martes, 7 de enero de 2014

Rembrandt (1936) Con dinero y sin dinero, yo hago siempre lo que quiero.

 

Que Rembrandt es uno de los mejores pintores de la historia y que Charles Laughton figura entre los actores más talentosos de todos los tiempos, nadie lo pone en duda. Lo cierto es que no se me ocurre a nadie  mejor para encarnar al egregio artista holandés que el extraordinario intérprete británico.

Las películas biográficas sobre pintores en el periodo del cine clásico, han incidido más en la experiencia vital de los artistas que en su labor de creación. Los retratos de Toulouse-Lautrec por Huston (Moulin Rouge 1952) o de Modigliani por Becker (Los amantes de Montparnasse 1957) son claros ejemplos. En  ocasiones se llegó al ridículo, como el alucinado  Anthony Franciosa, dando vida a Goya  en la espantosa “La maja desnuda”. Sólo dos cintas a mi entender dan con la clave de ilustrar el proceso creativo del artista. Una en clave de comedia es la delirante “Un genio anda suelto” de Ronald Neame, donde un genial Alec Guinnes daba vida a un excéntrico pintor. La otra es la fascinante, ”El loco del pelo rojo” de Minnelli, el mejor acercamiento que ha dado el cine clásico al mundo de la pintura.
El Rembrandt de Alexander Korda, más que un pintor es un filósofo. Es su pensamiento el que intenta transmitir el filme, la manera en que concibe la vida y su arte. Al contrario que en otras biografías al uso, la única pintura que vemos de este es “La ronda de noche”. Un cuadro que provoca la controversia de sus mecenas, que no ven con buenos ojos la deriva artística que acaba de emprender el autor. Rembrandt  que en su juventud ha sido un artista exitoso, plegándose al gusto de la burguesía adinerada,  tras la traumática experiencia de perder a su esposa  , decide entregarse a un arte sin concesiones, pese a que esto le acarree el descrédito social y económico.


Porque las finanzas ocupan buena parte de la historia. Fiel reflejo de una época en la que la mayoría de los pintores eran artesanos, cuya mayor gloria residía en alcanzar fortuna. La figura de Rembrandt, poniendo su arte por encima de su propia estabilidad económica, le coloca como un artista moderno que trasciende a su tiempo.



Korda, que desde su llegada a Inglaterra, había logrado fama por sus recreaciones históricas, puso en esta cinta, un cuidado especial. Contrató al escritor y guionista Carl Zuckmayer para que se ocupara del texto, en colaboración con Lajos Biro. Pidió al excelente fotógrafo Georges Périnal que intentara emular la iluminación característica de los cuadros del pintor holandés. Y ante todo, tuvo la paciencia necesaria, para dejar que Laughton  compusiera a sus anchas la creación del personaje. Iniciativa recompensada, por una de las más conmovedoras interpretaciones del actor, que en esta cinta logra una de las mayores cúspides de su carrera. Su esposa Elsa Lanchester recrea con gran acierto el retrato de Hendrickje Stoffels, una mujer que sacrificó todo, por su incondicional devoción al pintor.


Devoción que muchos sentimos, por este descomunal actor, que sigue deleitándonos con sus actuaciones, llamado Charles Laughton.


P.D. El siguiente proyecto a rodar con la productora de Korda, por parte de Laughton fue la malagroda “Yo Claudio”, seguramente la película inacabada más famosa de la historia. Carl Zuckmayer era ya un poeta, autor teatral y guionista de éxito. Fruto de su talento es la adaptación de la novela Profesor Unrat, que fue convertida en la mítica “El ángel azul”.
 

lunes, 6 de enero de 2014

Música y lagrimas (1954) Después del roscón, a ponerse en forma.

 

Uno de los mayores iconos de la música americana es sin lugar a dudas Glenn Miller. Su muerte en extrañas circunstancias, ayudó aún más a extender una leyenda que ya se había forjado en vida. La época de las “Big band”, un periodo que se puede situar entre 1933 y 1945, estuvo jalonada por multitud de bandas que tocaban un jazz bailable al que se le puso genéricamente el nombre de swing. Como en casi todas las innovaciones en el jazz, el pionero fue un músico afro americano llamado Fletcher Henderson. Pianista  y líder de una banda desde los años veinte, había contado siempre con intérpretes de primera fila. El más conocido sin duda Louis Armstrong. Lo cierto es que Fletcher Henderson junto a su hermano Horace fueron puliendo un estilo al que progresivamente dieron forma.


Pero la repercusión a nivel popular no llegaría hasta que Benny Goodman,  utilizara los arreglos de Henderson para su propia banda.  El éxito del clarinetista blanco, influyó en toda una pléyade de bandas que surgieron en los subsiguientes años. Muchos como Goodman , eran músicos que llevaban una década dedicándose a tocar jazz, como los hermanos Dorsey: Tommy y Jimmie y otros más jóvenes como el elegante Artie Shaw. Músicos de color como Armstrong, Duke Ellington o Count Basie también se subieron al carro del nuevo ritmo.


Mientras tanto un trombonista nacido en el medio oeste, que llevaba muchos años en la música intentando conseguir el éxito, luchaba por conseguir un sonido que le diferenciara del resto. Tras muchos intentos infructuosos, al fin logró alcanzarlo gracias a dos temas, uno lento y romántico “Moonlight serenade”, el otro ágil y con ritmo “In the mood”.  Fue tal la repercusión de este último, que su nombre alcanzó tal fama que en poco tiempo se elevó por encima del resto de las formaciones. Miller protagonizó una carrera meteórica de apenas tres años. que se vio truncada profesionalmente, con la entrada de Estados Unidos en el conflicto mundial. No obstante su popularidad no decreció,  al formar una banda militar cuyos conciertos fueron transmitidos a través de las ondas. Desaparecido trágicamente en el canal de la mancha, su muerte dio lugar, a todo un abanico de teorías de lo más dispar.

 

Lo cierto es que cuando casi una década después, los estudios Universal deciden llevar a la pantalla la vida de Glenn Miller, saben que están jugando a caballo ganador- Por eso eligen como protagonistas a James Stewart y June Allison, que ya habían arrasado en la taquilla, con la conmovedora historia de otro héroe popular americano Monty Stratton. La magnífica interpretación que hace Stewart del personaje, hace que para muchos aficionados la imagen iconográfica que recuerdan de Miller, es la del propio Stewart. Anthony Mann por su parte dirige con eficacia esta cinta, maravillosamente fotografiada en color por el ya veterano William Daniels. Los músicos de la banda de Miller volvieron a recrear sus éxitos más famosos, interviniendo además figuras del jazz de la talla de Louis Armstrong, Ben Pollack, Barnie Bigard, Cozy Cole entre otros.



“Música y lágrimas” tiene una calidad muy superior a la de la mayoría de biopic sobre figuras de la música. El buen hacer de todo el equipo que en ella intervino, hacen que este filme siga en el recuerdo de los buenos aficionados a la música y al cine.

 
 

P.D. La orquesta de Glenn Miller, con el lógico cambio de músicos sigue dando conciertos en la actualidad. Miller intervino tres veces en el cine. Como trombonista en la orquesta de Ray Noble en uno de los números de The big broadcast of 1936 y ya con un papel importante y números de su orquesta en “Tú serás mi marido” (Sun valley serenade 1941) y “Viudas del jazz” (Orchestra wiwes 1942). Uno de los temas que se oyen en la película “Adiós” fue compuesto por el estupendo músico catalán Enric Madriguera, director de una de las mejores orquestas tropicales de la época. Por su parte June Allison y James Stewart volverían a ser dirigidos por Mann al año siguiente en “Acorazados del aire”

domingo, 5 de enero de 2014

Estoy hecho un chaval (1977) Los reyes magos jubilados

 

El tema de los reyes magos, no se puede decir que haya  sido muy frecuentado por el cine. Si exceptuamos el papel de Baltasar, por cierto más blanco que la leche, en la celebrada “Ben-Hur”, su papel se circunscribe a la tradicional imagen de la adoración. Unos reyes muy especiales fueron Paco Martínez Soria, Roberto Font y Emilio Fornet, en la cinta de Pedro Lazaga “Estoy hecho un chaval”. Aquí interpretan a tres jubilados que para subsistir tienen que aceptar tan peregrina ocupación.

Basada en una obra de Alfonso Paso, un autor hoy prácticamente olvidado, pero que en los años sesenta gozó de una popularidad sin precedentes, esta tragicomedia tiene un argumento que lamentablemente no ha perdido actualidad: el drama del paro y las condiciones de vida de nuestros mayores.
Buscando información sobre la cinta, me he dado cuenta del abandono con el que tratamos nuestra cinematografía. Para un dato tan nimio como puede ser el del año de realización, existen hasta cuatro fechas 1975, 1976, 1977 y  1978. He tenido que bucear en la espléndida hemeroteca de ABC, para zanjar el asunto. La cinta todavía no había empezado a rodarse en 1975 puesto que  mediados de octubre todavía se estaba eligiendo el reparto. El estreno  se produjo a mediados de 1977.
Para cuando Martínez Soria protagoniza esta cinta, su figura es popular en las pantallas del cine desde hace más de una década. Vinculado al medio desde antes de la guerra civil, precisamente la sublevación le vino cuando rodaba una cinta junto a su amigo Rafael López Somoza. En su compañía debutó en los escenarios, su hábitat natural, donde recorrió toda España. Este aragonés natural de Tarazona y catalán de adopción, tuvo  en el barcelonés Teatro Talía su centro de operaciones. Popular en todos los teatros de provincias, su triunfo en Madrid se le resistía hasta que llegó el arrollador éxito de “La ciudad no es para mí”, escrito bajo pseudónimo por el sesudo académico Fernando Lázaro Carreter. Su adaptación al cine por Pedro Lazaga, nos brindó la imagen que todos tenemos del actor.
Pedro Lazaga uno de los directores más prolíficos de nuestro cine, fue responsable de las mejores cintas de Don Paco. Su obra más personal es quizás “Los tramposos” con Tony Leblanc y Conchita Velasco. El atisbo de denuncia social de esta, se reproduce casi dos décadas después con el retrato de este jubilado, que con su exigua paga no puede hacer frente a sus obligaciones. El descenso en su calidad de vida, de esta familia de la clase media española, me recuerda mucho a episodios que lamentablemente vuelven a reproducirse en nuestro país. El entre comillas final feliz, trabajando sin parar en una tienda de artesanía en Alemania, no deja de ser profético.
Y no es que a la comedia le falte humor, todo lo contrario. Pero tiene ese atisbo de amargura y sinceridad que la diferencia de otros títulos más burdos. Su encarnación de un viejo oficinista sin acentos localistas ni vestuario folklórico, tiene momentos de auténtica hondura. Como en la mayoría de sus cintas está acompañado de estupendos profesionales como el citado Roberto Font, un estupendo actor que hoy muy pocos recuerdan, Queta Claver, Antonio Ozores, Rafaela Aparicio y Alfredo Mayo.
Unas horas antes de que sus majestades de oriente, comiencen a repartir sus regalos en todos los hogares, quiero rendir un homenaje a todos mis compatriotas que tan mal lo están pasando y especialmente, a los que ahora tienen que ganarse los duros fuera de su tierra. A todos ellos con especial cariño, va dedicada esta entrada.

sábado, 4 de enero de 2014

La chica del barrio (1956) En memoria de Lolita Sevilla.


Ricardo Núñez  había sido un actor de fama durante el periodo republicano. Exiliado tras la guerra en Argentina, tuvo que volver a España al caer el justicialismo al que estaba vinculado. Durante su etapa en el país hermano fue dedicándose a la dirección y producción cinematográficas, actividades que retomará al volver a su patria.

Lolita Sevilla que debutara en el cine en la emblemática “Bienvenido Mr. Marshall”, fue dirigida por Ricardo Núñez en cuatro títulos: “La chica del barrio”, “Malagueña”, “Tremolina” y “Lo que cuesta vivir”. Mientras en esta última adaptaba el popular sainete “Es mi hombre” de Carlos Arniches, “La chica del barrio” era una nueva versión de la popular pieza de Pilar Millán Astray “La tonta del bote” estrenada en 1925 y que ya había sido llevada al cine en 1939 en la que supuso la primera cinta de la exitosa pareja  formada por Rafael Durán y Josita Hernán.


La cinta de Ricardo Nuñez, es ante todo una película folklórica, género habitual en la época. Pero su calidad es notoriamente superior a otros que solo son, meros vehículos de lucimiento para las estrellas canoras del momento. Ejemplos de buen cine utilizando este sistema son las cintas protagonizadas por Juanita Reina para CIFESA y la muy estimable “Aventuras del  barbero de Sevilla” dirigida por Ladislao Vajda y que compitió en el festival de Cannes de 1954. Lolita Sevilla acompañaba a Luis Mariano, en esta coproducción hispano francesa, donde destacaba el buen hacer de uno de nuestros grandes secundarios, Pepe Isbert.

Este excelente actor que intervendría en varios títulos de Lolita Sevilla, en un papel más extenso de lo habitual, depara los mejores momentos del filme, junto a José Luis Ozores, magnífico actor cómico que murió prematuramente. Otro apunte de lo cuidado de la producción es el hecho que las estrellas musicales de la película Pepe Blanco y Lolita Sevilla, fueran doblados en los diálogos por las magníficas voces de Pedro Pablo Ayuso y Elsa Fábregas.

Porque cantar y muy requetebién era lo que hacían. Pepe blanco, logroñés como un servidor tuvo una dilatada carrera de éxitos sobre los escenarios. Aunque su pareja en las tablas y tres películas más fue la exqusita artista barcelonesa Carmen Morell, tuvo muchos éxitos en solitario. En esta cinta suenan dos de los más famosos “Soy postinero” y “Madrid, tiene seis letras”. En cuanto a Lolita, que desgraciadamente acaba de dejarnos, decir que comenzaba el momento más fulgurante de su carrera. Una trayectoria brillante que nos deparó creaciones tan hermosas como “Cántame un pasodoble español” y “Cuatro noches”. En “La chica del barrio” canta el precioso pasodoble “Chatilla”, inspirado en la figura de Isabel de Borbón, hermana de Alfonso XII, a la que el pueblo puso el apodo de “La chata”. Una figura a la que Lolita admiraba y que le hubiera gustado interpretar en el cine. Lo cierto es que fue un personaje que ha inspirado varias coplas y un en su tiempo popularísimo romance, obra de Rafael Duyós que sonaba en las radios de cretona, en la inconfundible voz de Alejandro Ulloa.

El hábil guion de Vicente Coello, uno de nuestros mejores escritores del cine popular, tiene la virtud de no caer en la cursilería, que anidaba en algunos de los diálogos de la obra original, despojándola de dramatismo y encajándola en la vertiente primordialmente cómica. Ese mismo año firmaría uno de sus mejores trabajos adaptando “Los ladrones somos gente honrada” otra vez con Isbert y Ozores.

Con este amable sainete, radicado en un Madrid de coches de caballo, quiero rendir un sincero homenaje a la gran Lolita Sevilla, a mi paisano Pepe Blanco y al bueno de Ricardo Núñez cuya azarosa vida, es un fiel reflejo de la tumultuosa historia de un país llamado España.

P.D. Elsa Fábregas y Alejandro Ulloa doblaron a Vivien Lehig y Robert Taylor en El puente de Waterloo. Por supuesto el doblaje más famoso de Fábregas es el de Escarlata O´Hara en Lo que el viento se llevó.

viernes, 3 de enero de 2014

Las furias (1950) Electra se sube a un caballo


La vinculación de Barbara Stanwyck con el western,  se remonta a una biografía novelada de Annie Oakley (1935) la famosa tiradora del espectáculo de Búfalo Bill. Pese a la no muy atinada dirección de George Stevens, Barbara  dejó bien claro que estaba hecha para el género. “Las furias” era la quinta cinta del oeste que protagonizaba, tras otros cuatro filmes, en el que destacaría la epopeya “Unión Pacífico” de Cecil B. de MIlle.

Pero la cinta dirigida por Anthony Mann, poco tenía que ver con el gran espectáculo de De Mille. Es una cinta oscura donde la nominada fotografía de Victor Milner, es fiel reflejo de un relato, que contiene elementos propios del cine negro en el que Mann había comenzado a descollar. Muchas son las influencias que se atribuyen al relato basado en una novela de Niven Busch, autor de los guiones de fantásticas películas como: “El forastero”, “El cartero siempre llama dos veces” o “Perseguido”. Al igual que aquí, otra novela de su pluma fue el origen de la arrebatada “Duelo al sol”.
El tratamiento cinematográfico de Charles Schnee, un magnífico escritor al que le debemos el guion de “Cautivos del mal”, da como resultado un texto profundo y complejo, donde los personajes están dibujados con gran objetividad, ya que nos permite conocer la cara más amable y oscura de cada uno de ellos. Eso da como resultado un relato en el que el predominio de la tragedia de onda raíz clásica, convive a la perfección con momentos de comedia, que dan una visión más natural de todo el conjunto.
“Las furias” es el nombre de una gran propiedad  que dirige con mano férrea   T. C. Jeffords, un hombre hecho a sí mismo, que tiene grandes paralelismos con el senador Jackson McCanles de “Duelo al sol”. Sólo que en esta ocasión su manera despreocupada de vivir, le obliga a vivir pendiente del crédito bancario. Walter Huston en el último papel de su distinguida carrera, da una auténtica lección interpretativa, al encarnar a este personaje tan cruel como generoso. Su hija Vance, lucha por cuadrar las cuentas de su pródigo padre,  endureciéndose a cada momento, por los crueles envites de la vida. Barbara Stanwyck le da su portentosa personalidad, a una mujer que se debate entre su lealtad filial y el amor que siente por el banquero Rip Darrow.
El astuto hombre de negocios, lo interpretó Wendell Corey , un actor de teatro que el productor Hal Wallis había descubierto para el cine. Frente a su calculadora figura se halla la de Juan Herrera, de lejos el personaje más noble de toda la cinta, que no dudará en sacrificarse por el amor no correspondido de Vance. Una notable actuación a cargo del gallardo Gilbert Roland. Y desde luego tampoco podemos olvidar a la siempre fascinante Judith Anderson, una actriz que siempre quedó ligada a la amenazadora ama de llaves de Rebeca, encarnando aquí a Flo Burnett, una madura aventurera que logra engatusar al viejo patriarca Jeffords.


Una cinta con menos acción y más rodaje en interiores, de lo que viene siendo habitual en Mann,  en esta ocasión las finanzas disparan con más tino que las balas, aunque estas estén bien presentes. Fascinante mezcla del género negro y el western, “Las furias” es una excelente muestra del buen hacer, de uno de los mejores directores de la historia del cine.

jueves, 2 de enero de 2014

Almas perversas (1956) Cine negro y gastronomía.


Es el tiempo de los asesinos

La hora de la soga y la traición

La hora sin piedad ni compasión

Por la vidas de los hombres

Es la hora que las mujeres

Preparan la cena mientras sus maridos

Persiguen prohibidos placeres

Entre los brazos de sus amantes.

 
Con esta canción cuya letra es del director Julien Duvivier, comienza esta apasionante película. Pocas veces es tan sencillo recomendar un filme, pues son muchas sus virtudes. En primer lugar el magnífico guion pleno de suspense y con sabrosos diálogos, obra de Duvivier y de Charles Dorat, actor de teatro y de algunas películas, cuya exigua carrera como  guionista se circunscribe a este filme y a la cinta de Buñuel “La fiebre sube al Pao”.
La cinta comienza en el legendario mercado parisino de “Les Halles”, hoy convertido en centro comercial. Para los amante del cine será siempre el lugar donde trabaja a destajo, el pobre Jack Lemmon en  “Irma la dulce”. Allí está situado “La cita de los inocentes”  el renombrado restaurante de André Chatelin (Jean Gabin), un chef famoso tanto por el talento que desarrolla en la cocina, como  por su bonhomía. En una fría mañana llega Catherine (Danièle Delorme) una bella joven que dice ser hija de la ex-mujer del cocinero y que tras la muerte de su madre ha quedado desamparada. Apelando a la compasión, consigue que este primero le dé cobijo, luego trabajo y finalmente que le haga su esposa. Lo que ignora el confiado Chatelin, es que bajo su aspecto angelical, Catherine es un ser capaz de las mayores atrocidades.


Apasionante relato, genuino cine negro, tiene las suficientes dosis de suspense y costumbrismo para no desmerecer de los clásicos americanos.El veterano director francés, nos ofrece uno de los mejores títulos de su carrera, imponiendo un ritmo perfecto que irá acelerándose conforme se llega al final. Jean Gabin quien debe a Duvivier varios de los papeles más emblemáticos de su carrera, compone de forma prodigiosa su personaje, pareciendo que toda la vida la ha pasado entre fogones. Es maravillosa la forma en que presenta sus platos, dándoles la importancia que requieren. El carisma que despliega durante todo el filme, es marca de la casa. A su lado Daniéle Delorme, borda el retrato de mujer implacable. Después de llevar muchas películas a las espaldas, con este filme logra una de sus mejores creaciones. Dos años después volvería a coincidir con Gabin en la estupenda adaptación de “Los miserables” de Jean-Paul Le Chanois.

Después de unas cuantas películas joviales, os dejo con esta oscura historia, que te deja enganchado desde el comienzo. Exponente de las mayores virtudes del cine francés clásico, ajeno a experimentos, con una sabiduría narrativa que sigue manteniéndose fresca, seis décadas después de su estreno.
 

miércoles, 1 de enero de 2014

Ella, él y Asta (1936) Homenaje al gran Skippy


De todas las cintas que protagonizaron juntos William Powell y Mirna Loy, las más conocidas por el gran público son las conocidas como Películas del hombre delgado. Fueron en total seis títulos rodados entre 1934 y 1946. Basadas en los personajes que creara Dashiell Hammett, en la novela del mismo nombre publicada en 1934, la principal transformación que sufrió esta saga detectivesca al ser llevado al cine, correspondió al papel de…Asta.

Asta que en el relato de Hammett era un  Schnauzer  hembra, paso a la mitología de Hollywood,  encarnado por un fox terrier macho de pelo corto. El perro que se llamaba Skippy, intervino en las dos primeras cintas de la saga y en otras dos comedias inolvidables: La fiera de mi niña y La Pícara puritana. Pero seguramente su mejor papel fue en la segunda de las películas que protagonizaban los detectives Nick y Nora Charles.

Tal era la fama que el can había adquirido, que en España se tituló Ella, él y Asta. Para muchos entre los cuales me incluyo, la mejor de la saga y que contiene un gag memorable protagonizado por el fox terrier. Cuando llegan a su casa después de un largo viaje, Asta va a visitar a su perrita. Ante su sorpresa, esta ha tenido varios cachorrillos…negros. De improviso aparece escapándose un chucho del mismo color, al que Asta persigue colérico.

Por lo demás la cinta mantiene la consabida intriga detectivesca y sus maravillosos diálogos de comedia, el ritmo es ágil como su predecesora, una característica habitual en el cineasta W.S. Van Dyke, que ese mismo año 1936, rodaría su título más emblemático “San Francisco” con Clark Gable, Jeanette McDonald y Spencer Tracy. Del jugoso guion se ocuparon Frances Goodrich y  Albert Hackett, sobre un argumento propuesto por el propio Hammett.

 
Uno de los mayores atractivos de la cinta es la presencia de James Stewart en uno de sus primeros papeles importantes, y de la bella Elissa Landi. Aunque la película costó el doble de su predecesora, quintuplicó su inversión situándose como uno de los grandes éxitos del año.

Si no conocéis ningún título de esta divertida saga, si ignorabais que hay perros más feos pero mucho más listos que Lassie, si queréis conocer a una exquisita dama de la alta sociedad, casada con  un detective tarambana que bebe como las esponjas, no os perdáis esta cinta. Meteros en su cotillón de fin de año y que vuelva a sonar la música.

 
P.D. Estos personajes dieron lugar a una serie de televisión en las temporadas 1957-1959 protagonizada por Peter Lawford y Phyllis Kirk. En España se emitió en 1963 con el título de Ella, él y Asta.

Durante mucho tiempo se creyó que la atribución argumental de Dasiel Hammett , en las secuelas de la saga era meramente testimonial. Años después se descubrieron papeles,  que evidenciaban la participación activa del escritor  al menos en las dos primeras.