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domingo, 23 de febrero de 2014

La cabeza del hombre (1933) Homenaje al comisario Maigret

 

Cuando hablamos de la literatura detectivesca, por encima de Hammett, Chandler, Agata Christie, Conan Doyle, mi autor favorito es sin duda George Simenon, especialmente en sus novelas del inspector Maigret. Es posible que en otras narraciones alcanzara mayores cotas literarias, pero las sencillas y entretenidísimas aventuras del orondo comisario, siguen siendo mis preferidas.


El éxito alcanzado por el personaje nacido en 1929, propició el que cuando se realiza esta película en 1933, ya se han filmado otras dos adaptaciones sobre el personaje el año anterior: La nuit du Carrefour de Jean Renoir con Pierre Renoir en el papel de Maigret y la menos conocida Le chien jeune de Jean Tarride protagonizada por su hermano Abel.



Aunque solo lo interpretara en una ocasión, el Maigret de Harry Baur me parece excelente. Baur que fue uno de los actores más famosos del cine francés durante los años treinta, hoy apenas es recordado por su actuación como Jean Valjean en la mejor adaptación de “Los miserables”. Quizás su misteriosa muerte, acaecida durante la ocupación, haya tapado un misterioso velo sobre su figura. Participó en dos películas de una productora alemana afincada en París tras la ocupación y fue a rodar una tercera en Alemania, donde se le fotografió viendo asistiendo a un discurso de Hitler en Nuremberg. A su regreso fue acusado de judío por los periódicos franceses antisemitas y fue detenido junto a su mujer por espacio de cuatro meses. Las torturas de los interrogatorios y las duras condiciones de la reclusión debilitaron tanto su salud que murió al año siguiente. Al menos es la versión oficial que prevalece y que nadie ha podido poner en tela de juicio. Quizás el astuto comisario hubiera podido desvelar este misterio.



Vista hoy ochenta años después de su realización, la película fascina por su desenvoltura visual, creo que pocos filmes comerciales contemporáneos, utilizan el lenguaje de las imágenes con tanta audacia. Ya los títulos de crédito con la amenazante guillotina acercándose más y más es mientras suena de fondo una triste canción que será el leiv motiv de la cinta. A continuación nos ofrece una panorámica de una cocktelería llamada Edén, donde al igual que en la madrileña Chicote, pululan señoritas de compañías. Allí acude Willy Ferrière, señorito desocupado que ya no puede pagar sus vicios, por lo que decide contratar a un sicario que asesine a su vieja y adinerada tía, de la cual es el único heredero.



Un plano cenital nos muestra al “comparsa” de la función, Joseph Heurtin al que da vida Alexandre Rignault, cuya anterior película había sido “La golfa” de Jean Renoir. Interpretará a un ladrón de poca monta al que se le achacará el crimen. Sus movimientos subiendo las escaleras, bajo el acertado uso de las sombras, le dan el aspecto amenazador que se disipa al contemplar su asustado rostro al contemplar el cadáver de la anciana. El autor material del hecho, es el atribulado Radek, un refugiado checo, desahuciado por los médicos, que manipula al pobre desgraciado. Este maquiavélico asesino es interpretado por Valéry Inkijinoff ,  protagonista de la famosa “Tempestad sobre Asia” de Pudovkin, quien fue acogido por el país galo, al renunciar a volver a la Unión Soviética, decepcionado con el sistema comunista. Su cínico y cerebral personaje me recuerda a algunas de las mejores actuaciones de Peter Lorre.
 

Como he dicho, buenas interpretaciones, ambientes con sabor y soluciones visuales imaginativas (el viaje de retorno en coche de Maigret con el acusado Heurtin, junto a sus agentes Lucas y Janvier, se ofrece mostrando el paisaje que se observa desde el auto, escuchando superpuestas los diálogos de los personajes) hacen muy interesante este entretenido filme, obra de uno de los grandes maestros del cine francés Julien Duvivier.



P.D. En 1949 se volvió a rodar esta historia con el nombre de “El hombre de la Torre Eiffel” dirigía y protagonizada por Burgess Meredith, estando el papel de Maigret a cargo de Charles Laughton). Otro de los grandes intérpretes del cine francés Albert Prejean, encarnó interpretó al comisario en tres filmes : Pipcus (1943) Cecil est norte (1944) Y Les caves de Majentie (1945). Y por supuesto el más recordado de todos Jean Gabin: El comisario Maigret (1958) Maigret en el caso de la condesa (1959) y Maigret terror del hampa (1962)

jueves, 2 de enero de 2014

Almas perversas (1956) Cine negro y gastronomía.


Es el tiempo de los asesinos

La hora de la soga y la traición

La hora sin piedad ni compasión

Por la vidas de los hombres

Es la hora que las mujeres

Preparan la cena mientras sus maridos

Persiguen prohibidos placeres

Entre los brazos de sus amantes.

 
Con esta canción cuya letra es del director Julien Duvivier, comienza esta apasionante película. Pocas veces es tan sencillo recomendar un filme, pues son muchas sus virtudes. En primer lugar el magnífico guion pleno de suspense y con sabrosos diálogos, obra de Duvivier y de Charles Dorat, actor de teatro y de algunas películas, cuya exigua carrera como  guionista se circunscribe a este filme y a la cinta de Buñuel “La fiebre sube al Pao”.
La cinta comienza en el legendario mercado parisino de “Les Halles”, hoy convertido en centro comercial. Para los amante del cine será siempre el lugar donde trabaja a destajo, el pobre Jack Lemmon en  Irma la dulce”. Allí está situado “La cita de los inocentes el renombrado restaurante de André Chatelin (Jean Gabin), un chef famoso tanto por el talento que desarrolla en la cocina, como  por su bonhomía. En una fría mañana llega Catherine (Danièle Delorme) una bella joven que dice ser hija de la ex-mujer del cocinero y que tras la muerte de su madre ha quedado desamparada. Apelando a la compasión, consigue que este primero le dé cobijo, luego trabajo y finalmente que le haga su esposa. Lo que ignora el confiado Chatelin, es que bajo su aspecto angelical, Catherine es un ser capaz de las mayores atrocidades.


Apasionante relato, genuino cine negro, tiene las suficientes dosis de suspense y costumbrismo para no desmerecer de los clásicos americanos.El veterano director francés, nos ofrece uno de los mejores títulos de su carrera, imponiendo un ritmo perfecto que irá acelerándose conforme se llega al final. Jean Gabin quien debe a Duvivier varios de los papeles más emblemáticos de su carrera, compone de forma prodigiosa su personaje, pareciendo que toda la vida la ha pasado entre fogones. Es maravillosa la forma en que presenta sus platos, dándoles la importancia que requieren. El carisma que despliega durante todo el filme, es marca de la casa. A su lado Daniéle Delorme, borda el retrato de mujer implacable. Después de llevar muchas películas a las espaldas, con este filme logra una de sus mejores creaciones. Dos años después volvería a coincidir con Gabin en la estupenda adaptación de “Los miserables” de Jean-Paul Le Chanois.

Después de unas cuantas películas joviales, os dejo con esta oscura historia, que te deja enganchado desde el comienzo. Exponente de las mayores virtudes del cine francés clásico, ajeno a experimentos, con una sabiduría narrativa que sigue manteniéndose fresca, seis décadas después de su estreno.
 

sábado, 21 de diciembre de 2013

Le belle equipe (1936) Los viejos emprendedores


De lunes a sábado ganamos la pasta/  Cuando hemos acabado la rutina diaria

Aguantamos al casero, al recaudador al panadero/ Soportando nuestra perra vida

Llega el domingo estás fuera de Nogen/ De repente todo parece encantador

Cuando paseamos por la orilla del río/ Que bonito es todo que transformación

París , allí detrás parece una prisión/ Nuestro corazón está repleto de canciones

El aroma de las flores nos vuelve del revés/ Y la felicidad nos emborracha en un pacto

La tristeza y los problemas de la semana/ Todo se ahoga en el azul y en el verde

Ah ese domingo por la orilla del río/  Con el trémolo de los pajarillos

Es suficiente para hacer que todos los días parezcan bellos

Cuando paseamos por la orilla del río



Esta letra pertenece claro está a  "Quand on se Promène au Bord de l’eau", una maravillosa canción que escuché por primera vez en una colección de música popular francesa. Resultaba extraño que al lado de Piaff, Montand, Mariano, Rossi, Chevalier, Mistinguet, Brassen, Trenet…figurase Jean Gabin. Me pregunté ¿Cómo puede ser que el mítico actor, forme parte de esta antología? Todo era fruto de la ignorancia de los años y el desconocimiento del gran cine del país vecino, que durante muchos años reducimos a Renoir, Clair algo de Carné y por supuesto La nouvelle vague.



 

El texto de este precioso vals define muy claramente el espíritu que impregna “La belle equipe”. La subida el poder del frente popular, unido a conquistas sociales como son las vacaciones pagadas, hace que Francia viva un clima social de gran optimismo. Una alegría que caracteriza el inicio del filme, donde cinco amigos: cuatro trabajadores en paro y un español fugitivo, agobiados por la penuria, reciben la inesperada noticia de que les ha tocado la lotería. Un décimo que compraron entre todos y que está premiado con cien mil francos.

Tras la alegría inicial, Jean comunica al resto de sus  compañeros, que individualmente el dinero recibido no les alcanzará para mucho, pero que unidos bien podrían montar un negocio que les solucione la vida. Finalmente deciden construir en un derruido edificio a orillas del río, una hermosa   guinguette.  Estos locales de ocio que básicamente eran una mezcla de restaurante y salón de baile, por lo general ubicados en las orillas de los grandes ríos, gozaron de gran predicamento en Francia, hasta bien entrados los años sesenta. Un lugar de solaz para las clases populares, como bien retrataba la canción. Desgraciadamente, circunstancias adversas irán poco a poco empañando la inicial alegría del grupo.

 
Jean Gabin  ya había participado en tres películas de Duvivier, donde su papel más exótico fue sin duda el de Poncio Pilatos en “Gólgota” una interesante versión de la pasión del Señor. En la piel del pintor Jean, consigue que su entusiasta actuación sea el eje sobre el que bascula la película. Quien tampoco le va a la zaga es Viviane Romance, interpretando a la mujer fatal que propiciará el conflicto más dramático de la cinta.

 
 
 
Julien Duvivier dirige con maestría esta historia fruto del talento de Charles Spaak, uno de los mejores guionistas del cine francés. Una narración que progresivamente se irá oscureciendo hasta un trágico final, que fue finalmente descartado en su estreno francés. Resulta comprensible que en su exhibición en la Alemania nazi, se conservase el desgraciado desenlace. No así en Francia, donde la película se convirtió en una alegoría de las esperanzas de la clase trabajadora. Nunca un final feliz estuvo más justificado.
 
P.D. El autor de la música del filme y por ende de la famosa canción,  fue Maurice Yvain un prolífico compositor de operetas, cuyo número más famoso es “Mon homme” creación de la legendaria Mistinguett.