Mi primer
acercamiento a la obra de Rex Ingram se lo debo al gran Terenci Moix, que desde
las páginas del dominical de ABC “Blanco y negro”, iba forjando su estupenda “Gran
historia del cine”. Lamentablemente aquellas magníficas fotografías, que
apoyaban un texto tan didáctico como bien escrito, eran la única referencia
iconográfica de que podía disponer en una ciudad de provincias.
La atención que
le prodigó el gran escritor barcelonés, difería de la que habitualmente
dispensaban otros historiadores cinematográficos, los cuales no quiero
mencionar para no ponerlos en evidencia. Afortunadamente casi veinte años
después la oportunidad de disfrutar de estas obras silentes, en excelentes
condiciones, me ha permitido contemplar, lo que antes conocía por referencia.
Aprendiz del
gran Griffith, este polifacético irlandés, pintor, boxeador amateur y
finalmente director de cine, logró en 1921 un éxito mundial con la adaptación a
la pantalla grande de la novela de Blasco “Los cuatro jinetes del apocalipsis”.
Esta cinta que convirtió a Rodolfo Valentino en una estrella contó en un papel
menor con Alice Terry que poco después
se convertiría en su esposa y con un extra de origen mexicano llamado Ramón
Novarro.
Los fabulosos
resultados de taquilla del filme, proporcionaron a Ingram una libertad
creativa, superior a los directores de su época y el poder contar para sus
cintas con presupuestos que rebasaban
con mucho, la media habitual de gasto. Su acierto al versionar narraciones célebres, tan dispares como
Eugenia Grandet y El prisionero de Zenda, lo hacía el más adecuado para rodar “Scaramouche”,
una historia ambientada en la Francia
prerrevolucionaria que había publicado dos años antes Rafael Sabatini.
Lo primero que
sorprende de la cinta es su maravillosa ambientación, que hace sumergirte en el
siglo XVIII. Diríase que los cuadros de Antoine Watteau o Maurice Quentin de La Tour, cobraran vida. Con
esa misma naturalidad, descienden de un coche de postas, dos viajeros
impregnados del polvo del camino: André-Louis Moreau (Ramón Novarro) hombre de pasado incierto, criado por un
aristócrata menor y su mejor amigo Philippe de Vilmorin (Otto Matiesen) un
estudiante de religión, que aboga por los más débiles. Horrorizados observan
como a una mísera casa, llega el cuerpo de un pobre campesino, ejecutado por
orden de Le Marquis de la Tour d'Azyr (Lewis Stone), que así castiga al que
caza en sus tierras, aunque sea para mitigar el hambre de su familia. La
aparición del noble, indiferente ante el dolor de los más pobres, encoleriza al
joven Philippe, que se enfrenta a duelo
con el marqués, un experimentado espadachín. Despachado sin contemplaciones con
una certera estocada, el estudiante idealista muere en los brazos de su amigo
André. Este jura vengar a Philippe y hacer suyos los ideales que defendía. El desdeñoso
aristócrata aspira también a casarse con Aline (Alice Terry) la mujer a la que
ama André.
Fiel a la
novela de Sabatini, la película de Ingram difiere en muchos aspectos con la
versión de 1952 dirigida por George Sidney. Mientras la cinta de los años
cincuenta, es una comedia de aventuras donde el tono bufo, impregna todo el relato,
la adaptación silente lo convierte en un drama romántico, en el que los
aconteceres históricos tienen mucha importancia. La revolución que en el filme
protagonizado por Granger es una referencia apenas sugerida, aquí tiene un peso
determinante en la acción, siendo fundamental para el devenir de los
acontecimientos y que será crucial cuando virulentamente estalle en la parte
final del filme. La mirada que ofrece la cinta sobre la nobleza es corrosiva,
mientras que a los revolucionarios se les trata de una forma objetiva,
mostrando la locura del levantamiento popular, pero también la causa que lo
motiva.
Otros notorios
cambios sobre la versión más conocida, me obligarían a desmenuzar el argumento,
algo que me gustaría que descubrierais por vuestros propios ojos. Solo diré una
cosa, el último plano de la cinta, donde avanzan briosamente los
revolucionarios es impresionante. ¿Cuál es mejor de las dos?...
Video homenaje a la bella Alice Terry










































