viernes, 25 de marzo de 2016

Morena Clara (1936) Imperio Argentina, la gran estrella del cine español.

 

                Cuando conocí en persona a Imperio Argentina, su figura estaba en pleno proceso de reivindicación. Un completo ciclo emitido por televisión española y su participación en la película de José Luis Borau "Tata mía" le habían devuelto a la actualidad. Pese a su edad, todavía mantenía esa aureola de auténtica estrella, que combinaba con una gran sencillez.


De Margarita Nile del Río, todo el mundo siempre habló bien, con la única excepción de Alfredo Landa, quien en su libro de memorias "Alfredo el Grande" la puso de chupa de dómine, vamos como a casi todo el mundo. Vino a Logroño con motivo de la proyección de la que seguramente será su segunda cinta más famosa "Nobleza Baturra", pues nadie pone en discusión que su título más célebre es la película de la que hoy hablamos "Morena clara".

 

                La obra homónima había sido un gran éxito tanto en España como en la América hispana. Sus autores Quintero y Guillén, habían caminado por los senderos del sainete andaluz cuyo mayor exponente eran los hermanos Álvarez-Quintero. Una Andalucía tradicional, con un mensaje eminentemente conservador. Quintero y Guillén eran también los responsables de "La copla andaluza", la más famosa de las obras de la en aquel tiempo exitosa "Ópera Flamenca", que dio a conocer entre otros a figuras tan importantes como Angelillo y el Niño de Marchena. En el post que dedicamos a "La hija de Juan Simón" protagonizada por Angelillo, poníamos de relieve los evidentes toques progresistas de esa producción de Filmófono, de quien era supervisor Luis Buñuel. "Morena Clara" en cambio fue producida por su rival, CIFESA, propiedad de la familia valenciana Casanova, quién tenía un matiz más conservador en su mensaje. Muchos han tildado a CIFESA, como productora paradigma del régimen franquista, pero si somos honestos, ni fue la empresa cinematográfica más privilegiada del franquismo, ni sus orígenes están en él, pues ya en el periodo republicano se había convertido en la primera productora nacional, por prestigio y popularidad de sus estrellas.

 
 

                El cine sonoro en España, al igual que en la mayoría de naciones europeas, si exceptuamos quizás a Francia y Alemania, había tenido un nacimiento largo y complicado. En un principio fueron las empresas norteamericanas, especialmente Fox y Paramount, quienes se llevaron a los mejores talentos para realizar versiones en nuestro idioma de sus títulos más populares. Aunque dos de los títulos más recordados son las versiones de Drácula y El presidio producidas por dos de las major más erráticas con el cine de versiones, Universal y MGM, que conocieron prestigio y éxito a la par.

 

Pero su alto costo y ante todo la invención del doblaje, acabaron con esa moda pasajera. Nuevas estrellas como Miguel Ligero e Imperio Argentina se habían forjado en esas películas y ahora se convertían en las impulsoras del nuevo cine nacional, quién después de muchos titubeos en 1934 empezó a caminar con cierta regularidad. De entre todas las productoras CIFESA contaba con los servicios de los dos cineastas más populares del cine hispano: Benito Perojo y Florián Rey. Ambos antes de participar en las películas sonoras producidas por Hollywood ya habían realizado una obra estimable en el periodo silente. Perojo había dirigido películas de la calidad de "La Bodega" protagonizada por Conchita Piquer. Cuando la artista valenciana se puso a las órdenes de Perojo, ya era una estrella en ciernes que pese a su juventud contaba con el aprendizaje efectuado en Estados Unidos durante cuatro años, durante su estancia en Nueva York rodó algunos cortos con un sistema sonoro ideado por Lee De Forest que pese a su calidad no fue finalmente adoptado, se cree que estos fueron las primeras películas sonoras rodadas en español. Frente a ese bagaje, Imperio Argentina era una novata cuando rodó con Florián Rey la versión muda de La hermana San Sulpicio, poco después el director aragonés rodaría la que se considera obra maestra del cine mudo hispano "La aldea maldita".

 
 

                Imperio Argentina parece deber su nombre al gran dramaturgo Jacinto Benavente, amigo de sus padres excelentes bailarines. En un principio la artista se dedica a cantar tangos, bonaerense de nacimiento, malagueña de sangre, parece seguir la estela de la también argentina Celia Gámez, quien a finales de los años veinte se convierte en figura prominente de las variedades en España. Su intervención en revistas musicales como Las Castigadoras y especialmente Las Leandras acabaran reconvirtiéndola en una intérprete cultivadora de la música pseudofolklórica española, haciendo del schotis su bandera. También Imperio terminará incorporando los ritmos españoles a su repertorio que en su inicio como hemos indicado era fundamentalmente argentino. No obstante, en su debut cinematográfico en el cine sonoro con "Su noche de bodas" interpretaba un romántico vals a dúo con el tenor Manolo Russell que se convirtió a su vez en el primer éxito discográfico de la artista. Un año después intervino en "Melodía de Arrabal" vehículo para Carlos Gardel rodado en los estudios de Joinville. Imperio cantaba con el morocho un dúo campero que desgraciadamente no se llevó al disco al pertenecer los artistas a sellos diferentes. Menos conocida que este largometraje es un corto en el que también intervino ese verano de 1932 con Gardel titulado "La casa es seria" y que fue destruido por los invasores alemanes en la segunda guerra mundial, del que sólo se conserva la banda sonora.

 
 

Si la figura de Imperio era ya muy conocida, el reencuentro con Florián Rey en la nueva versión de "La hermana San Sulpicio" constituyó su definitiva consagración como máxima estrella de nuestro cine. Basada en la popular novela de Armando Palacio Valdés, su argumento mezclaba pequeñas gotas de drama con un casto romanticismo y algunas dosis de comedia a cargo de Miguel Ligero. El papel del actor madrileño se ampliaría en la siguiente película "Nobleza baturra" rodada parcialmente en exteriores naturales que le dan en ciertos momentos un aire semi-documental que nos hace recordar salvando las distancias el cine de Flaherty y Murnau que sin duda Florián Rey conocía. Ese mismo año Miguel Ligero también en CIFESA y bajo la dirección de Benito Perojo protagonizaría una estupenda versión del sainete "La verbena de la Paloma", donde recrearía un Don Hilarión que ha quedado como definitivo. La repercusión de este título colocó a Ligero al mismo nivel estelar de coprotagonista en el siguiente proyecto "Morena Clara".

El gran Miguel Ligero
 
En el famoso número Échale guindas al pavo
 

                Antes de protagonizar el título que acabaría por consagrarlos, Imperio rodó un cortometraje con Florián Rey que también gozó de gran popularidad, su título "Romanza rusa", que no era otra que la archifamosa "Ojos negros" que la artista cantaba a ritmo de tango. Para entonces la versatilidad estilística de la actriz y cantante le habían hecho cantar flamenco en "La hermana San Sulpicio" y jota en "Nobleza baturra" saliendo bien parada en ambos y constituyendo éxitos discográficos sus canciones. Con "Morena Clara" la artista ingresa definitivamente en el mundo de la copla andaluza, canción española o como quieran ustedes denominarlo. Un género híbrido, que bebe de las fuentes folklóricas populares, pero también de la zarzuela y que adopta ritmos tomados de aquí y allá, casi siempre con excelentes resultados. Una generación de autores, músicos y poetas que en las siguientes décadas propiciarían una serie de temas que han pasado al imaginario colectivo de la España del siglo XX. Los compositores de las canciones de esta película Quintero, Guillén y Juan Mostazo, escribieron a Imperio unas canciones que además de estar bien integradas en el desarrollo del filme, consiguieron convertirse en clásicos del género. El género musical era sin duda el más popular en nuestro país, ya en el periodo mudo habían sido numerosas las zarzuelas que se habían llevado a la pantalla, pese a su silencio, así qué al contar ahora con el soporte sonoro, constituyeron el núcleo principal de las realizaciones hispanas. Sin duda fueron muy numerosos los títulos zarzueleros adaptados a la pantalla, a lo que habría que sumar las operetas de nuevo cuño que pretendían emular a las que en Hollywood realizaba Ernst Lubitsch. No es de extrañar que la que se considera primera cinta española sonora, aunque rodada en Inglaterra "La canción del día", fuera protagonizada por el tenor Tino Folgar. Incluso tragicomedias como la producción de Filmófono "Don Quintín el amargao", llevaban un tema musical que se hizo tremendamente popular. Hasta los ritmos más novedosos fueron incorporándose paulatinamente al cine nacional, como en "El negro que tenía el alma blanca" y "Centinela alerta" ambas con Angelillo. Pero la comedia musicalmente más avanzada sería "El bailarín y el trabajador" con argumento de Jacinto Benavente, donde brillaba la orquesta de Andrés Moltó.

 
 
 

                Aunque la música como hemos dicho era un reclamo fundamental para el público, el mayor acierto de "Morena clara" reside en las estupendas interpretaciones de sus artistas. Imperio Argentina tiene un magnetismo y un nivel interpretativo muy superior a las luego conocidas como folklóricas. Pese a que las estrellas más famosas de la música nacional, pasaron algunas en numerosas ocasiones por la pantalla, ninguna logró acercarse a la calidad de Imperio. Tanto su voz como su técnica interpretativa han alcanzado su definitiva madurez expresiva, es evidente que el magisterio recibido de Florián Rey la ha convertido en una auténtica estrella del cine, perfectamente homologable con las que entonces modelaban los estudios de Hollywood. Los excesos en los que cayeron sus imitadoras, aunque en su momento pudieran otorgarles fama hoy quedan absolutamente pasados de moda en comparación con el magisterio de Malena, cuya imagen es un icono que permanece tan fresco y moderno como en la época de su mayor gloria.


 

                Otro de los aciertos del filme fue colocarla junto a Manuel Luna, un estupendo actor de carácter qué si carecía de la apostura de un galán al uso, tenía una actuación natural muy superior a la de la mayoría de estos, frecuentemente envarados y cursis.  Sin ir más lejos, uno de los fallos más evidentes de "Nobleza baturra" era el actor protagonista, un endeble Juan de Orduña, que luego se revelaría como uno de los directores más brillantes de CIFESA. Todo lo que no tiene de guapo Luna, lo suple con su gran personalidad. Gracias a este papel de fiscal aburrido y solterón, Manuel Luna alcanzaría una fama merecida que no decaería, sino al contrario en la década siguiente. Eficaz tanto en el drama como en la comedia, abarcó todos los géneros posibles en el cine de la época saliendo siempre con nota del empeño. Por sólo citar alguno de ellos Torbellino (1940) junto a Estrellita Castro, "A mí la legión" (1942) y "El crimen de la calle bordadores" (1945) como muestra de su gran versatilidad. Todavía en la década de los cincuenta nos regalaría una de sus últimas apariciones como el benévolo policía municipal de "El piyayo". Si grande fue la fama de Manolo Luna, todavía mayor era la de Miguel Ligero, especialmente hasta mediados de los años cuarenta. En Morena Clara interpretó a una de sus más celebradas creaciones, Regalito, un gitano perezoso y de buen corazón, al que doto de gran desparpajo y gracia. En "Suspiros de España" filmada por Perojo en los estudios berlineses durante la contienda civil, interpretaba un personaje calcadito a este, en esta ocasión su pareja era Estrellita Castro, promocionada por Perojo a quién quería convertir en una nueva Imperio Argentina. A mediados de la década de los cuarenta su fama se fue apagando, pese a protagonizar una estupenda comedia donde la influencia de Capra era notoria titulada "La luna vale un millón" dirigida por Florián Rey. En las postrimerías de su carrera, se dedicaría a intervenir en nuevas y menos afortunadas versiones en color de sus mayores éxitos Morena Clara y La verbena de la Paloma.

Genial Manuel Luna
 
Porfiria Sanchiz colaboró en 42 películas aquí interpretaba a una abogada defensora
 

                El director aragonés también en esa época comenzaba su declive ante el empuje de los nuevos realizadores como Rafael Gil y Juan de Orduña. Su enorme fama en los años treinta le había proporcionado un prestigio por obras como la que hoy nos ocupa. En "Morena clara", pese a utilizar bastantes exteriores rodados en la capital sevillana, dejó el aspecto más etnográfico que como señalamos había mostrado en "Nobleza baturra", poniendo todas sus energías en una eficaz puesta en escena y una adecuada dirección de actores. Estrenada poco antes de la guerra civil, Morena clara alcanzó un éxito sin precedentes exhibiéndose durante toda la contienda en los cines de ambos bandos. En unos tiempos tan terribles que mejor bálsamo que esta bienintencionada comedia, trufada de una estupenda música. La película era el máximo exponente de los enormes avances cosechados por el cine español quién en menos de media década había dado por fin películas que se podían codear de tú a tú con la omnipresente maquinaria de Hollywood. El reciente mega éxito de "Ocho apellidos vascos" y su inevitable secuela siguen poniendo en evidencia que cuando el cine español decide hacer un producto eminentemente popular, el público responde ahora y hace ochenta años cuando en tan tumultuosas circunstancias nuestros antepasados hacían cola para admirar a la simpar Imperio Argentina, nuestra gran estrella del cine clásico.
 
 
 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Viva la marina (1926) Lon Chaney sin maquillaje

 

         Vuelve a Clásico y Divertido uno de mis actores predilectos, el gran Lon Chaney, con una película muy especial. Se dice que era la preferida de “El hombre de las mil caras” y la que mejor funcionó en taquilla de todas las que rodó bajo la MGM. En ella podemos observarle al natural, sin el recurso de sus famosas caracterizaciones que tanto le hicieron célebre. Aquí es simplemente el Sargento O´Hara, un duro sargento de buen corazón. Chaney aquí crea uno de sus mejores papeles, en una película con abundantes toques de comedia, donde se desenvuelve a las mil maravillas.

 

         Y es que esta película que en Argentina se tituló “El sargento malacara” y de la que no tengo noticia de su estreno en nuestro país, pero que ahora se ha editado en DVD como “Viva la marina” es junto a “El precio de la gloria” de Raoul Walsh, iniciadora de un nuevo género de comedia bélica. La película de la Fox se estrenó un mes antes de la de MGM y su mayor paralelismo reside en que dos marines están enamorados de la misma mujer. Pero mientras una se desarrolla en la contienda mundial, “Viva la marina” transcurre en los pacíficos años veinte y que mientras en una la pugna es entre dos sargentos, aquí el enfrentamiento será entre un sargento chusquero y un paleto novato.

El precio de la gloria de Raoul Walsh
 

         Mientras que el realizador de El precio de la gloria ocupa páginas en las historias de cine, además de ser objeto de una cada vez mayor rehabilitación, para mi totalmente merecida ya que Walsh es uno de mis directores favoritos, el encargado de rodar la película que hoy nos ocupa se mantiene en un vergonzoso ostracismo.

 
 

         Puede que su temprana muerte a la edad de 39 años, probablemente por suicidio, sea una de las principales causas por las que la figura de George W. Hill hoy apenas sea una referencia en los estudios sobre el cine de la época. Algo totalmente injusto porque las películas que de él sobreviven, nos presenta un director eficaz y dinámico, como pocos en aquella época. Había comenzado como cámara en la década de los diez, haciéndose famoso por su destreza iluminando a las estrellas femeninas, pero luego que a comienzos de los veinte escalara al oficio de director, fueron las películas de acción donde los actores masculinos eran mayoría sus principales éxitos, lo que no quita que la gran Marie Dressler ganara un oscar por su participación en Fruta amarga, uno de los títulos más taquilleros de Hill.

 
Lon Chaney fue el primero en recibir el título honorífico de marine
 
 
 

         Hill fue durante esos años uno de los principales directores de MGM, dirigiendo a muchas de sus estrellas. “Viva la marina” contaba con tres al frente del reparto, algo no tan habitual en la época. Además de Lon Chaney, que no necesita carta de presentación y cuyo legado ha subsistido el paso de los años, están dos estrellas cuya carrera comenzó al unísono. Estamos hablando de Eleanor Boardman y William Haines que fueron los ganadores del concurso de caras nuevas de 1922 para los estudios Goldwyn.

 
 

En un principio fue ella la que empezó con mejor pie, en su cuarta película “Almas en venta” un precedente de “Ha nacido una estrella” ya era cabeza de cartel. Su posterior unión al director King Vidor le dio la oportunidad de protagonizar uno de los mejores títulos del periodo silente “Y el mundo marcha”. En cuanto a Haines su ascensión sería un poco más lenta, pero su popularidad acabaría siendo muy superior a la de la actriz, convirtiéndose en el prototipo de joven americano pendenciero pero de buen corazón.

 
 

         El final de sus carreras coincidió con el advenimiento del cine sonoro en el caso de ella y con la fuerte competencia de nuevos astros en el cine para Haines. Aunque se afirma que fue su negativa  a casarse para ocultar su homosexualidad, lo que había dado fin a su carrera en MGM, nuevos libros como la biografía de Ramón Novarro “Beyond Paradise” de André Soares, arrojan luz con que los auténticos motivos de su caída fueron las escasas recaudaciones que tuvieron sus últimas películas. Pese a ser declarado como la estrella más taquillera de 1930, la aparición de nuevos actores como Robert Montgomery y Clark Gable, que además tenían contratos más bajos, supusieron su final como estrella del cine. Aquí en “Viva la marina” lo podemos ver en su mejor forma, con grandes aptitudes en las escenas cómicas, que luego confirmaría en “Espejismos” de King Vidor. Además de sus virtudes interpretativas comprendemos perfectamente la razón de su triunfo, cuando afirma que es un  chico americano, nadie en la platea entraría en discusión, pues las películas de Haines fueron esencialmente de consumo doméstico, siendo mucha menor su fama fuera de las fronteras americanas. Esta sin ir más lejos, fue la segunda película más taquillera del año en MGM pero la mayor parte de sus ingresos fueron en el mercado estadounidense, aunque en Europa también tuvo muy buena acogida. Una vez retirado del mundo del cine, se dedicó junto a su pareja al diseño de interiores, su amistad con estrellas del calibre de Joan Crawford, con quien compartió cartel en los inicios de esta, le supusieron tener una selecta clientela.

 
La vis cómica de William Haines
 
Espejismos uno de sus mejores títulos
 

         La caída de la carrera de Eleanor Boardman, coincidió con su divorcio del director King Vidor, cuando este se enamoró de la guionista Elizabeth Hill, durante el rodaje de Ave del Paraíso. Su último papel sería en la versión inglesa de El sombrero de tres picos, dirigida por el que sería su nuevo marido, Harry d'Abbadie d'Arrast, uno de los mejores talentos del cine y de los más desaprovechados.









         Siempre será una incógnita el futuro de Lon Chaney en el cine hablado. Rodó sólo una película, el remake de uno de sus mejores títulos junto a Tod Browning, “El trío fantástico”. Tan sólo he podido ver algunas escenas del filme, pero a mi entender el gran actor se adaptaba a las mil maravillas al nuevo medio, añadiéndole su capacidad para producir las voces más diversas. Los ejecutivos del estudio se frotaban las manos, pensando que el hombre de las mil caras, ahora sería el de las mil voces, pero por desgracia un cáncer de garganta se lo llevó ese mismo año.
 
 
 
            Carmen Mayers como una seductora nativa filipina
 
 
 
         Desprovisto de maquillaje, con su sola presencia, aquí le tenemos como ese sargento malacara, que atisba una lágrima al final de la película. Un título que pone en valor como ya en 1926 Hollywood era capaz de crear maravillosos divertimentos como la película que hoy nos ocupa. Exotismo, acción, mucha comedia y un poquito de romance, en un perfecto cocktail, con las justitas gotas de patriotismo. Si no la conocen, disfrútenla, merece la pena.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 

jueves, 29 de octubre de 2015

Magnolia (1936) Rectificar es de sabios.

Robeson cantando Ol´man river
         Hace unos días recibí un amable comentario en mi blog, sobre un error que había cometido comentando la sinopsis de la película “Don Juan”, lector a quién agradezco que se tomara la molestia de hacérmelo ver. El fallo que hoy vengo a subsanar es de mucha mayor enjundia ya que concierne a la apreciación que hice de la película que hoy nos ocupa.  Cuando hace un par de años comenté la famosa versión realizada por MGM con Ava Gardner, minusvaloré este filme rodado quince años antes y que he vuelto a ver hace unos pocos días, mejorando con mucho el recuerdo que guardaba de él.
 
 
         Esta fue en realidad la segunda versión que se hacía del famoso musical de Kern y Hammerstein. En 1929 se había filmado una versión muda a la que se le habían añadido efectos sonoros y alguna escena también hablada. Luego se le añadió un prólogo donde algunos de los artistas del montaje original cantaban alguna de las canciones del musical. Esta era una de las escasas producciones a gran escala de Universal, quién centraba la mayoría de su producción en cintas de bajo costo, pero poco a poco bajo los auspicios del hijo del fundador Carl Laemme jr. eso fue cambiando. Para esta película Universal invirtió un millón de dólares, casi diez veces de lo que costaba una producción habitual de la productora.
Laura La Plante y Joseph Schildkraut en la versión de 1929
 
         El director fue James Whale, un británico que ha pasado a la historia del cine por ser el responsable de las míticas películas de Frankenstein protagonizadas por Boris Karloff. Pero Whale, no sólo había dirigido películas de terror, en su haber está por ejemplo la primera y descarnada versión de “El puente de Waterloo”, o ¿Recuerdas lo de anoche? Una comedia alocada con sus dosis de misterio en la línea de las famosas películas de El hombre delgado  protagonizadas por William Powell y Mirna Loy.
 
         Aunque Show boat contiene drama y comedia, esta sí que era la primera cinta musical del director. A decir verdad las cintas musicales de Universal no se distinguían por ser las mejores, en un género dominado especialmente por Warner y donde MGM empezaba a hacer sus pinitos. El trabajo de Whale con un imaginativo uso de la cámara, está a la altura de los mejores musicales de la época, pese a que son bastante escasas las canciones, pues es evidente que lo que más le interesa a  Whale es narrarnos la historia.
 
         El reparto escogido en su mayor parte estaba relacionado de una manera u otra con la obra. Al frente estaba una Irene Dunne en su máximo apogeo como estrella. Precisamente los directivos de RKO la descubrieron durante una gira teatral en la que interpretaba el papel de Magnolia. Desde su debut seis años atrás había conseguido ya la primera de sus cinco nominaciones como mejor actriz por el western Cimarrón. Aunque venía del mundo del musical, en esos primeros años se convirtió en toda una especialista del melodrama, protagonizando dos de las mejores muestras de ese género en los años treinta “La usurpadora” y “Magnífica obsesión” ambas con el director John M. Stahl y donde trabajó cedida igual que ahora en Universal. En “Magnolia” vuelve al género musical donde el año anterior protagonizó “Roberta” junto a Fred Astaire y Ginger Rogers, asimismo con música de Jerome Kern, donde Dunne interpretaba “El humo ciega tus ojos”. También sirvió esta película de Whale para que Dunne se adentrara en el género de la comedia que le era prácticamente ajeno, aunque se convertiría en una de las grandes damas de este con títulos memorables como “Los pecados de Teodora” y especialmente “La pícara puritana”.
 
 
         Dunne era toda una estrella no así tanto su paternaire Allan Jones. Después de barajar hasta diez nombres para interpretar al jugador Gaylor, Laemme y Whale descubrieron al tenor tras ver “Una noche en la ópera”. Jones había fichado en 1934 por MGM pero hasta entonces el uníco vehículo importante que había rodado era la fantástica comedia de Los Hermanos Marx. Parece que Groucho ayudó mucho a Jones en su primer papel importante. En un principio el estudio pensó en el como pareja de Jeanette McDonald, pero al preferir ésta a Nelson Eddy su carrera no acababa de despegar, así que tras rodar una escena de ópera junto a McDonald en Rose Marie, aceptó encantado este su primer papel importante, el cual ya había representado en las tablas, y aunque su técnica actoral dista de equipararse a la de su pareja cumple con su cometido como actor y está brillante como cantante. Por desgracia cuando volvió a MGM se encontró con que el estudio tenía muy pocos planes para él. Volvería a trabajar con los hermanos Marx en “Un día en las carreras” y gracias esta vez a Jeanette McDonald con la que había comenzado una gran amistad que nunca terminaría, rodaría “La espía de Castilla” su segundo y último gran musical. Después de participar en otras productoras con películas de segunda fila, decidió retirarse del mundo del cine y centrarse en la radio y el teatro donde seguirá gozando del favor del público.
 
 
         Hablando de voces, una de las mejores bazas con que cuenta la película es la de poder ver y escuchar a la gran Helen Morgan, reina del espectáculo, donde sus tristes canciones lucían en los lujosos clubs nocturnos propiedad de los gangster durante la prohibición. Morgan tuvo una biografía no demasiado diferente al personaje de Julie al que interpreta, acabando despeñándose en el abismo del alcohol por un desengaño amoroso. Esa es la causa de su corta vida y su exigua carrera cinematográfica, pese a aparecer en el prólogo de la primera versión de Show Boat y en el magnífico musical de Maomulian “Aplauso”. Helen Morgan había creado en las tablas el personaje de la mestiza Julie, casi una década después vuelve a recrearlo con gran empaque, dejando su interpretación un bello poso de amargura. No podría rivalizar estéticamente con Gardner quién interpretó la versión de 1951, pero su arte ralla a su altura si acaso no llega a superarlo.
 
Helen Morgan, Hattie McDaniel e Irene Dunne
 
         Otro que había participado en el estreno de la obra era Charles Winninger , como el alegre capitán Andy. El pequeño y simpático actor tuvo una larga carrera en el cine, siendo este su papel más decisivo, secundario habitual tuvo protagonismo en una de las películas menos conocidas del maestro Ford “El sol siempre brilla en Kentucky”. Winninger había vuelto a interpretar al capitán Andy en el reestreno de Show Boat de 1932, donde coincidió con Paul Robeson que en el filme vuelve a interpretar a Joe. El barítono afroamericano había sido la primera elección de los autores para interpretarlo en el estreno, pero como este estaba sujeto a otros compromisos profesionales no pudo interpretarlo hasta el estreno londinense de la obra. El oscarizado director Steve McQueen (Doce años de esclavitud) afirmó que su próximo proyecto será un biopic sobre el gran cantante y actor. Graduado con las mejores notas en derecho, Robeson no pudo ejercer su carrera debido a los prejuicios raciales, por lo que se encaminó a la interpretación y el canto donde también destacó. Su lucha a favor de los derechos raciales, junto a sus posiciones políticas acabarían  con incluirlo en la lista negra en 1950. Una auténtica desgracia pues era un más que notable intérprete dotado de una gran presencia y una voz  inmensa. En el filme borda su papel de marido vago, pero de buen corazón casado con una gran Hattie McDaniel, quien tres años después ganaría el primer oscar para un artista de color por su interpretación de la entrañable Mammie.
 
El gran Paul Robeson
 
         Hay que reconocer a los encargados de la producción un trato a la comunidad afroamericana más sensible de lo que era  habitual en la época. Aunque representen personajes domésticos, están tratados con dignidad, evidentemente mucha culpa de ello lo tienen la pareja Robeson- McDaniel.
 
 
 
         Aunque el filme obtuvo un gran éxito tanto de público como de crítica, realmente acabó con la  carrera de Carl Laemme jr. como productor. El balance económico negativo de anteriores películas pesó demasiado. Su director tampoco correría mucha mejor suerte, siendo su magnífica adaptación de “El hombre de la máscara de hierro” el único filme reseñable de lo que restaba de su filmografía. La Universal cayó en otras manos que decidieron volver al estudio a la época de la década de los diez, cuando se dedicaba sólo a producir películas baratas. Su fundador Carl Laemme moriría sólo tres años después, tras ayudar a salir a muchos judíos de Europa. Su hijo muy joven aún le sobrevivirá exactamente cuarenta años, falleciendo igualmente el 24 de septiembre. Ambos consiguieron que Universal realizara grandes proyectos bajo su mandato, legándonos grandes películas como esta que  hoy nos ocupa. A su memoria y a la del íntegro y valiente Robeson, va dedicada esta entrada.