sábado, 22 de febrero de 2014

Trapecio (1956) El incorruptible Lancaster

 

En ocasiones debe elegirse entre la gloria y el dinero, entre ser fiel a tus convicciones o traicionarlas. Pocos actores han sido tan fieles a  sus creencias como Burt Lancaster, pocos actores han luchado más por preservar la dignidad de su profesión. Quién comenzó protagonizando filmes de serie negra de bajo presupuesto y alcanzó el estrellato con trepidantes películas de aventuras, fue capaz de convertirse en uno de los actores más prestigiosos, interviniendo en películas que priorizaban el logro artístico, a la repercusión comercial.


El compromiso ideológico y artístico que mantuvo durante toda su carrera, le hizo intervenir en películas que denunciaban el lado más oscuro de la sociedad norteamericana, a la vez que rechazaba papeles que le hubieran dado mayor popularidad y dinero, siendo por su repercusión el más destacado el de Judá Ben-Hur de Wyller.



Antes de dedicarse al oficio de actor, y de cumplir como soldado en la contienda mundial, el primer amor de Lancaster había sido el circo, donde había conocido al también acróbata, amigo y compañero de sus filmes de aventuras Nick Cravat.



Celoso de su independencia muy pronto fundó Norma Productions junto a Harold Hetch, al incluirse como tercer socio James Hill pasó a denominarse Producciones Hetch-Hill-Lancaster. En 1956 la productora se hallaba en su mejor momento tras el inesperado éxito de Marty, una tragicomedia romántica realmente atípica. Por fin Lancaster iba a protagonizar su deseado homenaje al mundo del circo. Un espacio que ya le había fascinado desde que viera siendo un muchacho “Garras humanas” con el inquietante Lon Chaney.



Como base argumental se utilizó la novela de Max Catto “The Killing Frost” publicada seis años antes. La acción se desarrollaba en el legendario “Circo de invierno” parisino. A la ciudad del Sena acudió su director, británico al igual que Catto, Carol Reed famoso especialmente por su adaptación al cine de la historia de Graham Green “El tercer hombre”. Sus dos últimas películas no habían sido muy bien recibidas por el público, así que decidió embarcarse en este drama protagonizado por un clásico triángulo amoroso.



Aparte de Lancaster, auténtica estrella del proyecto, el reparto lo encabezaba un Tony Curtis que empezaba a desprenderse de sus inicios como estrella juvenil, no importándole ser el segundo de a bordo, con tal de aparecer en filmes de gran relevancia (volvería a hacer lo mismo en Los vikingos y Espartaco al lado de Kirk Douglas. La femme fatale fue interpretada por la bella Gina Lollobrigida, en su primera incursión en el cine de Hollywood tras haber logrado grandes éxitos en Italia y Francia.



La actriz italiana es quizás el eslabón más débil en el terreno interpretativo. Lancaster y Curtis por su parte, parecen mucho más integrados en este drama que en mi modesto parecer, ha sido juzgado de forma bastante despiadada por la crítica. Ofreciendo el lado menos glamuroso de la pista, la cinta alterna el fulgor del trapecio con las oscuras páginas del alma humana. Una nueva oportunidad de volver a ver a uno de los  más actores más sinceros y carismáticos que ha dado el mundo del cine, va por ti Burt Lancaster.

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