domingo, 17 de noviembre de 2013

Los mares de China (1935) El rey león

 

En 1935 la era de los grandes estudios estaba alcanzando su cenit. Tras un periodo de descenso en las taquillas a causa de la depresión, la gente había vuelto a llenar los cines de todo Estados Unidos, mientras que la implantación progresiva del doblaje favorecía su predominio en los principales países europeos y latinoamericanos.

La única productora que no sufrió el desgaste de esos duros años fue Metro-Goldwyn-Mayer.  La figura de Irving Thalberg, autor de una férrea estructura donde todos los departamentos trabajaban al unísono fue determinante.  La frase emblemática del estudio “Más estrellas que en el cielo” exponía bien a las claras su filosofía. Las películas se realizaban para el lucimiento de estas, gastando ingentes sumas de dinero en su promoción. Un heterogéneo equipo de guionistas elaboraba los argumentos adecuados para cada estrella, mientras el departamento artístico de Cedric Gibbons construía los magníficos set  Art Decó que junto a los elegantes diseños del modisto Adrian eran fundamentales en el acabado glamuroso de los filmes.


La figura del director en otros tiempos omnipresente, en MGM, salvo en casos excepcionales como De Mille O Lubitsch, era tan solo una pieza más del perfecto engranaje. Así que no sorprende nada que el encargado de dirigir esta magnífica cinta de aventuras sea Tay Garnett, un modesto realizador del que hoy solo se recuerda la por otra parte estupenda “El cartero siempre llama dos veces”.

Jules Furthman, uno de los escritores con más talento del estudio, es el resonsable principal de esta historia centrada en la apasionada relación amor-odio  entre un capitán vencido por el alcoholismo (Clark Gable) y una aventurera de turbio pasado (Jean Harlow) a bordo de un viejo navío que lleva un importante cargamento de oro. La aparición de unos despiadados piratas pondrá en peligro a todos sus ocupantes.
 

La turbadora química sexual de la pareja protagonista, más las estelares apariciones de nombres ilustres como Wallace Beery y Lewis Stone, junto a la aristocrática presencia de una joven Rosalind Russell, son decisivos para que “Los mares de China” siga entreteniendo de la misma forma que lo hizo en su estreno ocho décadas atrás.
 

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