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jueves, 2 de julio de 2015

Mi marido está loco (1941) William Powell se desmelena.

 
       Mirna Loy y William Powell eran dos de los actores más populares de su época. Versátiles tanto en dramas como en comedias, fue en este último género donde obtuvieron mayor fama, y eso que la primera película que les unió “El enemigo público nº 1” tenía poco de esto último.
 
 
       Aunque compartieron cartel con figuras de la talla de Carole Lombard o Clark Gable, la unión de ambos era perfecta. Cuando rodaron “Mi marido está loco” llevaban ya nueve películas actuando juntos, siendo las más populares las de la saga “The thin man” donde interpretaban a la sagaz pareja de detectives formada por Nora y Nick Charles.
 
       Aunque no haya pasado a la memoria popular como las cintas de los personajes creados por Dasiel Hammett, “Mi marido está loco” es para mí una de las mejores rodadas por ambos donde William Powell da rienda suelta a todos sus recursos cómicos.
 
 
       El guion es obra de dos reputados escritores: William Ludwig y Charles Lederer. Ludwig fue un habitual en las producciones de MGM durante su edad de oro, apareciendo su firma en las películas de dos de los personajes más familiares del estudio: Andy Hardy y Lassie. También destacó en las películas musicales participando en tres títulos de gran repercusión como “Girl Crazy”, El gran Caruso y Oklahoma”.
 
       En cuanto a Charles Lederer, tenemos a uno de los mejores escritores que el género de la comedia que haya dado el cine. Sobrino de la actriz y pareja durante tantos años del magnate de la prensa Hearst, Marion Davis, Lederer empezó como muchos otros en el mundo del periodismo donde trabó amistad con Ben Hetch. Ayudó a este en su obra más famosa “The front page” co-escrita con Charles McCarthur encargándose de los diálogos adicionales. Cuando Howard Hawks decidió rodar una nueva versión de la obra, Lederer se encargó del nuevo guion. “Luna nueva” se caracteriza por la velocidad de sus diálogos y “Mi marido está loco” no le va a la zaga, los personajes sueltan sus frases a borbotones no dejando respiro al espectador salvo en los físicos momentos de Slapstick.
       Aunque nos hemos referido al principio de esta entrada a la pareja formada por Loy y Powell, lo cierto es que en este filme, el personaje de Mirna Loy tiene una  jerarquía bastante inferior al de Powell, auténtico foco de atención de la película, estando el personaje de la bella actriz a la misma altura que la fenomenal galería de secundarios que participan en la historia.
 
 
       Al comienzo de esta vemos a Steve Ireland, un arquitecto de éxito que llega feliz a casa tarareando una canción irónicamente titulada It's Delightful to Be Married. Una canción que ya había sonado en otro de los filmes más famosos del dúo “El gran Ziegfeld”. La letra estaba compuesta por la durante tantos años pareja del famoso hombre del espectáculo Anna Held, que en la pantalla interpretaba la actriz Luise Rainer (quien por cierto se llevó el oscar). La música era del compositor Vincent Scotto, ya que Held utilizó una de sus melodías más populares «La Petite Tonkinoise» compuesta un año antes en 1906 y que han cantado artistas tan dispares como Josephine Baker , Sara Montiel y hasta la recientemente desaparecida Marujita Díaz en su filme más famoso "Pelusa".
 
 
       Volvamos a la película y veremos como el pobre Ireland que canta lo maravilloso que estar casado el día en que cumple cuatro años de feliz matrimonio con su esposa Susan quién claro está interpretada por Mirna Loy. A partir de entonces le sucederán una serie de calamidades que acabaran por dar al traste con su feliz vida matrimonial.
 
La aparición de la antigua novia de Stevie complicará y mucho su vida
 
       A ello ayudaran una galería de personajes realmente memorables. Empezaremos por la principal causante de las desdichas de Steve, su antigua novia Isobel a la que da vida la bella Gail Patrick, una de las mejores secundarias de la época que ya había coincidido con Powell en uno de sus títulos más memorables “Al servicio de las damas”. Sin su belleza pero si con gran talento Florence Bates interpreta a su “encantadora” suegra. Bates también tiene una excelente filmografía con películas tan memorables como Rebeca y Carta a tres esposas.
Gail Patrick que da vida a Isobel en una foto promocional de la película
 
Florence Bates está genial como la típica suegra de toda la vida
 
       En cuanto al género masculino, por encima de todos está Jack Carson quién tiene después de Powell los mejores momentos de la película. Carson interpreta a un vecino de la pareja campeón mundial de tiro con arco, quién por un equívoco acabará conociendo a Susan con quién intentará casarse. Aunque se estrenara tres años más tarde, ese mismo 1941, Carson también intervendría en otra comedia loca inmensamente popular “Arsénico por compasión”.
Carson y Powell en una divertida foto promocional
 
Carson está genial en la película
 
Aunque su papel es pequeño Sig Ruman también brilla
 
Yo no digo que esta cinta dirigida por el eficiente Jack Conway esté a la altura de la de Capra, pero no es menos cierto que tampoco merece el olvido que sobre ella pesa, teniendo momentos de gran  hilaridad como los que suceden en la casa de reposo dirigida por el Dr, Wuthering, a quién da vida el genial Sig Ruman, inolvidable camarada Iranoff en Ninotchka y en varios filmes de los Hermanos Marx.
 
       En esta película asistiremos a todos los recursos de la comedia, incluyendo caídas, diálogos equívocos y hasta travestismo, cuando Steve en la parte final de la película para huir de los policías que le persiguen se disfraza de dama de cierta edad, para hacerse pasar por su hermana. Se cuenta que llegó a engañar al propio Louis B. Mayer quién recibió a esa encantadora dama durante cinco minutos.
 
William Powell toda una Dama
 
       A muchos de nosotros nos hubiera gustado vivir en unos apartamentos tan magníficos como los que diseñó Cedric Gibbons, elegantes como ésta más que recomendable comedia, un mundo que de seguro fascinaría a la mayoría de españolitos de a pie que pudo ver esta película en el difícil invierno de 1943, cuando se estrenó en nuestro cines.
 

jueves, 27 de noviembre de 2014

El retrato de Dorian Gray (1945) Dos estetas unidos: Oscar Wilde y Albert Lewin

 
         Recuerdo que “El retrato de Dorian Gray” la leí de un  tirón una noche de hace casi un cuarto de siglo. Aparte de algunos cuentos y poemas, esta era la primera obra que leía de Oscar Wilde. Tenía poco más de veinte años y me fascinó este novela fantástica, que trata de la belleza de la juventud y del precio que hay que pagar por ella. A partir de entonces me empeñé en leer todo lo escrito por el famoso escritor irlandés, incluyendo varias biografías, pero aunque al final su comedias teatrales me parecen lo mejor de su producción, nunca olvidaré que Dorian Gray fue la puerta que me abrió el  universo de Wilde.

         Pese a que sus obras puedan parecen un material excelente, el cine no ha frecuentado con demasiada asiduidad las obras de Oscar Wilde. Quizás su final, caído en desgracia por su homosexualidad, tuvo buena culpa de ello. Otro gran autor británico Somerset Maugham, que había asistido en su juventud, a los juicios que sufrió Wilde, guardo celosamente su condición sexual, después de ver como la hipócrita sociedad de la época destrozaba al brillante autor.
 

 
 
         Desde luego resulta desconcertante que la primera versión sonora de esta apasionante novela, no se realizara hasta el año 1945. Anteriormente se habían producido un cortometraje rodado en 1913 en Nueva York con Wallace Reid, y dos producciones británicas, otro corto estrenado en 1915 y al año siguiente el primer largometraje basado en la novela, protagonizado por Henry Victor una de las primeras estrellas del cine inglés. Películas de escaso relieve, cuyo interés es meramente anecdótico. También el cine alemán en 1915 y 1917 se ocupó del tema con otros dos filmes que se creen perdidos.

         El hombre que hizo posible esta magnífica cinta, Albert Lewin ofreció la posibilidad de realizar esta adaptación a MGM. El magnate Louis B. Mayer tuvo que plegarse a la independencia que Lewin pidió para llevar el proyecto a buen puerto. No era una decisión arriesgada puesto que Lewin había sido durante muchos años un hombre del estudio. Su biografía cinematográfica comienza cuando estando licenciado con las mejores calificaciones y con un próspero futuro como profesor de  universidad, asiste a la proyección de “El gabinete del Doctor Caligari”. Esta experiencia transformará su vida y decidirá adentrarse en el mundo cinematográfico, un territorio hostil para intelectuales como él.
 
         Desde su origen como estudio, Albert Lewin estará vinculado a MGM, primero como guionista y luego como asistente personal de Irving Thalberg. Su participación en producciones del calado de “Rebelión a bordo” y “La buena tierra” determinaran su pericia como productor. Pero la muerte de su protector hará que decida abandonar la Metro y seguir produciendo películas en Paramount. Será tras esa etapa, cuando decide con casi cincuenta años, involucrarse en la dirección de sus propias películas, donde dará rienda suelta a todas sus motivaciones estéticas.
 
         Su primer filme como director fue coproducido junto a David L. Lowe y se tituló en nuestro país Soberbia. Su base era también otra obra literaria en este caso de Somerset Maugham, inspirada en la figura del pintor Paul Gaugin. Al año siguiente 1943, filmó algunas escenas de Madame Curie, volvía a MGM que estaba preparando otra adaptación de Oscar Wilde, “El fantasma de Canterville” protagonizada por la nueva niña prodigio Margaret O´Brian y el gran Charles Laughton.
 
 
         Claro que el cuento infantil de Wilde, no tenía las aristas de la novela sobre Dorian Gray. El estupendo guion obra del propio Lewin, supo soslayar con elegancia los vaivenes de la censura. En cuanto a la concepción visual de la cinta, importante en grado sumo, contó con la entregada colaboración de Cedric Gibbons, el director artístico por antonomasia de MGM y un recién llegado, Hans Peters, quienes ayudaron mucho al director en la peculiar atmósfera que emana la película.
 
         Hombre de gran cultura, Lewin utilizó numerosas referencias que acreditan esta afirmación. Comenzando por la cubierta de “Las flores del mal” de Baudelaire que George Sanders está leyendo al comienzo de la película. Sanders interpreta a Lord Henry Wotton, un Mefistófeles victoriano que inculcará sus maléficas ideas en el joven Dorian. Sanders debe mucho a Lewin, puesto que le dio uno de sus primeros papeles protagonistas en su debut como director en “Soberbia”. Anteriormente el actor británico había participado en populares películas de serie B, con los personajes de “El Santo” y “El halcón” y como secundario en títulos de más fuste como la inolvidable “Rebeca”.
 
         Para encarnar a Dorian Gray, se eligió a Hurd Hatfield, un joven actor cuya única experiencia ante las cámaras había sido en “Estirpe de dragón” haciendo de oriental. Tanto en la crítica que escribió The New York Times, tras su estreno, como en la actualidad, se señala a su endeble interpretación cómo lo menos logrado de la película. Lo cierto es que Hatfield tras su intervención el año siguiente en “Memorias de una doncella” de Jean Renoir, pasó rápidamente a la incipiente televisión, interpretando en el cine sólo papeles secundarios. Por el contrario sus compañeras femeninas de reparto Donna Reed y Angela Lansbury gozaron de mucha mayor fortuna.
 
 
         En el caso de Lowell Gilmore que interpretaba al pintor Basil Hallward también era su segundo filme, después de intervenir en “Días de gloria” película que glorificaba a los partisanos rusos, cuando la guerra fría todavía no había hecho acto de presencia. Gilmore que estaba con un pie en los cuarenta, llevaba tras de sí una larga experiencia teatral. Peter Lawford que compone la pareja juvenil junto a Donna Reed, era una de las estrellas emergentes del estudio, que aquí en este ambiente tan decadente, está como un pez fuera del agua.
 
         Salvo algunas libertades, Lewin siguió fielmente el relato de Wilde. Donde el director aportó su huella fue decididamente en el aspecto visual. Encuadres artificiosos para los que empleaba mucho tiempo, unido a una iluminación muy personal. La colaboración del gran cámara Harry Stradling, fue providencial en el resultado final de la cinta. Stradling natural de Nueva Jersey, curiosamente se había hecho un nombre en Europa, siendo el fotógrafo habitual de las películas francesas de Jacques Feyder. Junto al director belga partió a Gran Bretaña, contratados por Alexander Korda y  posteriormente por Alfred Hichtcock en su postrera cinta de su etapa británica “La posada de Jamaica”. Precisamente Stradling volvería a Hollywood para volverse a poner a las órdenes del orondo director inglés. Cuando filma “El retrato de Dorian Gray” acababa de terminar su primera cinta en Technicolor “Escuela de sirenas”. En el filme de Lewin, utilizará el color en los planos en los que se ve el cuadro. Ese uso parcial del color Lewin ya lo usó en su primera cinta y volvería a hacerlo con la siguiente “Los amores de Bel ami”.
 
 
         Si nos tomamos el suficiente tiempo, podemos admirar ese abigarrado conjunto de raros objetos, planos imposibles, referencias culturales, que constituyen el complejo mundo de este creador todavía no suficientemente reivindicado que es Albert Lewin. Y siempre nos quedará ese maravilloso cuento fantástico obra de uno de los escritores más brillantes de todos los tiempos, Oscar Wilde.
 
 
P.D. Como curiosidad añadir que durante su etapa en Francia el cámara Harry Stradling filmó dos películas rodadas por Carlos Gardel en los estudios de Joinville de la Paramount. “Espérame" y “Melodía de Arrabal”.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

jueves, 2 de octubre de 2014

Mr. Wu (1927) Dedicada a la exquisita Renée Adorée

         Lon Chaney era uno de los actores más rentables de Metro Goldwyn Mayer. “Mr. Wu” con una inversión de tan sólo 267.000 dólares, obtuvo 439.000 de beneficio. Este dato contable, es concluyente para analizar la causa por la que Chaney tuvo tanta libertad por parte del estudio.  Para 1927 era un actor más que consolidado, su anterior filme “Tell into the marines”, donde encarnaba al sargento O´Hara fue su mayor éxito entre las películas que protagonizó para el estudio del león, y su posterior cinta “Garras humanas” es en la actualidad la más recordada de sus actuaciones junto al Erik de “El fantasma de la ópera”.
 
         Precisamente su encarnación del mítico fantasma, ha encasillado a la figura de Chaney como un precursor de las estrellas de terror de la Universal como Boris Karloff o Bela Lugosi. Esta afirmación es del todo incierta, pues una somera aproximación a la filmografía de Chaney, nos haría ver que sus incursiones en ese género son episódicas, siendo los melodramas bizarros, los que constituyen el núcleo central de esta. Además que por supuesto ni Karloff, ni Lugosi, ni tan siquiera Christopher Lee, alcanzaron el estatus de estrella de Chaney “El hombre de las mil caras”.
Porque uno de los puntos fuertes en la actuación de Lon Chaney, era su prodigiosa capacidad para el maquillaje. En esta ocasión interpretaba un doble papel de mandarines, abuelo y nieto respectivamente. Era la cuarta vez que interpretaba a un chino, primero lo hizo en “Fuera de la ley” su primera colaboración con Tod Browning, luego lo hizo en “Bits of life” donde encarnaba a Chin Chow en una cinta donde su esposa era Anna May Wong, la artista oriental por excelencia del Hollywood clásico. En “Shadows” filmada el mismo año 1922 por la productora independiente de B.P. Schulberg, Chaney logró una de sus mejores actuaciones hasta entonces. Nada tenía que ver el humilde y sensible  lisiado Yen Sin, con los aristocráticos personajes de Mr. Wu, donde Chaney se recreó en la creación del personaje del anciano mandarín y potenció con este los orgullosos ademanes de su vengativo nieto.
 
El argumento de la película, se basaba en una obra estrenada en Londres en 1914, original de Henry Maurice Vernon y Harold Owen. Su éxito se debió en gran parte al ser encarnada por Matheson Lang uno de los actores favoritos del público británico. Famoso por encarnar los más reputados papeles de Shakespeare, fue este papel de Mr. Wu el que le aumento su popularidad, tras su vuelta a Inglaterra, después de una gira por rincones tan lejanos del imperio como India, Sudáfrica y Australia. Ya en 1919 Lang llevaría su personaje a la gran pantalla, algo que ya no era ajeno para el puesto que desde 1916 lo venía haciendo, siendo pionero en estas lides, ya que en ese tiempo pocos actores reputados decidían actuar en películas. Antes de que MGM rodara su versión en América se rodaron otras dos adaptaciones en Alemania e Italia.
 
Esta historia nos habla de respeto a las tradiciones, por muy duras que nos puedan parecer y de los amores entre personas de culturas diferentes. La crueldad de Mr. Wu no es gratuita como la de un Fu-Man-Chu, sino basada en un código de honor. El grado de comprensión del personaje es mayor que el habitual en otras películas de la época, donde los estereotipos son más acusados. El mandarín no es en absoluto un villano, son las circunstancias las que le impelen a comportarse así. Un aura de fatalismo que también envuelve el amor de los jóvenes, encarnados por Ralph Forbes, un actor británico en cuya anterior película había aparecido como John, uno de los hermanos Geste, en la primera versión de Beau Geste rodada por Herbert Brenon y Renée Adorée.
 
Su composición de la tierna hija de Wu, Nang Ping es conmovedora. La actriz francesa se convirtió en estrella después de cinco años de lucha. Tras pasar por la Fox como John Gilbert, ambos acabarían recalando en MGM, donde se convertirían en estrellas con “El gran desfile”. Pero al contrario que con Gilbert, Adorée vio como pronto su carrera se estancaba. Este fue uno de sus últimos grandes papeles en el cine, el año anterior ya había coincidido con Chaney en la estupenda “Maldad encubierta”. También fue una magnífica Musetta en la adaptación que de la ópera de Puccini realizó su mentor en “El gran desfile”, King Vidor. Uno de sus últimos papeles fue en “El pagano” donde interpretaba a una prostituta de buen corazón. La tuberculosis terminaría con su carrera y con su vida a la temprana edad de 35 años.
 
La dirección de la película corrió a cargo de William Nigh, un prolífico director que durante más de treinta años dirigió filmes de todo tipo. Acabó dirigiendo en productoras menores como Monogram, pero a mediados de los veinte y durante cinco años pudo dirigir en MGM a muchas de sus principales estrellas. Por citar algunas a Ramón Novarro y Joan Crawford en “Across to singapore” nueva versión de “Todos los hermanos valientes”, en la anterior filmada cinco años antes en 1923 curiosamente actuaba Lon Chaney. Volvió a dirigir a Crawford en esta ocasión acompañada por John Gilbert en Four walls. Nigh repetiría con Lon Chaney en la que sería la última película muda de ambos “Thunder”.
 
El director compartió muchos años antes que Orson Welles, los títulos de crédito con su director de fotografía John Arnold. Arnold era el más prestigioso cámara del estudio, alcanzando rango de notoriedad a partir de “El gran desfile” y autor de la fotografía de esa obra maestra que es “El viento”. Después de intervenir en sus dos únicos filmes sonoros (La melodía de Broadway y The Hollywood revue of 1929) se convirtió en director de fotografía del estudio, designando a los cámaras necesarios para cada filme de MGM durante un cuarto de siglo. También ganaría dos oscar por los avances obtenidos por su labor investigadora.
 
Siempre se nos quedan cosas en el tintero, como la actuación de Louise Dresser, una actriz de carácter que en su juventud fuera muesa de George M. Cohan y que estaría en la lista de nominadas a mejor actriz, en la primera edición de los premios de la academia, por su papel en “Emigrantes” y que a la postre se llevara Janet Gaynor. También los maravillosos decorados a cargo de Cedric Gibbons y Richard Day, junto a los no menos exquisitos trajes diseñados por Lucia Coulter, una de las pioneras vistiendo a las estrellas que llevaba en Metro desde 1919, aunque su labor solo esté acreditada en el periodo 1926-1929. Todos unidos para una peli que aunque comienza morosa y vacilante, va adquiriendo fuerza a lo largo de su proyección. Es una pena que la música que acompaña la edición en DVD de Warner Archive no ayude en nada, a decir verdad he oído pocas bandas sonoras tan espantosas. Pese a ello está el gran Chaney y Reéne Adorée, una excelente actriz que merece ser más recordada y a la que dedico esta entrada. Han pasado más de ochenta años desde que nos dejó, pero su arte sigue vivo.
 
P.D. Dejo para el final un dato más que curioso. En 1930 MGM realizó una versión sonora de Mr. Wu en español. Los motivos por los que el estudio decidió realizar este filme, cuando la película de Chaney se había estrenado en los principales países que hablamos esta lengua se nos escapa. Se tituló “Wu Li Chan” dirigida por el chileno Carlos F. Borcosque y protagonizada por Ernesto Vilches, un actor tarraconense que se había iniciado en el cine en 1909, aunque fue famoso en las tablas, protagonizando obras de Benavente y Eduardo Marquina entre otros.