viernes, 29 de noviembre de 2013

Sin novedad en el frente (1930) La guerra sigue igual.

 

El final de la gran guerra, dio como resultado la proliferación de filmes con mensaje pacifista. Las imágenes que presentaban los noticiarios, de grandes cementerios conmemorativos, cuajados de cruces en el corazón de la vieja Europa, impresionaron vívidamente al público norteamericano.

Incluso antes de que los Estados Unidos entraran en la contienda mundial, Thomas H. Ince había dirigido “Civilización” (1916) una fábula alegórica que condenaba los horrores de la guerra. Las exitosas producciones “El precio de la gloria” (1926) de Raoul Walsh y “Cuatro hijos” de John Ford también se acercaron al tema, aunque solo “El gran desfile” de King Vidor consiguió dotar de un clima realista al horror padecido por los soldados. No obstante sus buenas intenciones, estas brillantes películas, no dejaban de ser cintas románticas donde la comedía y el sentimentalismo, aguaban el predecible final feliz.


El Vossische Zeitung era un periódico berlinés que llevaba publicándose con algunos cambios de nombre desde 1618. Primera cabecera de Berlín durante buena parte del siglo XIX, en los azarosos tiempos de la República de Weimar, su ideología liberal, había perdido influencia, ante los cantos de sirena de los movimientos extremistas.  En este clima tan controvertido, no es de extrañar  que su director acogiera con reticencia el publicar por entregas, una novela titulada originalmente Im Westen Nichts Neues, a condición de que ningún lector protestara.

Tras la abrumadora acogida por parte de los lectores, su posterior publicación en forma de libro, logró vender solo en Alemania más de millón y medio de ejemplares. Cifra que aumentó considerablemente al ser traducida de forma casi inmediata a numerosos idiomas.

El autor de tan celebrado éxito editorial, Erich María Remarque, había desempeñado toda suerte de oficios, logrando destacar hasta entonces como cronista deportivo. Este desempeño periodístico le permite ir adquiriendo el estilo ágil y conciso que será determinante para el éxito de la novela. Articulada como si de un dietario se tratase, a lo largo de estos doce capítulos logramos el veraz retrato de un joven alemán, que impulsado por las exaltaciones patrióticas de sus profesores, se alista en el ejército. Inspirado en sus propias experiencias en el frente, donde sirvió a lo largo de dos años, este crudo relato difería totalmente de las exaltaciones militaristas que tradicionalmente impregnaban este tipo de narraciones.

 
 
 
El joven  Carl Laemmle, jefe de producción de los estudios Universal, decidió comprar los derechos cinematográficos. Puso al cargo de la dirección a Lewis Milestone, un acreditado director ganador del el oscar a la mejor comedia por la divertida cinta de aventuras “Hermanos de armas” (1927) y realizador de la sugerente cinta de gangster “La horda” (1928) dos de las primeras incursiones en el cine del magnate Howard Hughes.
Maxwell Anderson que había escrito junto a Laurence Stallings, la pieza de Broadway “El precio de la gloria” a la que aludimos al principio por su adaptación al cine, fue el responsable junto a Milestone  del guion de la película. Su postura  públicamente pacifista había resultado determinante para ser el elegido. La cinta que contó con un espléndido presupuesto, algo poco habitual en una productora especializada en filmes de género, contó con técnicos avezados que permitieron a Milestone utilizar de forma imaginativa el sonido.
 


En cuanto al elenco de actores, el papel principal recayó sobre Lew Ayres,  un novel actor que hasta entonces había hecho papeles secundarios. El mensaje anti belicista que impregnaba su personaje, le marcó tanto que decidió ser objetor de conciencia. Relegado a producciones de serie B encarnando al Doctor Kildare, fue el papel de otro médico en la notable “Belinda” el que le otorgó la nominación al oscar. No obstante esa actitud contraria a la guerra, fue el motivo de que su carrera no adquiriera más altos vuelos.

Galardonada con el oscar a la mejor película y al mejor director, ochenta años después de su estreno, sigue siendo uno de los puntales de la historia del cine. Uno de los retratos más despiadados de esa gran tragedia humana que es la guerra. Su enorme repercusión convirtió a Remarque en una celebridad mundial, exiliado de Alemania tras la irrupción del nazismo, residió primero en Francia y luego en Estados Unidos, hasta instalarse  definitivamente en Suiza continuando una brillante carrera, no obstante eclipsada por el grandioso éxito de su primera novela.

 
Esta magistral adaptación del texto de Remarque, contiene un lírico final que enriquece el de la narración original:
Cayó en octubre de 1918, un día tan tranquilo, tan quieto en
todos los sectores, que el comunicado oficial se limitó a la frase: «Sin
novedad en el frente».
Había caído boca abajo y quedó, como dormido, sobre la tierra.
Al darle la vuelta pudieron darse cuenta de que no había sufrido
mucho. Su rostro tenía una expresión tan serena que parecía estar
contento de haber terminado así.
 
Dos curiosidades: Ese mismo año el realizador alemán Pabst dirige una cinta titulada "Cuatro de infantería" con un argumento tremendamente similar. La segunda es que al estar el cine sonoro recién implantado, también se filmó en versión muda con acompañamiento musical sincronizado.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario