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miércoles, 12 de marzo de 2014

Lady Hamilton (1941) Guerra y amor

 

El cine como propaganda bélica ha dado fruto a filmes de lo más diverso. Ya en 1898 el “Hundimiento del Maine” fue motivo de diversas películas donde se recreaba el suceso, o en otra famosa de Edison en el que se retrataba el cortejo funeral de sus víctimas. Estos pedestres cortometrajes contribuyeron a crear un ambiente favorable que propiciara la invasión de Cuba por parte de los Estados Unidos.

Durante la primera guerra mundial, películas como “The Little American” dirigida por De Mille y protagonizada por la novia de América, Mary Pickford, habían servido para crear un clima favorable para la intervención estadounidense. Casi un cuarto de siglo después, la sociedad norteamericana que empezaba a salir de una depresión sin precedentes, era muy poco favorable a volver a intervenir en la nueva confrontación mundial. Los comités que velaban por la neutralidad del país tenían mucho peso. Así que cuando Alexander Korda, empezó a fraguar el proyecto de “Lady Hamilton” en amplios sectores del mundillo de Hollywood no encontró demasiadas simpatías.


El propio director de origen húngaro, tenía sus propios motivos para realizar el filme. Su marcha a Norteamérica para realizar sus producciones, no habían sentado nada bien en su país de adopción, acusándole de cobarde y traidor. Que mejor manera de reivindicarse que orquestar esta biografía a mayor gloria de uno de los más legendarios héroes británicos, Horatio Nelson.



En lugar de referirse directamente al conflicto actual, como la vieja cinta de De Mille, donde se retrataba a los alemanes como crueles villanos con amplios bigotes, la película intentaba hacer un paralelismo entre las potencias dictatoriales del eje con el ambicioso Bonaparte. Un año antes Warner Brothers ya había utilizado el mismo recurso en la cinta de aventuras “El halcón del mar” donde Flora Robson como la reina virgen, encarna los valores de la libertad que Felipe II intenta destruir, el discurso que pone fin a la película no puede ser más esclarecedor:


No tenemos nada en contra de España o de otro país

Pero cuando la ambición desmedida de un hombre amenaza al mundo, es obligación de todos los hombres libres, reafirmar que la tierra no pertenece a un solo ser humano, sino a toda la humanidad. Y que la libertad es el derecho a la tierra sobre la cual vivimos.


Pese a todo el guion de Walter Reisch (Ninotchka, Luz que agoniza, Niágara) y R.C. Sherriff (El hombre invisible, Las cuatro plumas, Larga es la noche) se centra decididamente en la figura de su amante Lady Hamilton, dejando con frecuencia en sordina las proclamas patrióticas. Porque con mucho que la cinta se haya filmado en unas circunstancias muy particulares, es ante todo un melodrama de corte romántico a mayor gloria de la pareja en la vida real formada por Vivien Lehig y Laurence Olivier.



Olivier y Lehig al igual que Nelson y Hamilton se habían enamorado estando ambos casados, una relación que finalmente había desembocado en su matrimonio el año anterior. La popularidad de la pareja era inmensa, especialmente la de Vivien cuyo personaje de Escarlata había calado en el corazón del público. A lo que se añadió las magníficas cintas rodadas por uno u otro en ese interludio, Laurence Olivier “Rebeca”  y “Más fuerte que el orgullo”, Vivien “El puente de Waterloo” (http://ramonnovarr.blogspot.com.es/2013/12/el-puente-de-waterloo-1940-el-vals-de.html). Incluso Korda desempolvó una cinta que había protagonizado la pareja un par de años antes titulada “21 días juntos” y que había dejado sin estrenar al no estar satisfecho con su resultado (su primer título juntos “Five ore england” un melodrama de aventuras ambientado en la época isabelina si había tenido mucho éxito).



La película comienza con un flash back en el que una Emma Hamilton, destrozada por el alcohol es detenida en Calais. En el oscuro calabozo empieza a relatar su historia que comienza en Nápoles, donde conoce al ya maduro cónsul Hamilton. Abandonada por su sobrino, Emma toda una arribista que ha sido danzadora sicalíptica logra convertirse en esposa del Lord. En ese ambiente de elegantes mármoles diseñado por Vincent Korda, conocerá al marino británico que cambiará su vida. La relación adulterina de ambos, propició ciertas reservas por parte del código censor, que recomendó limitar las efusiones entre la pareja. Pese a las recomendaciones, es palpable a lo largo de todo el filme, la apasionada comunión que en ese momento vivía la pareja, donde es palpable que su relación va más allá de una interpretación formal.



Un filme que sin ser una obra maestra, merced al buen hacer de su pareja protagonista, sigue manteniendo su encanto, cuando ya no quedan rescoldos del conflicto bélico que originó su creación. Al final el amor es lo que perdura, para todos los que viven con intensidad el amor, por difíciles que sean sus circunstancias va dedicada esta entrada.
 

lunes, 13 de enero de 2014

Las cuatro plumas (1939) El imperio contraataca

 

En otro post estuvimos glosando, los filmes clásico inspirados en la legión extranjera. Otro de los más socorridos temas del cine de evasión, son las aventuras coloniales del Imperio Británico. Antes de entrar en la mejor adaptación de la novela de A. E. W. Mason, haremos un mero repaso,  de los filmes  coetáneos a esta. Lo cierto es que no fueron pocos, y la mayoría han quedado como clásicos del género. Quizás el título que propició esta oleada de cintas a mayor gloria del imperio, fue la película de Henry Hathaway “Tres lanceros bengalíes”, adaptación de una novela publicada cinco años atrás en 1930, en la que Francis Yeats-Brown, rememoraba sus experiencias de juventud, en la caballería británica en La India.

Rodada un año más tarde, Clive de la India, versaba sobre la figura de Robert Clive un funcionario que fue decisivo en la incorporación del inmenso territorio, a la corona británica, encarnado por Ronald Colman. Mucho más famosa fue la cinta de Curtiz “La carga de la brigada ligera” también de 1936, segundo título protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, que desembocaba en la famosa batalla de Balaclava, cuya gloriosa carga describió con brillantes versos el poeta Alfred Tennyson.


Los Korda, tres hermanos húngaros de origen judío, llevaban desde 1931 viviendo en Londres, tras su exitoso periplo en Austria. El hermano mayor Alexander, cada vez más implicado con su patria de adopción, también había frecuentado el asunto colonial hasta en tres ocasiones. “Bosambo” filmada en Kenia y protagonizada por Paul Robeson, fue una de las primeras cintas de Zoltan Korda. Un año más tarde en 1937, Zoltan codirigió con Robert Flaherty “Toomay el de los elefantes”, con exteriores rodados en La India, donde descubrieron al simpático “Sabu”. Esta cinta estaba basada en una novela de Rudyard Kipling. En 1938 Sabu apareció en “Revuelta en la India”, fotografiada en Technicolor pero cuyos exteriores fueron rodados en Gales.

“Revuelta en la India” estaba basada en una obra de A.E. W. Mason, el autor cuya obra más conocida era “Las cuatro plumas”. Publicada en 1902 fue prontamente llevada al cine en 1915 y 1921. En 1929  Merian C. Cooper Y Ernest B. Schoedsack, los luego famosos autores de King Kong, rodaron una excelente versión que fue el último filme mudo de la Paramount.
Sus localizaciones en África habían demorado el rodaje. Cuando en 1938 Korda produce la primera adaptación sonora, volverá a  utilizar el Technicolor y las escenas más espectaculares se rodaran en el Sudán. Participando auténticos guerreros nativos, lo que le da un toque de veracidad. Al contrario de la versión de 1929, donde las relaciones amorosas apenas se apuntaban, el guion de R.C. Sherriff recuperó la esencia romántica del libro. Zoltan Korda, que a diferencia de su hermano Alex, era un hombre progresista afín a las ideas del socialismo, matizó el discurso belicista, sin por ello dejar de honrar al glorioso ejército británico.


El héroe de la película Harry Faversham, lo interpreto John Clements con proverbial flema británica. El papel de su camarada de armas, el capitán John Torrance, corrió a cargo de Ralph Richardson, uno de los mejores actores ingleses de todos los tiempos. Como curiosidad añadiré que Richardson intervino ese mismo 1939, en un telefilme de la BBC, escrito por J.B. Priestley (Bees on the Boat-Deck).



La heroína que cerraba el triángulo amoroso fue June Duprez,  una bellísima actriz inglesa de corta pero intensa carrera. En el papel de su padre, el cascarrabias general Burroughs, figura el inimitable C. Aubrey Smith, que protagoniza los motivos más jocosos de la cinta, cuando utilizando diversas frutas explica la batalla de Balaclava.



Con tales ingredientes, la película tuvo un gran éxito, que se vio refrendado al exhibirse en los Estados Unidos, distribuida por United Artists. Desde ese día, se convirtió en una de las cintas referenciales del género de aventuras y posiblemente, en el mejor filme colonial sobre el Imperio Británico.


P.D. La banda sonora corrió a cargo del compositor húngaro “Miklos Rozsa”. Ganado para el cine por Alexander Korda, es uno de los músicos fundamentales de la gran pantalla.

martes, 7 de enero de 2014

Rembrandt (1936) Con dinero y sin dinero, yo hago siempre lo que quiero.

 

Que Rembrandt es uno de los mejores pintores de la historia y que Charles Laughton figura entre los actores más talentosos de todos los tiempos, nadie lo pone en duda. Lo cierto es que no se me ocurre a nadie  mejor para encarnar al egregio artista holandés que el extraordinario intérprete británico.

Las películas biográficas sobre pintores en el periodo del cine clásico, han incidido más en la experiencia vital de los artistas que en su labor de creación. Los retratos de Toulouse-Lautrec por Huston (Moulin Rouge 1952) o de Modigliani por Becker (Los amantes de Montparnasse 1957) son claros ejemplos. En  ocasiones se llegó al ridículo, como el alucinado  Anthony Franciosa, dando vida a Goya  en la espantosa “La maja desnuda”. Sólo dos cintas a mi entender dan con la clave de ilustrar el proceso creativo del artista. Una en clave de comedia es la delirante “Un genio anda suelto” de Ronald Neame, donde un genial Alec Guinnes daba vida a un excéntrico pintor. La otra es la fascinante, ”El loco del pelo rojo” de Minnelli, el mejor acercamiento que ha dado el cine clásico al mundo de la pintura.
El Rembrandt de Alexander Korda, más que un pintor es un filósofo. Es su pensamiento el que intenta transmitir el filme, la manera en que concibe la vida y su arte. Al contrario que en otras biografías al uso, la única pintura que vemos de este es “La ronda de noche”. Un cuadro que provoca la controversia de sus mecenas, que no ven con buenos ojos la deriva artística que acaba de emprender el autor. Rembrandt  que en su juventud ha sido un artista exitoso, plegándose al gusto de la burguesía adinerada,  tras la traumática experiencia de perder a su esposa  , decide entregarse a un arte sin concesiones, pese a que esto le acarree el descrédito social y económico.


Porque las finanzas ocupan buena parte de la historia. Fiel reflejo de una época en la que la mayoría de los pintores eran artesanos, cuya mayor gloria residía en alcanzar fortuna. La figura de Rembrandt, poniendo su arte por encima de su propia estabilidad económica, le coloca como un artista moderno que trasciende a su tiempo.



Korda, que desde su llegada a Inglaterra, había logrado fama por sus recreaciones históricas, puso en esta cinta, un cuidado especial. Contrató al escritor y guionista Carl Zuckmayer para que se ocupara del texto, en colaboración con Lajos Biro. Pidió al excelente fotógrafo Georges Périnal que intentara emular la iluminación característica de los cuadros del pintor holandés. Y ante todo, tuvo la paciencia necesaria, para dejar que Laughton  compusiera a sus anchas la creación del personaje. Iniciativa recompensada, por una de las más conmovedoras interpretaciones del actor, que en esta cinta logra una de las mayores cúspides de su carrera. Su esposa Elsa Lanchester recrea con gran acierto el retrato de Hendrickje Stoffels, una mujer que sacrificó todo, por su incondicional devoción al pintor.


Devoción que muchos sentimos, por este descomunal actor, que sigue deleitándonos con sus actuaciones, llamado Charles Laughton.


P.D. El siguiente proyecto a rodar con la productora de Korda, por parte de Laughton fue la malagroda “Yo Claudio”, seguramente la película inacabada más famosa de la historia. Carl Zuckmayer era ya un poeta, autor teatral y guionista de éxito. Fruto de su talento es la adaptación de la novela Profesor Unrat, que fue convertida en la mítica “El ángel azul”.