hoy el más recordado. Con todo es un apéndice del héroe Cooper, aquí en la piel del Capitán Quincy Wyatt, un personaje fronterizo muy en la línea de los protagonistas de los filmes de Walsh. Él también tiene su pasado, viudo de una princesa india, asesinada por soldados norteamericanos.
 
Fotos publicitarias de la premiere en San Agustín
         Como su antagonista el jefe Ocala, se contrató como era habitual a un actor occidental Larry Carper, que no figuró en los créditos de ninguna de las tres películas donde apareció. En este caso, la realidad no estaba tan alejada de la ficción ya que el auténtico líder indio, era mestizo, siendo su padre caucásico y su madre india y recibiendo originalmente el nombre de Billy Powell. Lo mismo que el hijo de Quincy Wyatt, al que interpretó Sidney Capo, del que no he conseguido información alguna. El guapo Richard Webb, un sólido actor que intervino de secundario en películas tan recordadas como “Retorno al pasado”, “El príncipe valiente” y “Ha nacido una estrella”, aquí encarnaba al estirado oficial Richard Tufts. Posteriormente su momento de mayor fama lo alcanzó gracias a la televisión, donde fue  el Capitán Midnight en la serie Jet Jackson. Los abundantes nativos, eran auténticos indios seminolas.
 
 
 
Pese a lo apuntado sobre el complejo pasado de los protagonistas, la película en absoluto pretende narrar las turbaciones interiores de los personajes. Estamos hablando de una cinta de acción, cuya premisa argumental se centra en un grupo de hombres, continuamente asediados por un temible enemigo,  que es en gran medida un remake de uno de los títulos más emblemáticos de Walsh, “Objetivo Birmania” protagonizada por otro de los grandes amigos del director, Errol Flynn. Casi dos horas de trepidante ritmo, que nos hacen añorar esos cines de sesión doble y las emisiones televisivas de los sábados por la tarde, donde nunca olvidaremos a Gary Cooper afeitándose con una gruesa navaja.
 
 
P.D. La siguiente película de Cooper sería Solo ante el peligro por la que recibiría su segundo oscar
 
La música siendo un filme Warner sólo podía ser de Max Steiner