jueves, 12 de febrero de 2015

Monte Cristo (1929) El talento de Henry Fescourt


 
 
 
 
 

       Como era norma en aquella época, las grandes novelas que gozaban del favor del público, pronto eran adaptadas para representarse en los escenarios. “El Conde de Montecristo”, la popular obra de Dumas, no podía escapar a la moda. Tres décadas después de que fuera escrita, un joven y apuesto actor irlandés James O´Neill (padre del famoso dramaturgo Eugene) empezaba a representar con gran éxito el personaje de Edmundo Dantés. Fue tal la acogida, que pasó las siguientes décadas volviendo a interpretar al mítico conde, hasta superar las 6.000 representaciones. En 1912, el productor Adolph Zukor consiguió convencerlo para que lo interpretara en el cine. El actor que contaba con sesenta y cinco años, no consiguió el mismo efecto ante la cámara cinematográfica y la cinta estrenada casi con un año de retraso, no alcanzó el éxito deseado.
 
 

       Pese a ello no era la primera adaptación llevada al cine, ya en 1908 y 1912 la productora Sellig había rodado dos versiones abreviadas del relato y seguramente habrá otras que desconozco filmadas en los rincones más inauditos del planeta, tal era y es la fama de esta novela. En 1918 se rueda en Francia la hasta entonces, aproximación más seria a la obra. Mediante 15 capítulos producidos por Pathe, asistimos a una versión bastante integral de esta. Su director Henry Poctual , sacó adelante el proyecto pese a contar con un presupuesto bastante modesto. Como dato más curioso anotar que originalmente el protagonista del filme iba a ser Jean Angelo, que fue llamado a filas y sustituido por Léon Mathot. Diez años más tarde Angelo,  ya convertido en una estrella, sería el protagonista de la versión que hoy nos ocupa.

Anuncio brasileño de la versión francesa de 1918
 

       En 1922 la Fox Film rueda la primera versión hecha en Hollywood. Su protagonista un joven John Gilbert, en su quinta película para la productora que pretende hacer de él un nuevo Valentino. Durante muchos años considerada perdida, su visión en la actualidad me ha decepcionado bastante. Es obvio que Gilbert mejoró considerablemente su actuación gracias a la experta mano de Victor Sjostrom y King Vidor. Aquí especialmente en su primera parte, lo vemos bastante exagerado en su interpretación del prisionero del castillo de Iff. Con todo es una producción agradable, con suntuosos decorados y lujoso vestuario, que incluye un final feliz entre la pareja protagonista de Edmundo y Mercedes, diferente del de la novela.

 
John Gilbert en la versión de 1922
 

       Ese falso “Happy end” tan propio del cine de Hollywood, ha sido por desgracia habitual en  numerosísimas adaptaciones, desde la protagonizada por Robert Donat en 1934, hasta la miniserie con Gerard Depardieu. Una de las pocas que respetan el final de la obra, es la versión mexicana de 1941, con un Arturo de Córdova en plenitud. Y por supuesto esta maravillosa película francesa rodada a caballo entre 1928 y 1929, que tanto me ha  impresionado.

 

       Al frente Henry Fescourt, un talentoso director francés, cuya obra vuelve a ponerle en el lugar de honor que merece. Rebuscando en antiguas enciclopedias del cine, no encontré la más mínima referencia a este gran narrador, mientras detallaban con todo lujo de detalles la trayectoria en el cine mudo de Renoir y Clair, cuyas obras en ese periodo distaban mucho de ser perfectas, o el tedioso Abel Gance, cuyas películas son poco digeribles para un espectador normal. Afortunadamente Fescourt, parece que vuelve a estar de moda, como en aquellos años veinte, cuando sus películas causaban sensación.

El asesinato del Duque de Guisa de 1908
 
 

       Durante muchos años Fescourt ha sido reconocido más como teórico del cine, o memorialista. Las páginas de Le foi et les montagnes, son un relato en primera persona de los orígenes del cine francés. Aunque descubrió el cine en un burdel en 1902, empezó a interesarse por el nuevo medio tras asistir a una proyección de “El asesinato del Duque de Guisa”, una nueva experiencia de trasladar temas complejos al cine, con la novedad de una partitura musical escrita exprofeso para el filme obra del prestigioso Camille Saint-Saëns.

 
Edmundo Dantés a punto de ser prendido en la versión de 1929
 
 

       Sus inicios en el cine fueron en la empresa Gaumont, que comandaba  Louis Feuillade. Auténtico titán de esa primera época en el cine, Feuillade, también había empezado como periodista al igual que Fescourt, que comienza a realizar varios guiones para la compañía hasta ser elevado en 1912 a la categoría de director. En su aludido libro de recuerdos evoca al patrón de la compañía León Gaumont, enfadándose cuando por equivocación se filmaba un plano medio, o un primer plano. Muy enfadado bramaba: “Sabed que las cabezas no caminan solas”.

Mathias Shandorf el primer gran éxito de Fescourt
 

       En este medio en continuo cambio, Fescourt va filmando sus primeras obras, comedias cortas en su mayor parte. Al año siguiente rueda sus dos primeros seriales, La Marquise de Trévenec y La mariquita, ambas en cinco partes. Es la edad de oro, un género el del cine por capítulos de quien es máximo exponente Feuillade, autor de los populares Fantomas y Judex. En Norteamérica el serial más popular fue sin duda “Los peligros de Paulina”. Al igual que su mentor Fescourt será llamado a filas, pero mientras Feuillade vuelve pronto al cine, incapacitado para el servicio activo, Fescourt pasará prácticamente toda la guerra. Cuando regresa, empieza un filme con la prestigiosa compañía Le filme d´art titulada “Un toast a la lune” que queda inacabada.

Carteles alemanes de la película
 
 

       Dos años después conocerá a Louis Nalpas, un productor radicado en Niza, que será fundamental en su carrera. Nalpas que lleva en el cine desde 1912, apoya a Fescourt para que ruede una adaptación en 9 episodios de la novela de Verne “Mathias Sandorf” donde el propio Nalpas ejercerá de montador. El serial tiene una gran acogida, lo que da impulso de nuevo a la carrera de Fescourt, quien por otro lado sigue aportando textos sobre teoría cinematográfica. Ese mismo año 1921 viaja a Italia donde rodará “La bambola del Miliardario”.

El imponente Castillo de Iff
 
 
 

       “Rouletabille chez les bohémiens” otro serial de diez episodios, basado en la novela de Gaston Leroux, utilizará con amplitud los paisajes de la Costa Azul, como en Mathias Sandorf empleara los de la Provenza. Un rodaje en exteriores poco habitual en la época y que se convertirá en santo y seña del cine de Fescourt. “Mandrin caudillo de leyenda” será su segunda producción con Nalpas, en ella también se reencontrará con un viejo amigo de los tiempos de Gaumont, el escritor Arthur Bérnede creador del personaje de Judex y autor de novelas de misterio de éxito. Será el último serial de Fescourt, en esta ocasión ocho capítulos.

 

       Tras dirigir dos largometrajes, en 1925 emprenderá  junto a Nalpas y con guion de Bérnede, la película por la que es más recordado “Los miserables”. Empleando más de seis horas divididas en cuatro partes, recreó para muchos críticos la novela de Victor Hugo con gran sensibilidad y pulso narrativo. Fue una epopeya el rodaje, utilizando en multitud de ocasiones las auténticas localizaciones descritas por la novela. Pese a los problemas de financiación, finalmente pudo llevar a cabo esta monumental obra de arte que acaba de ser restaurada.

 
Jean Angelo de Edmond Dantés a Conde de Montecristo
 

       Pasaran otros tres años, con filmes que tienen una buena acogida, pero Fescourt desea volver a realizar otra gran epopeya como su aclamada “Los miserables”. Así que vuelve a reunirse con Nalpas, para realizar este magnífico Monte Cristo. Utilizando estupendos escenarios naturales y suntuosos decorados, supo mover la cámara con gran sencillez no exenta de virtuosismo, como en la magnífica escena de la ópera. Puede que al público español choque la representación de una colonia catalana de la que son naturales Mercedes y Mondegó, más parecida a un tablao flamenco, pero ya sabemos que para los espectadores internacionales, España es Andalucía. No obstante ese momento folklórico está rodado con gracia y riqueza de medios. También contiene momentos de gran  intensidad dramática, como el asesinato del joyero, donde la influencia del cine expresionista alemán es evidente. Pero quizás lo más brillante son esos rápidos flas-back que por momentos vienen a los personajes, unos pocos segundos montados vertiginosamente que nos hacen recordar instantes claves de la historia.

 
 
La excelente ambientación de la película
 
 
 

       La mayoría del reparto se adapta con pasmosa naturalidad a la sustancia de sus personajes. Encabezándolo estaba Jean Angelo, al quien mencionamos al principio de la entrada, quién en un principio iba a protagonizar la versión estrenada en 1918 y que su intervención en la gran guerra cercenó. Angelo que llevaba desde 1908 en el cine, ya había protagonizado para 1910 un Fra Diavolo donde exponía sus virtudes de galán. Pero sería la exitosa cinta de Feyder “La Atlántida” quien le catalpultará a la fama. A partir de entonces su nombre se hará popular en toda Europa, rodando filmes también en Austria y Alemania. Su caracterización de Edmundo Dantés sorprende por la complejidad que imprime al personaje, desde el joven enamorado del principio, al hombre amargado en que se convierte. Todo ello sin aspavientos, contenido pero con una pasión interior que desprende su presencia. El momento del final de la primera parte, en que después de la sorpresiva llegada del bergantín Faraón, queda solo sentado en una roca rumiando su venganza, tras lo que abandona la pantalla, es fantástico.

 
Lil Dagover de Mercedes a Condesa de Morceff
 

       Otro actor que ralla a gran nivel es Gaston Modot, secundario de lujo del cine francés, actuó bajo las órdenes de cineastas tan conocidos como Buñuel, Renoir o Carné. Su Fernand Mondego no es el de un villano unidimensional al uso. Henri Debain que tendrá una larga carrera en el cine, ya había trabajo con Fescourt en dos de sus grandes filmes de la década de los veinte: Les Grands y Un fils d´Amérique, su caracterización del borracho Caderousse es asimismo notable. En cuanto al reparto femenino, al igual que en la novela sus intervenciones son de menor relieve. Interpretando a Mercedes tenemos a Lil Dagover, una auténtica diva del cine alemán que ya había intervenido en el cine francés, con una amplia carrera que se extendió  hasta un año antes de su muerte a los 93 años. Uno de sus primeros papeles protagonistas fue en el famoso filme “El gabinete del Doctor Caligari” apareciendo también en películas de Lang y Murnau. Su composición de Mercedes es mucho menos ñoña de lo habitual, acorde con la madurez de la película. En el papel de la esclava griega Haydée, cumple Tamara Stezenko una bella actriz de la que no se supo más. Marie Glory otra actriz francésa de amplio recorrido, supo encarnar brillantemente a la juvenil hija de Villefort.

Tamara Stezenko
 
 
 
Marie Glory
 
Jean Toullon como Monsieur de Villefort
 
Bernhard Goetzke como el Abate Faría
 
 



       La película fue un gran suceso, pero era el canto del cisne del cine mudo francés. Las películas habladas estaban a la vuelta de la esquina, un sistema al que su director no acabo de acoplarse. Lo mismo sucedió con su protagonista Jean Angelo, que moriría muy poco después en 1933 tras protagonizar una nueva versión de la película que lo convirtió en estrella“La Atlántida”. Fescourt casi le sobreviviría tres décadas, dedicadas al magisterio con alumnos tan brillantes como Alain Resnasis. De él dijo  François Truffaut, que su curiosidad no tenía límites, siempre abierto a la novedad. Como novedad para el público del siglo XXI es este  maravilloso filme que viene a reivindicar a su director como uno de los grandes maestros del cine galo.


 
 
La revista francesa Cine Mirois dedicó su portada a la película
 
 
 
AQUÍ TENÉIS UN EXTRACTO DE LA PELÍCULA CON LA
ESCENA DEL BAILE DE LA ÓPERA
 
 
 
                                              https://www.youtube.com/watch?v=oFFLHqtawn0




 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 


martes, 3 de febrero de 2015

El prisionero de Zenda (1937) Lo bueno si doble, dos veces bueno.

 
Wilfrid J. Holroyd jr., fue un hábil esgrimista que dio muestras de su talento, en multitud de películas de los años treinta, aunque no figurase en ningún título de crédito. El doblaba en las escenas de acción a los protagonistas, como es el caso de Ronald Colman en este magnífico filme.
 
“El prisionero de Zenda” formaba parte de esas lecturas juveniles, que solíamos frecuentar en nuestra época. Su autor Anthony Hope no es ni de lejos tan célebre como otros autores de ese subgénero como Salgari o Verne, pero lo cierto es que para mí resulto una novela muy divertida, donde prevalecía un sentido del humor muy británico.
 
       Escribiendo este post he descubierto que esta, la más famosa de sus novelas, tuvo una continuación titulada Rupert de Hentzau, que por su sinopsis parece mucho más dramática. Esa es quizás la causa de que exceptuando un telefilme británico de 1957, no haya sido llevada a la gran pantalla en la época sonora.
Henry Ainley interpretó el doble papel en la versión británica de 1915
Las adaptaciones cinematográficas, comienzan en 1913, con una versión rodada por la Famous Players en Norteamérica. Dos años después en Gran Bretaña se rodaran con el mismo reparto “El prisionero de Zenda” y su secuela “Rupert de Hentzau”. Un caso único que no volverá a repetirse, ya que las siguientes adaptaciones mudas de ambas novelas, serán producidas por dos estudios diferentes.
 
 
Imágenes de la versión de Rex Ingram para Metro en 1922
 
La versión rodada en 1922 de “El prisionero de Zenda” por Metro Pictures, es la única que he podido visionar. Su protagonista es Lewis Stone, un actor ya veterano, conocido por actuar en muchas películas de  Greta Garbo, para interpretar a su rival Hentzau, se contó con los servicios de Ramón Novarro, en su primera gran oportunidad en el cine. En el papel de la Princesa Flavia apareció Alice Terry, esposa del director, el genial Rex Ingram. Pese a su estupendo diseño de producción, la cinta no es de las mejores del cineasta irlandés, le falta la chispa que el mismo elenco lograría con “Scaramouche”, rodada dos años después.
Rupert de Hentzau rodada por Selznick en 1923
 
En 1923, se estrenaba la continuación “Rupert de Hentzau”. Sus protagonistas Bert Lytell, Helaine Hammerstein y Lew Cody muy populares en su tiempo, no pudieron superar el ascenso del sonoro y quedaron en el olvido. También tuvo una suerte funesta su productor Lewis J. Selznick, que ese mismo año declaraba la bancarrota de su productora.
 
 
Catorce años después, su hijo David acababa de fundar su propia productora Selznick International Pictures, después de aprender todo sobre el mundo del cine en la Paramount, RKO y la MGM que comandaba su suegro Louis B. Mayer. Su primera película como independiente “El pequeño Lord”, fue un éxito considerable, a ella le siguieron otras dos rodadas en el nuevo sistema Technicolor de tres bandas: “Ha nacido una estrella” y “El jardín de Alá”.
 
Así se iba a rodar esta nueva versión de “El prisionero de Zenda”, siendo una de las causas por las que Colman se decidió a interpretarla. Ronald Colman ya había coincidido con David O´Selznick, cuando este produjo para MGM, una estupenda adaptación de “Historia de dos ciudades”. Por desgracia, finalmente tuvo que rodarse en blanco y negro. Los problemas financieros de la empresa Pioneer que era la que hasta ahora había brindado a Selznick la oportunidad de rodar en Technicolor, se unió con una imperiosa necesidad de obtener liquidez por parte de Selznick, ya que el resto de inversores querían ver resultados inmediatos. Recordemos que el productor llevaba un año con los preparativos de “Lo que el viento se llevó”, invirtiendo una importante suma en ello. La opción de rodar en blanco y negro, además de más económica, permitiría poner la cinta en circulación lo antes posible.
 
 
Pero este no fue el último de los problemas a los que se enfrentó la nueva versión. Selznick quería que fuera el prestigioso Frank Borzage quien se ocupara de la dirección, pero Warner Bross que lo tenía en contrato, se negó a prestarlo. Finalmente sería John Cromwell, quien se encargó de una de las mejores producciones de Selznick para RKO “Cautivo del deseo” y director asimismo de “El pequeño Lord” el elegido. De todas formas, el auténtico artífice de la película era el joven productor, quién no sólo utilizó a Cromwell. Para la escena más famosa del filme, el brillante duelo final, pidió prestado a su suegro Mayer, a W.S. Van Dyke, famoso por su ritmo dinámico. Su gran amigo George Cukor, se encargó de dirigir la conmovedora escena final entre la princesa Flavia y el impostor inglés.
 
 
No era esta la primera ocasión en que Ronald Colman interpretase un doble papel. Ya en su etapa muda lo hizo en 1927, con “La llama mágica” en la que el actor interpretaba a un payaso y un noble, una película de Henry King con su habitual pareja en el cine de aquella época Wilma Banky. Un filme del que lamentablemente sólo se conserva su primera parte. El segundo de los títulos con duplicidad de papeles, pude verlo hace muchos años cuando TVE emitió un buen número de películas de Samuel Goldwyn, estudio para el que trabajó durante una década el actor inglés. Se titulaba “La máscara del otro” (1933) y tiene  bastantes paralelismos con sus papeles en “El prisionero de Zenda”. Al igual que en la novela de Hope, Colman interpreta a un miembro prominente de la sociedad, si en la cinta que hoy nos ocupa se trata de un rey, en este drama contemporáneo, interpreta a un destacado miembro del gobierno británico, que al igual que el gobernante de Ruritania tiene un problema de adicción, en este caso las drogas. Su “sosias” es también un primo lejano, quien asimismo se enamora de la mujer de este. En la anterior colaboración entre Selznick y Colman, “Historia de dos ciudades” sin existir un parecido físico, también asumirá la identidad de un noble francés. En esta ocasión logró una de las mejores interpretaciones de su carrera, lo cual es decir mucho, dando la profundidad y empaque que el personaje requería.
 
Además del brillante actor británico, la producción destaca por un reparto casi perfecto. Para el papel de la princesa Flavia, se pensó en un principio en la joven Anita Louise, quien ya había intervenido como actriz secundaria en películas importantes como “El sueño de una noche de verano” y “El caballero Adverse” ambas protagonizadas por Olivia de Havilland. Pero finalmente pensó que Madeleine Carroll, con su melena platino, encajaba mejor con el aura principesca del personaje. Británica, de madre francesa y padre irlandés, antes de iniciarse en el teatro, consiguió licenciarse en bellas artes. Una mujer inteligente, que supo aprender el oficio de actriz cinematográfica, hasta convertirse en poco tiempo, en la estrella más popular del Reino  Unido. Ella fue la primera rubía gélida, del gran Alfred Hitchcock. Su primera colaboración juntos en Treinta y nueve escalones (su siguiente filme con el maestro fue El agente secreto), la convirtió en una actriz de fama mundial. Cuando Selznick decide darle el papel de Flavia, Madeleine llevaba un año en Hollywood, tras firmar un contrato con Paramount donde ya  había actuado con dos estrellas una prometedora y la otra en la cima: Tyrone Power en Lloyds de Londres y Gary Cooper en “El General murió al amanecer”.(Anteriormente Carroll en 1934 ya había estado en Hollywood, rodando para la Fox una película de Ford que fue un gran fracaso, “Paz en la tierra).
Anita Louise en El sueño de una noche de verano
 
Madeleine Carroll y Robert Donat en 39 escalones
 
 
 
Si Colman está perfecto en la película, puede decirse lo mismo de Douglas Fairbanks Jr., quién en un principio no estaba dispuesto a interpretar el papel de Rupert ya que no era el protagonista. Finalmente, el buen consejo de su progenitor hizo que aceptara, logrando la interpretación por la que hoy es más recordado. Frente al grave y calmado Colman, Fairbanks contrasta con su personaje nervioso y amoral. Un villano, que pese a todo nos cae bien. No sucede lo mismo, con el  cínico y tortuoso Michael el Negro, al que da vida uno de los villanos por antonomasia Raymond Massey. Massey había tenido su primer papel protagonista en el cine interpretando a Sherlock Holmes, pero a partir de su papel de Ducelin en “La pimpinela escarlata” empezó a hacerse imprescindible como malvado. El actor canadiense había proseguido con villanos históricos como Felipe II en Fuego sobre Inglaterra y El Cardenal Richelieu en Bajo el manto escarlata, hasta llegar a su brillante interpretación del pérfido hermano del monarca. La estupenda Mary Astor, también estaba genial como su sufrida compañera Antoinette.
 
 
 
No menos apropiado como el Coronel Sharp está C. Aubrey Smith. Encarnación perfecta del militar veterano, nadie mejor que el para este papel. Como su ayudante, un juvenil David Niven, que sólo tres años antes hacía de esclavo en “Cleopatra” de DeMille, donde Aubrey Smith interpretaba a un guerrero britano amigo de Cesar.
 
Otro de los aciertos de la cinta, fue su espléndido guion a cargo de un nutrido grupo de escritores, bajo la supervisión como era habitual de Selznick. Su principal responsable fue John L. Balderston, uno de los mejores guionistas de su época, que empezó su carrera en el cine en Universal, donde firmo los guiones de los grandes clásicos del estudio (Frankestein, Drácula, La momia, La novia de Frankestein). En el género de aventuras, ya había destacado en un título tan popular como “Tres lanceros bengalíes”.
 
Para rematar la estupenda fotografía de James Wong Howe, cuya pericia hizo posible que Colman apareciese por partida doble en el mismo plano. Los estupendos decorados de Casey Roberts, fueron el marco perfecto donde lucir el estupendo vestuario. Su autor, el modisto austríaco Ernest Dryden, acababa de ocuparse de la otra gran película de Colman ese año “Horizontes perdidos” de Frank Capra. Desgraciadamente fallecería sólo un año después víctima de un ataque al corazón.
 
El lanzamiento de la película, coincidió con la abdicación del monarca británico Eduardo VIII, para casarse con la norteamericana Wallis Simpson. Este acontecimiento, hizo aún más interesante para los espectadores el filme, que tuvo un resonante éxito. Todo el mundo alabó esta maravillosa cinta de aventuras, que sigue siendo una de las mejores del género de capa y espada. Unos grandes actores, un prestigioso equipo técnico y el genio indómito de un productor irrepetible David O´Selznick. Si sólo habéis visto la versión que quince años después realizó MGM con Stewart Granger y que copia fotograma a fotograma esta película, os animo a que descubráis el original, os aseguro que ganaréis con el cambio.
 
 
 
P.D. La estupenda banda sonora de Alfred Newman, fue utilizada nuevamente en el preestreno de “Lo que el viento se llevó” ya que su autor Max Steiner todavía no la había concluido.