lunes, 3 de marzo de 2014

Santos el magnífico (1955) Butt Boetticher el genial.

 

«Cuando estoy haciendo una película no quiero que el público se de cuenta que está viendo una película. Lo que quiero es que se sienta involucrado en la historia».

Esta declaración de intenciones, es muy esclarecedora del estilo narrativo conciso y carente de innecesarias florituras de su director. Pero detrás de su aparente simplicidad se esconde una personalidad compleja, de auténtico autor, que poco a poco irá forjando una identidad clara y definida.


Desgraciadamente las siete películas que rodó con un maduro Randolph Scott, han eclipsado una trayectoria mucho más amplia. Forjado en los filmes de bajo presupuesto durante la década de los cuarenta, la primera oportunidad de realizar un filme de nivel se la dará la productora de John Wayne, a través de la Republic. El filme titulado “El torero y la dama” le ofrecía la oportunidad de mostrar en la pantalla por primera vez una de sus grandes pasiones, los toros.


Porque la mayor singularidad de Budd Boetticher, es ser el único director de cine (al menos que yo sepa) que ha sido matador de toros. Fue durante su juventud en México, eso le propició su primera aproximación a las películas al ser asesor taurino en la cinta de Maomulian “Sangre y arena”. “El torero y la dama” sufrió un drástico recorte en su duración a sugerencia de John Ford. A partir de entonces Boetticher decidió rodar de tal manera que hiciera casi imposible que sus cintas fueran desvirtuadas en la sala de montaje, dejando el material extra a la mínima expresión.


Durante su estancia en los estudios Universal, rodó nueve títulos en menos de dos años, mayoritariamente western, pero también una excelente cinta bélica que retrataba aunque no todo lo explícitamente que hubiera deseado, la labor de una unidad de camiones de suministro pilotada por soldados afroamericanos durante la segunda guerra mundial (Red Ball Express) y dos cintas de aventuras (La ciudad bajo el agua y Al este de Sumatra).



En esas dos cintas, como en la muy estimable “Traición en Fort King” había un discurso antirracista, poco habitual en su época. Anthony Quinn que intervino con roles importantes en los tres filmes, sería protagonista absoluto de “Santos el magnífico” su siguiente película para la pantalla grande tras el ciclo Universal y un año dedicado a la televisión.



Producida por Edward L. Alperson Productions, especializada en títulos de bajo presupuesto, en esta ocasión contó con el novedoso Cinemascope y un reparto estelar con Anthony Quinn y Maureen O´Hara. Realizada en los estudios de la Fox y con numerosos exteriores en México, contó con la fotografía de uno de sus cámaras predilectos Lucien Ballard, conocido especialmente por su colaboración con  Sam Peckinpah.



La historia del propio director, fue convertida en guion por Charles Lang (autor asimismo de los libretos de dos de los mejores filmes del llamado ciclo Ranown: Buchanan cabalga de nuevo y Cita en Sundown). Aquí nos cuenta la historia de un veterano matador de toros, que se halla ante la perspectiva de dar la alternativa a un hijo natural, que él cree ignora su paternidad. La presencia de la muerte y el amor, están presentes a lo largo de todo este drama con ribetes de cine de aventuras y algo de documental. La soberbia interpretación de Quinn, sobrio como pocas veces en un papel que hubiera podido caer en la sobreactuación y el genuino retrato de la fiesta brava, tan alejado de los estereotipos de Hollywood son dos de sus mayores atractivos.



Pero ante todo lleva la firma de Budd Boetticher, un magnífico director que no solo hizo western. Dedico esta entrada a Farwest Clint Cooper que fue quien me invitó a sumergirme en la obra de este singular cineasta.

P.D. La canción que abre la película es obra del hijo del productor de la cinta, cantada magníficamente por Kitty White, vocalista de jazz con una gran vinculación en el mundo del cine, llegando a cantar  "Crawfish" junto a Elvis Presley. Pero quizás su mayor contribución al mundo del cine fue interpretar la nana de la mítica “La noche del cazador”
 

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