jueves, 23 de enero de 2014

Vida de perro (1918) La estrella de Mut sigue brillando.

 

Me sorprende cuando muchas personas se escandalizan ante el trato que en los países occidentales damos a los perros. Cuantos se quedan con el estereotipo del animal de pura raza, llevando un modelito de alta costura a juego con el de su dueña. Pero que permanecen impasibles ante el drama de muchos canes carentes de ningún pedigrí, para quienes seguir con vida un día más supone un triunfo.


Es por tanto totalmente lógico que Chaplin, que con su mundialmente famoso personaje del vagabundo había cogido la bandera reivindicativa de los más débiles, sintiera gran afinidad por un pobre chucho callejero. El vagabundo que nada tiene, hará todo lo posible para que no le falte de nada a su nuevo amigo. El fiel animal recíprocamente logrará algo que hará que cambien sus vidas.



Primera producción con la Firts National, este corto demuestra la absoluta maestría alcanzada por Chaplin. Un auténtico creador que dispensa a su obra toda la sabiduría adquirida a lo largo de cinco años haciendo películas en la vieja California. Aunque el humor físico siga presente, con escenas de gran hilaridad, su obra ha ido adquiriendo un poso tragicómico cada vez más acentuado. Su historia de amor con una inocente muchacha (Edna Purviance) que intenta ejercer de cabaretera para sobrevivir es conmovedora.



El cambio de rumbo en la carrera de Chaplin había sucedido un año antes, durante la etapa del cómico inglés en la productora Mutual, con títulos tan sobresalientes como “La calle de la paz”, “Charlot emigrante” y “El aventurero”. En esos cortos el vagabundo se transforma de pícaro en héroe romántico, frente al tema amoroso que tiende a idealizarse, el trasfondo social por el contrario se muestra con más verosimilitud.


Igual de vívidas son las escenas que el cómico protagoniza con el perrito. El chucho que en la cinta recibe el nombre de Scraps, realmente se llamaba Mut. La historia de este can merece ser contada. Cuando empezaron el rodaje de la película, Chaplin desestimó la intervención de perros entrenados, aduciendo que llevaban una vida regalada y no sabrían captar lo que era luchar por un hueso. Así que decidió quedarse con veinte perros de la perrera de Los Ángeles. Uno de esos animales callejeros era Mut, que ganó  la partida al resto de sus compañeros. Chaplin quedó tan encantado de su actuación, que decidió convertirle en mascota oficial del estudio y utilizarlo en próximas películas.



Por desgracia, eso no sucedió. Cuando Chaplin tuvo que abandonar Hollywood, durante una gira para vender bonos de guerra, Mut que tan apegado estaba a él, dejó de comer y beber sumido en la pena. Falleció poco antes de que el cómico regresara, se le enterró en los estudios con una pequeña lápida que ponía : "Mut, died April 29th - a broken heart".

Su obituario se publicó en revistas cinematográficas, como la gran estrella que era. Casi cien años después de su fallecimiento Mut sigue emocionándonos y divirtiéndonos, algo que muchos de nosotros no creo que logremos nunca.
 
 
 
P.D. Una vida de perro, junto a “El peregrino” y “Armas al hombro” conformaron un recopilación titulada (The Chaplin Revue) que se estrenó en 1959, a la que Chaplin añadió una nueva partitura musical y comentarios hablados.
 

 

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