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lunes, 30 de diciembre de 2013

La hermana blanca (1923) Bajo el volcán.

 
Durante el rodaje de “Los que no perdonan” Burt Lancaster y John Houston quisieron enseñar a disparar a Lillian Gish, pero descubrieron asombrados como ella era más rápida y precisa que ellos. Parece que la actriz aprendió del otrora ladrón de trenes Al J. Jennings, luego convertido en estrella de la pantalla. Luego con los años había perfeccionado su técnica hasta llegar a manejar el revolver con gran destreza.
Esta simpática anécdota nos refleja la fuerte personalidad de Gish, tan diferente al ingenuo y débil personaje con el que se le identifica. La muchacha desvalida, golpeada por la fortuna, a la que solo el amor puede rescatarla. La asociación durante diez años al todopoderoso director DW Griffith, forjó esa imagen que el público tanto adoraba. Aparte de las epopeyas históricas como “El nacimiento de una nación” y “Las dos huérfanas”, tuvo la ocasión de acometer personajes más profundos en  “Lirios rotos” y “Las dos tormentas”. En ambos filmes compartió cartel con el apuesto Richard Barthelmess.

Precisamente Barthelmess fue quien le habló de las excelencias como director de Henry King. Para entonces Gish había finalizado su compromiso con Griffith, e incluso se había aventurado a dirigir una película “Remodeling Her Husband” que protagonizó su hermana Dorothy. Cuando visionó  “Tol'able David” (1921) la cinta que el actor acababa de rodar con King, pensó en lo interesante que  sería para su carrera trabajar con este director. El cineasta que protagonizaría una longeva carrera a lo largo de casi cincuenta años, había comenzado como actor de varietés y para entonces llevaba seis años como director de cine.

“Tol'able David” era el segundo largometraje de Inspiration Pictures, una nueva productora fundada por Charles H. Duell y Boyce Smith, con la que Gish llegó a un acuerdo. Por encima de la cuantía de su salario la actriz primo que contrataran a su hermana Dorothy, y que tuviera capacidad de decisión en cuestiones artísticas. La primera cinta de  Lillian Gish para la novel productora sería “La hermana blanca” basada en la obra de Francis Marion Crawford, que ya había sido llevada al cine en 1909.
A diferencia de la mayoría de las cintas norteamericanas, este drama místico se rodó en Italia. Sus esplendidos decorados en los estudios de Roma y los exteriores en la luminosa Nápoles. Las escenas del desierto se filmaron en Argelia. Todo esto habla de una producción de gran magnitud que rebasaba ampliamente los estándares cinematográficos de la época.
Para coprotagonizar el filme, King dio la oportunidad a Ronald Colman, un actor inglés que acababa de triunfar en Broadway con la pieza “La Tendresse". Fue el primer eslabón de una exitosa carrera. Aquí interpretaba al Capitán Giovanni Severini,  novio de Ángela Chiaromonte (Lillian Gish) hija de un adinerado aristócrata italiano. Pero cuando su padre muere, su malvada hermanastra  la despoja de su herencia, utilizando falsas pruebas que la acusan de ser hija ilegítima. Pero como todo se puede empeorar, su fiel novio Giovanni debe zarpara para África, encargado de una peligrosa misión.
A lo largo de sus casi dos horas y media, asistiremos a todo tipo de situaciones melodramáticas, en las que no faltan,  el ataque de beduinos belicosos, ni la abrupta erupción del Vesubio. Un gran espectáculo con magníficas interpretaciones que merece la pena ser descubierto.
P.D. La película distribuida por la Metro Pictures logró un gran éxito. Diez años después convertida en MGM, volvió a rodar una nueva versión sonora protagonizada por Clark Gable y Helen Hayes. Curiosamente Helen Hayes fue la heredera de la sustanciosa fortuna de Lillian Gish, aunque solo la sobrevivió dieciocho días. En 1960 se realizó una versión en México protagonizada por Yolanda Varela y el español Jorge Mistral.
Francis Marion Crawford que fijó su residencia en Italia (donde había nacido pese a ser su nacionalidad estadounidense) escribió la primera novela sobre la mafia, curiosamente titulada “Corleone”.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Scaramouche (1923) A nous la liberté.

 
 

Mi primer acercamiento a la obra de Rex Ingram se lo debo al gran Terenci Moix, que desde las páginas del dominical de ABC “Blanco y negro”, iba forjando su estupenda “Gran historia del cine”. Lamentablemente aquellas magníficas fotografías, que apoyaban un texto tan didáctico como bien escrito, eran la única referencia iconográfica de que podía disponer en una ciudad de provincias.

La atención que le prodigó el gran escritor barcelonés, difería de la que habitualmente dispensaban otros historiadores cinematográficos, los cuales no quiero mencionar para no ponerlos en evidencia. Afortunadamente casi veinte años después la oportunidad de disfrutar de estas obras silentes, en excelentes condiciones, me ha permitido contemplar, lo que antes conocía por referencia.


Aprendiz del gran Griffith, este polifacético irlandés, pintor, boxeador amateur y finalmente director de cine, logró en 1921 un éxito mundial con la adaptación a la pantalla grande de la novela de Blasco “Los cuatro jinetes del apocalipsis”. Esta cinta que convirtió a Rodolfo Valentino en una estrella contó en un papel menor con Alice Terry  que poco después se convertiría en su esposa y con un extra de origen mexicano llamado Ramón Novarro.


Los fabulosos resultados de taquilla del filme, proporcionaron a Ingram una libertad creativa, superior a los directores de su época y el poder contar para sus cintas con  presupuestos que rebasaban con mucho, la media habitual de gasto. Su acierto al versionar  narraciones célebres, tan dispares como Eugenia Grandet y El prisionero de Zenda, lo hacía el más adecuado para rodar “Scaramouche”,  una historia ambientada en la Francia prerrevolucionaria que había publicado dos años antes Rafael Sabatini.


Lo primero que sorprende de la cinta es su maravillosa ambientación, que hace sumergirte en el siglo XVIII. Diríase que los cuadros de Antoine Watteau o  Maurice Quentin de La Tour, cobraran vida. Con esa misma naturalidad, descienden de un coche de postas, dos viajeros impregnados del polvo del camino: André-Louis Moreau (Ramón Novarro)  hombre de pasado incierto, criado por un aristócrata menor y su mejor amigo Philippe de Vilmorin (Otto Matiesen) un estudiante de religión, que aboga por los más débiles. Horrorizados observan como a una mísera casa, llega el cuerpo de un pobre campesino, ejecutado por orden de Le Marquis de la Tour d'Azyr (Lewis Stone), que así castiga al que caza en sus tierras, aunque sea para mitigar el hambre de su familia. La aparición del noble, indiferente ante el dolor de los más pobres, encoleriza al joven  Philippe, que se enfrenta a duelo con el marqués, un experimentado espadachín. Despachado sin contemplaciones con una certera estocada, el estudiante idealista muere en los brazos de su amigo André. Este jura vengar a Philippe y hacer suyos  los ideales que defendía. El desdeñoso aristócrata aspira también a casarse con Aline (Alice Terry) la mujer a la que ama  André.
 
 

Fiel a la novela de Sabatini, la película de Ingram difiere en muchos aspectos con la versión de 1952 dirigida por George Sidney. Mientras la cinta de los años cincuenta, es una comedia de aventuras donde el tono bufo, impregna todo el relato, la adaptación silente lo convierte en un drama romántico, en el que los aconteceres históricos tienen mucha importancia. La revolución que en el filme protagonizado por Granger es una referencia apenas sugerida, aquí tiene un peso determinante en la acción, siendo fundamental para el devenir de los acontecimientos y que será crucial cuando virulentamente estalle en la parte final del filme. La mirada que ofrece la cinta sobre la nobleza es corrosiva, mientras que a los revolucionarios se les trata de una forma objetiva, mostrando la locura del levantamiento popular, pero también la causa que lo motiva.

 

Otros notorios cambios sobre la versión más conocida, me obligarían a desmenuzar el argumento, algo que me gustaría que descubrierais por vuestros propios ojos. Solo diré una cosa, el último plano de la cinta, donde avanzan briosamente los revolucionarios es impresionante. ¿Cuál es mejor de las dos?...
Video homenaje a la bella Alice Terry